lunes, 15 de septiembre de 2014

Mark Willems y su visión del Perú

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los peruanos y latinoamericanos estamos nuevamente huérfanos. El Perú no se encuentra dentro de los bloques de Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, por más que esta fue la propaganda para ganar las elecciones. Tampoco estamos en otro bloque. Todos nos toman en serio por los minerales, algo por la gastronomía que siempre ha existido y es nuestra identidad, perspectiva que refleja una profunda limitación y una falta de liderazgo.



Esta es la opinión de Mark Willems, belga que hace 35 años vino a Los Andes, con su familia, entusiasta por lo que América Latina significaba mucho en la construcción de la unidad de la Región.

Explica que si la oligarquía vive en su plenitud, es porque los peruanos no tenemos identidad. Un país es un conjunto de muchas cosas: lenguas, culturas distintas (andinos, costeños, selváticos, del norte, del sur). La oligarquía y sus defensores están con su vientre en el Perú pero con su alma en Miami Beach. Hay veces pienso que estamos luchando por causas perdidas.

Como belga de nacimiento, siento que he vivido la vida que he soñado y compartido con esas diferentes culturas, tanto yo como mi esposa y mis cuatro hijos. Siempre pienso en la idea de proteger el bosque, desde una chacra en la selva, que la adquirí después de jubilarme en la cooperación internacional, años que “escribí decenas de informes enviados a las financieras, extranjeras y del Estado, documentos que son muy aburridos y repetitivos” (post scriptum, en Lima, enero del 2014)

Aunque la sociedad siga apostando por este progreso social tan estéril, debemos insistir en la necesidad de retomar un conjunto de viejas palabras, a la búsqueda de justicia social, a la solidaridad humana.

Esta reflexión, en el prólogo de su libro La Patria del Alma, se inicia con la frase “Sobre el puente, sé puente” de José María Arguedas”. Es un “Testimonio desde el país que habitó y que me habita”, editada por “Ríos Profundos.”

Mark Willems, nació en Gante, en 1948. Se encontró con su compañera Lieve Delanoy en Suiza, actriz que ahora trabaja en el Grupo Yuyachkani. La pareja cuenta con cuatro hijos. Se encuentran en el Perú desde hace 35 años, cooperando en proyectos de desarrollo en la sierra de Lima, Ayacucho, Apurímac, Cusco. De ese peregrinaje por diferentes pueblos y comunidades, brota una secuencia de historias y pensamientos, sobre cuán posible es construir un mejor futuro colectivo: “La vida que vivimos no es sino un sueño de otro”, dice en Saim en libro negro de Orham Pamuk.

En uno de sus relatos “por los caminos del recuerdo”, Willems resume el Perú, después de la guerra interna que azotó a las comunidades y familias enteras:



La aventura de los “retornantes” a sus tierras, constituye un enorme desafío, tal como describe el esfuerzo y la imaginación de los jóvenes para construir un puente sobre el río Apurímac y otros proyectos, con o sin apoyo financiero ni técnico de un Estado que solo favorece solo a la inversión extranjera y los programas sociales son solo paliativos, burocracia plena de cada agrupación que reclama su cuota de poder.

Considera que ese retorno de los campesinos a sus tierras, para policías y militares los pobladores de los andes eran terroristas, requisitoriados y pichicateros. Para los sueños de algunos ex gamonales volver a saquear las riquezas de esos suelos con peones a su servicio. Para los dueños de las tiendas con clientes fáciles de embaucar y de estafar en moneda y en peso. Para la autoridad son perros del hortelano. Y para ellos mismos, son pobres.

Caminando a la cuarta década que dejó Bélgica, comenta que vino al Perú, motivado porque en América Latina se vivía los ecos de la revolución cubana, después del proceso de reformas de las fuerzas armadas liderado por el general Velasco Alvarado, que la izquierda negó su respaldo a dicha etapa de cambios.

Libros como el de Mark Willems, encarnan una visión más clara del país del presente siglo, al señalar que los gobiernos y la fría tecnocracia se envuelven en su misma telaraña, no perciben que abrir puertas al intercambio de miradas es una perspectiva valiosa, que abre espacios para la reflexión y la fortaleza de tener fe y convicciones sobre el valor de la cultura y costumbres de los pueblos, donde la pureza del viento, del paisaje y la de sus habitantes constituyen el motor de la historia, del desarrollo intrínseco y esencial.

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