miércoles, 23 de julio de 2014

En pro de Palestina

Jesús María Dapena Botero (Desde Vilagarcía de Arousa, Galicia, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Yo defiendo a Palestina y creo que esos crímenes, que no dejo de considerar atroces, hacen parte del contexto en el que se desarrollan los acontecimientos.

También habría apoyado a los de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial, aunque si leemos a la Marguerite Duras de Cuadernos de Guerra y otros textos, mostraba que los resistentes no eran menos crueles en la tortura, que los mismos nazis; no hablo de los campos de concentración.

Eso hace parte de lo que Goya llamaría los desastres de la guerra; que depende de la voluntad política de mantenerla, a sabiendas del sacrificio de la población civil; pero, rara vez, se inmolan los gestores.

Soy antibelicista, quizás tan idealista como Romain Rolland.

 Por eso, soy partidario de los diálogos racionales versus la estupidez de la guerra, gracias a la influencia del pensamiento de Jürgen Habermas.

Y prefiero escenas como ésta:



A atrocidades como las que registrara el periodista español, a quien fui a oír en Vigo, cuando la otra invasión, en una conferencia que se dio auspiciada por Amnistía Internacional, que creo que en este momento vale la pena recordar, lástima que tenga tan bajito el volumen; el hombre me pareció genial:

http://www.youtube.com/watch?v=21SdJ9IVwRQ&hd=1#

http://www.youtube.com/watch?v=qcp0YskYGQ8&hd=1

http://www.youtube.com/watch?v=TqMUIcdCUJI&hd=1

http://www.youtube.com/watch?v=BEvUh2vegRg&hd=1#

http://www.youtube.com/watch?v=KPNOtb-0MEM&hd=1#

http://www.youtube.com/watch?v=r9kfxuW1ahc&hd=1#

Yo soy como los hippies, por pasados de moda que estén y prefiero hacer el amor a la guerra.

Ayer se decía en un diario vespertino español, que los muertos en los nueve días de bombardeo israelí a Gaza, ascendían a 209 y hace cinco horas, la ONU anunciaba que una cuarta parte de éstos eran niños y también ancianos; mientras la armada aérea hebrea lanzaba pasquines a los residentes del norte de Gaza, que se marcharan de sus casas, para su seguridad porque iban a por ellos y destruir sus casas, lo que me parece un cruel cinismo, porque ¿cómo huyes de una zona sitiada y superpoblada?

Yo creo que Netanyahu es un criminal de guerra, un neocons, para mí, detestable, para nada de la calidad humana de Simón Pérez, a quien empecé a leer en algunas vacaciones, que pasé en una finca en Colombia.

Yo no soy antisemita, pero no comparto el fanatismo judío ni musulmán, que hay implicado en esta guerra, que debió terminar cuando Pérez y Arafat se sentaron en las mesas de diálogo, que los llevarían a Estocolmo.

Y yo creo que ahora los israelitas se están comportando como los nazis, con un pueblo oprimido, que sería el que debería cantar el coro de Verdi, que los judíos cantaran en las tierras de Nabucodonosor:

http://www.youtube.com/watch?v=wX93BytFfkk&hd=1#

Y la otra gran diáspora se dio cuando Tito en el año 70 d.C., invadió a Jerusalén, como puedes leerlo en una gran novela que leí en la adolescencia Lucio Flavo o la destrucción de Jerusalén del escritor suizo Joseph Spillman, la cuál dejó como secuela, que tras la rebelión de Bar Kojba, en el año 135, se expulsara a los judíos de la tierra prometida a Moisés, quien no pudo llegar a ella por castigo de Jahvé, por haber desconfiado de Él y fue Josué quien entró haciendo hochas y panochas, con los pueblos palestinos y el horroroso saqueo de Jericó, donde habitaban gentes de la región del Jordán.



Así que un pueblo invasor fue sacado por otro más fuerte que lo conquistara: El Imperio Romano, con lo cual los judíos se convertirían en errantes, como Caín, por los pueblos europeos y del mundo, aunque algunos se hubiesen quedado en el Levante Mediterráneo.



Y entre ellos había de todo, desde canallas, como el indigno Shylock del shakespeareano Mercader de Venecia, hasta sabios como Baruch Spinoza, Carlos Marx, Sigmund Freud, Albert Einstein y Hannah Arendt o artistas como Charles Chaplin; porque no es que sea antisemita ¿eh?

De ahí que pienso que el responsable de todo este despelote es la Roma imperial de los Césares.

Abomino la posición de los Reyes Católicos, que expulsaran a los judíos de España, al igual que lo hicieron con los moros, con todo el atraso que produce el corte de la transculturación; no olvides que la medicina y la filosofía griega llegaron por los moros, que pasaban el estrecho de Gibraltar.

Yo mismo puedo ser de ascendencia judía, según algunos, o celta según otros.

Y creo que fue horrible el antisemitismo europeo, que obligó a tantos asimilarse como marranos, conversos para acomodarse ante el Poder.

Y me quedé con el corazón en la mano, cuando tras la escritura de su texto Eichmann en Jerusalén, la comunidad judía rechazara a su hija Hannah Arendt, por haber denunciado a rabinos, que pactaron con los nazis, para salvar su vida, al entregar las listas de su feligresía, para entregar a sus propios fieles, para que fueran a los hornos crematorios, como si fueran pizzas y estos sumos sacerdotes quedarse panchos y oronodos ¡Joder!

Como te decía antes soy antibelicista y tengo grabado en mi mente, las palabras de John Donne, que Ernest Hemingway utilizara como exergo de su ¿Por quién doblan las campanas?:

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; están doblando por ti.

Los palestinos encontraron una tierra arrasada por los romanos y como los judíos antaño, se la apropiaron sangrientamente, bajo la mano de Josué, ahora la tomaban pacíficamente, porque la culpa la tuvo Roma.

En un principio fueron amigos, los sionistas que regresaron en el siglo XIX y XX y los árabes, hasta que Inglaterra se lavó las manos, abandonó su dominio sobre esas tierras y la entregó a Israel.

Todo eso hace parte de una historia universal de la infamia.

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