jueves, 11 de diciembre de 2014

Prefirió guardar las apariencias

René Franco (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Julio, 1997, sábado, el bar de siempre, 19:15, es invierno y la fuerte lluvia matiza el estridente ruido que sale de la rockola, Joaquín se encuentra un tanto intranquilo, su mirada no compagina con aquel ambiente estrambótico, se siente incómodo, hay algo que no deja disfrutar de su noche; Orlando, Eddie, Fernando, lo notan, pero el silencio -que les ha sido impuesto- les obliga a no pronunciar una palabra, Roberto sentado frente a Joaquín, no ha hecho otra cosa más, que lanzar miradas furtivas a éste, mientras Joaquín escribe incesantemente, sonrojado, evita mirarle a los ojos, a Roberto le resulta todo un espectáculo ceño fruncido, ojos saltones resaltados por el color cobrizo de sus grandes anteojos, observan detenidamente cómo el viejo lapicero se desliza y va dejando ideas mal puestas en la libreta de taquigrafía.

23:27, hora de marcharse, el bar está casi vacío, Orlando es el último en irse -además de Roberto y Joaquín- Roberto sabe que Joaquín vive lejos, le ofrece su casa -a pocos metros del bar- mientras su hermano Renato, pasa recogiéndole, Roberto siempre le ha visto como un hermano menor, juguetón, inmaduro, reflexivo, tan apasionado por las letras como él; esa noche Joaquín entendería el amor, o una aproximación a éste, al llegar a casa Roberto cerró la puerta, acto seguido Joaquín se lanzó sobre Roberto y posó sus labios sobre los de este, se besaron con locura, sus bocas destilaban poesía. Joaquín descubrió, que después de todo, esa sensación de intranquilidad, no es otra cosa más que la realidad misma: Joaquín ama a Roberto, tanto como Roberto ama a Joaquín. Esa noche, sería la más intranquila de todas para Joaquín, no puede ocultarlo, como -pasados un par de meses- tampoco puede ocultar que los incesantes poemas, las continuas muestras de afecto por parte de Roberto, simplemente lo tienen enamorado.

Joaquín vive luchando día a día con sus demonios internos, no puede sobrellevar la frustración que le causa el 'qué dirán':

¿Qué dirá su padre? Reconocido cardiólogo en el gremio médico.

¿Qué dirá su madre? Asesora gubernamental, y catedrática universitaria.

¿Qué dirá su hermano? El reconocido barista, cuyos premios y reconocimientos internacionales no caben en su habitación.

¿Qué dirá su medio hermano? El aventurero que abandonó su puesto como tecnócrata, para fundar su empresa.

¿Qué dirá su hermana? Chiquilla adolescente, quien ve a Joaquín como su ejemplo a seguir.

¿Qué dirá su cuñada? Que está por convertirse en madre, y acaba de recibir un ascenso la aerolínea donde trabaja.

¿Qué dirán sus amigos? ¿Qué dirán sus camaradas? Esos que ven como ejemplo incorruptible, activo y luchador, a Joaquín.

Probablemente, estos cuestionamientos son demasiado escandalosos para sobrellevar, pero Joaquín debe tomar una decisión: amar a Roberto, sin importarle nada o responder con hechos a los eternos cuestionamientos de sus padres, '¿Y tu novia? ¿Cuándo nos presentás a su traida?'

Joaquín debe decidir, lo sabe… Repentinamente consigue novia. Glenda, regordeta, de estatura baja, cabello largo, sonriente, de buena familia, la tipa ideal para callar a quienes le cuestionan, a sus padres, sus amigos, sus camaradas. Joaquín debe actuar rápido, besos escandalosos en público, muestras sobreactuadas de afecto a quien ama, no debe dejar margen de error.

Roberto ha perdido la batalla, lo sabe; se rinde y no insiste más... A Joaquín no le queda más, que seguir actuando, debe guardar las apariencias, sus padres no pueden enterarse que 'es hueco'... Todo sea para que no le cuestionen, verse cuestionado se traduciría en la condena familiar y la vergüenza de su generación.

Algunos años más tarde, las infidelidades -con hombres y mujeres- por parte de Glenda, acabarían con la relación, la excusa ideal para 'salir del closet', finalmente ya es independiente, vive en apartamento de soltero, y no le falta nada… Y del mismo modo, para buscar a Roberto, por quien ha gastado mil formas para olvidarle y aun no lo ha logrado.

Para entonces, Roberto se encuentra a 235 km de Joaquín, Latitud 13°41′22″N, Longitud 89°11′14″W, ha encontrado refugio en otros brazos, de momento es el 'hombre más feliz del mundo' y Joaquín no le significa otra cosa más que un agridulce recuerdo, de 'su primer amor', del tipo al que amó con locura, le escribió en versos, le lloró en estribillos, le encontró en cada novela. No es más que un escueto recuerdo, de quien no supo amarle y prefirió guardar las apariencias.

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