jueves, 3 de julio de 2014

Años después

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Andrés tenía cáncer de próstata. Era una época en que la palabra “cáncer” era sinónimo de muerte segura.

Pero su médico supo que en otro país estaban haciendo una experiencia pensando en la posibilidad de encontrar una forma de cura para el cáncer.

Era congelar a los cancerosos que lo aceptaban, para descongelarse muchos años después, cuando ciertamente el remedio para la cura del cáncer haya sido descubierto.

Así fue que se despidió de su familia y se hizo congelar.

Andrés era políticamente de izquierda. No dudaba que vendría la Revolución y que el proletariado tomaría el poder. Directamente o por medio de lo que se llamaba “la lucha armada”, grupos armados que mataban reaccionarios civiles o militares. Era inevitable.

Cuestión que en los años sesenta fue congelado y despertó en el 2.014. Fue tratado con radioterapia y fácilmente se curó del cáncer.

Cuando despertó después de tantos años se enteró de la existencia de Cristina en Argentina, Dilma Roussef en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, y así otros.

Pero lo sorprendente para él fue que esos fueron presidentes por elecciones, y no por previa lucha armada.

Lucha armada que en Argentina, al no tener el apoyo popular, fue el pretexto, la justificación de la sangrienta dictadura que comenzó con Videla en 1976.

Así fue que Andrés, al saber de esa chocante diferencia con lo que él pensaba años atrás, y por la que tantos amigos suyos, o amigos y parientes de esos amigos fueron torturados y muertos, al reconocer y aceptar esa diferencia, se puso a llorar.

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