miércoles, 3 de diciembre de 2014

¿De qué se ríen…?

Ernesto Martinchuk (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Existe gente que se ríe de todos nosotros y no advierte que esa risa es el cuchillo con que se asesina al ausente, el falso juramento con que se vive engañando al presente. La risa no se alberga sola en el rostro, duerme en la misma cama con la mentira. Querer reír de todo en todas partes no representa más que pobreza de espíritu.

Hay quienes vierten lágrimas mientras contemplan las miserias humanas, otros se ríen de ellas. ¿Cuál de ellos tendrá razón? Porque existen miserias ridículas y miserias lastimosas. Tanto la risa como el llanto son hermanos que muchas veces caminan juntos o a un paso de distancia el uno del otro, y van alternándose a lo largo de los siglos.

Existe una risa fina y delicada que se convierte en tónico de la vida que nos salva de caer en la tristeza. La risa alimenta el alma, se burla de los quebrantos y obra sobre nosotros como si a nuestro lado iríamos de la mano de un ángel.

Existe una risa fina y penetrante que va directo al corazón, como un frío puñal, con malicia e ironía desangra lentamente a su víctima. Esa risa que pertenece a un espíritu sutil y sarcástico extraída del odio y la envidia, lo único que persigue es envenenar a sus semejantes.

Existe una risa feroz que abruma y sofoca a quien la está escuchando y la suelen tener personas malignas que sólo pretenden el mal del prójimo. Se inflama, envenena y destruye al enemigo.

Existe una risa que es como el trueno pero sin rayo. Risa de tonto que se produce sin oportunidad, suena sin melodía, y sólo sirve para incomodar los oídos.

Existe una risa para la especulación. Los que la tienen pasan por inteligentes pero son vividores y mentirosos. Creen tener mucho talento y festejan cualquier tontería.

Existe una risa por imitación, para que los vea el jefe, son como los aplaudidores. Viven fingiendo y andan provocando a la gente con ese cómplice mirar que irrita hasta a los más humildes. Fingen y viven mostrando su insensibilidad y su imbecilidad, pero con una buena cuenta bancaria.

La risa es saludable cuando viene de la razón, es necesaria para el buen temperamento del alma y del cuerpo. Cuando nace de las entrañas, donde el corazón y el espíritu tienen parte en ella, la risa es como un destello que alumbra nuestra parte moral, tan propensa a las sombras de la melancolía. Si la chispa nace entre la honestidad y la decencia, son un buen antídoto contra los sinsabores de la corrupción e imprime en el rostro de quienes la saborean el amable gesto que las Musas denominaron, dulcemente, sonrisa.

La carcajada, en cambio, tiene algo de ordinario, de vulgar y molesto, que poco tiene que ver con la risa noble de la inteligencia.

El hombre, entre los seres mortales de la naturaleza, es el único que posee la facultad de la risa. Los animales saben llorar, pero no disponen de ese medio para mostrar sus alegrías.

Fue Satanás quien lloró en presencia de su corte al considerar su miseria profunda y jamás se le ha oído la grata risa del placer porque no la conoce, si ríe es de desesperación, de dolor.

Es necesario condenar al hipócrita porque engaña y la peor de las maldades es la que pretende hacer aparecer sutilmente con el manto de la bondad. Nada degrada más que oír al malvado hablar como virtuoso y nada es más cínico que decir lo bueno cuando se proyecta ejecutar todo lo contrario.

Existen seres humanos, sarcásticos y malignos que toman cualquier camino para dañar al prójimo. En estos, su risa es amarga, recordemos la de Antonio cuando le trajeron la cabeza de Cicerón.

Y pregunto ¿qué esconden los políticos en sus campañas de afiches en la vía pública, como sus apariciones en la televisión? ¿Por qué todos aparecen sonriendo? ¿De qué se ríen…?

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