lunes, 4 de agosto de 2014

Palestina

Ricardo Luis Plaul (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Corceles de fuego y odio
cabalgan las noches infinitas de dolor.
Poderosos demonios juegan a orillas
del absurdo. Un olor nauseabundo alimenta
la locura, aceita sus armas.
Ni los nuevos dioses, ni los antiguos,
se conmovieron en el trono del espanto,
la vida echaba raíces en otros lares.
El cielo era tan sólo una avenida de la muerte.
¿Quiénes escuchan con el corazón acorazado?
Lagañas de dinero supuran en sus ojos.
Hay un dolor antiguo en las entrañas del mundo,
las máscaras imperiales encubren su crimen.
Un espiral de buitres sobrevuelan los restos del festín.
Las palabras sangran en la mesa de las negociaciones.
Cada familia que cae abulta en sus bolsillos mercenarios.
¿En qué torre duerme la conciencia aletargada?
La Paz esconde su vergüenza, salones suntuosos acunan su muerte,
En tus ojos - niños llora la Justicia,
antes de cegarse para siempre.

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