viernes, 16 de mayo de 2014

"Carta de Marianela"

Alicia Susana Gómez (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde mi cuarto, el día después.

Querido papá:

Ya es la mañana, pero no voy a dormirme. No quiero hacerlo durante mucho tiempo porque temo que, si lo hago, olvidaría la noche pasada.

Voy a escribir en esta carta los recuerdos y compartirlos con vos porque las fotos no alcanzan y el mago estaba de sobra cuando vi tu taller transformado en un salón. Algo sospechaba, cuando te escuché ir y venir creyéndome dormida. Lo que no me explico es dónde escondiste el tablero de las herramientas y las cajas de metal... Las busqué durante toda la fiesta.

Me daba cosquillas aparecer con el vestido que me hizo mamá. Los chicos me miraban y sentí que lo hacían por primera vez, que nunca antes me habían visto como anoche. Yo te busqué para animarme y me pareciste un príncipe con tu traje azulino. Estabas parado junto a la ventana y me observabas como la primera vez que salí de la escuela, seguramente pensando que crezco más rápidamente de lo que te das cuenta. Sé que no te animabas a acercarte por no ser indiscreto y dejar que gozara con mis amigos. Pero yo estuve pendiente de todo lo que hacías.

No sos un hombre de muchas palabras, para eso la tenemos a mamá, pero no necesito que me digas nada para saber cuánto represento en tu vida. Me basta encontrarte, embadurnado de grasa, echarnos una sonrisa y volver a la cocina para seguir estudiando. Sé que es importante que lo haga porque vos dejaste la nocturna justito el año que yo nací... Lo sé porque encontré tu libreta de calificaciones. Decía: Segundo Nivel. Matías Hernandarias. Tenías veintiocho años y muy buenas notas en literatura. Quiero que sepas que, a mí, me parecés un poeta cuando te sorprendo, a solas, hablándole a los motores.

Mamá siempre me cuenta la expresión de tu rostro cuando me conociste. Se te escapó una lágrima, como la de anoche, cuando bailamos el vals. Fue en el mismo momento que descubrí las canitas que te están saliendo en las sienes. No te preocupes, sólo yo las noté: las chicas dicen que todavía sos un hombre muy apuesto... y para que lo digan ellas...

Entre tus brazos, era liviana como una pluma y me sentía segura de que no permitirías que diera un paso en falso, haciendo un papelón. No me pasó lo mismo con los chicos de la división, a ellos hay que dirigirlos porque no tienen la menor idea de lo que es bailar juntos... Cuando tomaste a mamá, me pareció que eran ustedes los que cumplían quince años, porque se movían con soltura y se miraban a los ojos con satisfacción. Ahí fue cuando sentí un poco de envidia: hubiera querido saber seguirte como ella... pero, no importa, vos me llevaste casi en andas y yo me dejaba estar como en una carroza. ¡Ay Papi! Quisiera que me pase lo mismo cuando me case...

Siento olor a café y pan tostado que viene desde la cocina. Ya deben haberse levantado. Estarán planeando barrer los restos de torta y cotillón que empastelan el piso. Creo que voy a terminar esta carta y ayudarlos.

Y bien, Papi, además te agradezco que, en lugar de ir a navegar para conocer el mundo, guardaste tu sueño en un bolsillo del overol y elegiste ser mi papá. ¿Viste? Yo también conozco tus secretos como vos, que siempre adivinás los míos.

Con todo mi amor:

Marianela

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