lunes, 20 de octubre de 2014

Manifiesto de Montevideo

Mabel Moreno (Comunidad Avaaz. Desde Montevideo, Uruguay. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



“Se piensa a veces que “Gaia nos cuidara”. Esa
creencia es errónea. Gaia cuidará de sí misma,
PUEBLOS DEL MUNDO si es que puede expresarse así, y el
procedimiento idóneo para lograr su propósito
PUEBLO URUGUAYO bien pudiera ser nuestra aniquilación”.

J. Lovelock
Berlín, noviembre de 1987.

Desde el Sur, Río de la Plata y Océano Atlántico, esta COMUNIDAD AVAAZ CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO se dirige a ustedes habitantes del mundo, en este día tan especial en que AVAAZ intenta una reflexión mundial sobre el cambio climático, nuestro planeta y sus habitantes, éstos últimos en peligro de extinción. Así como hoy se inicia la primavera en este hemisferio, esperamos broten en ustedes las ideas y pensamientos que posibiliten una adecuada comprensión de la problemática que afronta la humanidad, para que la orienten hacia una nueva era de responsabilidad hacia ustedes mismos y hacia la especie humana a la que tenemos la obligación moral de preservar, como un sentimiento de solidaridad hacia las generaciones futuras y para no dejarles a éstas una “Deuda Ecológica” inmoral.

Recordemos que el hombre, desde tiempos inmemoriales se sintió como parte y amigo de la Naturaleza de la cual, él como los animales y las plantas formaba una unidad, pero en la cual podía intervenir, gracias al desarrollo de su razón y de su inteligencia. Ese desarrollo de su capacidad intelectual, le permitió su forma de vida y la capacidad de crear, pero continuó siendo un miembro de la Naturaleza, a la cual estaba ligado por medio de su intelecto, de su voluntad y por vinculación orgánica. No deja de sorprender de que en la actualidad, y teniendo en cuenta que ya hace muchos siglos sabemos que no somos el centro del Universo, nosotros, los seres humanos “civilizados”, actuamos como si lo fuésemos. ¿Por qué? Creemos que por factores acumulados, históricos y culturales, cuya raíz está muy probablemente en una comprensión deficiente de lo que hemos dado en llamar “medio ambiente”. A pesar de todo el conocimiento acumulado, accesible y a nuestra disposición en el mundo, no somos realmente capaces de visualizar y considerar el conjunto total, en su compleja dinámica y relacionalmente interdependientes.

Este hombre, habitante del planeta tierra, minúsculo granito de arena considerado a escala planetaria, que se encuentra suspendido en el espacio, en los confines de una galaxia, gracias a fuerzas universales humanamente incontrolables y sin contar con un verdadero “cinturón de seguridad”, rotando sobre nuestro eje a veintisiete kilómetros por minuto, además de orbitar velozmente al Sol, esta es nuestra casa.

Es el resultado fortuito de una evolución de millones de años que concluye en el Homo Sapiens, aún en evolución. Vivió a lo largo de millones de años de desarrollo en un ambiente en el que creció con un ambiente limpio, sano, verde, con aire puro y agua limpia, con sol, junto a plantas y animales muchos de los cuales al desaparecer posibilitaron nuestra vida como por ejemplo es el caso de los dinosaurios. Su extinción permitió el desarrollo de los insectívoros y de éstos ya perfeccionados surgen los primeros primates desde la pequeña “musuraña”. Esa vida en plena naturaleza permitió definir las características de la especie. Todo tuvo que comenzar con el surgimiento de seres vivos capaces de captar la energía de nuestra estrella, el Sol. De esos seres fotosintéticos dependemos.

La sociedad humana se caracteriza a través de su neotenia por la creación de instrumentos materiales e inmateriales como los símbolos y el idioma porque el hombre surge en una naturaleza que no estaba adecuada a su organismo. Por eso se vio en la necesidad de transformarla y para eso creó, creó por necesidad no por placer.

Los ciclos naturales

La Biosfera es el hogar completo de todo ser vivo, porque en ella, por ella y de ella nos alimentamos, es nuestro refugio y permite la multiplicación. La alimentación nos permite crecer y madurar. El refugio nos permite descansar, sobrevivir sin ser depredados y así llegamos al tercer paso: la reproducción, que asegura la continuidad de la estirpe y de la especie. Porque no hay seres vivos de vida infinita en el mundo material. La muerte es parte del ciclo vital.

Sabemos que ha tenido lugar una evolución y que la Biosfera, mientras es dejada a su libre albedrio, ha mostrado desde siempre una tendencia a sostener la BIODIVERSIDAD, aunque más no sea, para el ciclo de la alimentación de los seres vivos. La biodiversidad existe también dentro de la misma especie. Los humanos por ejemplo tenemos grupos sanguíneos diferentes, proteínas incompatibles y un sistema inmune versátil.

Consideramos que la materia prima de los organismos vivos es la misma que se encuentra en el resto del planeta, no hay duda que la biodiversidad es fruto de los innumerables ciclos naturales (minerales, de sustancias orgánicas, vitales de todas las especies, etc.). Ningún ciclo se realiza aislado de todos los demás, aunque pueda parecer a veces lo contrario. Por eso no debemos excluirnos de estos innumerables ciclos: estamos hechos a partir de las mismas materias primas. En distintas combinaciones, eso sí, como las que dan origen a todas y cada una de las especies biológicas que existen. Ahora, que se habla tanto en el país de la mega minería de hierro, que dicho elemento es un componente de nuestra sangre, a tal punto que si la hemoglobina no tiene suficiente hierro, la sangre no puede captar el oxígeno, que es el primer alimento que necesitamos, ése del que no podemos prescindir un momento, y que debe llegar a cada célula de nuestro cuerpo.

Los problemas ecológicos

Hoy nuestra BIOSFERA está siendo vulnerada. Padece numerosos problemas ecológicos, algunos bien visibles aunque otros no tanto y lo más preocupantes es que a quienes los señalan y denuncian, se les suele acusar de muchas cosas, sin tomar en cuenta que es necesario, por el bien del futuro de la humanidad, poner la VIDA por encima de todo, incluso del dinero.

Los problemas ecológicos son perturbaciones y alteraciones de los ciclos naturales. No interesa cuál ciclo, sea mayor o menor, global o local, visible o apenas perceptible. En todo caso, siempre son perceptibles a la razón y sabemos que todos los ciclos están en permanente retroalimentación.

La peor de todas las perturbaciones es aquella que interrumpe definitivamente un ciclo natural. Pero lo más graves es que ya son incontables las perturbaciones ambientales causadas por el impacto de la actividad humana, incluidas las consideradas “científicamente avanzadas”, en pos de la “innovación” y el “desarrollo”.

Desde que nuestra cultura ha aceptado mirar a la Naturaleza como fuente de recursos económicos, se ha ido perdiendo la verdadera imagen total en perspectiva de lo que significa el conjunto de los ciclos que han permitido nuestra existencia. Hemos decidido “doblegar”, “dominar”, “mejorar” y hasta “perfeccionar” la Naturaleza. Esta actitud tiene su origen en la equivocada visión del alcance cósmico de los fenómenos naturales, que no sólo “nos rodean”, sino que somos inseparables de ellos, aunque esto sea de lenta comprensión. El tan anhelado “crecimiento” permanente de la economía monetaria de hoy día nos lleva a preguntar ¿es posible realmente en un medio probadamente limitado?

Hace tan solo diez mil años, en el período Neolítico se produjo el “big-bang cultural”, en él una parte de la humanidad comenzó a independizarse del “medio ambiente” y los cazadores-recolectores pasaron a ser agricultores, domesticadores de especies vegetales y animales.

La primera perturbación de los ciclos naturales fue la deforestación para poder hacer agricultura y esto trajo la posterior desertificación. El antiguo humus quedó agotado y expuesto a la erosión.

Luego, el fenómeno urbano y la separación del medio rural. Se desarrollaron las lenguas, que facilitaron la transmisión de conocimientos y se establecieron las tradiciones culturales adaptadas al medio que les servía de hábitat. Los pueblos más ambiciosos decidieron expandirse, establecer el comercio, fundar colonias. Comienza así el colonialismo y se establece la desigualdad social civilizada. Se llega de este modo hace poco más de dos siglos a lo que se plasmó en la revolución industrial, ininterrumpida hasta hoy con todos los avances tecnológicos. Comienza la monetarización casi total de la cultura, y el predominio globalizado de la economía mediante la “empresa global” y con un sistema económico que no es coherente en lo social y político, no está en consonancia con su realidad económica, con lo que se crea el desequilibrio presente y se profundiza la desigualdad entre las personas. El predominio globalizado de los criterios económicos es total. En agricultura, tenemos el caso de la “forestación” con fines industriales, en la que le damos más importancia a los troncos, fuente de celulosa, que a las hojas verdes fotosintéticas, fuentes de oxígeno.

La Naturaleza no produce monocultivos. El secreto de su continuidad a lo largo de tantos siglos está en la biodiversidad. Es el requisito primero para el sostenimiento ecológico, de su estabilidad y de su permanente búsqueda de equilibrio.

Cada vegetal depende de sus nutrientes específicos, los cuales se agotan en un régimen de monocultivo. Entonces, se requieren fertilizantes, que en principio fueron naturales y ahora son sintéticos. El suelo terrestre es ya inerte, polvo cargado de químicos. El monocultivo favorece las plagas, por lo que hay que recurrir a plaguicidas, al principio menos tóxicos, pero a medida que las plagas se hacen resistentes, se necesita más toxicidad. A esto se agregan los herbicidas. Esto es muy peligroso, porque esas sustancias ingresan irrefrenables a los ciclos naturales del agua, de la atmósfera y del suelo y a través del ciclo alimentario, de todos los seres vivos.

Se promueve el desarrollo de cultivos transgénicos agrícolas con la promesa de ayudar a resolver el problema del hambre en el mundo y lograr una agricultura libre de agrotóxicos, pero en los hechos significaron un aumento exponencial en el uso de agrotóxicos. Las multinacionales inventaron cultivos resistentes a sus propios herbicidas. El desarrollo de la ingeniería genética implica la modificación del genoma de las especies vegetales para crear variedades transgénicas, cuyas consecuencias con seguridad no lo podemos saber aún en su totalidad. Se ha constatado que estas nuevas variedades no rinden más que los cultivos naturales y pueden ser más contaminantes al exigir el aumento del uso de más herbicidas. Introducen nuevos riesgo para la salud y el ambiente, viola derechos de los ciudadanos, socava la soberanía alimentaria y consolida en los hechos el control de 6 empresas transnacionales (los mayores fabricantes de agroquímicos del mundo) sobre el sistema agroalimentario mundial, en la mayor concentración corporativa de la alimentación y la agricultura de la historia.

Esta invasión de nuestra cultura en los ciclos naturales, ya tiene sus consecuencias e indefectiblemente tendrá sus efectos a largo plazo.

En tanto, el desarrollo industrial continúa con su contaminación ambiental (del agua, de la tierra, de la atmósfera y todas sus intercomunicaciones, incluso las que pasan por dentro y por fuera de nuestro organismo y el de todos los seres vivos). Entre otros efectos, se está afinando la vital capa de ozono que actúa como escudo para los rayos UV del Sol. Se producen lluvias ácidas, que afectan directamente al medio ambiente, allí donde se precipitan.

Nos hemos vuelto voraces consumidores de energía, en lugar de adaptarnos a las reglas de juego que nos han permitido sobrevivir y así las “soluciones” traen tragedias como la de Fukushima. Seguimos extrayendo aceleradamente diversos materiales de nuestra delicada corteza terrestre, “commodities” valiosos, en bienes de origen vegetal, susceptibles de ser comercializados y que se obtienen a través del cultivo en grandes cantidades, en su mayor parte para la exportación como soja, trigo, maíz, avena, cebada, etc. Sus ganancias se reparten mal y no reducen el índice de pobreza. Además, somos los mayores generadores de basura en la tierra, en los mares y ahora hasta en el espacio. Por si todo esto fuera poco, la civilización nos está llevando a una crisis demográfica, pero a su vez, ella misma se está convirtiendo en un gigantesco cartel de PARE a tanta insensatez. (1)

El cambio climático

Sus efectos son ya visibles en diversas regiones afectadas del planeta sin necesidad de recurrir a los complicados mecanismos de mediciones efectuadas por especialistas como oceanógrafos, meteorólogos y paleo biólogos. Ante ellos la pregunta es si estamos ante un nuevo cambio climático o si ellos son producidos por la acción del hombre sobre el medio. La respuesta correcta es la segunda. Como consecuencia del modelo occidental de explotación del medio ambiente, el agotamiento de los recursos naturales en numerosas regiones del mundo es y lo será aún mucho más acelerado. También será cada vez mayor el número de personas que dispondrán de menores recursos para sobrevivir y la cantidad de conflictos violentos que, generados por el calentamiento global, enfrentarán a todos aquellos que pretendan obtener alimentos de una misma área.

Según informes del International Panel on Climate Change (IPCC) el cambio climático existente hoy es un efecto de la actividad humana causado esencialmente por las emisiones constantes de GEI (gases de efecto invernadero) desde la industrialización. Las emisiones de dióxido de carbono relevantes para el clima provienen de la utilización de combustibles fósiles en la industria y en el tránsito, mientras que el metano y el óxido nitroso provienen de la actividad agropecuaria, principalmente de la ganadería. Es así que la concentración de dióxido de carbono como la del metano en la atmósfera son mayores que las de cualquier valor en los pasados 650 mil años. (2)

Así el calentamiento global es un lamentable hecho de la realidad, como lo ponen de manifiesto los aumentos observados en los promedios mundiales de la temperatura del aire y del océano, el derretimiento de los glaciares y suelos permafrost y el aumento del nivel de los mares. La temperatura anual promedio de la superficie mundial se mide desde 1850; desde entonces, los once años más cálidos se dan en el período desde 1995 hasta 2006. La temperatura de los océanos ha aumentado incluso a 3.000 m. de profundidad.

La última vez que las temperaturas registradas en la región polar superaron las actuales mediciones fue hace 125 mil años. Si las emisiones se mantienen constantes, el IPCC pronostica que la temperatura aumentará aproximadamente 0,2º por decenio, por lo que urge tomar medidas. Si las emisiones siguen creciendo, el aumento de temperatura será aún mayor.

Se ha constatado que en los últimos 15 años, el aumento de la temperatura atmosférica se ha ralentizado y se mantiene relativamente estable desde 1998. Dos científicos, uno de Estado Unidos y otro de China creen haber encontrado el enigma del “calor desaparecido” y lo han encontrado en el fondo del océano Atlántico, pues hacia allí habría fugado el calor de la tierra hacia el océano que se ha calentado de manera ininterrumpida. Explican que en lugar de estar el calor en la atmósfera, elevando la temperatura ha huido hacia las profundidades del océano Atlántico y del Antártico almacenándolo allí. Se debería a una corriente que lleva agua salada, y por lo tanto más pesada, desde los trópicos hacia el Atlántico Norte, donde se hunde junto al calor que almacena. Esta circulación se habría acelerado en los últimos años hasta comenzar a ralentizarse de nuevo en el 2006. Cuando cambie el ciclo oceánico, habrá otro período de rápido calentamiento global. Esta posición del científico Ka-Kit Tung (Universidad de Wáshington) y su colega de China Xianyao Chen, es compartida por la mayoría de los científicos. No así por el neozelandés Kevin Trenberth (Centro Nac. de Investigación Atmosférica en Boulder, Estados Unidos) que cree que el verdadero ladrón del calor atmosférico es el Pacífico y no el Atlántico.

Más allá de las interpretaciones, lo que queda claro es que el cambio climático no se ha detenido, como lo afirman los científicos citados, sino que más bien ha huido por un tiempo (3), pero se incrementará nuevamente cuando cambien los ciclos naturales. Precisamente, el aumento de temperatura ocurrida en el 2013 ha hecho que en Nueva York se realice a partir del 23-9-14, convocada por Naciones Unidas, la reunión preparatoria del cambio climático, previa a la de París del 2015, de donde deberán surgir, sí o sí, medidas para que la misma no aumente los 2º (acordado en la cumbre de Copenhague de 2009) como límite y en la que serán de suma importancia la actitud que tomen los gobernantes de los países desarrollados y la aceptación de sus responsabilidades en el tema.

El futuro deparará un derretimiento mayor en las capas de hielo y de los glaciares y el deshielo de los suelos permafrost con el consiguiente aumento de los océanos cuyas aguas invadirán territorios hoy ocupados por seres humanos; los tifones y los huracanes se sucederán con mayor frecuencia y en lugares inusuales, la probabilidad de precipitaciones aumentará hacia el norte y disminuirá hacia el sur. Todos estos hechos producirán consecuencias nefastas en el mundo humano, en el animal, vegetal y también en el marino.

Lo evidente es que el cambio climático profundizará las asimetrías y las desigualdades ya existentes en los seres humanos. (4) Estas asimetrías serán a mediano o largo plazo un potencial de conflictos con una violencia desconocida.

El Hombre y su Universo Simbólico

Con la mundialización de la economía, el desarrollo tecnológico y la internalización de la vida social con sus redes, se crea un sistema global, sin equivalentes en el proceso de la historia de la humanidad. Es un momento histórico, singular, que nos impone una reflexión histórica y antropológica muy profunda. La primera, se debe tener en cuenta que el mundo no constituye una excepción a las leyes biológicas que gobiernan la vida de todos sus organismos. Que la Humanidad habita el planeta Tierra que es nuestra casa que en griego es oikos, término que dio lugar a la palabra ecología, que es la disciplina que estudia la relación entre el hábitat, que es justamente nuestra tierra y todas las especies existentes. Según Lovelock, nuestra casa tiene una atmósfera desequilibrada y rica en oxígeno; los otros planetas tienen una atmósfera de dióxido de carbono en equilibrio químico. Por eso están muertos. El desequilibrio se mantiene por la acción de la vida. La perturbación del equilibrio natural es una propiedad de la Vida. Ésta es un reajuste químico. (5)

La ecología mostró con creces que sólo existen ecosistemas. El Universo es un ecosistema y dentro de éste hay millones de ecosistemas que nacen, se desarrollan y desaparecen en un equilibrio dinámico. Por eso, es que el Universo es cambio y dinamismo.

Hemos hablado de Universo y por Universo entendemos no sólo el universo físico, sino también el universo cultural, el universo pensante que en nuestra Tierra, una especie, la especie humana con una existencia de alrededor de cinco millones de años y con una larga neotenia, unido a un gran desarrollo cerebral tuvo que crear para poder vivir en ese universo físico, un universo pensante basado en la arquitectura cerebral, de evolución constante aún hoy en la Era Digital. (6)

La ecología, también ha mostrado que la forma de vida en la Naturaleza es la comunidad, en la que la comunidad biológica está constituida por un número y una selección de especies y de especímenes. El mundo es espacial y temporal, una totalidad bien ordenada, nunca en reposo, siempre en movimiento (Heráclito) y en evolución. El sentido de ese movimiento y evolución es la conservación de la totalidad configurada. La vida es esa posibilidad de cambio y éste produce el equilibrio.

También se debe tener en cuenta que los ecosistemas están insertos en lo que llamamos comúnmente mundo inanimado, pero que ese mundo inanimado resulta que es vertiginoso, en movimiento y en el que rápidamente se producen sucesos a los que el hombre no puede captarlos en presente, sino en pasado.

Este dinamismo que estamos viendo ha sido descubierto por el conocimiento científico y la interacción de los neo sistemas, con este mundo que todavía en Biología llaman inanimado se da constantemente. Vemos entonces que el mundo es un suceso, el mundo tiene su acontecer, sus suceder y sólo el hombre dentro de esta galaxia ha tenido el privilegio de haber podido descubrir estos sucesos, esos tiempos, esos mundo y fue el hombre que justamente fue tributario de la cultura griega y por tanto del conocimiento de la ciencia, de la razón.

En el mundo humano hay una característica que es que entre el receptor y el efector, el hombre coloca un eslabón intermedio que es el sistema simbólico. O sea, que lo que el hombre percibe, que comienza por ser una percepción directa, va dejando de serlo porque los objetos que llegan a ese sentido son interpretados a través de las indicaciones que el hombre mismo creó, a través de su propio marco de referencia.

Estas significaciones, las creo porque aparece en el hombre una nueva adquisición, propia de él, a partir de su hiper cerebración y de su neotenia. Esta adquisición, es la del idioma articulado. No decimos con esto, que este único símbolo hubo, sino que existieron otros previos: la música, la danza y el lenguaje gestual, pero el idioma articulado es el símbolo que es abarcador de infinita clase de objetos.

Lo expresado es para ver como a través de los símbolos el hombre rompió el equilibrio natural. O sea, el círculo funcional (Von Ueuxküll) del hombre sufrió una modificación que fue trascendente, porque mientras que el animal entre el estímulo y la respuesta pone el organismo, el hombre pone la cultura, el pensamiento.

El pensamiento es lo que da la variedad, da lugar a la respuesta demorada, diferida. De ahí la importancia del logos porque es el sello de lo humano, que hizo al hombre un ser creador, desde la música a las ideas. Pero también, esto acarrea grandes responsabilidades. Porque si bien los símbolos lingüísticos, el pensamiento le dio poderío sobre las otras especies, también le dio un puesto en el mundo al ser más neoténico de todos, al ser que tenía inferioridad biológica, pero con hiper cerebración.

Esta conquista lo ha hecho también volverse contra la propia existencia de la vida, lo ha hecho ir hacia la posibilidad de la aniquilación de toda vida existente en el planeta, única vida conocida hasta ahora.

Es así como el símbolo lingüístico que permitió abarcar, entender, clasificar los objetos del mundo, se transformó en un arma de doble filo. Esta arma de doble filo, ya Bolk (7) al final de su conferencia tomó y mostró como hipótesis de que la propia inteligencia podía llevar a la aniquilación de la humanidad. Pero esto no significa que justifiquemos esa aniquilación de la Naturaleza y de sí mismo. Sino que todos estos estudios, estas reflexiones sobre nosotros mismos, especialmente en momentos de crisis, deben llevarnos a un nuevo significado de los propios símbolos, a un nuevo uso de estos símbolos como labor reconstituyente de las leyes de la Naturaleza.

En este sentido el economista y ambientalista chileno Max-Neef nos advierte que el mundo necesita nuevos economistas cultos, que sepan historia, de biodiversidad, de dónde vienen, como se originaron las ideas y quién hizo qué. También, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera y como consecuencia, la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. (8)

Ante la emergencia del hombre que olvida que somos los seres humanos interdependientes y dependientes de nuestro ambiente, necesitamos una nueva definición del hombre, que nos lo presente en sus reales dimensiones y de cabida a todas sus potencialidades; definir las situaciones en términos que abran futuro. En esta fase de la civilización planetaria, en que todos los hombres lo quieran o no, confrontan una única situación humana, se nos hace necesario más que nunca que cada uno de nosotros aprenda a comprenderse y transformarse -o sea a conducirse a sí mismo- en un grado superlativo, a efectos de salvar al planeta y la civilización. Ello sólo será posible si el hombre asume que es parte de la eco-eto-genética y actúa en consecuencia e impida que los cambios tecnológicos y culturales desvirtúen su finalidad: el proyecto humano. (9)

Sólo así tomaremos conciencia de que el conocimiento no es suficiente y que, por lo tanto, debemos aprender a comprender a fin de alcanzar la plenitud de nuestro ser. Descubriremos que sólo podemos pretender comprender aquello de lo cual nos hacemos parte, porque el comprender es el resultado de la integración, que en oposición al saber es el resultado de la separación. (10) Así la comprensión se vuelve una noción clave por ser conocimiento integrado y relacionado. Es la capacidad de producir la respuesta apropiada a nuevos estímulos dentro de una esfera de acción. Esta capacidad de afrontar la novedad es lo que se necesita para la acción y para la concreción de la civilización planetaria. Todo ello en el marco de una visión transcultural de la Humanidad, o sea, como una transmisión cultural en marcha que permita resolver los problemas globales. (11)

Desde este minúsculo punto de la dimensión espacio-tiempo llamado Uruguay, convocamos a los ciudadanos del mundo a dejar a un lado tanta soberbia y necedad y aceptemos nuestra precariedad y dependencia. Les invitamos a aprender a comprender el conjunto dinámico y complejo de nuestro “hogar”, la BIOSFERA. No permitamos que ella concluya en la muerte. Permitamos que la inteligencia se vea iluminada por la sabiduría, única facultad humana que nos puede hacer discernir entre lo correcto y lo incorrecto, pero apuntando al bien común colectivo de la Humanidad, a una nueva aurora del “nosotros” y no del “yo”, con lo que instauraremos una nueva cultura de la solidaridad.

La esperanza de salvación del planeta Tierra y de su civilización es que el fundamento, la esencia, reconciliarán al hombre con la Vida, nuestro más preciado tesoro. Para ello es necesario una toma de conciencia ecologista planetaria, con la inclusión de los gobernantes del mundo, para efectuar la gran revolución, profunda y extensa, con la construcción de una civilización planetaria que piense globalmente y actúe localmente, sin demoras y ya porque el tiempo apremia.

¡¡¡ Ciudadanos del mundo, los invitamos a que le permitan ganar a la VIDA y no al dinero!!!

Montevideo, 22 de Agosto de 2014. Elaborado para la reunión del Cambio Climático a realizarse en Nueva York el 23-9-2014, convocada por Naciones Unidas, preparatoria de la de París del 2015 y en la que han colaborado todas las ONG y grupos ambientalistas del mundo. Como voluntaria de AVAAZ Uruguay, he elaborado el presente Manifiesto de Montevideo para la Marcha contra el Cambio Climático, realizado en esta ciudad el 21-9-2014 y luego enviado para la reunión de Nueva York.

Notas:
1) Pastor, Silvia. “Del Cero al Uno”. Ediciones Cruz del Sur.Uruguay.2011: pp. 192-212
2) Welzer, Harald. “Guerras Climáticas” Katz Editores. Buenos Aires. 2010: pp. 62.
3) “Varying planetary heat sink led to global-warming slowdown and acceleration” DOI:10.1126/sience.1254937. Citado por http://www.argenpress.info/2014/08/el-calor-desaparecido-del-calentamiento-global. Visitado 22-8-2014
4) Welzer, Harald. Obra citada. 2010: pp 63-64.
5) J. Lovelock. “The Ages of Gaia”. Citado por John Gribbin “El Efecto Invernadero y Gaia”. Ediciones Pirámide S.A. Madrid. 1991: pp.62.
6) Small, Gary y Vorgan, Gigi “El Cerebro Digital. Cómo las Nuevas Tecnologías están cambiando nuestra mente”. Editorial Urano. Barcelona 2009.
7) Bolk, L. “Conferencia ante la Vecindad de Anatomía de Freiburg”. Revista de Occidente. T. XVIII. Diciembre 1927-Enero de 1928.
8) Goodman, Amy “Entrevista a Manfred Max-Neef”. En:http://ecoportal.net/layout/set/print/temas especiales/economía/entrevista a Manfred Max-Neef”. 6-7-2011.
9) Moreno, Mabel “Posmodernidad y Crisis de la Civilización. El Proyecto Humano”. Revista Relaciones. Uruguay. Diciembre de 2012: No. 343: pp. 1-8.
10) Nax-Neef, Manfred “Del saber al comprender: navegaciones y regresos”. Revista Axis Mundi. Marzo de 2014. Número 11: pp.12
11) Herskovits, Melville J. “El Hombre y sus obras”. Fondo de Cultura Económica. México. 1964: pp. 567.

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