miércoles, 16 de abril de 2014

Pequeñas costumbres

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Alfonso toda su vida quiso ser feliz. Porque desde chico siempre se preguntaba que sería eso. Ser feliz. Y que es lo que haría para ser feliz.

Por un tiempo pensó que era tener mucho dinero. Y como empresario lo tuvo. Viajó adonde quiso. Compró la casa que quiso.

Y también tuvo muchas mujeres.

Y siempre su auto último modelo.

Sin embargo a veces sentía una extraña tristeza, cuya causa no conocía. ¿Por qué esa tristeza si iba teniendo todo lo que quería?

Poco a poco fue descubriendo que le gustaba hacer pequeñas cosas en su casa. Cosas mínimas, como pasar por el mismo corredor de un cuarto al otro. Ver la colorida puesta de sol. Escuchar un tango y acompañar su canto. Sentarse en su escritorio y recordar (en lo posible cosas buenas).

Y, fundamentalmente, comprobar que todo estaba siempre igual. Cada rectángulo del suelo, la blanca pintura de la pared, las marrones maderas de su biblioteca. Los libros en su lugar.

No sabía por qué, pero esas costumbres de comprobación cotidianas le causaba cierto placer.

Y cierto alivio. Tenía un lugar.

Pero una vez se empezó a preguntar:

¿Ser feliz es eso? ¿Solamente tener un lugar?

Y entonces empezó a reconocer que quería algo más. No sabía qué, pero siempre algo más.

Pero entonces se preguntó: ¿ser feliz es tener todo lo que se quiere o querer siempre algo más?

Para esa pregunta no tuvo respuesta.

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