jueves, 24 de abril de 2014

Cine clásico: “El último emperador”, de Bernardo Bertolucci (Italia, China, Gran Bretaña, 1987)

Salvador Sáinz



Director: Bernardo Bertolucci.

Reparto: John Lone (Puyi, adulto), Joan Chen (Wanrong), Peter O'Toole (Reginald Johnston), Ying Ruocheng (Gobernador del Centro de Detención), Victor Wong (Chen Baochen), Dennis Dun (Big Li),Ryuichi Sakamoto (Amakasu Masahiko), Maggie Han (Estella Oriental - Yoshiko Kawashima),Ric Young (interrogador), Vivian Wu (Wenxiu),Cary-Hiroyuki Tagawa (Chang),Jade Go (Ar Mo),Fumihiko Ikeda (Coronel Yoshioka),Richard Vuu (Puyi (Puyi, tres años),Tijger Tsou (Puyi (Puyi, ocho años),Wu Tao (Puyi (Puyi, 15 años), Fan Guang (Pujie adult, hermano de Puyi), Henry Kyi (Pujie, siete años), Alvin Riley III (Pujie, 14 años), Lisa Lu (Emperatriz Dowager Cixi), Hideo Takamatsu (General Hishikari Takashi), Hajime Tachibana (Traducto japonés), Basil Pao (Zaifeng, Prince Chun, padre de Puyi), Henry O (Lord Chamberlain).

Guión: Mark Peploe & Bernardo Bertolucci.

Música: Ryuichi Sakamoto, David Byrne, Cong Su.

Fotografía: Vittorio Storaro.

Coproducción GB-Italia-China; Columbia Pictures / Hemdale Corporation / TAO Film / Recorded Picture Company (RPC).

Duración: 160 minutos.

Puyi (Pekín, 7 de febrero de 1906 - íd., 17 de octubre de 1967) fue el último emperador de la dinastía chino-manchú de los Qing. Reinó en China con el título de Emperador Xuantong, desde 1908 hasta la abolición del gobierno imperial en 1912. Fue impuesto por los japoneses como el Emperador Kangde de Manchukuo, entre 1934 y 1945. En la República Popular China, se desempeñó como jardinero y posteriormente como trabajador histórico en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.

La película de Bernardo Bertolucci (El último tango en París, Soñadores) es toda una paradoja. Su argumento gira alrededor de un emperador “hijo del cielo” que evoluciona hasta convertirse en un mero ciudadano, un ciudadano anónimo que circula en bicicleta y dedica su tiempo a la jardinería.

La acción se inicia en una estación de tren. Unos caballeros presuntos criminales de guerra bajan del mismo, se dirigen a un centro de rehabilitación. No estamos ante una hagiografía hollywoodense del emperador, no es ésta una película rodada en Hollywood con decorados de cartón piedra, ni son decorados recreados en Madrid por Samuel Bronston (véase la Ciudad Prohibida de 55 días en Pekín y compárese con la real que aparece en esta película). Tampoco es una demoledora diatriba presentando al emperador como un monstruo. Piyu, ese emperador “hijo del cielo” en realidad es un hombre como las demás, son las circunstancias quienes le convirtieron en un personaje excepcional.
Jean-Jacques Rousseau, autor de Emilio, o De la educación., sostenía que todo hombre, mujer o niño son buenos, son las circunstancias quienes les envilecen. Si la Revolución Soviética exterminó a toda la familia imperial, como antaño hicieron en otras revoluciones como la francesa, en cambio la china apostó por la reeducación.
Mao creía que todo ser humano era buen en sí, pero era pervertido por el sistema imperialista o burgués capitalista. Así, Piyu, desprovisto de la parafernalia que le pervertía, podía convertirse en un ciudadano normal. En otras palabras en un camarada.
El centro de la película es pues esta evolución, mientras tanto conocemos la evolución de la sociedad china desde que Piyu es arrancado del regazo de su madre y llevado a la Ciudad Imperial para sustituir a Tzu Hsui la emperatriz agonizante (la misma que aparece en 55 días en Pekín).

Así Puyi es un niño de apenas tres años que se ve entronizado sin comprenderlo ni pretenderlo, depuesto años por la República. Bertolucci nos cuenta cómo tuvo un tutor inglés interpretado por Peter O´Toole, un detalle que occidentaliza la película. El emperador perdió su cargo, pero en el interior de la Ciudad Prohibida lo conservó po haberse convertido en un símbolo del pueblo chino.

Los avatares se suceden hasta que se convierte en un títere de los japoneses que le restituyen como emperador de Manchuria y finalmente capturado para ser reeducado por los comunistas chinos. Puyi se siente utilizado por todos, no es hasta su rehabilitación que descubre la alegría de ser libre.

Bertolucci compone esta bella parábola con inteligente ayudado por la fotografía de Vittorio Storaro. La época de la Ciudad Prohibida nos es mostrada con todo su esplendor, así como su posterior vida de playboy hasta que los japoneses le envían a Manchuria empezando una nueva etapa de su vida. En este caso la fotografía se vuelve sombría y todavía más lúgubre en el campo de rehabilitación en donde Puyi se transforma de emperador a persona.

Fuente: http://www.diariodecine.es/ssdvd194.html

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