jueves, 29 de mayo de 2014

El sueño de El Chaltén

Carlos del Frade (Desde El Chaltén, provincia de Santa Cruz, Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



La Patria estaba hecha, había que cuidarla nomás…-dice con simpleza y seguridad “Pajarito”, referencia insoslayable en el Chaltén a la hora de hablar del pueblo surgido el 12 de octubre de 1985, como respuesta concreta frente al avance de los intereses expansionistas de la dictadura de Augusto Pinochet. “Pajarito” es Elías Rivera, chileno de nacimiento, pero como bien lo decía una nota de la revista “Noticias” de 1994, defensor como pocos de la soberanía en la zona de los hielos continentales.

“La revolución que proponemos desde nuestra cosmovisión es la diversidad de pensamientos y el respeto en la relación con el territorio. Reclamamos vivir tranquilos, caminar la tierra, convivir con nuestros hermanos los animales y nuestras hermanas las plantas”, es la frase de Enrique Mamani, de la Organización de Comunidades de Pueblos Originarios con la que se presenta la octava Feria del Libro de El Chaltén, en la que este cronista tiene el privilegio de compartir.

Con más de mil habitantes permanentes, el pueblo está a punto de ser declarado municipio y vive un clima de ebullición política donde se discute qué herramienta les permitirá gambetear la permanente zancadilla de la traición.

Se discute autonomía y poder popular, por eso están presentes las luminosas compañeras de la Asamblea Popular de Chilecito, de La Rioja y, en forma paralela, el concurso de cuentos infantiles ilustrados presenta la sensibilidad de las chicas y los chicos por la suerte de los huemules y el rechazo a cualquier forma de contaminación a una naturaleza exuberante ante la que no alcanza el ancho de los ojos para abarcar tanto cielo abierto, tanta mágica montaña que rodea la aldea que intenta no repetir malas recetas políticas para conjugar justicia social, igualdad, soberanía y felicidad.

“Pueblo chico, invierno grande”, se llama la película que desde hace tres años vienen haciendo todos y cada uno de los habitantes de El Chaltén. Una construcción colectiva que ironiza sobre los vicios de las políticas tradicionales ante la aparición del primer muerto en el pueblo y la necesidad que se construya, entonces, el cementerio del lugar, cosa que todavía no existe. -Queremos que haya trabajo y también que se respete la naturaleza y que los pibes nuestros tengan un digno lugar para estudiar. Por eso estamos pidiendo por una nueva escuela secundaria que, aunque figura en los papeles virtuales del Ministerio de Educación de la provincia de Santa Cruz, todavía no existe en la realidad – comentan Lucía Gelvers y Mauro Piombo, dos chaltenenses por elección que aunque sus documentos digan una lejana ciudad de Rosario.

“Demostramos que la soberanía no es consecuencia de fusiles y militares, sino de familias, chicos jugando en las plazas y educándose en las escuelas. Que se podían hacer pueblos nuevos que todavía sigue siendo una gran necesidad en toda la Patagonia”, comenta el “inventor” de El Chaltén, ingeniero civil Daniel Rodríguez, el hombre que tuvo la visión de plantar una comunidad al pie de la montaña sagrada para los tehuelches. El ingeniero que abrió y trazó las primeras veinte manzanas y que recién tuvo su lugar después de 2002, luego de vivir doce años en Canadá porque intereses minoritarios no toleraron semejante tozudez patriótica y le balearon la casa que tenía en su momento en Río Gallegos y por poco no le roban la vida de su mujer y su hija.

Así transita la Octava Feria del Libro de El Chaltén, con más de cuarenta invitados llegados desde distintos puntos de la Argentina, en la jurisdicción más joven del país, donde gentes venidas de diversas procedencias ensayan su propia Utopía, respetando la memoria de naciones originarias, las identidades de las luchas populares de las décadas anteriores y abrigando el sueño de construir futuro como sinónimo de esperanza.

Al pie de El Chaltén, nombrado Fitz Roy por el Perito Moreno, entre historias nutridas por seres mágicos y animales majestuosos como los cóndores, las águilas, los huemules y los pumas, donde el fantasma Butch Cassidy se junta con el empecinado sentimiento de argentinidad del casi desconocido comandante Luis Piedra Buena, en esta Feria del Libro, con coros infantiles y de adultos, el proyecto de una sociedad humana igualitaria goza de buena salud, ante la insobornable mirada de una montaña que, en algún rincón de su inmenso enigma debe sentirse orgullosa de esta generación de pobladores que de la mano de las palabras y los libros van en busca de su destino.

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