jueves, 12 de junio de 2014

Muralla urbana

Chara Lattuf (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



El Torrente pasa sin ser percibido por la calle La Verdad; pero al cruzar en la esquina llega a una pared falsa, casi como una muralla; no lo deja pasar, aunque lo intenta, ese era el nombre de la compañía “El Torrente”, que atendía una llamada, un SOS para derribar o desplazar ese coctel de residuos dejados en la calle para impedir el paso de los caminantes y de automóviles. Pedro “El Guardián” se baja de la camioneta y detalla cada montón de basura y de mobiliario como escombros. No pensó en ese instante que se trataba de una forma de protesta. Barricadas les llaman algunos. Deja que el cigarrillo encendido caiga al pavimento y le da un puntapié con la bota y en segundos se prenden esos desperdicios en llamas, al estar rociado de gasolina. No sabe cómo, ni de dónde salieron tantas personas a aplaudir cuando el fuego se extendió y se escucharon gritos, consignas contra el gobierno.

En un instante “El Guardián” le hace señas a su ayudante que observaba a una bella rubia, que exhibía sus piernas como si se presentara en algún concurso de belleza, indicándole que debían partir. Ya era tarde, un grupo de cinco encapuchados impidieron el desplazamiento del vehículo, El Torrente no pudo arrancar su motor, de la compañía solo quedó un montón de chatarra chamuscado por el fuego. Solo se oían voces que todo esto se hace a nombre de ¡Libertad! y ¡justicia! Sin saber que se encerraban ellos mismos, sin poder librarse de un sentimiento que los ata sin misericordia a perder su tranquilidad, hasta esperar un futuro incierto, porque los protagonistas resultaron ser otros.

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