jueves, 16 de octubre de 2014

Entrevista al pintor argentino-mexicano Juan Gaudenzi

ARGENPRESS CULTURAL

Juan Gaudenzi, argentino de nacimiento, viajero incasable, periodista, escritor, cargando ahora ya algunos años, comienza a dedicarse a la pintura radicado en México. Y por supuesto, tal como lo ha caracterizado cualquier actividad que emprendiera, también aquí nos regala una hermosa obra.

No se siente un pintor profesional. Pero sin dudas tiene una sensibilidad que le permite transmitir mucho a través de esta expresión artística.

Argenpress Cultural lo entrevistó en su país adoptivo, México, y pudo observar su obra. Vale la pena escuchar lo que nos dice, así como apreciar su pintura.


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¿Por qué la pintura después de toda una vida dedicada al periodismo?

Desde niño dibujé y pinté como entretenimiento. Siempre me emocionó la belleza en todas sus manifestaciones.. Pasé raudo por algunas escuelas de pintura donde no aprendí nada así que puede decirse que soy autodidacta. Como los antiguos griegos asocio la belleza con la verdad, pero tardé bastante en descubrir que el periodismo, aunque puede ser bello - las películas de Sergei M. Eisenstein; “México Insurgente”, de J. Reed o “A sangre fría”, de T, Capote - no es el camino más adecuado para llegar a la verdad, pese a que existen grandes excepciones como las investigaciones de Bernstein y Woodward sobre el caso Watergate u “Operación Masacre”, de R. Walsh. Siempre recuerdo un cartelito dirigido a los reporteros sobre el escritorio de un alto funcionario estadounidense: “Yo respeto su derecho a preguntar lo que quiera. Usted respete el mío a contestar lo que me plazca”. Mucho de lo que se difunde no tiene nada que ver con la realidad porque existe un muro generalmente infranqueable entre el periodismo y la esencia, las verdaderas motivaciones, las causas primeras. Es una crítica al periodismo desde el platonismo elemental: lo que transmitimos es casi siempre una imagen - más o menos distorsionada por nuestra inevitable subjetividad - del reflejo de las cosas, acontecimientos y personajes, tal cual ocurren o son detrás de las paredes de los despachos, las viviendas, en medio de la selva o el desierto. Es una lucha perdida de antemano contra el poder que, para serlo, necesita ocultar, desinformar, vivir en la obscuridad. Y nosotros, los periodistas mediocres - pobres ilusos - creemos que basta vocación, principios y un poco de talento para iluminar allí donde no hay linterna que funcione. Entonces, en el mejor de los casos estaremos acercando a nuestros lectores a la verdad, pero difícilmente lleguemos a ella (y esto sin mencionar la mediocridad supina de los medios de “tierra adentro”, ni los intereses creados, la corrupción o la complicidad de las grandes corporaciones mediáticas). Cuando ya veterano di clases de periodismo de investigación hablaba sobre esto para alentar la deserción de los alumnos. Jajaja. Actualmente, el único recurso para hacer verdadero periodismo es siendo un “hacker” -las facultades de Comunicación en lugar de periodismo deberían enseñar a “hackear” porque un funcionario público no debería tener derecho a ningún tipo de privacidad - o un Julian Assagne. “Con la pintura no pasa lo mismo. No existen esencia ontológica ni causas primeras. Hasta me animaría a decir - en contra de toda mi formación materialista dialéctica - que para el Arte la realidad independiente de uno tampoco existe. Está en uno. Para algunos es un universo, para otros un inodoro. Ambos contemplamos un árbol, una puesta de sol. ¿Qué vemos? Dos árboles y dos puestas de sol diferentes. Tantos mundos como personas. Y, si en lugar de hacer periodismo renunciamos a los mitos de la “objetividad” e “imparcialidad” (inclusive en el hiperrealismo tan de moda) y pintamos, cada cual pintará su propio árbol y su propia puesta de sol tal como está dentro suyo. Por eso creo que, en última instancia, el único y verdadero tema del artista (sea escritor, pintor, escultor, etc.) ha sido y seguirá siendo él mismo. El objeto, material u onírico, es sólo un pretexto, un detonante, para esta desesperante necesidad de expresarse. ¿Sobre qué escribió Borges? Sobre Borges. ¿A quién pintó Dalí? A Dalí. Por eso fueron únicos. La condición “sine qua non” es no engañarse a sí mismo (no pretendo pintar acuarelas como Turner, sino como Juan Gaudenzi, inclusive si copio una acuarela de Turner). Aunque tu árbol sea técnica y artísticamente mejor que el mío. Que eso lo decida el público, ¡jamás los críticos, por favor, ya que no existe en el mundo una maestría o un doctorado en sensibilidad! Pero, esa es otra cuestión. Cuando me cansé de las limitaciones del periodismo - a cierta edad uno se cansa de muchas cosas - decidí dedicarme a la pintura profesionalmente. Creo que fue Gustave Flaubert el que dijo: “Ama el arte. De todas las mentiras es, cuando menos, la menos falaz”.

¿Pintar te convierte en un artista?

Para nada. Yo siempre digo que pinto, no que soy un pintor. Se atribuye a Dalí el haber dicho: “El verdadero pintor es aquel que es capaz de pintar pacientemente una pera rodeado de los tumultos de la historia”. Yo nunca antepuse el arte a la política. Es más: enviaría a todos los pintores a sembrar papas si con eso se terminara el hambre en el mundo. ¿Un manifiesto contra los pintores? Todo lo contrario. Aunque no textualmente cito a Marx: El arte florecerá cuando de la sociedad de la necesidad se pase a la sociedad de la libertad; del ocio bien entendido. Supongo que para un artista “puro” hubiese sido más terrible la destrucción del Museo Wallraf-Richartz, en Colonia - posee una colección de bellas artes desde la época medieval hasta comienzos del siglo XX. - que la quema de Reichtag. No es mi caso. Tampoco sueño con mis pinturas antes de concretarlas, como dicen que le ocurría a Van Gogh. Creo que para ser un artista se requiere algo más que sensibilidad, talento, oficio, dedicación. ¿Qué más? Ni el propio artista lo sabe. El famoso “don” que nadie sabe qué es, pero que hace la diferencia. Mejor dicho, que “hacía” la diferencia entre Mozart y Antonio Salieri, por ejemplo. Claro, en esa época era común atribuirlo a la gracia divina. Actualmente, como esa explicación no cuenta con mucho consenso se ha optado por no hablar más del “don”. Está permitido llamarse artista sin contar con él. Yo discrepo y por eso no me considero un artista. Carezco de ese “don”.

¿Desde hace mucho tiempo se viene hablando sobre la muerte del arte en general y de la pintura en particular ¿Qué opinas al respecto?

Todo lo contrario. El certificado de defunción del Arte (Hegel) es muy anterior al “fin de la historia” pero opera de la misma manera. Si (supuestamente) hemos logrado la sociedad perfecta: mercado y democracia ¿para qué necesitamos que la historia continúe avanzando dialécticamente? Si (supuestamente), gracias a la tecnología; la cibernética; las computadoras; ilustradores; diseñadores; decoradores de interiores, parques y jardines ¡y hasta la naturaleza toda! - en el medio del Amazonas esas lianas se verían mejor si las iluminamos con “led” y a todas las especies animales desaparecidas las reemplazamos con bazofias de peluche - estamos rodeados de “belleza” - los caseríos miserables los ocultamos con unas bardas y listo - ¿para qué queremos pintores a la antigua usanza, de caballete y oleo o ¡acuarela!, exponiendo sus cuadritos, con marco y todo, en galerías y museos? Yo le doy la más cordial bienvenida a esta postmodernidad política y artística. Porque en términos políticos el resultado del “fin de la historia” no es otro que hacer más urgente que nunca la necesidad de la Revolución y más vigente que nunca el pensamiento de Marx y Engels. Y la muerte del Arte y su sustitución por “conceptos”- les cedo una idea gratuitamente: en lugar de pinturas de flores, un ambiente vacío perfumado con atomizadores controlados por computadora ocultos en las paredes - ; textos sin relatos ni autores; exposiciones de chatarra, acrílicos y laser; un despeñadero hacia la nada intolerable, a corto o mediano plazo, para la humanidad, pese a todo el lavado de cerebro al que está sometida. ¿Más lavado de cerebro que en la Edad Media? Y, sin embargo, se produjo algo llamado “Renacimiento”. Pero esta vez no será volver al pasado (absolutamente falso que los griegos antiguos hayan sido los niños de nuestra cultura) sino un inimaginable salto hacia un futuro en el que sociedad y Arte serán una misma cosa.

En tiempos de expresionismo abstracto, arte conceptual y tantas otras yerbas “pop” o “post”, tú no pareces preocupado por la moda.

Por principio todo eso me resulta altamente sospechoso. ¿Por qué? Aparentemente, tanta innovación; tantos recursos ¿estéticos? pero, sobre todo, técnicos, disímiles; tanta individualidad - aún las más desquiciadas -, tanto anti-arte o contra-arte; obedecen a una reacción contra el arte masivo y masificador; contra la producción planificada y en serie; contra la llamada “industria cultural” heredera de la Ilustración y los valores más o menos clásicos, por no llamarlos “cliches”. Pero ¿y se tratara simplemente de una cuestión de marketing? Veamos que ha ocurrido en la industria de bienes durables y no durables. A medida que las clases medias altas y altas fueron concentrando la riqueza socialmente producida y la competencia, las ansias de sobresalir entre sus pares, el individualismo, fueron creciendo exponencialmente, esas industrias - supuestamente interesadas en satisfacer las necesidades y los gustos de una demanda cada vez más selectiva (y adinerada) - necesidades superfluas y gustos sofisticados o extravagantes que la oferta se encarga de imponer a través de los medios de comunicación dirigidos a ese público - decidieron que la hora de la producción masiva y en serie había terminado y que el negocio consistía en la producción personalizada. No más el mismo automóvil de lujo para los que podían pagarlo, sino un automóvil de super-lujo a pedido de cada cliente - de ser posible con su nombre impreso en alguna parte -. Lo mismo con relojes y alhajas, artículos de escritorio, muebles, equipos domésticos y de decoración - y aquí entra el llamado arte de nuestro tiempo -, para no hablar de vestimenta y accesorios. ¿Por qué no pensar que la nueva “industria cultural” funciona de la misma manera? Bienes (mercancías) únicos y exclusivos para clientes únicos y exclusivos, a precios siderales. Solo basta ver el tamaño: descomunales. “Obras” - por llamarlas de alguna manera - que únicamente pueden decorar mansiones de miles de metros cuadrados y las fachadas o jardines de las sedes de las más grandes corporaciones. En el tamaño está la primera clave de la sospecha. La segunda: para su despliegue y ostentación se necesitan enormes espacios completamente vacíos. La tercera: la paleta, cuando se trata de obras pictóricas. Los colores más estridentes, los contrastes más inusitados y agresivos. El contenido no le importa a nadie - ni al autor ni al comprador -, con la condición de que no se parezca a nada que pueda tener su vecino o socio. Con todo esto quiero decir que la pretendida originalidad y vanguardismo es un truco. Si observas detenidamente cuadros o esculturas contemporáneos seguramente encontrarás en ello una serie de patrones comunes. Para el “artista” lo que menos importa es el arte; su prioridad es la venta y hacerse de un nombre porque entre sus clientes - que de arte entienden tanto como yo de esperanto - se cuentan dos o tres ricos y famosos. Un ejemplo: Jeff Koons, considerado por una crítica funcional a esta nueva industria como uno de los artistas más importantes, populares y controvertidos de la segunda mitad del siglo XX, además del más cotizado. ¿Qué produce en su fábrica (no confundir con taller)? Monumentales réplicas en aluminio (supongo) de globos inflables! Su escultura Balloo Dog (Orange) fue vendida en noviembre de 2013 por 42 millones de euros en Christie's y, como el “auto-bombo”es lo que cuenta ha trabajado con Lady Gaga en la portada de uno de sus discos. Andy Warhol ha quedado a la altura de un poroto. Ahora, si alguno de estos “exitosos” me demuestra que no es un oportunista y que llegó a las réplicas de los globos inflables después de haber incursionado con maestría en otras etapas, en otros estilos, desde los más convencionales, como Picasso, me saco el sombrero.

¿Cómo definirías tu estilo?

Ecléctico, sencillo, más bien tímido, visualmente agradable, conceptualmente vital y honesto, técnicamente, pese a mi edad, me falta mucho camino por recorrer. Artísticamente, si logro algo que me satisface, no me importa la moda ni la fama. No trabajo pensando en ninguna de esas cosas. Si a alguien le gusta alguna de mis pinturas y la vendo ¡qué bueno! Si no, aumento mi colección privada. Observar mis pinturas me produce placer - aunque soy muy autocrítico - Creo que esto es lo más importante.

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