miércoles, 24 de septiembre de 2014

Madre mía

Ariel Aloi



Ay madre mía,
uno se cansa del tiempo
y de la impaciencia
y de la paciencia misma
arrogante y duradera
Ay madre mía,
uno, desconsoladamente y sin cura,
se cansa de los carnavales
de los puros
del cansancio mismo
de los errores del abismo
Ay madre mía
cuánto agotamiento
por cansarse uno mismo
del pudor ajeno, de
los buenos modales
y de los viernes de canto
Sí, madre mía y de todos,
uno se cansa, y
se cansa desesperadamente
de los falsos profetas
y los caminos divinos
Ay madre mía,
¿qué decir ante tanta pena,
y tanto llanto,
y tanta pérdida,
y tanto olvido?
Madre mía
¿cómo no cansarse
de los bombardeos,
de las masacres
y de las muertes televisadas?
Cuanta pena irreparable
por este cansancio crónico
y esta desolación
y esta sangre derramada.
Madre mía
no es el canto alegre
pero lo es amargo
por la demora
por la paz de cementerio
Sí, madre mía
este cansancio desencantado
que se encanta en la memoria
y duerme en el castigo
Ay madre mía,
¿será evitable cansarse del proxeneta
y del baile, y de la palabra,
y de las balas justicieras,
que se cansan de la espera?
No sé madre mía,
será el miedo que nos tiembla
en lo posible,
aunque, sí, no dude,
llegará ese día.

Ilustración de Jorge Gessaga

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