lunes, 11 de agosto de 2014

Entrevista con Matías Piñeiro, realizador del film La Princesa de Francia: Locarno abre una puerta europea a la cinematografía latinoamericana

Sergio Ferrari (Desde Locarno, Suiza, en colaboración con SWISSINFO.CH)



“La democracia potencializa la diversidad”
“No hay que tenerle miedo a la palabra”

La princesa de Francia, una de las diecisiete películas de la competición oficial, fue la primera de las tres producciones latinoamericanas en competición proyectada el segundo día del Festival de Cine de Locarno que se realiza entre el 6 al 16 de agosto.

“Estar aquí es muy importante para nosotros. Es una ventana importantísima (del cine internacional). Y un momento clave, ya que luego de mucho trabajo la brindamos al público”, afirma el joven realizador argentino Matías Piñeiro en su entrevista exclusiva.

Para Piñeiro que realiza actualmente estudios de cine en Nueva York, presentar el film significa que “éste se ponga en movimiento…, cobre su independencia”.

El gran desafío de traerlo a Locarno, el primero de una serie de festivales donde será exhibido en los próximos meses, consiste en verificar, que “lo que hemos producido con tanto esfuerzo puede comunicar. Más aún, que logra encontrar cómplices, entre los espectadores”.

Matías Piñeiro estudió en Universidad del Cine donde también se desempeñó como profesor, viajando a los Estados Unidos de Norteamérica en 2011 con una beca de la Universidad de Harvard.

Con apenas 25 años realizó Un Hombre robado. En 2009 Todos Mienten; un año más tarde Rosalinda, y en el 2012 Viola, que recorrió exitosamente numerosos festivales internacionales, catapultando a este joven intelectual y realizador a un cierto reconocimiento más allá de las fronteras de su país.

Construcción *radical*

La Princesa de Francia, es una construcción radical. Une teatro y cine, los integra y los potencializa. En escasos 70 minutos y con limitados recursos de producción- que oscilan en unos 80 mil dólares según informa la productora- se aleja abruptamente de la tendencia cinematográfica de realismo social dominante en ese continente en los años ochenta y noventa.

Y que se define, según Piñeiro, “por su musicalidad, el ritmo intenso, y un diálogo activo que no le tiene miedo a la palabra… Una especie de orquesta donde cada parte, actor-actriz, objeto presentado y momento, tiene cierta autonomía e independencia, pero se articula en un tono casi musical”, sostiene.

Una obra que no tiene un preconcepto de lo que tiene que ser una película; “que prueba cosas nuevas” y que intenta que el espectador integre su propia lectura, visión, sentimientos”.

Dándole fuerza a esos objetivos de La Princesa de Francia, un escenario sencillo pero variado y un guión preciso que narra el regreso de Víctor a Buenos Aires después de un año de ausencia con el proyecto de promover un nuevo proyecto para su compañía de teatro.

Se trata de la adaptación radiofónica de Penas por amor perdidas de Shakespeare, con la actuación de cinco actrices, mujeres que en la vida real conocen muy bien a Víctor y han mantenido relaciones afectivas intensas con el actor principal. Quien no duda que ese tiempo de trabajo compartido muy pronto va a convertirse en una nueva reflexión sobre los amores perdidos.

La democracia potencializa la diversidad del cine

¿Es representativo el film argentino que compite en Locarno con una dinámica cinematográfica innovadora y radical presente en su país?, preguntamos a Matías Piñeiro.

La respuesta es mesurada y las facetas del análisis amplias. “Lo que domina hoy en la producción argentina es la diversidad y heterogeneidad”, subraya. Para precisar que “hay muchos tipos de cines que conforman el actual cine argentino”.

Lo interesante, sigue reflexionando, es que “mi película fue posible realizarla en la Argentina de hoy. Podemos decir y presentar lo que se nos plazca. Son muchas las producciones y muy diferentes”. Las más comerciales; las que se proyectan en salas alternativas; las que circulan por los festivales etc.

Esta riqueza de modalidades y tipos de producción, precia Piñeiro, no pueden separarse del nuevo renacer democrático, que desde los ochenta vive la más meridional nación del continente. “Se expresan una gran diversidad de voces; hay un abanico de posibilidades y sin duda la democracia potencializa todo eso”, enfatiza.

De Locarno al futuro… una cuarta película programada. Quiero todavía trabajar más con ciertos personajes femeninos que todavía no han tenido cabida en mis películas anteriores, señala. Hacia allí entonces la obra en proceso Hermia y Helena, las que retoma elementos de Sueños de una Noche de Verano.

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