jueves, 16 de octubre de 2014

Mi segunda novia fue emborrasquilada

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Como pareja de mi primera novia, todavía no habíamos tomado la embocadura a nuestro amor. Yo deseaba vencer las primeras dificultades de ella. Los amigos ya nos habían embocado la noticia de que el día de boda era tragar y comer mucho y deprisa, pensando en la luna de miel. Yo siempre decía “que mas vale mujer a mano que puta follando”, que es un refrán de la putería, que me dijo un cuñado mío muy mujeriego, que es decir que es mejor tener una mujer a la mano que salirle a una puta y andarle follando, pagando.

Yo la quería, y le dije que le metería algo por la boca, y entraría con el miembro por su parte estrecha. Ella no quiso creer, pensando, con recato artificioso, que no era cierto, enfriándose un poco la relación, aprovechando el momento una señora del pueblo, “la Egilona”, y su marido, Rodrigo, que estaba bien escarmentado de su primera mujer y de esta, los cuales me convidaron a unas chuletas de lechazo a la parrilla en su bodega.

Con engaños y alegrías trajeron antes a Egílope, mujer silvestre, “rompesacos” que ya me abonaba, y clavaba tablones de amor sobre mis hombros como si fuera sobre los del forro de un buque para aumentar su manga. La metieron en la bodega, alrededor de la cual colocaron gavilla o atado de sarmientos como se hace alrededor de los zarzos donde se crían los gusanos de seda, para que nosotros después de quitadas nuestras mudas nos amemos penetrando, montando a hacer como los gusanos de seda sus capullos, cual embojo o enramada que se les pone para que hilen, y nosotros para que el mozo, entrando y saliendo de ella, le de a la mujer de los calostros, cual primera leche del pene después de pajeado.

Yo soy Eginardo, nombre del historiador y secretario de Carlomagno, a quien con embuste y chisme, como a Egílope, para igualar el año del macho con la hembra, nos metieron en la bodega, saliendo ellos y cerrando su puerta, para nosotros dos separar de las pieles el pelo cerdoso antes de aprovechar el que es útil para la fabricación del fieltro. Nos abrazamos desnudos con objeto de modificar en cada instante la relación entre las capacidades de nuestras partes, delante y por detrás, enrareciendo o comprimiendo así los fluidos que dentro de nuestros cuerpos se contienen.

La emboqué. Pasé mi cosa por su parte estrecha. Labré su boca y eche boquilla a su sexo labiado, untándole con boñiga perdida para las plantas. Le puse albardilla cual a ave para asarla. Eché borrones, haciendo sexo deprisa y desaliñadamente. Cubrí el rostro hasta las narices o hasta los ojos con el embozo lechoso. Le prometí amor eterno, y me pidió casarnos.”Sí, quiero”, le dije en conversión espontánea en polvo. Con el acaloramiento de los ánimos, su sexo estaba excitado, desprendiendo burbujas gaseosas a través de un líquido en exhalación o evaporación de espíritus vitales o de vapores de algunos cuerpos.

Por el ventanuco enrejado de la bodega, se apostaba gente. Vi caras como bustos de monedas, sellos y medallas. En voz alta, disputándose con vocería y alboroto la palabra, se les oyó decir: “Mira, mira, Egílope, “la Emborrasquilada””, de emborrar, dar segunda carda a la lana, y esquilada, cencerrada.

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