jueves, 13 de noviembre de 2014

Poema

Amelia Arellano



Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre…

Chales Bukowski

Ese animal, más bello que las bestias humanas.
Tiene el resplandor de sombras ciegas.
La vida lo fumó como un pucho.
Él repite el ritual sobre su herida abierta.
Para matar el tiempo comparte la comida de perros callejeros.
Sus pies renguean entre arpones. Ya no le duele, no.
-La piedra ya no pesa Sísifo-
A veces, quizás para apurar la cicuta, la recuerda.
Mira hacia abajo, se concentra en el vidrio y añora.
Bebe de los pezones de la noche y del súcubo.
Negro que te quiero negro, negra muerte, negra vida.
¿Cómo olvidar el agua? ¿Los espejos? ¿Las orugas?
En su barba los pájaros hacen nido, y el viento.
Suele volar con sus fantasmas cuando llueve.
Lo acompaña una campana rota y un agua marina.
Y… hay que vivir hermano, toma esta moneda.
Sabe que el vendaval es pasajero…y espera.
Aluna vez se ha permitido ser lápida.
Un murmullo de lágrimas que cubren esa espera.
Pero lo sabe “Dios está enfermo, grave”
Lo conforta la ceniza del pucho, que demora y no cae.
Ese animal, más bello que las bestias humanas.
Me astilla. Hace añicos el costado de mí culpa.

(Gracias Santiago Jiménez, por la foto)

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