martes, 28 de octubre de 2014

Milenio

Gustavo Robles (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En la soledad de tu ausencia, quiero contarte…

El crepúsculo avanzó sobre la claridad
desdeñoso
Fue matando una a una las diáfanas auroras
Fue matándolas, poco a poco
Sin darse cuenta, casi
Traía consigo el impulso del cambio
Con algo de místico
Con toques de magia

Y sí, llegó el día
Sí, ése con el que soñábamos ayer
Ese Oráculo inalcanzable,
proveedor de maravillas y futuros de utopía
Ese mezclador de tierras y tiempos, espacios y estrellas
Y naves surcadoras de infinitos
Lo esperamos detrás del asombro crédulo
Yo a tu sombra y a tu luz
Vos desde antes de mi tiempo

Llegó el día que prometía
llegar lleno de promesas cumplidas
Pero tengo que decirte, ahora que te cuento,
que sólo han cambiado el envoltorio;
lo han cambiado los que siempre cambian
para no cambiar nada
Y así estamos ¿sabés?
Hoy tenemos computadoras, Internet, correo electrónico,
dinero de plástico, cajeros automáticos,
fábricas con terminales y producción repartida en los cinco continentes,
noticias al instante del otro lado del mundo
Y un montón de información que nos ata más que nos libera
Dicen que pertenecer tiene su precio
y quien no tiene precio no pertenece al orden establecido
En las puertas de acceso al mundo,
los señores se reservan el derecho de admisión
Y no admiten mayorías
Han pergeñado, en fin,
todas esas cosas que,
como dice un amigo esclarecido,
acercan lejanías y alejan lo cercano
¡Pucha! Si optimizaron la tecnología para colgar zanahorias delante de las narices
¡Y la gente va!
Hoy, dicen, los científicos pueden duplicar animales a partir de una célula,
incluso al hombre
¿Para qué? Si parece que sobramos tantos…
Construyen estaciones espaciales y proyectan vacaciones en la Luna
¡habiendo tanto humano a la intemperie!
¡Ah! Vos, que conociste un mundo bipolar, a punto de estallar…
Hoy existe un solo Bloque
No hay más Muro ni Guerra Fría…
pero la explosión sigue latente
y los muros se hicieron abismos

Dicen que cambió el milenio
Dicen
Pero ¿sabés?
Yo no veo ningún cambio en la esencia de las cosas
Hay hambre en la Tierra todavía
Y no cede, sino crece, y crece
y crece
Como cuando vos te fuiste
Hay los ojos tristes que miran implorantes y vienen desde el fondo de las eras
Hay esas heridas de injusticia cubiertas de olvido y desabrigo
Hay ese dolor y esa impotencia
y tanta sangre que se escurre entre las piedras
Hay aún, y aún peor,
ese mundo desigual que conociste
Imágenes desgarrantes de miseria organizada
Hay esa perenne obscenidad
¿Sabés? Cuatrocientos caballeros reúnen la riqueza
de más de la mitad de la gente del mundo
¡Obscena repugnancia!

Pero no todo es lo perdido
Eso también quiero decírtelo
Me falta tu presencia pero me sobran tus recuerdos
Allá afuera, todavía,
queda el fuego en llamas repartidas
y se esparce en todo el orbe
Aunque los represores de luces quisieron apagarlo: no pudieron;
el viento que lo aviva sopla incontenible
Allá afuera, todavía
flotan los viejos aromas
y ese aire fresco en las mañanas
con el rocío como póstumo lenguaje
Por las noches, cuando asomo,
aún asoman las estrellas en el patio de la casa,
ése y ésas que compartían tus ojos con los míos,
abrochados a charlas de la vida con sus cosas,
inventando la filosofía de la ternura en mi memoria

Queda el sol guía fluorescente, brillando en interiores brillantes
Quedan las rosas con espinas y los balcones con macetas;
los barrios con olor a pueblo y el mate cebado en las veredas
Quedan las sonrisas y el afecto en universos verdaderos
En fin, quedan la esperanza y los sueños de epopeya
indivisibles a la esencia humana

Quedan quienes nadan contra la corriente degradante

Contra eso no han podido
Ni podrán: el hombre nació para soñar libertades
Todos, no unos pocos

Y bien, Viejita querida
así ha llegado este almanaque cargado de tres ceros
y vacío de vos a mi lado
Hubiera querido que lo vieras ¡Tanto!
¡Cómo!
Entrar con vos en esta Era, protegido en tu mirada
Pero sólo puedo hablarle a tu memoria
Allá donde estés (porque estás)
Mientras añoro tu ternura

Gustavo

Te extraño, Viejita...

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