jueves, 13 de noviembre de 2014

La dama voladora de Copacabana

Andrés Eloy Hernández (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Ella iba con su patineta veloz, por Copacabana. Como movimiento de renacimiento. Rápida como poesía en busca de un corazón y allí se queda. Portaba una fragilidad y una fuerza como las estampas que sugiere Schubert en su Serenata. Conducía su mar con estrella en la frente repartiendo con su patineta flores amarillas, como construyendo un inmenso manojo que otorgaba una esperanza lejana y próxima a quien la miraba. Esbelta, como una mañana de Agosto en Chuspa o La Sabana. Esbelta, como una sultana imponente de Ramos Sucre, emergiendo hacia la raya azul, absolutamente perfecta como su decisión y su signo. Parecía que volaba sobre un instinto escapado de la Constelación de Orión, como buscando un arpa sobrenatural con la velocidad de una flecha disparada hacia la conjunción de su destino.

Yo la seguí, volando como Cupertino, pero sin los desenfados ni sus distracciones. Ella volaba sobre el mar, como una abeja en busca de un polen submarino en dirección de su elemento acuático, para disfrutar su infinito presente de dama en la pasión y posesión intensa, buscando tal vez su Ulises y librarlo para siempre de Penélope, que continuaba asediándolo, para arrebatarle su sueño de alma carioca peregrina.

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