miércoles, 16 de abril de 2014

Degustando pedos de lobo, aplaudimos los rebuznos

Daniel de Cullá (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Ella salió de un Centro de Estimulación Coñitiva; él, de un Centro de Alargamiento Peníticop; los dos para desembrollar lo que está enredado por haber abandonado las aves, los hijos, el nido, por lo común después de la cría. En aquel momento, mientras sucedía lo que se está refiriendo, ellos dos se encontraron. Se medio miraron, Deseban preguntarse el uno al otro, sin atreverse, qué habían sacado en limpio de esas sesiones comentadas; cómo les había ido en esta feria del Culo, que por eso dirigieron su mirada cada uno a su cortijo, esperando que hubiese cambiado de forma. Ella esperaba que volviese el zoquete en forma de buen capullo a su lanada o escobillón. El se sentía como el culo del fraile, pues siempre cargaba con todas las culpas.

Esta tan sólo es mía, dijo él, indicando con el dedo índice de su mano derecha su bragueta. Ella respondió:

Sí, si no hubiera cantado feliz o infeliz mi bella prenda. Ya sabes, que quien mucho se baja, el culo enseña.

Ella se sentía orgullosa de su Vulva; él rabiaba, rabiaba, pues volvía a caer en su manía de creer que no la merecía, pues sabía que quitándosele el culo al cesto, se acabó el parentesco.

Estando así, sólo dando importancia a aquello que puede afectar a los sentidos o caer bajo su inmediata inspección, escucharon cierta clase de Rebuznos como en griego o en latín, compuesto de tres pies. Unos coches venían y pasaban con banderolas; después de un rato largo, otros coches venían y pasaban con otras banderolas. Todos ellos, además de alabar sus programas, pedían a las gentes ser patrioteros y contrarios a la separación de Cataluña. Los secuaces de estos partidos sonreían tocándose el hueso del muslo. Los coches de propaganda parecían vasijas con ruedas en que los cazadores de perdices llevan encerrada la luz para deslumbrarlas.

La cantidad de sandeces que se escuchaban era supina. Y, sin embargo, todos los sandios, necios o simples, toda la hipotética hispana gente, aunque no aguantaba el ruido de esos altavoces de barraca, y por lo que sentían amagón, indisposición ligera , sus ecos partidistas victoreaban, no importándoles el saber que a buenos Asnos elegirían con piel de lobo. Que a la plebe le encanta que le hablen y le hagan promesas en pollinales asertos o juramentos afirmando la verdad de una cosa engañosa. El ser en el Asno es un hecho. Y sabemos que Europa Rebuzna a lo Jumento, aunque nos aventajen los americanos. Que había que atajar la falta de afición o interés, alejamiento y desvío del voto, pues la culpa del Asno hay que echarla a la albarda.

Él, que se afeitaba con una hacha de afeitar como las de Cartago, robada al Paganismo por los curas de los primeros siglos del Cristianismo, de propiedad desconocida, decía que los primeros de este reino en punto a Rebuznos sobrevalorados son las dos Castillas y Andalucía., aunque Galicia, el País Vasco y Cataluña merecían la palma o mayor premio.

Ella, que presume de elegante y distinguida sin serlo, con un colgante de marfil en el que aparece un perro corriendo, elogiaba muy pomposamente a los elegidos, que para ella, como siempre serían discípulos de Caco, cierto ente mitológico patrono de los ladrones. Ser viviente ladrón y ratero. Al fin y al cabo, unos cabrones, sujetos tolerantes de abusos que se cometen contra el pueblo.

Sin poder contenerse, dijo él:

Sí. Cacicas o caciques, que vienen de las ruinas del palacio de Julepe con poderes ilegales fundados en el sistema político vigente.

-Lechuguino, petimetre, responde ella. Aquí, como en Londres o París, todo se hará con cachada, golpe que da la punta del trompo en la cabeza de otro trompo. Por un lado los Anti-Asnistas; por otro lado, los Archiborriquistas que, ambos, alzando el cuello en aldeas, villas y ciudades harán resonar sus mítines en Rebuznos, arrojando con ruido por la boca los gases de la digestión, en regüeldo del pueblo que gusta de la hipocresía, el embuste y alucine.

Qué bribona, le contestó él. Prosiguiendo:

Volveremos a acudir a esos lugares del Culo; pues llega la verga de un barco junto al reclame, cajera con sus roldanas que va en los cuellos de los masteleros; y por la cual pasan las ostagas de las gavias.

Apretándole, ella a él, entre los dedos una pequeña porción de piel, le dice

Degustemos estos pedos de lobo, bejín, hongo. Aplaudamos los Rebuznos.

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