viernes, 16 de mayo de 2014

Plástica: La obra de Ismail Shammut - El pueblo palestino a través de la pintura

Laura Galián

La tragedia padecida por los palestinos en 1948 -consistente en la expulsión de millones de personas a causa de la creación del Estado de Israel- nos ha llegado a través de innumerables formas: la historia, la literatura, la música, el cine, el teatro y la política, entre otros. Desde la creación en 2002 del muro de Cisjordania, hemos visto surgir muchos artistas plásticos que han plasmado su rabia y su sufrimiento en esas paredes, como una forma más de resistencia pacífica. El arte como forma de expresión se ha empleado al servicio de la causa nacional desde los inicios del conflicto para convertirse en una forma de supervivencia y una vía más de resistencia. Sin embargo, las artes plásticas, a la manera tradicional, con lienzo y óleo, se encuentran, quizá, entre las más desconocidas y menos exploradas para el espectador occidental. Con esas premisas, vale la pena destacar el trabajo de Ismail Shammut (1930-2006), uno de los pintores árabes contemporáneos más influyentes.

La pintura figurativa de Shammut refleja muchos de los aspectos de la narrativa palestina actual; desde la Nakba (el desastre palestino) -que vivió en primera persona, ya que a la edad de 17 años fue expulsado junto con su familia de su casa en Lydda- hasta la determinación de los palestinos a lo largo de los duros años del enfrentamiento. Exilio, lucha, resistencia, identidad, son algunos de los temas que trata en su obra, cuyos sujetos emanan directamente de las experiencias vitales del artista y, por lo tanto, reflejan esa parte tan dolorosa de la historia palestina. Inevitablemente, la vida y la obra de Shammut van de la mano y han evolucionado en paralelo al desarrollo del enfrentamiento. Como él mismo planteó en alguna entrevista, su obra puede ser dividida en cinco fases.

La primera coincide con el shock inicial provocado por las primeras experiencias traumáticas derivadas de la creación del Estado de Israel. Estas obras, realizadas durante la década de 1950 tienen un estilo realistamarcado por la vivencia directa de los acontecimientos. Su familia huyó en julio de 1948 desde Lydda al campo de refugiados de Jan Yunes en Gaza. De repente, Shammut era un refugiado, y no era el único; hasta el 12 de julio de 1948, el ejército israelí, bajo las órdenes de Isaac Rabín -que luego sería premio nobel de la paz-, expulsó de Lydda y Ramleh a más de 50 000 palestinos.

Una vez en Jan Yunes decidió dedicar su vida al arte. Por ello, en cuanto pudo, y con los 30 dólares que tenía ahorrados, se trasladó al Cairo. Allí se matriculó en el College of Fine Arts. Entre las obras de esta segunda etapa destacan Vamos a volver, Memorias y fuego y Hacia dónde; esta última se ha convertido en un hito de la experiencia que los palestinos han sufrido a partir de 1948 y es, además, una de las obras más importantes del autor. En ella se representa el éxodo de Lydda y Ramleh en julio de ese mismo año. Ese cuadro representa a tamaño natural la imagen de un anciano y tres niños que se mueven de derecha a izquierda. Se puede observar al fondo el alminar de la ciudad árabe que los protagonistas dejan atrás. Esta imagen nos recuerda el trabajo literario de al-gurba (en árabe, ‘diáspora’ y también ‘extrañeza de estar separado de lo familiar’), plasmado a través de la tierra árida en la que se encuentran los protagonistas, que contrasta con la fertilidad de la ciudad. Gracias a ese cuadro y a la primera exposición del pintor en 1953 en la Galería de Arte Palestino en Gaza, Ismael Shammut se consagró como pintor y como referente artístico entre sus coetáneos.

La tercera etapa pictórica de Shammut se desarrolló durante la década de 1960. Tras el golpe inicial, se reactivó la motivación nacional con la esperanza de la construcción de un Estado palestino. Ese cambio anímico se refleja en la pintura de Shammut. Comienza a usar colores más expresivos y su estilo se decanta hacia el simbolismo, si bien no deja de lado el realismo que lo caracteriza. Con la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en la que Shammut participó activamente reapareció el debate nacional y se consolidó la resistencia, asunto ambos en torno a los cuales empezó a girar la pintura del artista. Entre otras obras destacan: Mano verde y Ópera palestina.

Más tarde, cuando Israel invadió el Líbano, con el consiguiente sufrimiento para los refugiados palestinos que estaban en aquel país, Shammut volvió a utilizar los colores vivos, como expresión de dolor y desgarro. En Teel zaatar, una de las obras de este periodo, cambia el óleo por la acuarela e intenta producir una sensación de espontaneidad que lo aleja del realismo inicial.

En la quinta etapa su carrera pictórica, la última de su vida, que se puede concretar desde 1997 hasta el 2000, Shammut decide realizar unos murales de gran tamaño junto a su esposa y artista Tammam al-Ajal bajo el titulo: Palestina, el éxodo y la odisea. Estas piezas, ilustran, por orden cronológico, la secuencia de los acontecimientos más traumáticos desde 1948. En ella se refleja el tremendo impacto que los muralistas mexicanos tuvieron en estos dos artistas. Entre los 19 murales que componen esta serie destaca el último de ellos, El sueño del mañana; en él aparece una mujer con un vestido blanco cuyos contornos dibujan el mapa de la Palestina histórica, en el cual se encuentran bordadas las palabras amor, paciencia y mañana.

La carrera artística de Shammut incluye algunos trabajos y publicaciones sobre la evolución del arte palestino. Uno de sus trabajos más importantes Arte en Palestina (1989) es un instrumento esencial para comprender el desarrollo del discurso artístico en la historia palestina. El doble papel de artista e historiador del arte ha sido adoptado no solo por Ismael Shammut, sino, también, por otros artistas palestinos como Samia Halaby y Kamal Bullata, cuyos trabajos críticos sobre la historia del arte palestino han hecho accesible estas manifestaciones de la cultura palestina a otros artistas del ámbito internacional.

La vida y la obra de Ismael Shammut le han conferido reconocimiento tanto entre los palestinos como internacionalmente y lo han consagrado como uno de los máximos representantes del imaginario histórico palestino, ya que no solo ha sabido expresar el presente histórico de esa nación, sino, sobre todo, los anhelos y las esperanzas de un pueblo víctima de la historia.

Ver su obra aquí.

http://aish.com.es/personajes/palestina/343

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