martes, 4 de noviembre de 2014

Nuevo reino de La Tunia

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



No me gusta el Camino de Santiago, donde tanto anda el cojo como el sano, para hacer creer lo que no es cierto. Me da asco y repugnancia, escupo, un camino para buscar la cagada del lagarto, que se aparea en Roma, donde ni mula coja ni bolsa floja, o ir capando chicharras, como quien siembra en el camino, que cansa los bueyes y pierde trigo; no me gusta el Camino del Cid, camino de vasallo depredador, asesino y violador, mercenario, que se dejó dar por culo por el rey Alfonso, que le puso en forma de garabato, y le metió el pie en el estribo hasta la garganta, engañando el sueño, el tiempo, el hambre; no me gustan las Costas o Caminos de los Dinosaurios, para cerrar los ojos a la verdad por agradar más el error, el engaño, como pasa con los falsos museos de la evolución humana y las falsas y embusteras edades del hombre, hechas para zombies y extraterrestres por afán de hacer dinero, y engañar halagando, empleando malicia y fraude en los tratos y contratos con engaño artificioso con apariencia de utilidad.

Cual es la campana, tal es la badajada. Restablezcamos la verdad. Saquemos del engaño a la Historia que aún no se ha retraído de lo pactado por creer haberse o haber sido engañada. La Historia es maestra en hacer trampas y fullerías A mi me gusta la tierra hollada por donde se va de un punto a otro, aquellos por donde pasaban caballerías y hombres, que se echaron al camino, se hicieron bandidos. Me gustan los parajes por donde anduvieron, transitaron y moraron los bandoleros ladrones de caminos, y malhechores catalogados por la interpretación siniestra de aquellas Hermandades del crimen, nacidas para Dios y el Rey, siendo la primera, se asegura, aquella de San Martín de la Montiña, en Toledo, y esas Cofradías del horror y el asesinato, entre las que destacó la de Ciudad Real, que hizo célebre el dicho “el que malas mañas ha, tarde o nunca las perderá”, “sacando por la mañana a los reos en un carro, acompañados del verdugo, de agonizantes y de algunos cuadrilleros, conduciéndoles hasta el inmediato Peralvillo, donde se les colgaba de los árboles o en postes y los ballesteros les daban muerte hasta descuartizarlos”. Zahora 12. Si sus miembros no eran descuartizados, se les colocaba en distintos puntos al paso de los caminantes.

Me gusta transitar y disfrutar de los parajes del “tiro en la nuca” a donde llevaron a los Republicanos por entre loberas, cunetas, paredones de apriscos y masías o cortijos, donde al crimen de cruzada hicieron santo y consagraron a Dios y al Caudillato facho, que emuló y superó al Santo Oficio, dedicado al robo, la violación y el bandidaje consagrado. Desde el papa Celestino Quinto que expidió una Bula por la que se concedía a la Hermandad formada por Toledo, Talavera y Ciudad Real el dictado de santa, pasando por la Santa Hermandad “la Vieja”, y otras, hasta el nuevo papa y los venideros, el crimen institucionalizado se instaló en España, haciendo del bandidaje una de las principales actividades de la vida política y social reinante, creadas por folletinistas partidos de novelones que hacen furor y saña con sus constantes saqueos de dinero, desahucios y robo de derechos ciudadanos amparados por la legalidad vigente, siendo gracioso que las Cofradías y Hermandades constituidas como fuerza opositora de los “delincuentes, malhechores y exaltados bandoleros.”, bajo la advocación de algún santo o virgen, se hallan constituido hoy en partidos o castas bajo la advocación de los mismos santos y vírgenes, viendo a ser imitadores de la misma delincuencia de entonces, con la diferencia que hoy ellos roban y desahucian y empobrecen a la ciudadanía y roban a los pobres para dárselo a los ricos o a la Banca. Así, La lucha contra el crimen sigue, pero hoy es el pueblo contra el poder dedicado al bandidaje.

Me gusta leer, y recordar, al pie del castillo de Fuentes de Valdepero, en Palencia, el Fuenteovejuna de Lope, y El comendador de Ocaña, de Calderón, viendo venir y pasar a muleros, porquerizos, tratantes, quinquilleros, maleantes y gente de mal vivir, indocumentados hoy, como Frondoso, Pedro Crespo y Peribáñez, que llegan hablando de que la Justicia es un drama trágico de esta España de Toros, Fútbol y Pandereta . Nos cuentan que lo que hacen hoy los políticos y los poderosos por imperativo legal o mandato del rey, es un atropello a la Ley que es día a día atropellada, abusada, desvirtuada, envilecida, haciendo de los atajos que tomaban los antiguos bandoleros por sus serranías caminos reales. La exquisita y azarosa carrera del bandidaje se ha convertido hoy en una Memocracia de larga y beneplácita carrera política con Másteres y con Laudes. Robar y desahuciar es vitola en la heráldica de España. Del bandolerismo romántico y aventurero al bandolerismo honroso y celebrado a la Carta Magna hay un solo paso, como el de Ruspa o Ruspina en África hasta Granada, en el tiempo en que los vándalos dominaban.

Veo unas aves encaramadas a lo más alto de los árboles o del peruétano y jícaras de un poste, de los que cuelgan los cuerpos muertos a traición, y descuartizados por las saetas, de bandoleros y malhechores alevosamente apresados, y quiero escuchar el buen trabuco de Carlos Moor de “Los Bandidos”, de Schiller, por los montes de Andalucía, .intentando reformar la sociedad y liberarla del sometimiento y robo a la que le abate la Justicia, cual bandolero largo en la dádiva y rebelde en la injusticia. Quiero ver a Diego Corrientes y a “El Tempranillo”, quitarles a los ricos para darles a los pobres. A Luis Candelas, con su petaca y librito de papel romper con su trabuco las trabas vejatorias de la ley. A Omar Ben Hafsun, el caudillo del Chorro, de Málaga, salteador de caminos, asomado a la “Historia de los musulmanes”, de Reniero Dozy. Quiero ver al bandido Pedro Machuca, forajido refugiado en La Sauceda, de Ronda, con los suyos, del que hace mención Cervantes en “El coloquio de los perros”. Quiero echar fresco, adularles, lisonjearles, a “Los Golfines”, ladrones de ganado en tierras de La Jara, entre el Tajo, los montes de Toledo y las Villuercas. A “Los Molfies”, moros que no quisieron rendirse y se refugiaron en la sierra, “de feroz espíritu combativo” Zahora 12, que saqueaban las aldeas, asesinaban a los cuadrilleros criminales de la Santa Hermandad, y a los soldados de los Tercios Reales, para regocijo de los pueblos. A “los Algarines”, por tierras de Córdoba.

Quiero celebrar a los hampones cantados por la leyenda como “La Garduña”, en Toledo, gente bailadora, peletera, valentona. Tesoro artístico español. A los Hermanos de la Camándula”, redomados pícaros que se hacían pasar por romeros y peregrinos, quienes con oraciones y romances y beatíficas maneras y modales explotaban el sentimiento religioso de la época. A los Beatos de Cabrilla, que aposentados en la sierra de este nombre como una comunidad de anacoretas, pusieron en práctica el original sistema de robo de compartirlo todo con ellos, muy actual hoy en día. Me siento como en una reunión de gentes agradables y de buen gusto. Pienso en el atavismo feudal evolucionado en Memocracia. El analfabetismo ilustrado se sirve en bandeja real. La podredumbre de esta sociedad es evidente, como diría el Hamlet de Shakespeare. Siguiendo a Blas Infante diríamos que el bandolerismo de estado es una forma de poder aflamencada. Él nos dice en “La verdad del complot de Tablada” que el bandolerismo fue una de tantas manifestaciones del flamenquismo local, y nacional, y ésta, a la vez, como producto de la opresión política sufrida por el país desde la Reconquista, que acabó con todo el próspero desenvolvimiento de las cualidades de una raza tan ilustre como brillante”.

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