jueves, 17 de julio de 2014

Waraputa

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Es en un lugar de Waraputa, entre Venezuela y el Océano Atlántico. Aquí arribaron, en el puerto de Mocomoco, que es como decir en madrileño castizo “bajar en Sol”, obligados por el mal tiempo, una avería o cualquier otra causa extraordinaria, Paco Gutierre, hacedor de la estatua de Cibeles ,y su esposa doña Gertrudis Bertoni, hábil pintora, escapando de una de las más decididas partidarias del palo y tentetieso, alabadora de las fuerzas represivas en todas sus formas, la Severiana Ciencaños, que actúa con rigor y aspereza como aquella tal mula Francis en el modo y trato, en el castigo y la prohibición, haciendo lo mismo que aquel falso soldado que sólo servía para ocupar plaza en los alardes o en las revistas de comisario, un tal Guzmancito que tiene su origen en los reyes de León.

La tal Severiana tiene la seriedad de una Jumenta y la gravedad de una cerda. Dirige los designios gubernativos de Waraputa como una matasiete, espadachina, matona, fanfarrona, digna de aparecer en la famosa obra titulada “Generaciones y semblanzas” de Hernán Pérez de Guzmán, señor de Batres.

Después de comer y cenar en Jorge Town, la ciudad de Jorge, cruzando a pie el río Demerapa, poniéndose cambiante y a tope, como cada una de las bolitas blancas y negras con que se hacen las votaciones en algunas congregaciones, saliéndole gabarro en el ombligo por las migas caídas en su vientre, especie de cesta honda de guano, se limpia los dientes con palillos de matapalo, cierto árbol de la América Meridional de la especie del terebinto.

Tiene costumbre de decir “amar he, amor hía”, antes de decidir si permite o no un enfado de “pelagatos, pilluelos desarrapados, y traviesos merecedores de palos”, alabando a su guardia, con la que pastelea, que en vez de esposas lleva mandriles, instrumentos para dilatar las bocas y sujetarlas a planchas; guardia que como matapiojos sacude y vergajea, hiere o llaga el aparejo de cualquier pasión revolucionaria , haciendo registrar las matas sus perros, que orinan contra el oso y el madroño, con defecto en su micción producido por exceso de meado o por demasiada densidad de éste, cual arrendamiento hecho a pregón.

Dicen que ella es muy parecida a la condesa Matilde, famosa soberana de Toscana y parte de Lombardía, que se señaló por su adhesión vaginal a la Santa Sede, quien cantaba en gregoriano “más vale flaco en el mato, que gordo en el papo del gato”. Unos sujetos que implican en su significado el hecho de ser pacientes agentes de una acción , dicen que toda la oración gramatical represora de tal Severiana recae sobre ella misma amparada, que hace poco malparió, a quien se la ve como en todas las Guyanas como a la heráldica delfina figurada con la boca abierta y sin lengua.

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