miércoles, 24 de septiembre de 2014

La furia del odio

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Despertó el Cancerbero
-que en realidad nunca anduvo muy dormido-.
Al sacudir su cabeza,
desparramó su baba purulenta
contaminando más allá de sus fronteras.
Cuando Caribdis dio la orden
bien precisa, ¡bien de mierda!:
“Quiero almas que ardan
ardor eterno, incineradas, chamuscadas entre barro,
olivo, acacia, ciprés,
granado, higuera”.

¡Quiero que ardan las almas,
en su propia tierra! Gritó la bestia
y el odio dibujó desalmado su mejor sonrisa.

Y se cambió la historia, se volvió calco de otra historia.
El invasor hostil que un día fuera mártir,
Se convirtió en caníbal
de su propia raza, de su propia estirpe,
de su propia sangre.
¡Presencia el mundo tamaña delincuencia!

Yacen los cuerpos siendo
un revoltijo de arterias, venas,
huesos rotos, dolor, nudos, torturas.
Espuma, odio, blanco móvil,
llanto y espera.
Salpican la Mafghoussa,
Musakhkhan, la Mujaddara
con fluidos del cuerpo
de su propia hermana.

¡Tanto el horror y tanta la desgracia
Programada!

Es Palestina la víctima,
el Maldito Sionismo, es su verdugo,
cuenta con aliados en oriente y occidente
y un silencio cómplice que rompe
las entrañas más profundas de la tierra.

El mundo sigue su giro enloquecido,
¡Si es para no creer tanta locura brutal
Que estamos viendo!
¡Maldita guerra, malditos asesinos!

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