jueves, 22 de mayo de 2014

La base citológica de los certámenes literarios

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



La fecundación de los premios en los Certámenes literarios, Juegos Florales, Premios de Novela, de Poesía, etcétera, que se prodigan de primavera a otoño como las moscas borriqueras, las moscas verdes de la caca o las cagalutas de las ovejas, y otras prendas, es posible gracias al apareamiento entre los gametos iguales de un tipo patrocinador y jurado. Por eso, es que dan siempre homocigotos con un cromosoma repetido, pues si lees a los premiados, que siempre son los peores, todos son iguales, y vienen a decir las mismas sandeces Rebuznando.

Los miembros de un jurado, que son parejas de cromosomas homólogos, proceden de un progenitor siempre dependiente de los caracteres de transmisión de los organizadores del premio, sean entidades locales mayores o menores, o fundaciones de vida privada, sin ánimo de lucro que juegan a pasarse las espermátidas del hemíptero ganador, que sabe bien que ha sido elegido según el cromosoma relacionado y determinado por el sexo del jurado. Todos tienen el mismo carácter. En ellos se manifiesta la presencia de quetas cortas en la cabeza. Si se cruzan miembros de jurados de orejas largas con miembros de otros jurados con orejas cortas se producen premios de longitud variable en su concesión.

Es la teoría de la polimería o de los factores múltiples. Para su concesión, sin saberlo ni ellos, a veces, todas, se sigue el esquema mendeliano. Así, se premia por la estatura y el peso, la guapura, la presencia de un moño de pluma como el de la cabeza de la gallina de raza “padovana”, o la pigmentación de los jóvenes escritores como en los conejos de Indias, o el acertar lo que vale un Rebuzno dado a tiempo. Determinar el ganador o ganadora de un Certamen depende de un solo factor: Se premia al más manso, que pueda determinar la presencia de páginas rudimentarias que no sirvan de hervidero a las larvas y apoyen la esterilidad de una sociedad ahíta de domesticación, siguiendo el mecanismo citológico de la transmisión hereditaria dentro del núcleo portador de los genes de dotación cromosómica en los premios y su fecundación conservadora.

Y digo como dijo el pastor:

-Mi amor, después de ordeñar un tazón de leche, ve a buscar aliagas, coscojos. Pero, antes de que el conejo saque la cabeza de su madriguera, ¿te comes mi tomillo?

-Esa boca, dijo ella.

-¡Beeeee! ¿Qué pasa? Le respondió él, yendo a coger un libro de poemas que le habían premiado en un concurso dotado con 400 euros, diploma y participación en una antología, que nunca recibió, ni llegó a realizarse, pues en un punto de sus bases se decía que “el ganador deberá asistir a la entrega de los premios, sino será descalificado”. Para él, una engañifa, pues vivía lejos de la localidad, afirmando que si le premiaron fue por estar a más de 400 kilómetros de esa localidad.

Para consolarle, le dice ella:

-Todos los premios están amañados, amor mío. Son esparramada moneda falsa.

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