miércoles, 25 de junio de 2014

Comentario de un lector: Argenpress cultural es, acaso, ¿la más excelsa revista de tal, en habla española?; tal vez no, por sólo dos razones

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Yo suelo preguntarme -acá en mi brutalidad y-, cada día, preferiblemente antes de que El Sol me gane la partida, adonde pongo un ladrillo, y, sobra espacio.

Mas, a saber si lo pego bien o mal; la validez de un concepto tiene que ver con la realidad social, lo que para algunos es válido no lo es para otros, así que yo apelo con frecuencia más a la duda que a la certeza de las cosas.

En cualquier caso, la verdad, posiblemente va a estar siempre más allá del concepto que la define puesto que una palabra usada fuera de su contexto podría carecer de valor y, de común es cuasi normal que tutilimundi ande esgaritao -valga desgaritar-; pero, a mi modo de ver, la citada revista es lo mejorcito, en su ramo, en mil leguas a mi rededor, salvo por dos cositas.

La función del conocimiento es superar la ignorancia, yo no puedo ofrecer ni nadie aceptará mi reflexión acerca de la Argenpress Cultural como algo absoluto pero sin lugar a dudas las personas vivimos entre límites, los que de una u otra manera determinan el conocimiento de nuestra realidad. No siempre pero con aceptable frecuencia leo la Argenpress Cultural y lo primero que hago es un paneo visual que me permite apreciar imágenes distintas, éstas siempre cabales respecto al texto que ilustran.

Admiro ese tino de saber ilustrar tan apropiadamente cada determinado texto porque eso facilita la comprensión de la lectura.

Ah, si no fuera porque a veces ha habido un texto de mi autoría, y por añadidura, que en el prolegómeno de la revista aparece de derecha a izquierda la imagen de un piazo´e libro -el tercero-, yo afirmaría que la Argenpress cultural es la más excelsa revista de tal, en habla castellana.

Felicito en todo caso a sus editores porque parecen ser buenos muchachos pero, que nunca los toque el veneno de la vanidad.

Si ésta merodeare, por caso, estarían condenados a rezar mil quinientos “Padre Nuestro” e Íd “Yo pecador me confieso a Dios” pero en latín y en arameo antiguo, respectivamente.

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