viernes, 19 de diciembre de 2014

El secreto de la cama 5

Miguel Ábalos (Desde Canelones, Uruguay. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Sólo su cabeza asomaba por debajo de las blancas sábanas. Tenía grandes ojos y la mirada perdida, lejos, como en un vacío infinito. Su rostro pálido me trajo a la memoria a alguien, aunque sin saber a quién.

Sólo se sabía que era un alcoholista ingresado al hospital en la madrugada. Lo había encontrado la ambulancia, tirado en una calle del barrio La Mondiola. Los médicos decían que era difícil interrogarlo porque había perdido la noción del tiempo y del espacio.

No tenía conocimiento del mundo que lo rodeaba, y sin embargo, tenía una expresión inteligente e ingenua al mismo tiempo. A veces esbozaba una sonrisa de niño, que también creí haber visto en algún lugar. Al parecer, la voluntad lo había abandonado, así como todos sus recuerdos.

En cada recorrida que hacía por la sala, no podía desviarme de esos ojos, que me miraban siempre desde la cama 5. Nadie se había fijado en él, pero para mí era alguien conocido, oculto, lejano, y su mirada me abrumaba.

Traté de dejarme llevar por sus ojos intentando recordar a qué rostro pertenecían... Hasta que comencé a vislumbrar una sensación que se fue transformando paulatinamente en realidad.

Me vi entonces acodado al mostrador, tomando vino. Me vi emborracharme hasta no poder más. Me vi arrastrándome por la vereda y quedar caído junto al cordón, en una calle del barrio La Mondiola... Y me encontré despertando en una ambulancia, camino al hospital.

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