martes, 30 de septiembre de 2014

Miguel Rubio, autor de “La ciudad rota”: “Ahora Madrid es una gran postal que trata de esconder una trastienda cada vez más llena de basura”

Oscar Montero (Desde Madrid, España. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Miguel Rubio es un autor que, con su obra y acción, no se resigna a ser un número en la lista de los más vendidos. La obra de este madrileño comienza a sentirse en el gusto de unos lectores también saturados de más de lo mismo, de la lista de los nombres de siempre, de las clasificaciones y de las modas inventadas por las grandes editoriales. En sus libros anteriores, “Ahora que estamos muertos” (2008) y “Todos los años perdidos” (2010), el creador ya mostraba la crudeza de una literatura que no permite excusas; ahora, en su nuevo libro de relatos, “La ciudad rota” (Ediciones Carena), Rubio desnuda la ciudad de los escaparates y de las grandes marcas para dejar al descubierto la miseria y la soledad de personas encerradas en la derrota.

¿Por qué Madrid sería “La ciudad rota?

Bueno, en esta novela (y quizá también en mis otros dos trabajos anteriores) Madrid funciona casi como un personaje más de la trama. Lo que les sucede a los protagonistas está, indudablemente, influido por las circunstancias sociales, políticas y económicas que estamos viviendo. No obstante, la historia podría ser perfectamente trasladable a cualquier otro lugar donde, como aquí, la crisis esté asfixiando a los ciudadanos. La estafa es global.

Por otra parte, el libro está compuesto por siete historias que se desarrollan en el mismo tiempo y lugar y que, en cierto modo, forman parte de ese rompecabezas de asfalto que es esa ciudad rota.

Ante tu visión literaria y dura de la ciudad, ¿qué le dirías a quienes tienen una imagen idílica de Madrid?

Yo también he tenido muchos años esa imagen de esta ciudad. Desgraciadamente, creo que en muchos aspectos (especialmente en aquellos relacionados con la cultura) se la han ido cargando. Ahora Madrid es una gran postal que trata de esconder una trastienda cada vez más llena de basura.

¿Qué es la literatura para Miguel Rubio?

La literatura, como la música y el cine, es para mí un soporte vital. No podría entender la vida sin ellos.

¿Puede la literatura ser una vía transformadora de la realidad o sólo opera como una vía crítica?

Mi lado escéptico me diría que no. Pero creo que ha llegado el momento de, al menos, intentarlo. Mis libros siempre han estado muy pegados a la realidad social que vivimos. Ahora creo que es hora de tomar partido e intentar cambiar las cosas. Cada uno a su modo. Unos lo harán en la trinchera, encabezando manifestaciones (como un personaje del libro), otros pasándose a la acción política o, incluso, debatiendo mientras toman unas cervezas con los amigos. Todo vale. Lo importante es que empecemos a movernos en alguna dirección. La gente parece estar cansada de tanta estafa. Yo, por mi parte, intento aportar mi granito de arena desde la escritura. En cualquier caso, aunque solo sirviese lo que hacemos para señalar aquello que no nos gusta, es más que suficiente.

¿En sus relatos no hay puerta de salida?

Bueno, eso es algo que tiene que decidir el lector. Probablemente, siempre hay una salida. Y, desde luego, eso es lo recomendable. Cuando a alguien le dejan sin salida, puede pasar cualquier cosa.

¿Cómo percibe la España actual?

Creo que un poco ya ha quedado clara mi opinión en este sentido. Esta es la España del hartazgo. Los españoles estamos acostumbrados a aguantar de todo, pero me da la impresión de que se ha llegado a un punto en el que la gente ha empezado a decir “basta”. El problema es que aquí no nos ponemos de acuerdo ni para elegir el lugar donde tomar las cañas. Pero, en fin, como he dicho antes, parece que hay movimientos que indican una clara determinación hacia el cambio. O nos ponemos a remar todos o nos ahogamos en la mierda.

En la crisis la cultura de nuevo parece encontrarse contra las cuerdas, ¿hay salida para esta nueva crisis cultural que parece más contundente que las anteriores?

Me gusta el símil. Yo soy aficionado al boxeo. Lo he practicado y sí, está contra las cuerdas, pero el buen campeón es aquel que logra sobreponerse a la derrota. Alí tumbó a Foreman en Kinshasa en el octavo, cuando había recibido un camión de golpes y parecía que no tenía ninguna posibilidad. Nosotros seguro que nos levantamos antes de finalizar la cuenta de diez.

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