miércoles, 4 de junio de 2014

Ana Soto

Norma Segades Manias (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Llevándose a la muerte las letras de su nombre verdadero, la cacica Ana Soto, jefa de los indómitos cámagos y gayones que lucharon bajo su mando contra los encomenderos españoles en defensa de libertad y territorio, ha sido condenada a morir por empalamiento. En Barquisimeto, amanecía el día 6 de agosto de 1668.

Venezuela (Barquisimeto)
No aullaré de dolor.

Pariré al viento mi grito de guazábara, /mi grito de guerrillera indómita, / salvaje, /condenada al tormento de la carne horadada por una pica abrupta / antes que por ser odio, /por ser hembra.
Y por haber alzado rebeliones contra el agravio de sus encomiendas /ávidas de cosechas, /de terrones, /de espaldas doblegadas bajo el látigo que traza cicatrices, /nervaduras, /sobre las desolladas obediencias.
Me llaman Ana Soto, / la cacica con dos mil voluntades a su mando / escindiendo grilletes, /eslabones.
Me llaman Ana Soto, /la insurgente, /sentenciada a esta muerte, /a esta deshonra de vértices y crestas sin fronteras.
A esta muerte alevosa, /a esta muerte de coágulos oscuros, /de estertores / rodando entre los muslos afiebrados.
Arrastrando las letras de mi nombre entre los ecos de sus carcajadas / que huelen a inmundicia y a blasfemia.
No aullaré de dolor.
Morderé el labio hasta dejar las huellas de los dientes / en el hueco amarillo,
en las espiras, / en la médula misma del silencio, /en las esferas rotas del olvido donde he de redimir tanta tiniebla.
Desafiando el olor de la derrota / a pura luna, /a voluntad tajante, /a zarpazos de arcilla en rebeldía.
Presintiendo la edad del latrocinio / desde este horror de cruenta empaladura, / esta infamia de vísceras abiertas.

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