miércoles, 24 de septiembre de 2014

La Alhambra, cuentos e imaginación

Andrés Eloy Hernández (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


“El inconsciente personal se compone de todos los contenidos
que han sido conscientes y que luego se olvidan o reprimen.”

C. G. Jung

Pasearse por la Alhambra es como un viaje al subconciente. Hay mucho de mito y espiritualidad. Convergen mundos de sueños en vigilia sin dejar de aceptar que hay como un Déjà Vu que nos invita a caminar de nuevo. Lugar que nos separa y abstrae de los cuentos orales que nos han echado, los vuelos de aves, la aridez de un paisaje en verano, la fuerza de Granada en la andanza. Cuento, cine o vivencia no deja de poseer cada uno su lenguaje.

Irwing Washington nos introduce en sus cuentos en un laboratorio de imágenes de multimedia subconsciente, con sus trazados de historia, de un espacio habitado por los niños que nunca separaron la consciencia de un alma, que es introducida en un cine que se hace hipótesis sin reflexión, conduce a instantes de plenitud de goce estético, invita a un lenguaje no inventado aun, de la síntesis del signo de lo onírico, con la pasión de la elocuencia de la imagen hecha jardín y arquitectura. La Alhambra es la continuidad de la Paz en plena coexistencia con la visión del asombro, en las aprehensiones del ser que recupera la sorpresa. Uno siente la serenidad de unos pasos en sandalia, que se acompañan de un canto de los siglos en posesión poética y perfecta, rondando el espíritu viviente de los pájaros que acompañan los visitantes para que no se marchiten en olvido.

Por supuesto que Freud nos convoca hacia los lenguajes y metalenguajes de los sueños, que el cine nos transportó a través de la galaxia prendida con luces de la imaginación, que el humanismo convirtió en visión, más allá de la metáfora de la palabra y de la luz. Y uno no deja de admirar el anciano señalando el Castillo en el que se blindó aquel rey moro, asediado por Isabel, que para sorpresa del mismo relato, trepó el laberinto del camino conducida por la aparición de la misma Virgen. Todo después de rodear la intrepidez del moro con fuertes tropas, que se reía con las nubes en la intrepidez de sus adentros.

Jung nos recuerda que el inconsciente es el auténtico ambiente multimedia que no necesita de efectos especiales, porque ellos forman parte genuina de los artefactos del espíritu y la imaginación.

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