miércoles, 26 de noviembre de 2014

Afuera del agua, la bestia

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Unos niños están jugando con los ojos tapados, la mano extendida, los dedos arriba, la palma fuera, y le pregunta uno que le tiene entre las rodillas y le aprieta la venda que le tapa los ojos, dándole en la palma de la mano otro:

-Adivina ¿adónde vais, catalanes?, ¿a la independencia? Y responde con otra pregunta:

- ¿Adónde venís, catalanes?, ¿a la sumisión? Ah, grita el que está sentado, pero por ahí no me adelantarás, retirándose de entre las rodillas por si acaso.

Mientras tanto, otros cantaban haciendo coro: “Ligo, junto, excito, trabajo, crezco, nutro, muero”.

Dejé de mirar a los niños, y me puse a escuchar a uno que dice que era de Montiel y gran parte de Sierra Morena, quien hablaba con otro que era de Calatrava quien dice que quería entrar en negocios con su yerno que era un grande politicazo de España.

El de Montiel y Sierra Morena: La teología del robo y el pillaje está recogiendo sus frutos como vemos a través de esos tomadores robaperas y salteadores ermitaños de cajeros y congresos que afianzan su personalidad tan fuerte y tan grande pues ponen a don Dinero por ayudador y modelo.

Quiso hablar el de Calatrava, pero no le dejó, continuando:

-Sus frutos son para el pueblo amargos, más para la casta gobernante son agridulces, pues ellos están en la corriente sana de la mística del pillaje que, con la contemplación bancaria adquirida y la autosuficiencia de las urnas se llega a tales extravíos. ¡Santos ladrones, quién os lo diría cuando estabais soñando vuestras fechorías y pillajes dormitando en los escaños, o en mítines con carabobos engañados¡

-Calla, y déjame a mí, le cortó el de Calatrava, diciendo:

-Poco avanza la Ciencia y la Razón, pues la teología del Rebuzno y el timo de la Estampita o tarjeta bancaria lo llenan todo. En los púlpitos se predica Rebuznando. En los confesionarios se describen pajas y adulterios. El auto sacramental de los maleantes empapa la Península Ibérica. Las campanas de la catedral tañan comprendiendo la intención de los gobernantes. La Cristiada, la Jerusalén Libertada son anillos en nariz de puerco. El Quijote es un “aquilinó” ladrón ratero en manos de los “Aracandaís”, Guardia Civil, y el Romancero está escrito en “Arañas”, carteras de rateros en bolsos de tarras, viejas, ancianas.

-Tienes toda la razón, le respondió el de Montiel y Sierra Morena. Ya ves la Educación. En los libros dedicados a la educación y formación de los niños y jóvenes no se aprende otra cosa, por su mismo contenido, que el saber que la cultura humana es tortura, tormento, verdugos y esposas, grilletes, carnavales de manifestaciones y porrazos represivos, pues los “apuntadores”, agentes de la autoridad hacen realidad sus ansias de tortura y tormento, que son el sueño de los gobernantes, que están contentos de saber que la nación está llena de “Angustias”, cárceles, presidios.

-De tal modo, replica el de Calatrava, se puede decir que este siglo, el más alto y brillante de nuestra historia, uno grande y libre, (jaja, rieron los dos), está informado y em-papado en el claro resplandor de la teología de los maleantes, repleta de “Fulidores”, ladrones que trabajan por el procedimiento del encamelo, enamorando, y “Fulleros”, jugadores políticos de oficio que se valen de trampas para ganar y seguir en los mejores puestos , a quienes ensalzan sus partidos espaderos, que fabrican llaves falsas.

-Si, responde el de Montiel y Sierra Morena. Y sigue: la humanidad en su conjunto retrocedió. Mejor dicho, nunca avanzó. El pueblo está más atemorizado que en tiempo de los bárbaros. La humanidad jamás tuvo tiempos gloriosos, pues asesina más cruel y sádicamente en estos tiempos que en la era de los bárbaros. Los señores de la guerra, dictadores, el Vaticano y todas las religiones que no son más que crueles enterradores, estafadores o timadores de la vida y de la muerte, ofrecen a sus pueblos un presunto tesoro enterrado en el suelo o en el cielo, parecido o igual a ese del cuento del Cofre del Cid en el que unos dicen que no encontraron más que un montón de tierra, otros que los testículos de los Condes de Carrión que, después de manoseados por las hijas del Cid, ellas se les arrancaron haciéndose después las ofendidas, y otros que, en este cofre no había más que tiña y polilla del Obispo de Calahorra.

-Pues sí que es verdad, concluye el de Calatrava. En este pueblo, se testa la codicia. Los políticos entran en grandes negocios con la confianza de las buenas hipotecas del gobierno. El pueblo se muere de pesadumbre viéndose engañado. Todo se acomoda a fingidos encarecimientos de riquezas, y no hay igual justicia para el pastor que para la zorra. Entre pueblo y pueblo hay esparrabo, fractura. Entre partido y partido, expendedores de riqueza y falsa fama. Entre clase social y clase social espejos, trampas fulleras que consisten en verse las cartas. El problema de la vivienda, el trabajo, los desahucios, la caridad están en manos de ONGs que han hecho del hastío de la vida y la abulia atenazadora de un pueblo estéril y egoísta su sueño de sanguijuelas.

-Tal galardón recibe el pueblo que a dios y a sus políticos sirve, contestó el de Montiel y Sierra Morena.

-Es verdad, replicó el de Calatrava. Vivimos entre el “Cuento de la Estampa”, molde de cera obtenido de una cerradura para falsificar la llave, y el “Cuento de la Estampita”, billete de banco en manos de los poderosos que se mueven en el ontologismo de mancebía, el tradicionalismo del verdugo, y el concordismo bíblico fascista.

Hizo una pausa, y siguió:

-No hay vida. Y la que hay es vana y está en manos de políticos y banqueros. La Iglesia está falta de vida, pues la verdadera vida de las almas, al escucharles, escapa corriendo. Como yo que me voy contigo a ese lugar del campo de Montiel en Andalucía donde pasaremos algunos años en granjeos amorosos, como he has prometido.

-Si nos dejan, replicó el de Montiel y Sierra Morena.

-Claro, contestó el de Calatrava.

Yo quedé contento.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.