jueves, 10 de abril de 2014

La religión marxista

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Andrés quería, necesitaba, creer en dios. Alguien, para él, tendría que haber querido -y hecho- que todo sea. El espacio, las estrellas, los planetas, la Tierra, él.

A dios le rezaba todas las noches antes de dormir. Le pedía que su padre y su madre no mueran nunca.

Pero una vez murieron.

Y después dictaduras, torturas, matanzas.

Y las guerras a través de los siglos.

Hasta que empezó a preguntarse: ¿por qué dios hace o permite que pase todo eso?

Así que, poco a poco dios lo fue decepcionando.

Aunque finalmente se reconoció como ateo, también continuaba necesitando creer en algo. Si no era en dios, ¿en qué?

Fue así que descubrió el marxismo, y empezó a creer en la inevitable y buena lucha de clases. Los explotados contra sus explotadores. Y el inevitable triunfo de la clase obrera que tomaría el poder y vendría el buen Hombre Nuevo. Y ahí todo sería mejor, porque siempre los obreros son buenos. Los obreros que, dirigiendo los sindicatos, no se comportan adecuadamente y decepcionan, no son más obreros. Son burócratas sindicales.

Así es que, a través del marxismo, Andrés pasó otra vez a creer en algo. A no dudar que, si bien no hay dios, hay algo más que esperanza: certeza de que -inevitablemente- habrá seres humanos buenos y que acabarán las continuas guerras en el planeta.

Entonces el marxismo pasó a ser su nueva religión.

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