jueves, 12 de junio de 2014

Septiembre

Alejandro Jusim (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Que difíciles de cielos se hacen las horas trasnochadas del invierno de septiembre, un aire frio de sangre compañera, recorre el calendario tormentoso de los días al sur de la memoria.



El vapor de mi tristeza, no deja ni un milímetro sin empañar del ventanal que me separa de la lluvia, torrente persistente de lágrimas, caídas en el seno de la tierra castigada por mil manos sin orillas.

Éramos más de los que somos, aquellos que se fueron no eran sólo pasto de estadísticas heladas, eran la vida misma hecha carne en las trincheras engendradas de futuro.

Sigo mirando la tormenta, y veo en cada gota estrellada en sus lagunas, a aquella cordillera traicionada por los buitres, y a Salvador y a Víctor y a Pablo y a miles de esperanzas hundidas en la muerte que reparte la rapiña.

Mi viejo también se fue un septiembre, estaba yo abrazando aquellos días de recuerdo trasandino, entre tumbas de los nuestros y gases despiadados, vomitados por los dueños de la sangre pútrida del miedo.

Mientras el viento del sudeste va creciendo con la furia de la noche más tremenda, cierro los ojos y vuelo en mi guitarra, no hace falta andar por horas, aquí mismo, en esta ahogada ciudad de tilos nuevos, los lápices escriben las palabras que hace tanto nos robaron de los sueños, las que no mueren, las que brotan, las que se hacen eternas a pesar de los silencios.

Y Julio ya no anda con su gorra caminando las baldosas de La Plata, las mismas que día a día ensucian los zapatos rastreros de aquellos que apagaron su garganta.

Que difíciles de cielos se hacen las horas trasnochadas del invierno de septiembre, un aire frio de sangre compañera, recorre el calendario tormentoso de los días al sur de la memoria.

Pero a pesar de la tristeza, pero a pesar los silencios, pero a pesar de las traiciones, no me olvido que septiembre siempre parirá la primavera.

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