martes, 4 de noviembre de 2014

El camino a la lectura, como el camino a las profundidades, es un camino muy solo tanto de ida como de vuelta

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Topé en red con una reflexión que me sedujo, no sé por qué, pero me puse a escarbarla y tal si hubiese sido un cascabel me habría picado puesto que me dejé ir fascinadamente por el tema: La lectura: ¿una práctica en extinción?, del autor Marcelo Colussi.

Creo entender que el autor trata de significar la tendencia creciente a dejar de lado la lectura para recrearse en las tecnologías audiovisuales que por lo general presentan un paquete ideológico contentivo de pérfidos señuelos, valores del consumismo capitalista chupasangre.

Y, sensibilizado por el tratamiento del tema, estuve de acuerdo, puesto que en la medida en que nuestras sociedades sucumban a la globalización, valga que a obedecer a un solo patrón y para colmo, el capitalista, lo probable es que desemboquemos en el más catastrófico quiebre cultural habido hasta el presente.

Cada vez más el proceso comunicacional global tiende a afianzar el llamado método de la aguja hipodérmica, por demás nocivo porque no sólo coarta el derecho a expresarse sino inclusive, el deber de pensar con libertad, es como meter al individuo en un cepo y para colmo de males, maltratarlo al punto de una denigrante humillación.

El autor da a entender claramente que el creciente desuso de la lectura y el consecuente quiebre cultural puede ser una posibilidad a corto plazo, por lo que insta a estar moscapil (valga, mosca con las pilas puestas).

La invisible sombra del monstruo puede ser tal que cuando tú apagues el televisor, el celuloko, el video juego, la licuadora y etc. mil vainas, y vayas a pretender dormir para reanudar la rutina horas más tarde, mientras la Tierra da un sucesivo giro alrededor del Sol, un basurero hirviente siga curso en tu cabeza.

La lectura no es una actividad sin sentido, todo lo contrario, es un ejercicio inclusive físico, además de intelectual, cognitivo. La lectura es un vínculo del sujeto social con la historia; no es nada inocente que las corporaciones mercantilistas, utilitarias, del capitalismo salvaje, sean las que promuevan el desuso de la lectura, de manera sutil y venenosa, inundando el mercado, precisamente de libros de autoayuda contentivos de basura, para de tal manera desviar el interés hacia la criticidad de los clásicos del pensamiento universal y buscar el anclaje en una audiencia cautiva, manipulable, esclava y enajenada, para así, de esta manera, drenar los legítimos intereses de la sociedad hacia la lectura crítica, constructiva, hacia el estercolero, y castrar toda tentativa de liberación; tal vez la sociedad de consumo apela a aplicar aquello que dice que no hay peor cuña que la del mismo palo.

En sentido lato, la lectura es en mucho al desarrollo de la personalidad lo que las cabillas son a las paredes, una persona que no ejerza su derecho a leer y conformar sus propios criterios es en mucho como una hojita seca y liviana a la que la corriente lleva mansamente, sin resistencia.

Con la lectura, el lector desarrolla su inteligencia crítica, aprende a guiar el curso de sus pensamientos, califica para discernir apropiadamente todo lo que pueda o no estar a su alcance, pondera la realidad con suficiente aproximación, se orienta bien.

Estimo que existen categorías de lectores pero para no ir a profundidad me basta suponer una categorización al ojo por ciento -%- entre buenos y malos; confieso que yo soy un mal lector; el buen lector adquiere una apropiada velocidad de lectura y yo soy lento, tal vez la exagerada lentitud o la exacerbada prisa no sean lo más apropiado para comprender una lectura, para digerir una debida apreciación mental de la lectura; estos son otros aspectos del tema pero pienso que echan luz.

Ahora bien, siendo yo un mal lector -convicto y sinfeso (valga así)- podría yo no ser alguien autorizado para tocar el tema, mas, dice un refrán que los locos abren los caminos para que los sabios los recorran.

Por añadidura y para corolario, mi parecer es que el camino a la lectura es como el camino a las profundidades abisales de la consciencia, un camino muy solo tanto de ida como de regreso. Y más solo todavía, por la extrema complejidad de los esfuerzos mentales debe ser el camino de las creaciones literarias, particularmente, crear libros.

Y, a propósito de libros, bien dijo Borges en su “Ficciones”, que “... un libro que no encierre su contralibro es considerable incompleto…” (+ ó – sic).

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.