martes, 30 de septiembre de 2014

La cultura flamenca en Sudamérica

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El proceso de la globalización en el siglo XXI motiva la revisión de la historia de América con respecto al Viejo Mundo y a otras regiones del planeta en la edificación de las actuales democracias.



La reflexión viene a propósito de la investigación sobre la presencia flamenca en Sudamérica colonial, del economista, profesor y regidor municipal de Lima, Eduardo Dargent Chamot.

Flandes es una de las tres regiones de Bélgica actual. Durante la Baja Edad Media, las ciudades comerciantes (Gante, Brujas e Ypres) hicieron de Flandes una de las regiones más urbanizadas de Europa, tejiendo lana de las tierras vecinas, fabricando tejidos tanto para uso doméstico como para la exportación.

Hoy Bruselas, combina su condición de sede de la Comisión Europea y de otros organismos internacionales. La región de Flandes cuenta con 300 municipios en 5 provincias.

Flandes concentra la mayor parte de la riqueza nacional de Bélgica, con la mayor tasa de exportación per cápita en el mundo y con más de la mitad de la población total belga.

La presencia en Sudamérica de la cultura de los flamencos es un tema que revela huellas sobre sus aportes y las luchas realizadas por la corona española en contra de los protestantes.

Los flamencos, apreciados desde las profesiones, oficios y labores, se desarrollaron en territorios sudamericanos entre los siglos XVI y XVIII. Los flamencos llegaron a ocupar lugar importante en los puertos de Sevilla y Cádiz, dedicados al comercio con las Indias.

Conquistadores, marineros y corsarios, jueces, alcaides, gobernadores y virreyes, misioneros, profesores y artistas, inquisidores, artesanos y mercaderes, así como cirujanos, mineros, editores y confeccionistas, sirvieron en múltiples lugares de América, participando en la construcción de la identidad hispano americana.

La proyección flamenca en la cultura sudamericana procede de frailes ilustrados que seleccionaron los Habsburgo, de formación germánica y humanista, incluyendo pequeños poblados de nativos.

El aporte de Diego de la Puente a la pintura peruana fue la introducción del “tenebrismo”, un estilo que resaltaba las figuras humanas en colores claros con los fondos oscuros, cuyas obras permanecen en lugares como Juli, Trujillo, La Paz, Santiago de Chile y el Cusco.



El jesuita Jean Raymond Connick fue el primer profesor de matemáticas de la Universidad Mayor de San Marcos, autor de los planos para las murallas de Lima.

Los artistas y artesanos de Flandes destacaron. Juan de Bruselas, fabricante del primer sello oficial de Lima y de ensayador en la Villa de Potosí, el jesuita Egidino, constructor de la iglesia más bella del Cusco. Músicos como Louis Vaisseau, ayudó a las misiones del Paraguay enseñando música.

El flamenco fue el pueblo europeo no ibérico que durante la conquista y el virreinato contribuyó más al desarrollo de la América del Sur española, con los aportes en la propagación del humanismo, comercio e industria.

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