miércoles, 19 de marzo de 2014

"Que coman insectos"

Luca Lombardi

Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dio a conocer un informe en el que se le ocurrió una idea novedosa: convencer a la población mundial de que coma insectos para evitar el hambre. En realidad, ya es posible alimentar a todo el mundo sin la necesidad de comer insectos. Lo que se interpone en el camino es el "mercado"; es decir, el capitalismo.



Introducción: Malthus está de vuelta

Hace casi dos siglos, Malthus propuso la idea de que ayudar a los pobres era un error: había que dejarlos morir de hambre, ya que la naturaleza no puede dar cabida a todos ellos. Aunque muchos pensadores, Marx y Engels entre ellos, desenmascararon esta "teoría" como un fraude, fue la propia burguesía la que la rechazó en la práctica, ya que los patrones necesitaban más y más fuerza de trabajo humana en el campo, en los campos de batalla, las minas y las fábricas. Durante décadas, la propaganda estuvo dirigida en promover el crecimiento de la población, porque era lo que necesitaba el capitalismo. Las mejoras en la asistencia sanitaria, vacunas, etc. ayudaron a la población a satisfacer el hambre de trabajadores por parte del capitalismo. Ahora, en la época de la decadencia senil del capitalismo a escala mundial, la situación ha dado un giro completo de nuevo hacia... ¡Malthus! La propaganda ha vuelto a poner de relieve el peligro de la superpoblación y la necesidad de aceptar todo lo que haga falta para amoldarse a este hecho desagradable de la vida. El lado feo de este resurgimiento malthusiano es que a menudo proviene de los intelectuales autoproclamados de izquierda. "Tenemos que salvar la Tierra de la humanidad", es el mantra. En realidad, es la austeridad vestida con ropas de política Verde. Al parecer, 200 años de evidencias científicas refutando Malthus no son suficientes. Los malthusianos habían declarado que el Armagedón iba a venir cuando el mundo llegara a 1.000 millones de personas, después a dos mil, luego a tres mil millones. Ahora, las estadísticas de la ONU indican que la población mundial alcanzará los 9 mil millones en 2050. Dejando a un lado el hecho de que estas estimaciones tienen un muy bajo poder predictivo, esto significa que la producción de alimentos tendrá que aumentar aproximadamente un 60% en 40 años para satisfacer la demanda. Cuantitativamente hablando, esto es bastante asequible, ya que significa un crecimiento anual de poco más del 1%. El problema no es sobre la cantidad de seres humanos que habitan el planeta. Lo que es insostenible es la manera en que el capitalismo trata a la Tierra y a sus recursos naturales. No es la humanidad en sí misma la que está destruyendo la Tierra, sino que es el capitalismo con su constante búsqueda de más y más beneficios, el que está haciendo la vida insostenible. Esto se desprende de fenómenos aparentemente dispares como el calentamiento global, la obesidad, la deforestación o la enfermedad de las vacas locas. Todos estos problemas nos dicen que el tiempo es corto. Mientras más tiempo sobreviva el capitalismo, mayor será el peligro para el medio ambiente, y por lo tanto más urgente se convertirá la tarea de eliminar este sistema. Los datos muestran que la tasa de crecimiento de la población, en realidad, ha ido disminuyendo paulatinamente.

Desde el punto de vista de la ciencia y de la tecnología, incluso ahora, podría ser producida suficiente comida a nivel mundial para alimentar a más personas. Pero esto no está ocurriendo y tenemos que mirar las razones de ello. El informe de la FAO afirma que: "La humanidad todavía se enfrenta a la cruda realidad de la desnutrición crónica que afecta a más de 800 millones de personas: el 17% de la población de los países en desarrollo, y hasta un 34% en el África subsahariana y más aún en algunos países individuales". Esto no tiene nada que ver con las leyes naturales. Se trata de las políticas impuestas a los pueblos del mundo. Muchos países que tienen una gran proporción de su población sufriendo hambre, se ven obligados a exportar grandes cantidades de alimentos para pagar sus deudas. Por ejemplo, Gambia y Sri Lanka exportan alrededor del 60% de su producción agrícola, y sin embargo son importadores netos de cereales. En las últimas décadas, el aumento de las ganancias de los bancos se obtuvieron, literalmente, a costa de la vida humana. Los países en desarrollo se vieron obligados no sólo a pagar sus deudas usurarias en especie, sino también a cambiar sus estrategias económicas. En lugar de la autosuficiencia alimentaria, se vieron obligados a cultivar café o flores para el mercado mundial. Por supuesto, esto se basa en la ridícula idea de que el mercado mundial es un mercado justo y libre donde se puede competir. Los resultados fueron desastrosos. Cuando las empresas imperialistas no podían competir a través de medios económicos, levantaron barreras comerciales a los países más pobres a punta de pistola. Cuando este no fue el caso, levantaron barreras legales y comerciales que utilizaron para aplastar a los recién llegados. El aumento de la productividad de las empresas occidentales y el papel de sus secuaces (FMI, Banco Mundial y similares) condenaron a los países "emergentes" a la inanición. Los métodos adoptados por las corporaciones multinacionales no significan el hambre sólo para los países más pobres. Este también es el caso en el mundo desarrollado. Los EE.UU. es un gran exportador de alimentos y puede fácilmente alimentar y sobre-alimentar a su población. Sin embargo, en 2012 – de acuerdo con la agencia USDA – casi 18 millones de hogares estaban sin seguridad alimentaria y 7 millones de hogares tenían seguridad alimentaria muy baja. ¿Alguien puede pretender insinuar seriamente que la agricultura de EE.UU. no puede alimentar a los ciudadanos estadounidenses? También está el problema de los desperdicios. Se desperdicia entre un tercio y la mitad de los alimentos. Esto sería más que suficiente para alimentar a todos en el planeta. El desperdicio no es principalmente una cuestión técnica, cómo se transporta la comida, etc. Se trata de una cuestión de precios, es una estrategia de mercado. Al igual que es un aspecto del capitalismo tener un ejército de personas sin hogar, mientras que millones de casas están vacías; también lo es en la agricultura, donde los campos se dejan sin cultivar o los alimentos se destruyen con el fin de mantener los precios, ya que esto es lo que se necesita para aumentar los beneficios. Dejando de lado la cuestión de los desperdicios, el simple crecimiento de la productividad ha sido más que suficiente, incluso sobre una base capitalista, para hacer frente al crecimiento demográfico. El problema es que la forma en que el capitalismo alimenta a la humanidad es cada vez menos compatible con el medio ambiente. Esto no es un problema de superpoblación, sino de beneficios.

Somos lo que comemos.

Dime lo que comes y te diré lo que eres
Brillat Savarin

Como sabemos, desde los días de la escuela clásica de economía, los salarios se consideran el costo de reproducción de los trabajadores como clase. Cuanto más se reducen estos costos, menor es el salario, aumentando así los beneficios. Por lo tanto, desde los primeros días del capitalismo, la burguesía ha llevado a cabo una guerra sin fin para abaratar y empeorar los productos que los trabajadores necesitan para vivir. Aunque la expresión "low cost" (“de bajo coste”) todavía no se había inventado, la idea no es nada nueva. Por el contrario, esta es la manera en que se supone que los trabajadores tienen que vivir. La comida es parte de esa imagen. Los trabajadores que consumen comida de alta calidad son más caros que los trabajadores que consumen alimentos de mala calidad. La comida se hace de peor calidad, ya que, de este modo, produce más beneficios. Las horribles consecuencias de la búsqueda de beneficios a costa de la humanidad son inmensas. Por ejemplo, el ganado vive en condiciones cada vez peores. Esto es malo para ellos y para nosotros también. Los animales viven cada vez en un espacio menor. Como no pueden moverse, son más débiles, por lo que son inyectados con antibióticos, hormonas, etc. con el fin de que crezcan más rápidamente y para que estén con vida durante el tiempo necesario. Del mismo modo que los seres humanos, su comida debe hacerse cada vez más barata. Así que, incluso, se alimentan con harinas de animales muertos, incluidos gatos y perros comprados en refugios, algo totalmente antinatural para estos animales herbívoros. En el mejor de los casos, son alimentados con maíz, que no pueden digerir adecuadamente, produciendo mucho más metano. Esto no es una cuestión menor: la agricultura es responsable de casi la mitad de todas las emisiones de metano y contribuye al cambio climático que, irónicamente, se incrementará aún más por la dependencia de algunos países en desarrollo de las importaciones de alimentos. La situación de las frutas y verduras es similar si pensamos que están llenos de pesticidas y de otros componentes. Por otra parte, con el fin de conservar los alimentos durante más tiempo y para que puedan ser consumidos durante un tiempo más largo, se modifican pero a costa de ser insípidos. La situación es tal que el contenido nutricional, tanto de la fruta como de la carne, está disminuyendo rápidamente. En segundo lugar, la explotación del medio ambiente es insostenible. Por ejemplo, la mayoría de los peces que se venden en Europa son atrapados en aguas no pertenecientes a la Unión Europea porque la pesca excesiva ha agotado fuertemente la existencia de peces locales. En muchos otros mares, la situación es similar. Según la FAO, con el cambio de siglo, tres cuartas partes de las poblaciones de peces del océano habían sido sobreexplotadas, agotadas o explotadas hasta su máximo rendimiento sostenible. Esto se debe a la forma en que los peces son capturados que permite más beneficios, al mismo tiempo que destruye el ecosistema. Todo esto está relacionado con la magnitud de la producción. Los buques más grandes infligen más daño a los océanos, etc. En tercer lugar, existe el problema de las dimensiones. La búsqueda de economías de escala significa que ahora hay concentraciones de ganado comparables a una gran ciudad, con todas las consecuencias obvias. Los mataderos son tan grandes que producen un hedor horrible que causa dolores de cabeza y otras enfermedades en las ciudades en las que están emplazados. Por otra parte, los vertidos de residuos porcinos son comparables a un enorme derrame de petróleo en términos de tamaño y daño causado. Aún más serio, más ganado significa más deforestación. Durante la década de 1990, el mundo perdió una superficie forestal de 9,4 millones de hectáreas por año, aproximadamente tres veces el tamaño de Bélgica. Las condiciones modernas de producción de alimentos son también muy malas para los trabajadores. No estamos hablando de los agricultores en los países pobres o de los trabajadores inmigrantes explotados en los campos del sur de Europa, o en los EE.UU. Dentro de los mataderos, las condiciones de trabajo se asemejan al Infierno de Dante; con cientos de trabajadores hacinados, como las bestias que matan una tras otra, con las piernas medio sumergidas en un río de sangre. A medida que la velocidad del corte aumenta, también lo hacen los accidentes de trabajo. En cuanto a la calidad del producto, debido a la velocidad requerida, los animales son sacrificados, literalmente, en sus propios excrementos. Esto es lo que se supone que la gente va a comer. La concentración está creciendo no sólo en términos de cómo vive el ganado. Cada sector económico bajo el capitalismo se enfrenta a un proceso progresivo de concentración. Empieza con un gran número de pequeñas empresas y acaba siendo dominado por un puñado de corporaciones multinacionales. Este es el caso de la agricultura, donde millones de agricultores – tanto de países pobres como desarrollados – se han visto obligados a emigrar a las ciudades por la competencia de estos gigantes. Por ejemplo, cuando Smithfield, el mayor productor de cerdos de EE.UU., se trasladó a Europa del Este, en cinco años el número de criadores de cerdos en Rumania había caído en un 90%. Las diez mayores empresas agroquímicas controlan el 81% del mercado mundial; diez empresas controlan el 37% del mercado mundial de semillas, diez empresas controlan el 43% del mercado farmacéutico/veterinario, etc. Por el lado de la producción, cuatro compañías controlan la mitad del mercado de la carne de cerdo de EE.UU., más del 80% de la carne vacuna envasada de EE.UU. y el 60% del mercado de la carne de cerdo envasada. Esto también es cierto para la cadena de distribución, dominada por gigantes como Wal-Mart en los EE.UU. Cualquiera que hable de "libre mercado" es un farsante sin sentido. Los pequeños agricultores se ven obligados a vender al precio dictado por las grandes empresas. Con el desarrollo del comercio de materias primas a futuro, sus precios los deciden las grandes empresas y los bancos a fin de obtener mayores beneficios. El dominio total de la agricultura y de la economía por el monopolio del agronegocio y los grandes bancos, surgió claramente en 2008, cuando el mundo experimentó disturbios por subida del precio de los alimentos en 37 países pobres. En el espacio de unos pocos meses, el precio del arroz, la soja y el trigo se duplicó, con efectos dramáticos en los países pobres donde la comida consume del 50% al 90% de los salarios. Estos episodios no tienen nada que ver con el crecimiento de la población o de la producción de alimentos. Tienen todos que ver con la maximización del beneficio para los bancos y los grandes monopolios. El dominio capitalista significa la concentración no sólo de la cuota de mercado de las empresas. La producción está cada vez más dirigida hacia los cultivos y los animales que mejor se adapten a la explotación capitalista. Variedades regionales son destruidas en el proceso. En general, los cultivos más utilizados representan una parte cada vez mayor del consumo. Por ejemplo, el trigo representó el 31% del consumo mundial de cereales en 1997/99. Hoy en día es incluso más alto y es evidente que este es un riesgo para la humanidad. Por último, la concentración significa que debido a las campañas masivas de publicidad, a la urbanización de la humanidad, a la dominación de las multinacionales del agronegocio y demás, todos comemos cada vez más de manera similar día a día. Esto es lo que siempre señalan muchos intelectuales "eco-amistosos": las clases medias de Asia van a comer más y más carne, ¡y esto va a destruirnos a todos! En otros términos, en el capitalismo, aún el crecimiento económico es una amenaza para la vida humana.

El mundo de la comida rápida

No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, de donde podemos esperar nuestra cena, sino de su relación con su propio interés
Adam Smith

El capitalismo se basa en la tendencia a producir alimentos progresivamente de peor calidad. Con la comida rápida, esta tendencia dio un salto cualitativo. La industria de la comida rápida tiene un papel que puede ser comparado con el carbón británico durante la revolución industrial: un insumo esencial y barato que se utiliza en prácticamente cualquier producto. La comida rápida no sólo es un sector económico importante, sino que es una metáfora del capitalismo de hoy, con trabajadores pobres, trabajo ocasional y bienes de baja calidad. Muchas familias estadounidenses tienen una experiencia directa de ello, no sólo como clientes, sino porque más de una décima parte de los trabajadores de Estados Unidos han trabajado en algún momento en el sector. Es el mayor empleador privado del país y tiene una reputación bien merecida por la explotación despiadada de los trabajadores y de los consumidores. Con los años, la comida rápida no sólo conquistó las calles, sino la vida misma de los ciudadanos estadounidenses. El acceso que esta industria tuvo a las escuelas fue particularmente perjudicial. Los alumnos se vieron obligados a creer que esta es la forma en que deben comer, ya que en la escuela se supone que son educados. Las escuelas, por su parte, no podían rechazar estos patrocinadores debido a la caída de la financiación pública de la educación. Estos patrocinadores privados, incluso, preparan material didáctico para los estudiantes, y podemos imaginar fácilmente su contenido. Esta situación no se limita a los EE.UU. Por ejemplo, recientemente, McDonald’s fue admitido en una guardería en Roma. La "comida rápida" se basa en el poder de las economías de escala; es decir, en la estandarización de los alimentos. Antes del capitalismo, cada región tenía sus propias recetas. Al igual que con todo lo demás, desde el idioma hasta la ropa, el capitalismo tiende cada vez más a hábitos alimenticios uniformados. Había miles de quesos diferentes, después cientos, más tarde decenas. Ahora, en la cadena de comida rápida, se come literalmente la misma cosa en todas las partes del mundo. Para lograr esto, la industria tuvo que modificar radicalmente la producción de alimentos. ¡No más naturaleza ni habilidades gastronómicas, sino química! Las consecuencias fueron nefastas al tiempo que las condiciones de trabajo empeoraron, y la calidad de los alimentos empeoró. Tampoco fue bueno para la salud de las personas cuando la industria siguió aumentando el tamaño de las porciones para hacer más ganancias, como la famosa película Super Size me muestra con precisión. El cambio de forma de los mismos cuerpos de los ciudadanos estadounidenses revela el éxito de la industria de la comida rápida. Después de décadas de dominación de la comida rápida, los trabajadores estadounidenses están literalmente muriendo a causa de su propio peso. De hecho, los estadounidenses se encuentran entre las personas más obesas del planeta: dos tercios tienen sobrepeso, y el 20% son obesos. Este porcentaje se ha duplicado en 30 años, y la tendencia es probable que continúe, con sus efectos secundarios, como la epidemia de diabetes. Algo así como 300 mil ciudadanos estadounidenses al año mueren por causas relacionadas con la obesidad. Esto está empezando a crear problemas incluso al Pentágono con "un sorprendente 20% de todos sus reclutas masculinos y el 40% de los reclutas femeninos son demasiado pesados para entrar en las filas del ejército". La obesidad es el resultado de la tendencia básica del capitalismo de EE.UU. de las últimas décadas. En particular, la reducción de los salarios reales empuja a ambos padres a trabajar más horas, lo que reduce el tiempo que los adultos pueden emplear en la preparación de comidas saludables en la casa. Y el recorte de los fondos para las escuelas públicas, las ha obligado a eliminar los alimentos de buena calidad y a depender de la comida rápida. Una contribución a la dominación de la comida rápida también viene de la pobreza: el 50% de todos los niños de Estados Unidos estarán con cupones de alimentos en algún momento de su infancia. Ni qué decir tiene que los cupones de alimentos no se gastan en recetas de alta calidad. La industria de la comida rápida llevó a cabo una guerra con todos los medios posibles. Del lado "científico", trataron de dar una razón "genética" de la epidemia de obesidad, lo cual es ridículo ya que la obesidad a tal escala es un fenómeno reciente. Además, las dietas bajas en carbohidratos fueron demonizadas ya que son incompatibles con la comida rápida. La ironía es que solíamos saber qué tipo de comida era mala para nosotros. Desde el comienzo de la ciencia médica moderna hacia la década de 1960, todos los investigadores acordaban con el hecho de que los ingredientes que ahora se encuentran en la comida rápida hacen que los seres humanos engorden y los enferme. Entonces, justo cuando la comida rápida estaba empezando a dominar la industria, los científicos fueron empujados a cambiar su posición, al menos públicamente, lo que justifica el uso intensivo de cereales, refrescos y todo lo que nos encontramos en un restaurante de comida rápida. Al igual que en otros sectores, la desregulación también se utilizó para aumentar los beneficios: las agencias federales recibieron la orden de hacerse a un lado y dejar que la industria decidiera cómo alimentar al mundo. En el ámbito cultural, la industria libró inteligentes campañas de propaganda ideológica que promueven la auto-indulgencia ("la gordura es bella") dirigido a los pobres, que fueron los más afectados. Usted no tiene que estar en forma y delgado para ser feliz, era la idea. Productos como la comida rápida, rica en grasas saturadas y azúcares, tienen un efecto adictivo similar a las drogas, y fueron utilizados como un sedante en masa en un momento de aumento de la pobreza. Como los padres tienen cada vez menos tiempo para sus hijos, están psicológicamente presionados para que los niños coman lo que quieran, siempre y cuando sea comida barata. Ellos también fueron golpeados por la propaganda: No informar a los niños sobre la comida, sólo que coman lo que quieran. Patrones destructivos de consumo de alimentos se impusieron a la población con grandes campañas de publicidad y grandes presupuestos. En comparación, el presupuesto público para promover la alimentación saludable era ridículo. La publicidad fue particularmente perjudicial, ya que estaba dirigida a los niños. También hay que añadir que la presión ejercida por este sector no tiene rival. Cuando los niños empezaron a hacerse más grandes, las tallas de la ropa se incrementaron, y la industria del entretenimiento comenzó a utilizar a los raperos obesos. En lugar de ayudar a la gente a estar más saludable, la industria ajusta el mundo a la obesidad. El auge de esta industria significó un fuerte incremento de las tendencias que hemos mencionado anteriormente: vimos el colapso de la calidad de vida del ganado, de las condiciones de trabajo en los mataderos, un aumento de la deforestación, y la obesidad. Este es el trasfondo de la industria alimentaria moderna y la agricultura que se supone que la FAO debería mejorar.

El informe de la FAO

Como hemos mencionado, la FAO ha publicado un informe que indica que el mundo debería estar preparado para comer insectos. También se ha creado un sitio web para promover esta idea. Ya en 2008 había patrocinado una reunión internacional para explicar el potencial de los insectos comestibles. La razón parece clara: la población mundial crece, la tierra cultivable está siendo absorbida rápidamente por las ciudades, los océanos son cada vez más objeto de sobrepesca y el cambio climático está afectando a la agricultura tradicional. Por lo tanto, tenemos una especie de paráfrasis del famoso consejo de María Antonieta (probablemente falso): "que coman bichos". El hecho de que la princesa sugería comer pastel muestra cómo han empeorado las cosas con los siglos. El informe nos recuerda que hay más de 1.900 especies de insectos comestibles en la Tierra, cientos de los cuales ya forman parte de la dieta de muchos países. De hecho, cerca de dos mil millones de personas comen una gran variedad de insectos con regularidad, tanto cocidos como crudos. Muchos de ellos están llenos de proteínas, fibra, grasas buenas y minerales vitales al igual que la carne normal. "El prejuicio común contra el consumo de insectos no se justifica desde el punto de vista nutricional", escriben los autores. Por otra parte, la crianza y la cosecha de los insectos requieren mucho menos terreno que la cría de vacas, cerdos y ovejas. Los insectos convierten los alimentos en proteínas más eficientemente que el ganado, lo que significa que necesitan menos alimento para producir la misma cantidad de producto comestible (tan poco como una décima parte). También emiten muchos menos gases de efecto invernadero que la mayoría del ganado, ya que son animales de sangre fría y producen mucho menos emisiones. ¡De hecho se pueden utilizar para reducir los residuos ya que esto es lo que comen! Además, la recolección y cultivo de insectos pueden ofrecer nuevas formas de empleo y de ingresos, sobre todo en países tropicales en desarrollo, donde viven la mayoría de los insectos comestibles. De hecho, la mayor parte del consumo de insectos se produce en climas más cálidos, ya que los insectos tropicales tienden a ser más grandes, más abundantes y disponibles todo el año. Esto parece un argumento progresista: los agricultores pobres podrían ser liberados de las garras de las multinacionales criando insectos en lugar de alimentos modificados genéticamente. La idea es crear grandes granjas de insectos junto a las instalaciones industriales en las que se trata el alimento y se transforma. Los insectos se alimentarían con las sobras transformándolas de manera eficiente en proteínas animales. El hecho es que algunos insectos ya están presentes en la comida occidental, como en algunos quesos italianos y franceses. También hay algunos restaurantes que sirven insectos, como en California y Francia, y empresas de venta de alimentos hechos con insectos. En China, desde 1996, las autoridades han aprobado algunas decenas de productos alimenticios que contienen hormigas. Hasta aquí todo bien en cuanto a comer insectos. Y sin embargo, por lo general, en todas partes, los insectos se utilizan normalmente como alimento de emergencia cuando no hay nada más económicamente o físicamente disponible. Incluso en los casos que se consideran manjares, como en Tailandia, son una pequeña fracción de la dieta total. Por ejemplo, en China, donde las larvas y crisálidas se comen comúnmente, las personas más ricas son las que menos se alimentan de insectos. Es un hecho simple: los hogares más pobres se alimentan de insectos con mayor frecuencia. La gente parece saber más que la FAO. En segundo lugar, si tenemos en cuenta lo que los insectos actualmente comen, no podrían siquiera ser considerados comestibles; ya que normalmente la legislación alimentaria prohíbe la alimentación de animales que comen residuos y consumen aguas residuales, y esto es realmente, incluso de acuerdo con el informe de la FAO, donde los insectos normalmente viven y lo que comen. Además, no hay estudios disponibles acerca de cómo el cuerpo de los insectos es capaz de metabolizar compuestos químicos, como insecticidas o cualquier cosa que puedan encontrar para comer. Al final, cuando la FAO asesora a la humanidad de que coma insectos, de hecho, está indicando que cada vez somos más pobres y debemos estar listos para ajustar lo que comemos a lo que nos estamos convirtiendo. La propuesta demuestra que las instituciones dedicadas a la lucha contra el hambre en el mundo, que han existido desde hace casi sesenta años, han fracasado miserablemente. De hecho, en 2006, la FAO admitió que la meta de reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre para el año 2015 era prácticamente inalcanzable, y esto fue antes de que la crisis estallara. Hay más personas que sufre hambre ahora que en 1990, y esto no se debe al crecimiento de la población sino a las políticas económicas dictadas a los países pobres. En otras palabras, la propuesta indica que en lugar de encontrar formas de mejorar la vida de los agricultores pobres y ayudar al mundo a afrontar los problemas de la producción de alimentos, la FAO está diciendo que todos estamos abocados a una situación en la que ¡debemos conseguir algo que sea comestible en las grietas de las paredes! Hay una hipocresía repugnante detrás de esta idea: veamos a estas personas que viven de los insectos y larvas, son pobres pero felices, no contaminados por la modernización. Esto es una mala imitación de Rousseau para justificar la decadencia senil del capitalismo. No necesitamos el desarrollo social y económico para ayudar a dichas poblaciones a elevar su nivel de vida, tenemos que ajustarnos a las suyas. Esto es actualmente la FAO.

¿Los necesitamos? ¿Tenemos alternativas?

El argumento más decisivo contra la propuesta de comer hormigas es que simplemente no lo necesitamos. En primer lugar, la oferta y demanda de alimentos está creciendo a un ritmo similar. Los rendimientos de los cultivos convencionales siguen subiendo un 1% más, más que la población; incluso actualmente, donde gran parte de la agricultura se sigue basando en métodos atrasados. Sólo dar a los agricultores pobres métodos más avanzados de cultivo, podría ser suficiente para elevar la productividad durante décadas. Por otra parte, sabemos que alrededor del 50% de los alimentos se pierden en el camino, irónicamente, ¡alimentando a esos mismos insectos que nos dicen que debemos comer! Otro aspecto que por sí solo podría aumentar las cosechas para alimentar a miles de millones de nuevos seres humanos, es el riego. Tierras de regadío producen mucha más comida. En la medida que la Tierra está cubierta principalmente por agua, el problema es cómo ahorrarla y reciclarla, ya que la agricultura es responsable del consumo de alrededor del 70% de toda el agua dulce extraída para uso humano. Esto requiere de la cooperación internacional y la planificación de los recursos, no lo que tenemos hoy en día con la crisis diplomática por los recursos hídricos. En el futuro, va a ser peor en las condiciones capitalistas, y hasta podría ser bien vistas las guerras por el control de los recursos hídricos. La civilización comenzó fabricando infraestructuras de agua hace unos miles de años, y ahora podría colapsar por la misma razón. Sin embargo, la escasez de agua no es un hecho de la naturaleza, es una cuestión de inversión y de quién la controla. Como todas las estadísticas, la escasez de alimentos es un mito. Es la sed de lucro lo que produce el hambre de gran parte de la humanidad. A nivel científico, se podrían alimentar no diez, sino veinte mil millones de personas, incluso ahora. Y esto, sin tener en cuenta el desarrollo científico en curso. Antes mencionamos brevemente las alternativas, y llegamos a la conclusión de que no son una alternativa en absoluto. En los últimos años las ventas de alimentos orgánicos y alimentos “de distancia cero” (es decir, al margen de las grandes cadenas de producción y distribución) se han disparado, ya que se comercializa directamente entre consumidores y agricultores locales. Estos alimentos son mejores y más caros, por lo tanto, apenas disponibles para los trabajadores comunes en un período de desempleo masivo y de salarios bajos. Desde el punto de vista de la sociedad, no pueden en absoluto desafiar el dominio de las grandes empresas del agronegocio. Es sólo una cuestión de la diferenciación de productos. Al igual que los fabricantes de automóviles que venden coches de lujo y coches familiares, los supermercados venden alimentos orgánicos y no orgánicos. Muchas compañías de alimentos orgánicos ya han sido tragadas por los grandes monopolios, irónicamente permitiendo que los alimentos orgánicos estén más fácilmente disponibles en los estantes. Por otra parte, al igual que las empresas cooperativas en otros sectores, cuanto más crece una empresa en un entorno capitalista, más similar llega a ser a las demás. Cuando un productor de alimentos orgánicos es similar en tamaño a los grandes jugadores de su sector, no puede ser muy diferente en términos de "ética empresarial", por así decirlo. En cuanto a los “alimentos de distancia cero”, la división internacional del trabajo es tal que es simplemente imposible desenredar una nación del mercado mundial. La cuestión es qué clase gobierna la economía a escala mundial. Por lo tanto, incluso si apreciamos los esfuerzos para superar el dominio de las grandes empresas de la alimentación, la pequeña agricultura no es la solución, al igual que los caballos no son una alternativa a las multinacionales de la industria automotriz. En el lado científico, existen muchas investigaciones prometedoras, y algunas que en un principio pueden parecer de ciencia ficción, pero ya son vendibles. Por ejemplo, la NASA está experimentando con comida en máquinas impresora 3D (en 3 dimensiones) para alimentar a las tripulaciones de misiones espaciales. Los científicos también están tratando de formar levadura sintética y ya se ha creado carne sintética. El aspecto más interesante de esta tecnología es que podría evitar el sacrificio de animales con todas las consecuencias horribles que hemos mencionado. Una tecnología ya en uso son, por supuesto, los alimentos genéticamente modificados (AGM).

Alimentos Genéticamente Modificados

Los alimentos genéticamente modificados (AGM) son las innovaciones más controvertidas en la agricultura. Las grandes multinacionales y las organizaciones internacionales, como la FAO, están por supuesto muy a favor; mientras que los activistas de izquierda y los verdes están en contra. El punto aquí no es sólo científico. Como marxistas, sabemos que la ciencia no se desarrolla en el vacío. Es esencial quién decide hacia dónde se dirige la ciencia y por qué, y los alimentos genéticamente modificados son, por ahora, el producto más puro de la dominación capitalista sobre la agricultura. El uso de los AGM no es "neutral", siempre y cuando se encuentren en manos de las grandes empresas de agronegocios. De hecho, no podemos confiar en Monsanto o incluso en la FDA (la Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU), que se supone que la controla. Aunque las grandes empresas y sus reguladores son conscientes de los problemas que afectan a estos productos, simplemente los esconden, como las multinacionales hicieron durante tanto tiempo con el tabaco, el asbesto y cientos de otros productos. Precisamente, en el sector agrícola hemos tenido muchos casos en los que la verdad se oculta durante décadas. Tomemos la EEB (encefalopatía espongiforme bovina, comúnmente conocida como la enfermedad de las vacas locas) en el ganado. El primer caso fue descubierto en 1984, pero esto no impidió que las vacas se alimentaran de harina de carne y hueso para bovinos hasta hace poco. Lo mismo puede decirse para los pollos contaminados con dioxina, agua contaminada y así sucesivamente. Cada vez que uno de estos escándalos se desata, se presenta como un caso excepcional y pronto desaparece de los titulares de los periódicos. Los activistas antiAGM tienen toda la razón en este punto. En segundo lugar, los AGM esclavizan a los agricultores a las multinacionales, ya que deben comprarles año tras año las semillas. Es por eso que estas empresas están tan ansiosas en "ayudar" a los agricultores pobres a partir de semillas a precios baratos, al igual que un traficante de drogas, la primera vez, regala drogas enfrente de una escuela. Los agricultores están ahora completamente esclavizados a las grandes corporaciones. Incluso la FAO, que favorece fuertemente los AGM, señala que estos "productos se adaptan en gran medida a las necesidades de los agricultores a gran escala y a la transformación industrial de los países desarrollados, con el resultado de que los agricultores de escasos recursos en los países en desarrollo no pueden beneficiarse". La FAO también subraya el hecho de que la concentración del mercado y el poder del monopolio en la industria de semillas reduce la elección y control para los agricultores, que pagarán precios cada vez más altos por las semillas: "Una sola compañía controla más del 80% del mercado para las semillas del algodón genéticamente modificadas y el 33% de semillas de soja genéticamente modificada". Nadie puede usar estas semillas si no paga por ellas, ¡ya que han sido patentadas! La manera en que las autoridades internacionales y nacionales han concedido las patentes sobre alimentos, e incluso los genes, ha sido una perversión monstruosa de las cosas. Desde el infame caso de Diamond v Chakrabarty, las autoridades estadounidenses han decidido que incluso un organismo vivo puede ser de propiedad privada; por lo tanto, las grandes empresas de agronegocios han patentado frenéticamente semillas. Las consecuencias han sido desastrosas. La biodiversidad se ha derrumbado, como consecuencia de que cualquier corporación tiene un interés directo en la venta de sus propias semillas. Y si tenemos en cuenta que existe un alto riesgo de que los genes modificados pudieran extenderse a las poblaciones silvestres, la biodiversidad podría reducirse aún más. Este es un punto interesante: la biodiversidad es una característica esencial de la naturaleza y es incompatible con el capitalismo. Con todo, siempre y cuando el estudio de los alimentos genéticamente modificados no esté bajo el control de los trabajadores, son parte del problema, no de la solución. Por otro lado, sería muy ingenuo creer que los países que luchan contra los AGM lo hacen porque de alguna manera son respetuosos con el medio ambiente. Lo que estamos tratando aquí en realidad es sobre una guerra comercial. Las tecnologías de los AGM son principalmente propiedad de EE.UU. Su uso es muy limitado geográficamente. Sólo cuatro países representan el 99% de las áreas globales de los cultivos transgénicos. Sólo EE.UU. tiene el 69% de las producciones transgénicas del mundo. Es por ello, que la UE está en contra de los alimentos genéticamente modificados: las empresas europeas no pueden competir en términos de patentes y de tierra disponible. Los capitalistas europeos no son menos proclives a vender la salud de su población a cambio de beneficios. La cuestión es que no pueden ganar esta batalla en particular. Entonces, cambian las reglas del juego. La enfermedad de las vacas locas es sólo un ejemplo de sus verdaderas actitudes. La agricultura europea está menos concentrada y más orientada a la calidad. Véase, por ejemplo, la proporción de tierra tratada con métodos orgánicos:

No podemos confiar en las grandes corporaciones de Estados Unidos, pero tampoco podemos confiar en sus competidores europeos más pequeños. El problema no es cuán seguro son los AGM, la cuestión es que la humanidad no puede estar segura, siempre y cuando las grandes corporaciones de los agronegocios decidan cómo alimentarnos para maximizar sus ganancias.

Control obrero para una comida saludable

Para cambiar la manera de producir y distribuir tenemos que cambiar la forma en la que la sociedad se organiza de conjunto. Damos la bienvenida a los movimientos de campesinos y trabajadores, tanto en los países en desarrollo como en los más avanzados, que contrarrestan el imperio de los monopolios del agronegocio. Sin embargo, la mera resistencia no es suficiente. Tampoco creemos que cada avance tecnológico es per se un complot contra la humanidad, como también somos conscientes del hecho de que la explotación y la miseria van mano a mano con los métodos agrícolas tradicionales. El capitalismo está acabando con la vida humana y el medio ambiente. Las medias soluciones, como la comida orgánica, no son suficientes. La ciencia puede contribuir a la alimentación de la humanidad. La pregunta, sin embargo, es quién gobierna sobre la economía y la investigación científica. La existencia de empresas multinacionales en la industria de alimentos ha preparado objetivamente el camino para una gestión racional y armónica de los recursos del planeta a escala global. La tecnología que ya tenemos, o vamos a descubrir, abre un sinfín de posibilidades. Está claro que sería perfectamente posible resolver el problema del hambre en el mundo, proporcionando a todos suficiente comida y cambiando la dieta de la población que ahora la condena a muchas enfermedades. Sin embargo, siempre y cuando la tecnología y la ciencia estén en manos de la propiedad privada de las corporaciones multinacionales, la utilizarán para aumentar los beneficios, independientemente de la salud y la vida misma de miles de millones de personas. Ellos no se preocupan por nosotros, y ellos no están preocupados por los efectos de los productos químicos y de la ingeniería genética que ha entrado en la cadena alimentaria. Sin el control de los trabajadores, la tecnología en sí misma no va a resolver el problema. Debemos nacionalizar no sólo las empresas agroquímicas, sino también la red de distribución, los supermercados, etc. El ánimo de lucro debe ser reemplazado por el bienestar de los trabajadores en lo que respecta a la alimentación, como en todos los aspectos de las necesidades económicas básicas. La propiedad pública y la planificación democrática es la única solución para alimentar a los miles de millones de seres humanos en la Tierra de una manera ecológicamente sostenible. Ya en 1986, el Banco Mundial, en uno de sus estudios de política (febrero de 1986) declaró lo siguiente: "El mundo tiene suficiente comida. El crecimiento de la producción mundial de alimentos ha sido más rápido que el crecimiento sin precedentes de la población en los últimos cuarenta años... sin embargo, muchos países pobres y cientos de millones de personas pobres no participan de esta abundancia. Ellos sufren de la falta de seguridad alimentaria, causada principalmente por la falta de poder adquisitivo". Eso es el capitalismo y no ha cambiado mucho desde entonces. Sugerir que comamos insectos es una manera de decir que la humanidad debe someterse a la dominación capitalista para siempre. No necesitamos comer insectos para evitar la inanición. Tenemos que eliminar el capitalismo para evitar vivir como insectos.

Fuente imagen: Takoradee - WIKIPEDIA

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