lunes, 20 de octubre de 2014

Cine clásico: “La leyenda del pianista en el océano”, de Giuseppe Tornatore (1998)

Jesús María Dapena Botero (Desde Vilagarcía de Arousa, Galicia, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A mi entrañable amiga y discípula Gabriela Elena Restrepo Londoño



NACIONALIDAD: Ítalo-estadounidense
GÉNERO: Drama
DIRECCIÓN: Giuseppe Tornatore
PRODUCCIÓN: Medusa Film
PROTAGONISTAS: Tim Roth como Danny Boodmann T.D Lemon o Milnovecinetos 1900
Pruitt Taylor Vince como Max Tooney
Bill Nunn como Danny Boodmann
Clarence Williams III como Jelly Roll Morton
Mélanie Thierry como la joven
GUIÓN: Giuseppe Tornatore sobre el monólogo teatral de Alessandro Baricco Novecento, escrito en 1994, un cuento para leer en voz alta.
FOTOGRAFÍA: Lajos Koltai
MÚSICA: Ennio Morricone, Amadeo Tomassi
ESCENOGRAFÍA: Bruno Cesari
DURACIÓN: 120 minutos

Un viernes de octubre, fuimos invitados a casa de unos amigos brasileños, quienes querían agasajarnos con el plato bahiano moqueca de peixe, un rico cocido de pescado y, al final, los comensales, con acentos gallego, argentino, del verde Brasil y colombiano, empezamos a hablar con nostalgia de Cinema Paradiso y Giussepe Tornatore.

Era como si hubiéramos olvidado las siguientes cintas del director siciliano.



En realidad, las obras ulteriores no me habían llegado profundamente; las había encontrado bastante superficiales, Todos estamos bien, a pesar de la presencia de unos veteranos Marcello Mastroianni y Michele Morgan, me había resultado un melodrama insípido (1990), que sólo evoco para responder cuando me preguntan por mi familia.

El hombre de las estrellas (1995) me había resultado una historieta sosa, por más que fuera otro homenaje al cine. Casi había pensado que sería uno de esos artistas de una sola gran obra.

Sin embargo, a la mañana siguiente, como suelo hacerlo habitualmente, me fui a leer viejas cartas y me topé con una, que mi discípula y amiga, la entrañable Gaby, me había escrito en el 2009, en la que me anotaba:

A propósito de esa preciosa película, Cinema Paradiso, en el club de lectores de Comfenalco nos leímos Novecento de Alexandro Baricco y vimos la película de este mismo director: La leyenda del pianista en el océano. Si la viste, ¿Qué opinión tienes de ella?



Entonces bajé a la sala a fumar y entra la bruma de los cigarrillos, mientras recordaba, empecé a ver en mi memoria, emerger el Virginian, ese magnífico escenario, que nos regalara Bruno Cesari, ese majestuoso director artístico, de la esplendorosa película de Bernardo Bertolucci, El último emperador y me preguntaba cómo había hecho aquel hombre, para convertir en un delicioso espectáculo visual, aquella pequeña obra de Alexandro Baricco, ese monólogo teatral – que no conocía que existía ni he leído -, destinado a ser un relato, para que un actor lea en voz alta, de tal forma que la voz en off de Max Tooney nos lleve hacia atrás en el tiempo, a ser testigos de la ilusión de emigrantes a América, en aquella Belle Époque, cuando el siglo XX, aún no era inaugurado con una primera Guerra Mundial, época, que era un universo estético, de pujanza económica, de satisfacción social, cuando Europa expandía su imperio, al compás del capitalismo imperante, con toda su fe en la ciencia, el progreso y la riqueza de las naciones, como una especie de paraíso en la tierra, que derrumbado por los horrores de la guerra, daría lugar a los locos años veinte, nuevo período de prosperidad para los Estados Unidos de América, antes del crack del 29 y la Gran Depresión, que vendría a decepcionar y hacer aterrizar, como ahora, a todos aquellos seres humanos enloquecidos por las burbujas especulativas y después enfrentados con la Segunda Guerra Mundial, que diera al traste con ese baile de ilusiones de aquellos alegres años en los que Danny Boodmann T.D Lemon “Novecento” se convirtiera en el hombre, que diera lugar a la leyenda, que nos narra Tornatore, como una suerte de homenaje, no ya al cine sino a la música popular, que alegraria a aquellos hombres, que esperaban ser los primeros en ver a Nueva York y gritar:

- ¡América! ¡América! – como promesa de libertad y prosperidad.

Y está bien que los autores, tanto el literario, como el cinematográfico, den a este relato el título de leyenda, género narrativo, que excusa cierta inverosimilitud, para hablarnos de un hombre, que transforma al duro Tim Roth de otras cintas, en un hombre tímido y sensible, capaz de crear una música como la de los dioses, sin formación alguna, como una suerte de niño prodigio, quien observa la vida, sin participar, más allá de sus ejecuciones pianísticas o a través de la sólida amistad con el trompetista Max Tooney, quien nos cuenta la historia de un hombre que ni siquiera fuese capaz de bajar por la rampa al mundo real, ese que existe más allá del limitado universo de una nave, que va y viene entre Europa y los Estados Unidos de América, a través del Atlántico, por temor a perderse en un orbe, el cual podría hacerse infinito, sin límites y pudiera hacerle padecer un auténtico terror sin nombre.

Supuestamente, el transmisor oral de esta historieta sería el único amigo de “Novecento”, Max Tooney, una creación literaria de Baricco, que deviene figura cinematográfica, con la cimera figura del sensible trompetista, representado por ese otro rudo varón, Pruitt Taylor Vince, quien nos permite evocar a ese hombre legendario, que fuera Danny Boodmann T.D Lemon “Novecento”, el cual servirá de pretexto para instrumentar ese homenaje a la música, que permitirá hacer todo un gran despliegue artístico a Ennio Morricone y al experto en jazz, Amadeo Tommasi con su hermosa introducción, sus mágicos valses, sus sincopados jazzes y sus melancólicos blues, para en uno de los clímax del relato, el inolvidable duelo entre el sencillo “Novecento” y el arrogante Jelly Roll Morton, quien, en su soberbia, se creía el creador del jazz, cuando esa música tiene una historia, que antecede al atrevido músico negro, según lo aprendí de Bernardo Hoyos Pérez en el Recinto de Quirama, en un festival de jazz, al que asistí por allá en 1984.

¡Qué hermoso repertorio el de los encargados de la música de este drama humano!

http://www.youtube.com/watch?v=h4jLY_d2Iyg
http://www.youtube.com/watch?v=1LoRPVbRkDQ
http://www.youtube.com/watch?v=3lvRW2e5Uq4
http://www.youtube.com/watch?v=LPqJMZWP91U
http://www.youtube.com/watch?v=r70sotl-iuY
http://www.youtube.com/watch?v=9pLt1VAzKBs

Ese duelo sería todo un triunfo del bien sobre el mal, que Jean Giraudoux, en su exergo a La loca de Chaillot (1945), nos diría que es una excepción, y añadiría yo, a la manera de ese extraordinario personaje, que es “Novecento”, un ser mítico, con todas las características del héroe, incluso con su nacimiento, al estilo de Moisés o de Rómulo y Remo, abandonado sobre el piano de un elegantísimo transatlántico, el cual daría todo el sentido a su destino, apenas tocado por un amor platónico al estilo del de El Dante o de Petrarca, por una emigrante de tercera clase, tan hermosa como una rosa fragante, con quien solo tiene un efímero encuentro, en la vida real, como si fuese una flor de un día.



“Novecento” era un bebé, que no fue criado ni por una princesa, como el personaje bíblico, ni por una loba, como Rómulo y Remo sino por un humilde fogonero del barco, quien desaparece rápidamente por una muerte accidental, aunque funcionara, a la vez, como madre suficientemente buena, con capacidad de ensoñación, como padre y maestro, hasta su desaparición prematura de la vida de un niño, que prefiere convertirse en espectador de la vida dentro de un barco, sin jamás acercarse a la vida real, ni siquiera cuando tras la Segunda Guerra mundial, la gente deja de viajar y el buque se convierte en un desecho, en el que nuestro hombre decide morir entre humo y dinamita, a pesar de los esfuerzos de Tooney, para disuadirlo de no hacerlo.

Muchos criticarían a Tornatore por filmar para Medusa Film, por el parentesco de su directora ejecutiva, Marina Elvira Berlusconi, la hija del desagradable y degradado ex presidente italiano y por hacerla a la manera que hacen el cine los americanos de los Estados Unidos de América, con cierto tono hollywoodense, críticas que yo consideraría insulsas, porque no necesariamente el productor marca la ideología de un director y habría que ver qué otras opciones financieras tendría Giuseppe Tornatore, para realizar um filme de semejante magnitud.

Ahora, si Cinema Paradiso es un paradigma de lo que Jorge Alberto Naranjo llamara lo universal de lo local, también es bueno que un director de la talla de Tornatore se abra caminos hacia un cine más globalizado, dada su magnífica dirección de actores, capaz de convertir a hombres duros, como Tim Roth y Pruitt Taylor Vince, en hombres tiernos, que más que épicas aventuras de acción, dan cabida a un filme de un lirismo exquisito, donde triunfa el bien sobre el mal, pues la decisión final de “Novecento”, de morir con la nave, que lo vio nacer y en la que vivió y desarrolló su arte, sí que lo convierte en un personaje de leyenda, como bien nos lo anuncia el título de la cinta, uno de esos a los que, con Silvio Rodríguez, podríamos cantar:

Siempre que se hace una historia
Se habla de un viejo, de un niño o de sí,
Pero mi historia es difícil:
No voy a hablarles de un hombre común.
Haré la historia de un ser de otro mundo,
De un animal de galaxia.
Es una historia que tiene que ver
Con el curso de la Vía Láctea,
Es una historia enterrada
Es sobre un ser de la nada.

Una historia que si apetece al lector de estas líneas, puede verse completa aquí; sin olvidar las palabras de Max Tooney:

Nunca habrás finalizado hasta que tengas una buena historia y alguien a quién contársela… El problema es que nadie me creería ni una sola palabra...

Ver película aquí: http://www.youtube.com/watch?v=NfHak-DhUas

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