martes, 30 de septiembre de 2014

La era pre cristiana: Año 2014 epc…

Enrique Campang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Se toma con toda normalidad que estamos en la era cristiana, los libros de historia marcan un antes y después de Cristo; año 2014 d.C., pero eso no deja de ser una mera referencia.

El impacto revolucionario y positivo del pensamiento de Cristo está muy lejos de ser efectivo y valorado en la conducta humana, en la cultura, economía o política.

Las ideas del amor al prójimo, el bien común, el respeto a la vida, a la dignidad de la persona, la acción preferencial a los pobres aún siguen siendo ideas inaplicadas en muchas partes del mundo.

No se tiene que buscar mucho para darse cuenta que las dinámicas negativas que encontró Cristo siguen vigentes, desde la codicia, el abuso de poder, la falta de misericordia. Siguen las guerras, los abusos, la intolerancia, el fanatismo religioso, los genocidios.

Persisten los sistemas económicos de exclusión basados en el egoísmo, la explotación y humillación de la persona y la naturaleza. Dos mil años de pensamiento cristiano han hecho poca mella en la mente de muchos.

La idea sigue siendo una utopía (en ningún lugar); el entusiasmo por Cristo es cosmético o de apariencias sociales, entre muchos cristianos de todas las denominaciones; para la celebración de ferias, la semana santa, la navidad, bodas, funerales, procesiones; aún detenidos en el tiempo, contaminada por las mismas viejas pasiones; con mercaderes y corruptos en los templos, sin entrar en los cambios fundamentales en la vida de persona y la sociedad. Los números no dicen nada de la calidad del cristiano.

El cristianismo aun no es una realidad en gran escala; es débil, que no entusiasma ni orienta a los que deben tomar las decisiones importantes en la familia, educación y el Estado.

Las proporciones son difíciles de establecer sobre la práctica vivencial del cristianismo y el cristianismo cosmético de apariencias. Pero el ruido que hacen los no o medios cristianos es muy fuerte.

Es una ilusión proclamar la era cristiana con resultados tan pobres. Hace falta mucho trabajo de educación y testimonio; es difícil convencer a tantos reacios sobre el modelo de la civilización del amor que propone Cristo.

Civilización debe ser una idea basada la formación y permanencia de la persona buena, en paz, con dignidad, el bien común; y no sólo en hacer algo, aunque sea arte, ciudades y barbaridades.

Aún estamos en la vieja civilización, de la adoración del becerro de oro (dólares, euros, yuanes); están entusiasmados por el desarrollo de las ciudades y rascacielos, la sofisticación cultural y tecnológica; el triunfalismo militar y económico, lo material y las apariencias.

Es un grave error de percepción histórica que confunde; o brinda una imagen de legitimidad a tiranos y malvados, que se cubren con el manto (muy conveniente) del cristianismo para cometer atrocidades como en las Cruzada, la conquista (o invasión) europea de América; dictadores, políticos corruptos y criminales que van a misa; a religiosos que cometen actos inmorales. Son los que le han dado la mala fama y provocado la resistencia y desconfianza entre los no creyentes.



Sería bueno cambiar la forma de marcar los hitos históricos (tarea en realidad casi imposible) de mantener la reserva sobre la efectividad de la proclamación de la era cristiana con plena vigencia. Como el sin sentido de llamar Tierra Santa donde aún no se practica la santidad con plenitud con respeto a la dignidad de las personas, judíos, cristianos y musulmanes. Se ha simplificado y banalizado el significado de Era Cristiana. El pensamiento cristiano aún está “en construcción operativa”, de interpretación, implementación, discusión y correcciones en su aplicación; con muchas versiones, unas contradictorias.

Por mi parte, leo los libros de historia y periódicos con otra perspectiva, de que estamos aún en la Era Pre Cristiana; hace falta mucho trabajo y tiempo para llegar a la era cristiana efectiva. Ya se estableció el objetivo de la humanidad hace 2,000 años; es un buen proyecto de perfeccionamiento humano y social; pero aún tiene un largo recorrido lleno de obstáculos viejos.

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