miércoles, 24 de septiembre de 2014

Medellín, levemente tendida en la llanura...

Gregorio Gutiérrez Gonzalo



A Julia
Juntos tú y yo vinimos a la vida,
Llena tú de hermosura y yo de amor;
A ti vencido yo, tú a mí vencida,
Nos hallamos por fin juntos los dos!

Así te dije. ¡Oh Dios!.... ¡Quién creería
Que no hiciera milagros el amor!
¡Cuántos años pasaron, vida mía,
Y excepto nuestro amor, todo pasó!

¡Con cuánto orgullo yo añadí: mi brazo
Te servirá en la vida de sostén!
De nuestro amor el encantado lazo
Risueño, ufano, al mundo lo mostré.

Mucho, mucho, mi Julia, hemos sufrido;
Un abismo descubro entre hoy y ayer;
Mas el débil fui yo, yo fui el vencido;
Tú, fuerte de los dos, tuviste fe.

Y tu fe te ha salvado y me ha salvado,
Pues unidos vinimos hasta el fin,
Cual dos olas gemelas que han rodado
En busca de una playa en qué morir.

Basta para una vida haberte amado;
Ya he llenado con esto mi misión.
He dudado de todo... he vacilado,
Mas sólo incontrastable hallé mi amor.

Julia, perdón si al fin de la carrera
Fatigado y sin fuerzas me rendí...
¡Si tu suerte enlazada no estuviera
Con mi suerte, tal vez fueras feliz!

Tú fuiste para mí como la roca
Al solo y casi náufrago bajel,
Que el ancla en ella al arrojar provoca
Las tempestades que en contorno ve.

Empero, la borrasca no te arredra,
Aunque se avanza hacia nosotros dos,
Y has querido morir como la hiedra
Que se abraza del olmo protector.

Fue desigual la unión de nuestros lares;
Yo con mis faltas, tú con tu virtud;
Tú dándome tu amor, yo mis pesares...
¡Oh! debiste salvarte, sola tú.

Mas de la vida en la penosa lucha,
Ya en el fin, como yo debes hallar
Un consuelo supremo: Julia, escucha:
Si no como antes, nos amamos más.

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