miércoles, 3 de septiembre de 2014

El sorprendido por lo obvio

Gustavo E. Etkin (Desde San Salvador de Bahía, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Andrés siempre se sorprendió por todo. Siempre se preguntaba ¿qué es eso? Y ¿por qué eso es? ”Eso” cuando estaba algo lejos. “Esto” cuando estaba cerca. Pero siempre queriendo saber. Siempre sorprendido por lo más obvio. Por ejemplo, porque las cosas caían. Claro que porque eran atraídas por el suelo, ya que el planeta es un inmenso imán, pensaba. Pero también se preguntaba ¿por qué un imán atrae? ¿Por qué atrae para él y no aleja, rechaza? Y ahí otra sorpresa: ¿por qué lo que atrae atrae, y lo que aleja aleja?

Siempre le sorprendió lo obvio. Como, por ejemplo, que la mujer tiene el agujero (o los agujeros) que el hombre busca, y el hombre tiene el relleno que la mujer quiere. Que el estornudo es un orgasmo nasal y el orgasmo un estornudo genital. Que los vampiros chupan sangre y que los bancos chupan dinero. Que ninguna rueda es cuadrada. Que un condón es algo que tiene un don. Que toda máxima es mínima. Que la madera es el recuerdo del árbol. Que cuando más prohibición más tentación.

Todo lo cual fue siendo para Andrés la sorprendente curiosidad por lo obvio y también su permanente pregunta: ¿por qué lo obvio es obvio?

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