miércoles, 3 de septiembre de 2014

Eugenesia y test mentales: su aplicación en Estados Unidos y Argentina en la primera mitad del siglo XX

Luciano Andrés Valencia



“Suplicaban auxilio las cartas que desbordaban los buzones de la Human Betterment Foundation, organización consagrada a la salvación de la especie. Una estudiante contaba que iba a casarse con un joven de apariencia normal, pero cuyas orejas eran demasiado pequeñas y parecían puestas al revés:
 —El médico me advirtió que podemos tener hijos degenerados.
Una pareja de altos altísimos pedía ayuda:
—No queremos traer al mundo niños anormalmente altos.
En una carta de junio de 1941, una estudiante delató a una compañera de clase que era débil mental y la denunció porque se corría peligro de que pariera bobitos” (Galeano, 2008: 267- 268).

“Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre, en quien oscuramente ve la acumulación de desdichas que un día serán las suyas. Dadas éstas razones, los cronopios acuden a los famas para que fecunden a sus mujeres, cosa que los famas están siempre dispuestos a hacer por tratarse de seres libidinosos. Creen además que en ésta forma irán minando la superioridad de los cronopios, pero se equivocan torpemente pues los cronopios educan a sus hijos a su manera, y en pocas semanas les quitan toda semejanza con los famas” (Cortázar, 1994: 139).

En su intento por constituirse como disciplina científica, en la segunda mitad del siglo XIX surgieron en la Psicología tres corrientes de pensamiento que representaban nociones y programas de investigación diferentes. Una de ellas, de tradición inglesa, estaba fuertemente influenciada por las ideas de Charles Darwin y buscaba aplicar la noción de evolución tanto a las especies (del animal inferior al ser humano) como a las edades evolutivas (del niño/a a la persona adulta) y a las sociedades (de los pueblos “primitivos” a la civilización occidental). Esta corriente dio origen a dos subdisciplinas: la Psicología Comparada, para la aplicación de test mentales que permitieran clasificar a los individuos de acuerdo a sus aptitudes y capacidades, y la Eugenesia, que promovía la reproducción selectiva de sectores de la población que -de acuerdo a los test mentales- mejor contribuyeran al cultivo de la raza o al mejoramiento de la especie.

En el presente trabajo nos proponemos comparar la aplicación de los test mentales y la Eugenesia en Estados Unidos y en Argentina en la primera mitad del siglo XX, cuando las ideas de Francis Galton -padre la Eugenesia- se habían expandido por el mundo occidental dando origen a Sociedades Eugenésicas y siendo tomadas por los gobiernos para la aplicación de Políticas de Estado.

El origen de la Eugenesia y su relación con los test mentales.

En El Origen de las Especies (1859), Charles Darwin explicaba los dos mecanismos mediante el cual evolucionan las especies: a) la producción de descendencia con variación; y b) la selección natural. Es decir, para Darwin los cambios evolutivos en los individuos se dan por azar y la naturaleza solo selecciona entre esos cambios favoreciendo la reproducción de quienes estén mejor adaptados al ambiente en un momento determinado. La evolución no supone entonces un proceso lineal que tiende a una mayor perfectibilidad de los seres vivos: la vida no tiende a nada. En palabras del propio Darwin: “no sobrevive la especie más fuerte, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta”.

No obstante, algunos autores utilizaron las ideas de Darwin para clasificar jerárquicamente a las especies, de acuerdo a posturas que parecían más propias de evolucionistas predarwinianos como Jean Baptiste de Lammarck o Pierre Teilhard de Chardin. En el campo de las ciencias sociales, se utilizaron para clasificar a los individuos y las sociedades de acuerdo a posturas racistas, xenófobas o clasistas.

Es posible señalar al menos dos núcleos teóricos provenientes del evolucionismo que en la segunda parte del siglo XIX tuvieron una importancia considerable en las ciencias sociales: a) el modelo funcional de la relación organismo-medio; y b) los desarrollos que enfatizan el papel de la herencia (Vezzetti, del Cueto y Pavés, 2012). La aplicación de la herencia en la investigación psicológica, expandió el campo de análisis porque implicaba indagar más allá de los rasgos o desempeños individuales. En el campo de la Psicopatología la “teoría de la degeneración” pasó a ocupar un lugar central en la etiología de las enfermedades mentales, y en los estudios sobre “raza y nación” ganó terreno la idea de que las diferentes “razas” que componen la humanidad no solo se definen por condiciones físicas y morfológicas sino por las diferencias psicológicas que se les atribuyen. De esta manera ni el individuo, ni la familia, ni la raza, ni la nación, ni la humanidad toda escaparían a las leyes de la herencia.

Hace aquí su aparición la Eugenesia, postulada por primera vez por Francis Galton -primo de Charles Darwin- en 1865 para definir tanto un estudio de los métodos adecuados para llevar adelante una mejora de la raza, como una tecnología para la intervención social a través del control de la reproducción. En 1869 publicó El Genio Hereditario en donde sostenía dos ideas fundamentales: 1) que la inteligencia era un factor determinante por el que la persona podía destacarse en un determinado campo; y 2) que la inteligencia era hereditaria, aunque no explicaba el mecanismo por el cual se heredaba.

Galton definía a la Eugenesia como “la ciencia que se ocupa de todas las influencias que mejoran las cualidades innatas de una raza y también aquellas que las desarrollan en su mayor provecho” (Galton, 2012). Dentro de estas “cualidades innatas” que se debían mejorar incluía salud, energía, capacidad, virilidad y disposición cortés. Para Galton la eugenesia debía contribuir, a la manera de la selección natural, a proveer las “influencias” para que estas cualidades se dieran y seleccionar a los individuos que mejor las representen dentro de una raza o secta.

Para cumplir con sus objetivos, la eugenesia debía seguir un programa de cinco pasos: 1) la difusión de los conocimientos en torno a las leyes de la herencia, y los estudios matemáticos en torno a la natalidad y mortalidad; 2) investigar como históricamente las diferentes clases sociales (clasificadas de acuerdo a una utilidad cívica) han contribuido al progreso de la sociedad en las naciones antiguas y modernas; 3) estudiar como las familias “prósperas” (aquellas cuyos hijos varones se ubican en posiciones claramente superiores) han llegado a serlo; 4) actuar sobre los matrimonios: aquellos inadecuados desde el punto de vista eugenésico deben ser prohibidos socialmente y muy pocos deben llegar a concretarse; y 5) marcar la importancia de la eugenesia como una cuestión académica, como un desarrollo práctico que merece seria consideración y como una religión aliada a la naturaleza porque permite dotar a la especie de razas más aptas (Galton, 2012).

Para comprobar sus hipótesis, Galtón llevó a cabo una serie de estudios comparativos que darían lugar al desarrollo de los test mentales. En 1884 en el marco de la Exposición Internacional sobre Salud en Londres, dispuso de un laboratorio para evaluar las “facultades mentales” de los presentes en el público. A diferencia de lo que ocurría con la Escuela Alemana de Wilhem Wundt en donde los roles de Investigador y Sujeto de prueba eran simétricos e intercambiables, aquí se consideraba que el investigador poseía un conocimiento especializado sobre la persona estudiada y que estaba dispuesto a compartirlo por el pago de un honorario. Así el “solicitante” pagaba la suma de tres peniques y a cambio recibía una ficha con los resultados de las mediciones. Al cierre de la exposición, unas 9000 personas habían sido examinadas (Danziger, 2007).

Si bien tenia elementos en común con la psicología experimental de la Escuela Alemana o con la observación clínica de la Escuela Francesa, el método antropométrico de Galton se apoyaba sobre tres características: 1) su individualismo radical, al sostener que la inteligencia era un atributo estable e inalterable del individuo, que nada debía a las condiciones sociales; 2) no se preocupaba solo por el desempeño individual sino que fomentaba la comparación y competición entre diferentes sujetos y no -como en el Laboratorio de Leipzig- en la observación de la variación de las condiciones de experimentación en el mismo sujeto; y 3) el interés práctico del método y la naturaleza estadística de la información proporcionada (Danziger, 2007).

Las investigaciones de Galton estaban orientadas a comprobar la heredabilidad de las capacidades intelectuales en pos de favorecer lo que consideraba un progreso intelectual y moral de la sociedad. Este tema era una preocupación frecuente de intelectuales, políticos y reformadores sociales a fines del siglo XIX debido al crecimiento de los sectores populares como consecuencia de la consolidación de una economía capitalista desigual y excluyente, lo que suponía para ellos un descenso de la inteligencia media de la sociedad. De allí la necesidad de fomentar las condiciones reproductivas de aquellas personas mejor dotados intelectual y moralmente, y limitar la reproducción de aquellas menos favorecidas con estas capacidades.

Para este objetivo comenzaron a surgir las primeras Sociedades Eugenésicas y a partir de 1890 numerosos Estados en el mundo aplicaron políticas eugenésicas de dos tipos. Por un lado una Eugenesia Negativa, cuyo objetivo era impedir las conductas reproductivas de los “menos aptos”. En un primer momento esto se realizaba de una manera no coactiva, basándose en la difusión de los métodos de control voluntario de la natalidad de los sectores más desfavorecidos, pero luego se implementó a través del aislamiento, las esterilizaciones forzadas, las leyes de mixigenación racial, las políticas migratorias y el genocidio. Por otro una Eugenesia Positiva, que fomentaba las uniones reproductivas favorables para el perfeccionamiento de la especie. Galton, de ideas liberales, apoyaba esta última opción a través de la acción privada fomentada por las sociedades eugenésicas y la acción persuasiva por medio de la educación.

Las iniciativas eugenésicas provenientes de la propia sociedad fueron escasas, prevaleciendo las intervenciones desde el Estado a través de leyes eugenésicas que tuvieron su origen en algunos Estados norteamericanos y en países nórdicos como Suecia, y su expresión más despiadada durante la Alemania Nazi. Para su correcta aplicación fue necesario saber medir y seleccionar, por lo que J. M. Catell, que había estudiado con Wundt pero se consideraba seguidor de Galton, desarrolló una serie de pruebas e instrumentos de medición psicológica, acuñando en 1890 el término test mentales (Hernández Rojas, 1998: 20).

Es importante destacar que no es posible entender las políticas eugenésicas sin tener en cuenta las nuevas formas de disciplina sobre el cuerpo que comenzaron a aplicarse desde fines del siglo XVIII. Como señala Foucault para este época la Anatomopolítica, que implicaba una disciplina sobre el Cuerpo/Individuo, va dejando lugar a la Biopolítica, en donde el poder se ejerce sobre el Cuerpo/Especie a partir de una práctica gubernamental sobre los fenómenos propios de los seres vivientes: natalidad, reproducción, morbilidad (que incluye la lucha contra las epidemias y endemias), vejez, incapacidad, invalidez y los efectos del ambiente. Así, para el filósofo francés, el poder de “hacer morir y dejar vivir” fue sucedido por el de “hacer vivir y dejar morir”, dando lugar a una Era del Biopoder, elemento vital para el desarrollo del capitalismo en la medida que se requerían cuerpos dóciles y útiles para el aparato productivo y el mantenimiento de las relaciones de producción. El mantenimiento de este Biopder requiere de dos tipos de mecanismos: uno disciplinario, que se ejerce sobre el cuerpo individual, y otro regularizador (o asegurador) sobre las poblaciones. Dado que se ejercen en diferentes niveles, ambos mecanismos no se contradicen sino que están articulados uno sobre el otro (Foucault, 2000).

La Biopolítica y el Biopoder dieron lugar, según Foucault, a un “racismo de Estado” y a una nueva concepción de la guerra que ya no tiene como objetivo eliminar al “adversario político” sino a la “raza rival” que amenaza a la propia raza, que a su vez se va a ver fortalecida por la guerra (Foucault, 2000). De ahí la relación tan estrecha que va a tener la eugenesia (tanto en Estados Unidos como en Argentina) con las políticas raciales y migratorias.

La aplicación de la Eugenesia en EE.UU.: test mentales, esterilizaciones forzadas y políticas migratorias.

La Psicología estadounidense nació a fines del siglo XIX imbuida de un espíritu práctico. Los primeros tribunales universitarios que juzgaban el mérito de la psicología en Estados Unidos estaban compuestos por pragmáticos hombres de negocio y de industria, y por líderes políticos interesados en el control social. En 1896 fue creada la primera Clínica Psicológica por Lightner Witmer y otras similares brotaron en los años anteriores. Pero salvo excepciones, no ofrecían tratamiento sino que se utilizaban para aplicar diagnósticos a problemas escolares en la infancia. La psicología estadounidense surgió de la mano de los test mentales. En 1909 se empezaron a utilizar test mentales en el Tribunal Juvenil de Chicago a jóvenes que comparecían ante el juez, y en 1915 los psicólogos comenzaron a usar test para seleccionar obreros que ocuparían determinados puestos en la industria (Leahey, 1998: 411- 412).

El test de mayor éxito en los Estados Unidos fue el desarrollado por Alfred Binet, director del Laboratorio de la Sorbona, que había desarrollado su escala a fines del siglo XIX atendiendo a un encargo que le había realizado el Ministerio de Educación francés para contar una guía práctica que permitiera detectar a aquellos niños y niñas cuyos pobres resultados indicaban la necesidad de recibir una educación especial. Para ello se realizan una serie de tareas breves relacionadas con problemas de la vida cotidiana (como contar monedas) pero que supuestamente entrañaban ciertos procedimientos racionales básicos como dirección, comprensión, invención y crítica.

Pero a diferencia de lo que sería su aplicación en los Estados Unidos, Binet siempre se opuso a la teoría eugenésica de la heredabilidad de la inteligencia (Cociente Intelectual o “CI” como sería llamado en ese país) y dejó una serie de advertencias en torno a su aplicación que fueron desoídas por los psicólogos estadounidenses: 1) las puntuaciones tienen un sentido práctico, por lo que no se puede decir que midan la inteligencia o las características innatas o permanentes; 2) la escala es una guía aproximada de niños “ligeramente retrasados” o con problemas de aprendizaje que necesitan de una asistencia especial, pero no para establecer jerarquía alguna con los “niños normales”; y 3) cualesquiera sean las causas de sus dificultades, el énfasis debe recaer en lograr la mejora de sus resultados y nunca se le debe colgar el rotulo de “incapacidad innata” (Gould, 2004: 163- 164).

El test de Binet tuvo amplias repercusiones en los Estados Unidos. H. H. Goodard lo tradujo al inglés tres años después de su publicación y Lewis M. Terman, de la Universidad de Stanford, estableció una versión ampliada que pasó a llamarse “Escala de Stanford-Binet”. A partir de ese momento comenzaron a desarrollarse una serie de pruebas psicométricas para medir la inteligencia y el desempeño escolar (Hernández Rojas, 1998: 21).

Binet -quién falleció en 1911- se mantuvo fiel toda su vida a la idea de que el test no media la inteligencia, pero los psicólogos estadounidenses que lo aplicaron falsearon sus intenciones utilizando los test para sostener la heredabilidad de la inteligencia, y asociando lo “heredable” a lo “inevitable” y lo “permanente”, lo que vino a justificar las políticos de exclusión y discriminación a los considerados “anormales”.

La máxima expresión de esto fue Goddard, director de investigaciones de la Escuela Práctica de Vineland (New Jersey) para Muchachos y Muchachas Débiles Mentales. Para entonces se utilizaba la expresión Idiotas para referirse a quienes tuvieran una edad mental inferior a los tres años, y Débiles para aquellas personas capaces de aprender a escribir alcanzando una edad mental de entre tres y siete años. Goddard unificó a ambos bajo el concepto de Morons, inspirándose en la palabra griega que significa “Tonto”.

Goddard sostenía como Binet que los test se podían utilizar para identificar aquellos niños y niñas cuyo desempeño era inferior al promedio. Pero a diferencia del investigador francés, defendía un burdo hereditarismo, que llegaba a sostener que la inteligencia era una entidad independiente que pasaba de padres a hijos, negando cualquier posibilidad a los factores sociales y ambientales. Cabe destacar que en la época en que desarrolló su obra (primeras décadas del siglo XX) el mundo científico estaba entusiasmado por el redescubrimiento de la obra de Mendel y la posibilidad de descifrar las bases de la herencia. En esa entonces se pensaba que todas las características humanas eran producto de un único gen (hoy sabemos que es de una interacción de genes). Si la inteligencia también era resultado un único gen, se podría eliminar la deficiencia mental a través de un control eugenésico adecuado. Para ello proponía dos tipos de políticas: para los débiles mentales que se encontraran dentro de las fronteras se debía evitar su reproducción, y para los de afuera debía existir una estricta política migratoria.

Respecto a la primera, debía ser impuesta por “la parte inteligente de la sociedad”. La solución no vendría solo con la prohibición de los matrimonios, sino que se debía aplicar la internación en colonias y la esterilización forzada. Dado que consideró impracticable la segunda opción por las susceptibilidades tradicionales de la sociedad, se dedicó a hacer campaña por la primera tomando como modelo su Escuela de Vineland. Sostuvo que el costo de construcción de esas colonias estaría compensado por el ahorro en pérdidas de bienes y vidas que provocan “estos individuos irresponsables”, así como el cierre de casas de beneficencia, cárceles y manicomios donde se los recluía hasta entonces. En esas instituciones se les debía dar adecuada atención y alimentación, pero no permitirles la consumación de la sexualidad. Goddard sostenía: “Tratadlos como niños, de acuerdo a sus edades mentales; alentadlos y elogiadlos siempre; nunca los desalenteis, no los riñas jamás, y tenedlos contentos” (1).

No obstante la desconfianza de Goddard, el Estado de Indiana aprobó la primera ley de esterilización en 1907. Sin embargo la mayoría de los estados que aplicaron políticas eugenésicas no lo hicieron en este primer momento, sino en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial.

En cuanto a la política migratoria, estaba destinada a prohibir el ingreso de los que provinieran del extranjero. En 1912 Goddard desembarcó en la Isla de Ellis, frente a la ciudad de New York, para estudiar a los inmigrantes e identificar a los “débiles mentales”. En la primavera del año siguiente envió a dos mujeres a trabajar dos meses y medio en esa isla con las instrucciones de escoger a los débiles mentales a simple vista porque “tienen al parecer una capacidad de observación más fina que la de los hombres” (2). Estas mujeres sometieron al test a 35 judíos, 22 húngaros, 50 italianos y 45 rusos, llegando a la conclusión de que el 83% de los judíos, el 80% de los húngaros, 79% de los italianos y el 87% de los rusos tenían una edad mental inferior a las 12 años. Goddard revisó los test y los resultaron variaron entre un 40 y 50%, lo que lo dejó desconcertado pero no cambió su teoría de la inteligencia innata ni tuvo en cuenta factores como el largo viaje en tercera clase, la poca educación, el desconocimiento del idioma o el hecho de que estas personas nunca hubieran utilizado un lápiz. Para evitar considerar que esos inmigrantes eran representativos de cada país, sostuvo que se envía ahora “lo peor de cada raza”. En 1913 las deportaciones por “deficiencia mental” aumentaron un 350% y un 570% para 1914.

A partir de entonces Goddard comenzó a moderar su posición, ya que hacía falta mano de obra para las tareas repetitivas que imponía la sociedad industrial y los deficientes mentales “realizan muchos de los trabajos que los demás no están dispuestos a hacer (…). Quizá el deficiente tenga una función que desempeñar” (3). Además retomó la obra original de Binet y sostuvo la necesidad de educarlos con una educación especial y, aunque no abandonó su idea de la heredabilidad de la inteligencia, no se opuso a su reproducción ya que no engendrarían necesariamente hijos/as más deficientes que los que podrían engendrar cualquier otra pareja. Para 1928 Goddard destruye dos baluartes de su teoría: 1) que la debilidad mental es incurable; y 2) la necesidad de segregación de los “débiles mentales” (Gould, 2004: 182).

La Primera Guerra Mundial (1914- 1918) fue un campo fértil para el desarrollo de los test mentales. El ingreso de Estados Unidos en la guerra en 1917 fue visto por los psicólogos como la oportunidad de convertir su disciplina en algo útil a los intereses nacionales. A pocos días de la declaración, el presidente de la American Psychological Association (APA) Robert Yerkes creó doce comités para encargarse de distintos aspectos relacionados con la guerra. Pero solo dos de ellos pudieron cumplir sus objetivos: el Comité de Motivación dirigido por Walter Dill Scott que más tarde se convirtió en el Comité de Clasificación de Personal del Departamento de Guerra, y el dirigido por el propio Yerkes que tenía como objetivo expulsar a los incompetentes del ejército. Yerkes y Scott no tardaron en entrar en conflicto, ya que el segundo acusó al presidente de APA de encubrir sus intereses científicos bajo un falso patriotismo. Así Scott desarrolló un test de competencia para la selección de oficiales que permitió 83 ascensos, y fue condecorado tras la guerra (Leahey, 1998: 413).

Por otro lado Yerkes diseñó una prueba que fue aplicada a 1,75 millones de reclutas. El programa consistía en tres tipos de test: 1) los que supieran leer y escribir pasarían por el llamado Test Alfa del Ejército; 2) los analfabetos o que hubieran tenido mala calificación en el Alfa pasarían por el test Beta; y 3) los que fracasaban en el Beta pasarían por un test individual que consistía en algunas de las escalas de Binet. Después los psicólogos del Ejército clasificarían a los reclutas con puntuaciones que iban de la A a la E: los C no podrían ser más que soldados rasos, y los que obtuvieran D o E no eran aptos para el servicio por ser incapaces de entender órdenes verbales o escritas (Gould, 2004: 201).

Los resultados de los test sorprendieron al propio Yerkes al obtener que la edad promedio de los hombres blancos adultos analizados era de 13,08 años. Si para entonces se consideraba que los que obtuvieran entre 8 y 12 años de edad mental (47% de la muestra) eran considerados “morons”, se estaba ante el peligro de ser un país de “débiles mentales”. Dentro de los blancos, los inmigrantes germánicos y anglosajones obtuvieron resultados más altos que los provenientes de Europa del Este y del Sur. Entre los reclutas negros la edad mental era de 10,41 años, obteniendo los del norte resultados levemente superiores.

Fiel a sus ideas eugenésicas, Yerkes consideraba que el test medía la inteligencia innata y que los mejores resultados obtenidos por los inmigrantes nórdicos era síntoma de su superioridad racial. No tuvo en cuenta que dichos inmigrantes hablaban en inglés o -para el caso de los alemanes- la inmigración se había producido con anterioridad por lo que estaban familiarizados con el idioma. Además, aunque el test decía medir la inteligencia innata, muchas de las consignas requerían una instrucción y familiaridad con la cultura norteamericana (nombres de jugadores de béisbol, productos de mercado). Aquellas personas analfabetas o que no hablaran en inglés, podían completar el Test Beta que era de figuras pero igualmente requería saber utilizar un lápiz, comprender las órdenes que muchas veces se daban rápido y a los gritos en salones o carpas repletas de reclutas, y tener conocimientos de figuras geométricas y números. El hecho de que los resultados mejoraran cuanto mayor fuera el tiempo de residencia en los Estados Unidos tampoco alteró las creencias de Yerkes, que consideró, de un modo similar a Goddard, que la “calidad” de los inmigrantes había venido decayendo en los últimos años.

Otro factor fue el de la escolaridad. Los reclutas con mayor nivel educativo obtenían mejores resultados, pero Yerkes explicaba esto diciendo que las personas naturalmente dotadas de mayor inteligencia, asistían más años a la escuela. Esto es importante mencionarlo en lo que respecto a los reclutas negros ya que, sin tener en cuenta la historia de esclavitud y racismo que pesaba sobre ellos (sobre todo en el sur), explicaba los mejores resultados obtenidos por los del norte diciendo que los negros más inteligentes habían emigrado sabiendo que allí tenían mejores oportunidades educativas o laborales, así como la mayor mezcla racial con blancos que había en esos Estados.

Un último elemento a considerar y que muestra el compromiso que Yerkes tenía con la ideas galtonianas de la heredabilidad e inmutabilidad de la inteligencia, es en lo referido a enfermedades relacionadas con la pobreza. Cerca de la mitad de los blancos y los negros que realizaron los test Alfa y Beta estaban infectados de Anquilostomiasis. Esto lo explicó diciendo que “la capacidad innata inferior puede determinar unas condiciones de vida propicias para enfermarse de anquilostomiasis” (4).

Los resultados de los test de inteligencia del Ejército aterrorizaron a políticos y reformadores sociales que compartían ideas eugenésicas. El psicólogo William McDougall publicó el ensayo Is America safe for Democracy? (1922) en donde contestaba con un rotundo “No”. Dado que era dominante la idea de la heredabilidad de la inteligencia, no era posible eliminar este flagelo a partir de la educación y políticas sociales, sino que para evitar que Estados Unidos cometiera “suicidio racial” había que limitar la inmigración de los de afuera y evitar la reproducción de los de adentro.

En 1924 se invocaron en el Congreso ideas eugenésicas para lograr la aprobación de la Inmigration Restriction Act, que ponía cupos más exiguos a aquellas naciones integradas por “razas inferiores”. La ley de 1921 establecía cupos anuales del 3% para los inmigrantes provenientes de las naciones que ya residían en el país, pero la legislación de 1924 redujo el cupo al 2% teniendo en cuenta el Censo de 1890. El hecho de que se tomara este Censo y no el más reciente de 1920 obedecía al hecho de que para fines del siglo XIX la inmigración era principalmente nórdica, considerados superiores de acuerdo a los test de Yerkes y a la obra de autores racistas como Madison Grant o C. Brighman. Al firmar el proyecto de Ley el presidente Calvin Coolidge expresó “Norteamérica debe seguir siendo norteamericana” (Gould, 2004: 236).

En la frontera sur, la ley sirvió para que los inmigrantes mexicanos fueran sometidos a test de sumas simples o armado de puzzles para probar su inteligencia, pero además eran rapados y desnudados para ser desinfectados utilizando gasolina, queroseno o vinagre. A partir de 1921 había comenzado a utilizarse Zyklon B, un desinfectante en base a cianuro, que más tarde fue utilizado por los nazis para asesinar a más de 6 millones de personas en los campos de concentración (5).

Para los inmigrantes del sur y el oeste de Europa las cuotas de migración se mantuvieron bajas, aún durante la Segunda Guerra Mundial cuando miles de personas trataban de huir del exterminio nazi, pero no encontraban países en donde refugiarse.

En cuanta al control de la reproducción de los que se encontraran dentro de las fronteras, las primeras medidas eugenésicas fueron de carácter educativo, como las que promovía el mismo Galton. En las Ferias del Condado de los años veinte se hacían concursos de las “familias más sanas” y los eugenistas desplegaban carteles y gráficos mostrando las leyes de la herencia y su aplicación en los seres humanos. Otros proponían la anticoncepción pero temían que promoviera el libertinaje y que fuera utilizada por los más inteligentes en su planificación familiar (Leahey, 1998: 420).

Sin embargo la idea que terminó por imponerse fue la esterilización forzada de los “débiles mentales”. Como ya mencionamos en 1907 el Estado de Indiana había aprobado la primera ley al respecto que fue abolida por el Tribunal Supremo del Estado en 1921 y reemplazada por otra más aceptable en 1923 (Leahey, 1998: 420- 421). Un total de 33 Estados norteamericanos han reconocido que llevaron a cabo programas de esterilización forzada de personas. En un principio estaban dirigidos únicamente a personas ingresadas en instituciones mentales pero, a medida que pasaron los años se fue ampliando hacia personas con alcoholismo, epilepsia, discapacidad visual o auditiva, mujeres consideradas promiscuas, criminales y los etiquetados como “débiles mentales” (Sanz, 2012).

La eugenesia era defendida incluso por el Movimiento de Higiene Mental, fundado por el ex paciente Clifford Beers, luego de sufrir trato humillante y degradante en instituciones públicas y privadas. El movimiento se oponía a las ideas heredo-degenerativas en torno a la patología mental, y se proponía actuar sobre los factores ambientales (vivienda, educación, recreación). No obstante en el epílogo a una edición de la década de 1930 de su libro Un alma que se encontró a si misma, Beers cita al Dr. Barkers cuando sostiene que el primero de los objetivos de la Higiene Mental es “la salvaguarda del nacimiento de niños dotados de cerebros sanos, negando hasta donde sea posible, el privilegio de la paternidad de los seres manifiestamente inadecuados con respecto a los cuales exista casi la certeza que trasmitirán sistemas nerviosos deficientes a sus retoños, es decir, el problema de la eugenesia” (Beers, 1969: 225).

Las críticas a estas ideas vinieron de personalidades muy diversas. El escritor Gilbert Keith Chesterton que consideraba a la eugenesia como un “vástago del cientificismo” que llega “hasta los lugares más sagrados de la libertad personal”. La Iglesia Católica la condenaba por equiparar a seres espirituales como los humanos con los animales. El antropólogo Franz Boas consideraba que estas ideas eran erróneas porque las diferencias entre los seres humanos no son de orden biológico sino cultural (Leahey, 1998: 421- 422).

Pero lo que puso fin a estas prácticas fue la toma de conciencia de que inspirada por estas ideas, la Alemania Nazi (1933- 1945) comenzó a llevar a cabo sus propias prácticas eugenésicas. La Ley para la Prevención de la Progenie Defectuosa obligaba la esterilización de personas con discapacidad mental, física o sensorial, esquizofrenia, trastorno bipolar, epilepsia, alcoholismo y enfermedad de Huntington. El científico estadounidense Harry Laughlin obtuvo el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Heilderberg en 1936 por sus aportes para el mejoramiento racial en Alemania. Entre 1935 y 1939 se esterilizaron a 50 mil personas, y entre 1940 y 1941 setenta mil pacientes psiquiátricos fueron ejecutados en las cámaras de gas.

Tras la propaganda negativa que la eugenesia comenzó a tener tras la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses dejaron de propagarla, y en los años siguientes las diferentes leyes estatales fueron abolidas, siendo las últimas en la década de 1970. Para entonces se calcula que más de 65 mil personas fueron esterilizadas.

No obstante las ideas en torno a la heredabilidad de la inteligencia siguieron difundiéndose en los Estados Unidos. En 1969 Arthur Jensen publicó un polémico artículo titulado “¿Cuánto puede elevarse el cociente intelectual y el éxito escolar?”, en donde respondía que poco, ya que la diferencia se debe a los genes y no a la educación. En ese texto sostiene que hay dos tipos de capacidades intelectuales: 1) las de nivel I, relacionado con el aprendizaje de asociación y memorístico, que es igual en todas las razas y clases sociales, y 2) las de nivel II que implican inteligencia superior (capacidades conceptuales, razonamiento, resolución de problemas) que se encontraría menos en las clases bajas y en la población negra (Gluz, Kantarovich y Kaplan, 2005: 70). En 2007 el científico ganador del Premio Nobel de Medicina John Watson declaró que “está científicamente comprobado” que los negros son menos inteligentes que los blancos.

Como señala Stephen Gould, “los caminos de la destrucción pueden ser indirectos, pero las ideas pueden resultar medios tan eficaces como los cañones y las bombas” (Gould, 2004: 237).

El caso argentino: eugenesia positiva, Higiene Mental y tratamiento de los “anormales”.

En Argentina, la Eugenesia estuvo muy ligada al movimiento de Higiene Mental, conformando ambos la llamada Medicina Social. Sin embargo es necesario diferenciar Higiene y Profilaxis, ya que la primera se asocia al mejoramiento de las condiciones ambientales para evitar o minimizar la aparición de enfermedades o anomalías en la sociedad presente, mientras que la segunda busca intervenir sobre los factores perniciosos del presente que se quieren eliminar en la sociedad futura a través de la eugenesia (Talak, 2004).

El movimiento de Higiene Mental nació en Argentina a principios del siglo XX a partir del trabajo de autores que se desempeñaban en Hospicios o cátedras de Psiquiatría como Arturo Ameghino o Gonzalo Bosch (6), y su articulación con la eugenesia se daba a partir del estudio de la relación entre el Organismo y el Medio (principalmente social). Aunque sostenía la heredabilidad de las características y la necesidad de aislamiento de los “anormales”, lo hacía de un modo diferente al modelo estadounidense al sostener que la “degeneración” era resultado de caracteres adquiridos que se heredaban.

Es sabido que Galton, así como sus discípulos británicos y estadounidenses, no adherían a la idea lammarckiana de herencia de los caracteres adquiridos, sino que se inspiraban en las teorías de Charles Darwin. En este sentido el movimiento eugenésico argentino, aunque se desarrolló de manera contemporánea al europeo y norteamericano, tuvo sus características propias que limitaron la implementación de medidas tendientes a impedir la reproducción de los individuos considerados perjudiciales para la sociedad, y en su lugar se propuso identificarlos y medir su grado de “anormalidad”.

En Argentina la eugenesia fue principalmente preventiva, ya que se proponía defender a la sociedad del peligro que representaban los “anormales” no solo en lo que respecta a la delincuencia o “delito legal”, sino también el “delito natural” que supone su degeneración y propagación (Talak, 2004).

Respecto a esto, solo en el ámbito de la delincuencia se defendió la eugenesia negativa. Uno de los defensores de estas ideas fue José Ingenieros, que entre 1902 y 1913 dirigió los Archivos de Psiquiatría, Criminología y ciencias afines, y en 1916 publicó un tratado de criminología. Allí expresaba que la definición legal que sostiene que “el delito es toda violación del derecho”, no sirve para explicar a la persona que comete el delito. Por ello prefiere a la definición de delito como “la manifestación de la actividad del delincuente”. Para estudiar esto propone tres campos de estudio:

1) La Etiología Criminal, que en lugar de presuponer el “libre albedrío” del delincuente, busca el “determinismo” de su acto antisocial. Aquí presenta dos vertientes: a) la Antropología Criminal, que estudia los factores endógenos propios del delincuente a través de la Psicopatología Criminal, que tiene en cuenta las anormalidades psíquicas, y la Morfología Criminal, que estudia las anormalidades morfológicas; y b) la Mesología Criminal, que tiene en cuenta las factores exógenos a través de la Sociología Criminal, que estudia los factores sociales, y la Meteorología Criminal, que estudia el ambiente físico.
2) La Clínica Criminológica, que estudia las múltiples formas en que se manifiestan los actos delictuosos y las características psicofísicas del delincuente. No se trataba de probar la “responsabilidad” del mismo, sino el grado de peligrosidad para la sociedad.
3) La Terapéutica Criminal, que estudia las medidas sociales o individuales de profilaxis y represión del delito, que no tiene como objeto “castigar al delincuente” sino “defender a la sociedad” de su accionar morboso, mediante la segregación en instituciones preventivas (Ingenieros, 1953: 75- 78).

Para Ingenieros el delito es un acto, y como todo acto es el resultado de un proceso psicológico de adaptación del individuo a las excitaciones del medio que lo rodea, pero lo que lo diferencia de cualquier otro acto es que se trata de una actividad antisocial y anormal. Si para Lombroso al criminal se lo podía identificar por sus anormalidades morfológicas, para Ingenieros lo que lo distingue son sus deficiencias psíquicas: el temperamento criminal corresponde a desórdenes funcionales de la actividad de la psiquis. Si los penalistas distinguen entre el “criminal cuerdo” que es responsable de sus actos y el “alienado” que es inimputable, Ingenieros considera que para la ciencia, “que no tiene instituciones que apuntalar ni prejuicios que defender” (7), ambos son anormales provistos de cerebros que funcionan mal (Ingenieros, 1953: 93).

Por último es importante señalar que aunque el pensamiento de Ingenieros se desarrolló en un contexto de crítica a las ideas de Lombroso y cuestionaba la identificación de los criminales por sus rasgos morfológicos, coincidía con el autor italiano en que los criminales eran “anormales” que había que diferenciar del resto de la sociedad. Llegó a sostener que los actos de virtud ocasionales de un criminal eran el equivalente a crímenes pasionales u ocasionales de las mentes virtuosas y normales. Lombroso decía que un hombre que no corresponde al tipo “criminal nato” que comete un asesinato por un repentino ataque de celos, no merece ser castigado ya que no va a reincidir y ser un peligro para la sociedad. Por lo tanto Ingenieros estaba muy influenciado por las ideas vigentes en la época de la heredabilidad e inmutabilidad de las condiciones psicológicas (8).

Fuera del ámbito del delito la mayoría de los proyectos eugenésicos de las décadas de 1920 y 1930 apuntaban a la modificación de los componentes del medio considerados degenerativos, sobre todo lo que se consideraba los tres “venenos raciales” que degeneraban la “raza argentina”: la sífilis, la tuberculosis y el alcoholismo. Para ello el objetivo era mejorar las condiciones de vivienda, proteger la procreación y la maternidad, y reglamentar o prohibir el trabajo infantil (9). Solo para el caso de los considerados irrecuperables (dementes, delincuentes) se proponía el aislamiento y la segregación para evitar el contagio y la reproducción.

Estas ideas sostenidas por políticos e intelectuales liberales o conservadores, también eran compartidas por activistas de izquierda -José Ingenieros era dirigente del Partido Socialista- o revolucionarios. En el Territorio Nacional de La Pampa los anarquistas nucleados en torno al periódico Pampa Libre adherían a la Eugenesia y acusaban al orden social impuesto por la burguesía como el principal responsable de la degeneración del ambiente que llevaba a la prostitución, la sífilis, el alcoholismo y la tuberculosis. Como contrapartida proponían una regeneración de la sociedad basada en la unión libre entre los individuos, conservada en base a principios naturales de afinidad ideológica y moral. También proponían la limitación de los nacimientos -a través de métodos anticonceptivos- ya que la concepción de pocos hijos permitía darles una mejor crianza y educación, y porque quitaba poder al Estado al disminuir el número de soldados para la guerra y de obreros para la patronal (Lanzillota y Folco, 2008: 412).

En Argentina la Eugenesia positiva fue dominante frente a la negativa, y los intelectuales eugenistas apelaban a crear una conciencia en la población que hiciera prescindible las leyes de regulación estatal, gracias a la autodisciplina individual. Para ello se apelaba a la educación popular, la difusión en escuelas y hospitales, conferencias, publicaciones en la prensa, folletos y cartelería (Talak, 2004).

Las madres cumplían un papel fundamental en la difusión de las ideas eugenésicas. La Liga Argentina de Profilaxis Social, fundada en 1921 por Alfredo Fernández Verano con patrocinio del Círculo Médico Argentino y el Centro de Estudiantes de Medicina, editó el folleto «De Cómo he instruido a mis hijas en las cosas de la Maternidad» de Jeanne Leroy- Allais. Allí se sostenía que la maternidad era el verdadero papel y el de mayor felicidad para las mujeres, y al momento de dar a luz la mujer ya no se pertenece. Ya no debe existir en ella la coquetería, las fiestas mundanas, los ambientes viciados o el trabajo agotador que pueda perjudicar a la vida que de ella depende. Sostenía además que una mujer educada en estos principios no elegiría a su marido por fortuna o posición social, sino en pos de “la salud y el vigor de la raza”, con el objeto de tener una descendencia sana, robusta e inteligente, alejada de las tentaciones y la mala vida, protegiéndolos de las enfermedades venéreas. Estos niños educados bajo la doctrina eugenésica se convertirían en hombres y mujeres de gran fortaleza física, psíquica y moral, que engendrarían igual descendencia. Por consiguiente, la maternidad llevada adelante bajo estos principios constituía la pieza clave para la puesta en marcha de un proyecto de depuración y mejora de la raza y la sociedad (Bargas, 2011).

La inmigración europea también fue vista como algo beneficioso desde el punto de vista de la eugenesia positiva ya que, inspirados en ideas racistas en torno a la superioridad de la raza blanca, los eugenistas la consideraban necesaria en un país donde aún persistían los pueblos indígenas y los restos de la mestización colonial (10). La inmigración europea podría contribuir a formar una “raza blanca argentina”, pero para ello era necesario integrar a los inmigrantes a la identidad nacional.

José María Ramos Mexia, autor de Las Multitudes Argentinas (1899), que puede considerarse el primer tratado de psicología de las masas en Argentina, planteaba la necesidad de esta integración a través de la educación. En 1908 fue designado por el presidente José Figueroa Alcorta a cargo del Consejo Nacional de Educación. A partir de entonces desarrolló un programa completo de extensión y nacionalización de la enseñanza. La coincidencia con los festejos del Centenario patrio fue además una ocasión propicia para extender la identidad nacional. En 1909, presentó para la aprobación del Consejo un conjunto de iniciativas fuertemente simbólicas que fueron reunidas y publicadas bajo el título La Escuela Argentina en el Centenario, en donde proponía erigir un monumento al maestro de escuela, diseñar exposiciones escolares para mostrar los avances pedagógicos, la creación de un Museo Histórico Escolar para promover la enseñanza de la historia nacional y formar la conciencia patria, la realización de concursos para la elaboración de monografías sobre la historia nacional y de la educación argentina, y bautizar escuelas con los nombres de próceres argentinos, entre otras iniciativas vinculadas con la promoción de la nacionalidad. También revisó los planes de las escuelas primarias para lograr la orientación nacionalista de la educación popular, instituyendo fiestas cívicas y promoviendo concursos de canciones escolares preparando el estallido patriótico del Centenario (Universidad Pedagógica, 2011).

A diferencia de lo que ocurría en Estados Unidos, en Argentina los test mentales no tuvieron la misma influencia en el contexto escolar. La psicología argentina no apuntaba con sus test y diagnósticos a conocer las diferencias individuales de los niños y las niñas, sino a establecer una “colectividad infantil” para poder aplicar los resultados de las investigaciones a la educación de los mismos. A diferencia de Galton y los eugenistas anglosajones, los estudios psicométricos argentinos se acercaban más a los trabajos de Stanley Hall, el cual se basaba en la recolección de información por parte de los docentes y en el estudio, de esta forma, de grandes poblaciones infantiles y adolescentes (Talak, 2007: 7).

En el único ámbito en donde tuvieron mayor aplicación fue en la identificación de la “anormalidad infantil” con el objeto de intervenir según la graduación de la misma. Así se diferenciaba entre: a) Anormalidad leve, que era pasible de educación; b) Anormalidad severa, que no era mejorable; y c) Debilidad infantil, que incluye a niños/as que no alcanzan el mismo rendimiento escolar por estar mal alimentados o ser portadores de tuberculosis, sífilis o enfermedades endocrinológicas.

En 1924 se creó la función de Visitadora Escolar, con una formación de dos años dependiente del Instituto de Higiene y la cátedra de Higiene Social de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires. El segundo año de la carrera se debía especializar en tuberculosis, higiene infantil o higiene escolar. Esta última realizaba una selección preliminar de los escolares a través de la construcción de fichas en donde constaba: raza, tipo, deformaciones, anomalías, estigmas de organización y signos funcionales de insuficiencia, entre otros datos (Talak, 2004).

Estas intervenciones sobre los escolares cumplían una función de profilaxis en doble sentido: por un lado proteger a los niños “normales” de la influencia negativa de los “anormales”, y por otro proteger a los niños “anormales” y a la sociedad ya que se sostenía que eran propensos al delito. En el sentido de lo sostenido por Ingenieros, el delito era visto como una patología, y de acuerdo a las ideas lammarckianas dominantes en los eugenistas argentinos, se creía que la degeneración orgánica hereditaria que podía llevar a la delincuencia juvenil era trasmitida por padres alcohólicos, sifilíticos, neuróticos u obreros extenuados. Pero también se tenían en cuenta factores sociales como la migración, las malas condiciones de vivienda y la promiscuidad. De ahí que se considerara que lo “dado biológicamente” pudiera ser modificado por “influencias del ambiente y del ejercicio”, algo sostenido por pedagogos como Víctor Mercante y Antonio Vidal.

La debilidad muscular o la toma de posturas “anormales o indisciplinadas” eran el reflejo de la debilidad mental resultado de la herencia o falta de moral. Por lo tanto se recomendaba los niños y las niñas débiles, que asistieran a Escuelas Especiales temporal o permanentemente, para superar sus debilidades e insertarlos nuevamente en la sociedad sin debilidades. La idea central de estas escuelas era robustecer a estos niños débiles, indisciplinados y físicamente defectuosos. Estas intervenciones tenían un carácter rehabilitador en una temporalización determinada. Eventualmente las escuelas fueron reemplazadas por Colonias de Verano, ya que se consideraba que en climas diferentes como las costas, llanuras o montañas, el aire ayudaba a fortalecer las debilidades. A veces se complementaban ambas instituciones ya que las escuelas funcionaban de mayo a septiembre para evitar el calor del verano, y las colonias en los meses de verano. El objetivo último era alcanzar los estándares de normalidad y belleza establecidos por los eugenistas (Olaechea, 2008).

Otra forma de moldear los cuerpos de los jóvenes y combatir la debilidad infantil fue a través de movimientos como los Boy Scouts y el Batallón de Exploradores de Don Bosco. El segundo se distinguía por estar limitado a los colegios y oratorios salesianos, aunque en 1941 se incorporaron a la Asociación de Scouts Argentinos. El objetivo de estos movimientos juveniles era disciplinar el cuerpo a través de marchas o mantenerse en posición erguida, educar en la obediencia a los valores de Dios y la Patria, atraer a la niñez desvalida, favorecer un sano compañerismo, moldear la masculinidad cristiana (heterosexualidad obligatoria y prohibición de la masturbación), y fomentar el deporte y la gimnasia (Scharagrodsky y Cornelis, 2013).

Tanto el niño débil como el indisciplinado o delincuente juvenil eran vistos como portadores de patologías. En las primeras décadas del siglo XX las intervenciones ante estas “anormalides infantiles” eran de dos tipos: 1) la más tempranamente desarrollada tomó como base el “retardo en el desarrollo” que de acuerdo a su graduación -establecida por test- era objeto de intervención psicopedagógica, en las escuelas o instituciones educativas especiales, o medicopedagógicas, en instituciones asilares; y 2) un segundo modelo resultado de la introducción del Psicoanálisis que consideraba los problemas de aprendizaje o indisciplina como “síntomas” de desórdenes que se ubicaban en la esfera afectiva antes que intelectual (Borinsky y Talak, 2005).

El segundo modelo comenzó a tomar fuerza a partir de los trabajos de Telma Reca que, en 1932 presentó su tesis de Doctorado en Medicina sobre el tema de la delincuencia juvenil y obtuvo una beca para estudiar en el John Hopkins Hospital de Estados Unidos. De regresó al país intentó crear instituciones similares a las Childs Guidance Clinics para “niños con problemas” que existían en Estados Unidos. En 1934 comenzó a trabajar en el Consultorio de Higiene Mental del Hospital de Clínicas, pero la mayoría de sus pacientes eran casos neuropsiquiátricos en donde no podía aplicar la psicoterapia que estaba interesada. En los años cuarenta con apoyo del Dr. Garraham se realizaron mejoras en el espacio y se comenzó a trabajar en equipos interdisciplinarios, cambiando el nombre del consultorio por Centro de Psiquiatría y Psicología Infantil, abandonando la higiene mental e inaugurando los tratamientos que se basaban en la psicoterapia y los “consejos para padres”. Influenciada por la versión estadounidense del psicoanálisis freudiano, rechazó las nociones de “anormalidad innata e inmutable” para hacer más hincapié en factores externos que determinan la patología infantil y entendiendo a la conducta como una perspectiva “reaccional” (11).

A partir de los cuarenta comenzó a gestarse una nueva terapia de intervención sobre la infancia de raíz psicoanalítica que tiene en cuenta los factores emocionales y afectivos, antes que las teorías deterministas y constitucionales de la enfermedad. En 1942 se creó la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Uno de sus fundadores, Enrique Pichón Riviere -que se desempeñó en la Clínica de Reca-, creó la categoría de Oligotemia o Pseudodebilidad, que se diferencia de la Oligofrenia o retraso mental de carácter estructural y congénito, por ser tratable mediante intervención terapéutica. Al mismo tiempo Arminda Aberástury inauguraba el psicoanálisis de niños en Argentina siguiendo los lineamientos de la Escuela Inglesa de Psicoanálisis y las teorías de Melanie Klein, y haciendo hincapié en el “estancamiento de su desarrollo psicosexual” y la orientación de los padres como medida de profilaxis ante la neurosis. Aunque se inspiraba en un paradigma distinto, esta intervención sobre los padres mantenía un compromiso con las ideas dominantes en las primeras décadas del siglo en torno a la Higiene Mental y Profilaxis Social.

El fin de las ideas eugenésicas en Argentina -a diferencia de Estados Unidos- no vino principalmente de la toma de conciencia de los crímenes del nazismo ya que aquí había prevalecido la eugenesia positiva frente a la negativa dominante en los países anglosajones que fueron un ejemplo para las políticas racistas del III Reich. La eugenesia siguió teniendo importancia en las décadas siguientes -durante el peronismo llegó a tener alta adhesión (12) - pero la introducción del Psicoanálisis en los años cuarenta y de la aparición a nivel internacional de paradigmas basados en la asistencia social y comunitaria (a diferencia de la centrada en el individuo de los movimientos de Higiene Mental y Profilaxis Social) y el nuevo movimiento de Salud Mental, llevaría a que perdiera su lugar dominante dentro de las políticas de Estado.

Consideraciones Finales.

A modo de conclusión podemos señalar que la aplicación de la Eugenesia y los test mentales en los Estados Unidos y en Argentina presentan tres diferencias fundamentales.

En primer lugar, que en Estados Unidos prevaleció la Eugenesia Negativa, que tenía como objetivo evitar la reproducción de aquellas personas consideradas peligrosas para el “cultivo de la raza” o el “mejoramiento de la especie” de acuerdo a los parámetros de normalidad establecidos por los eugenistas. Esto se tradujo en políticas de segregación de los “anormales”, esterilizaciones forzadas, restricción de la migración y prohibición de matrimonios interétnicos. Aunque no se llegó al exterminio como se hizo en la Alemania Nazi, fueron justamente estas ideas las que inspiraron a Hitler y a sus seguidores a cometer genocidio contra más de 6 millones de personas con el objeto de evitar la contaminación y degeneración de la “raza aria”. En Argentina en cambio, la eugenesia negativa solo se aplicó para el caso de los considerados irrecuperables como enfermos mentales graves o delincuentes, a través de su aislamiento en instituciones sin llegar a la esterilización forzada, aunque es posible que se cometieran ejecuciones ilegales en contextos de autoritarismo político. Por lo general primó la Eugenesia Positiva que proponía a partir de la educación, el mejoramiento de las condiciones ambientales y el fomento de la inmigración europea -considerada superior de acuerdo a las ideas racistas dominantes-, actuar sobre los factores perniciosos que se querían eliminar en la futura “raza argentina”.

En segundo lugar, debemos considerar que en todo el mundo anglosajón la Eugenesia estaba inspirada en las ideas de Charles Darwin en torno a la heredabilidad de los caracteres innatos. Por ello se creía que la inteligencia era hereditaria e inmodificable, lo que inspiró que “la parte sana de la sociedad” segregara a las considerados “inferiores” para evitar su reproducción y que los Estados Unidos siguieran siendo “seguros para la democracia”. En Argentina -al igual que otros países latinoamericanos- la Eugenesia se inspiraba en las ideas de Jean Baptiste de Lammarck en torno a la heredabilidad de los caracteres adquiridos. Sobre todo se consideraba que el alcoholismo, la sífilis, la tuberculosis y las malas condiciones de vivienda podían provocar “degeneraciones” transmisibles a la siguiente generación. Aunque inspirada en conceptos científicos erróneos, esta creencia limitó la aplicación de políticas de segregación, así como de esterilizaciones o exterminio, implementando en su lugar políticas de educación, saneamiento, creación de escuelas especiales e intervenciones terapéuticas.

En tercer lugar se debe señalar el papel de los test mentales. Mientras en Estados Unidos cumplían un papel importante para identificar a los anormales de adentro que debían ser aislados o esterilizados y los de afuera a los que había que impedir entrar, en Argentina no tuvieron esa masiva difusión y se limitaron -siguiendo los postulados originales de Binet o los modelos de Stanley Hall- a identificar a aquellos niños débiles o con problemas de aprendizaje sobre los que había que actuar correctivamente de acuerdo a su graduación, así como a sacar un promedio de la colectividad infantil.

No obstante sus diferencias, tanto el caso estadounidense como el argentino estaban inspiradas en el proyecto original de Francis Galton y sus seguidores de favorecer la reproducción de aquellas personas que mejor contribuían al mejoramiento de la especie de acuerdo a parámetros racistas, clasistas o xenófobos. En este sentido, aunque el caso argentino no llegó a las violaciones a los derechos y la dignidad humana que representó su aplicación en Estados Unidos, Suecia o Alemania, igualmente se inspira en las mismas ideas que no tienen en cuenta la diversidad y proponen una homogeneización de la humanidad de acuerdo a los parámetros de normalidad, belleza e inteligencia de los sectores dominantes.

Notas:
1) Citado por: Gould (2004: 173).
2) Citado por: Gould (2004: 173).
3) Citado por: Gould (2004: 177).
4) Citado por Gould (2004: 223).
5) Adolf Hitler alabó la ley de inmigración estadounidense de 1924 diciendo que “En comparación con la vieja Europa, que ha perdido una cantidad infinita de su mejor sangre a través de la guerra y la emigración, la nación [Estados Unidos] aparece como un pueblo joven y de raza selecta. La propia nación, motivada por las teorías de sus propios investigadores raciales, establece unos criterios específicos y selectivos para la inmigración. Que un inmigrante pueda pisar suelo estadounidense depende de los requisitos raciales específicos, así como de un cierto nivel de salud”. (Sanz, 2013).
6) Gonzalo Bosch fue profesor titular entre 1922 y 1930 de la cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario, director del Hospicio Nacional (hoy Hospital José T. Borda) entre 1931 y 1943, y nombrado profesor titular de Clínica Psiquiátrica en la Universidad de Buenos Aires. En 1929 o 1931 -según las fuentes- fundó la Liga Argentina de Higiene Mental. (Talak, 2004).
7) Es curioso que Ingenieros sostenga que la ciencia no tiene “prejuicios que defender”, ya que fueron justamente las ideas eugenésicas inspiradas en el paradigma científico dominante del evolucionismo, las que dieron una base supuestamente científica a prejuicios raciales, nacionales o clasistas que se venían sosteniendo desde hacía siglos justificados por creencias religiosas o ideas filosóficas.
8) En un artículo de 1910 sostenía que el estudio metódico y completo de cualquier hecho psicológico debe ser abordado bajo tres aspectos: “1°) en el organismo y en el cerebro por ser este el órgano que resume la vida psíquica; 2°) en la herencia, que es el lote de aprendizaje que nos trasmiten nuestros antepasados; 3°) en el medio, de donde el individuo toma los datos experimentales que sus órganos elaboran siguiendo las inclinaciones marcadas por la herencia”. (Ingenieros, 1910).
9) Federico Tobar llama a este periodo “la policía médica”, ya que para el Estado Liberal el objetivo de sus políticas de salud era garantizar la seguridad de la ciudadanía de las consecuencias negativas de las enfermedades y las epidemias. (Tobar, 2012).
10) A diferencia de lo que sucedía en Argentina, los eugenistas mexicanos eran “mestizofílicos” al considerar que el mestizaje entre blancos e indígenas llevaría a la construcción de la nación y el nacionalismo. Autores de principio del siglo XX como Andrés Molina Enríquez, Manuel Gamio y José Vasconcelos despreciaban la idea de razas puras y homogéneas. Gamio incluso proponía a los criollos “indianizarse”, ya que -de acuerdo a las ideas del zoólogo alemán Ernst Haeckel- creía que podían absorber la vitalidad mítica y resistente de los mayas. Ver Stern (2005).
11) Para más información sobre la obra de Telma Reca se puede consultar Borinsky y Talak (2005) y Talak (2004).
12) Para este tema se puede consultar: Di Liscia, Folco, Lluch, Morales, Rodríguez, y Zink (2000).

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Luciano Andrés Valencia es autor de La Transformación Interrumpida (2009) y Páginas socialistas (2013), además de participar en numerosas antologías y libros colectivos. Publica textos literarios, periodísticos o de investigación en revistas, medios alternativos y páginas de internet.

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