viernes, 19 de diciembre de 2014

Sobre el oficio de escribir. I

Norton Robledo



Yo camino por un lugar de la memoria
el árbol se acuerda perfectamente de su brote

Luis Vidale

Desde lo más tempranos días de mi infancia el descubrimiento de las palabras dejaron el embrujo que aún permanece en mi esencia. Cuando nos referimos al primer contacto con el lenguaje en la mayoría de los casos se remiten al lenguaje escrito, a los signos.

Mis recuerdos de ese primer contacto me llevan a la voz de mi madre. A los lejanos días de mi infancia. A las noches de verano sentados en el patio de la casa. A las de inviernos sentados alrededor de un brasero en el medio del salón de la casa.

Eran los tiempos en el que el cuenta cuento nos traía lo mágico-real en la voz de mi madre y nos llevaba a ciudades y reinos, a personajes y a historia, éramos pequeños y para nosotros la frontera entre lo real y lo mágico, se mezclaban y confundían.

Los años han pasado pero aún vivo poseído por el asombro que lo más fantástico y maravilloso no eran los cuentos y relatos en sí, lo mágico es que por esa época mi madre no sabía leer y no obstante nos contaba cuentos todas las noches del año. Desde esos tiempos es que tengo la convicción y certeza que las palabras llevan en si la magia y el embrujo de el poder de multiplicarse a sí mismas. Escribo para seguir multiplicando las palabras. Escribo en tributo a mi madre, con la creencia de que sus palabras sigan prolongándose a través del tiempo.

Recuerdo como si fuera hoy el día en que al alba cuando la noche viene al encuentro del día y aún se podían ver las estrellas titilando en el firmamento. Íbamos mi madre y yo abriendo surcos en la tierra. Ella adelante con el arado, yo atrás sembrando pan. Dejando caer las semillas de trigo que nos daban el alimento de cada día. No podía dejar de mirar el cielo y me detuve a contemplarlo, mi madre se dio cuenta y se volvió al mismo tiempo que me preguntaba, ¿por qué te has quedado ahí parado? Su voz llegaba a mí desde la distancia. Sentí que para responderle tenía que contemplar el firmamento una vez más. Después de hacerlo le respondí con la inocencia de mis seis años. Estoy sembrando cielo para cosechar estrellas

Cuando escribo voy sembrando palabras para cosechar ideas, deseos, ilusiones y sueños. Que ellas sean estrellas y soles en la inmensidad del universo de la vida. Que ayuden a iluminar el camino del nacimiento de una nueva alborada y con ella un mundo más libre y solidario.

Mis primeros contactos con las palabras escritas me dejaron maravillado por el asombro y la inevitable certeza de que lo que veían mis ojos era un misterio inalcanzable a mi entendimiento. En los meses siguientes seguían siendo un misterio y yo sospecho que ese fue el motivo por el cual mi madre me retiró de la escuela y me devolvió a mi oficio de pastor de cabras.

Mi corto período escolar me había dejado la curiosidad por las palabras. En casa miraba los libros de mis hermanas y poco a poco comencé a juntar letra a letra. Esa era la clave para descifrar los escritos. Podía formar palabras que decían cosas.

Un día dejé las ovejas y en las cabras en el monte. Fui a casa me planté ante mi madre. Los puños cerrados y con toda la valentía que pude juntar a mis seis años. La miré a los ojos y con la voz más resolutiva que jamás he vuelto a tener le dije. Quiero ir a la escuela, mañana quiero ir a clases .Mi madre se me quedó mirando un instante que me perecieron siglos. Me acarició la cabeza al mismo tiempo que me decía, lo que no se aprende al comienzo no se aprende nunca, luego agregó, a no ser que tú sientas en el alma que sí puedes.

Hay quienes escriben para ser famosos, ricos, otros que dicen que escriben para sí mismos. Yo escribo con el afán y la ilusión de llegar a todos. Escribo para expresar mi mundo interior en el cual la locura y la cordura se equilibran sobre una línea delgada y sutil.

En mi mundo interior lo real y lo mágico han estado desde mis más temprano días de mi infancia. Como en esos días cuando iba a los montes a pastorear las cabras y las ovejas me veía al igual que todos los habitantes del pueblo de Canela, obligado a detenerme delante de un árbol enorme que se llama Litre. Mirarlo de frente escupirlo tres veces y saludarlo: Buenos días señor Litre. Y de vuelta del monte detenerme nuevamente escupirlo tres veces al mismo tiempo que le decía: Buenas, tardes señor litre. Nadie se atrevía pasar delante de este árbol sin detenerse y saludarlo. A los que se atrevieron los castigó cubriéndole todo el cuerpo de ronchas, manchas y una picazón infernal.

En mi mundo interior quedó grabado para siempre el día en que descubrí otro universo debajo de la tierra. Fue una noche de verano, tenía cinco años de edad, y con mis hermanas Cristina Irelda y Clara, en la calle con unos amigos, estábamos jugando al "pillarse" al " tú la llevas". Había que correr durante todo el juego y yo me cansaba. Me senté y comencé a excavar en la tierra. De pronto lo vi, era todo un universo debajo de la tierra. Miraba el cielo y veía la luminosidad del universo, miraba hacia abajo y veía ese otro universo. Pero este estaba en movimiento, las luces se movían, caminaban. Yo me quedé asombrado de mi asombro. Dando gritos llamé a mis hermanas y amigos los que vinieron corriendo. ¡Miren! ¡Miren! les decía al mismo tiempo que señalaba a las luces que se desplazan de un lado a otro, ¡miren! hay un cielo debajo de la tierra. Mi hermana mayor me tiró de la oreja al mismo tiempo que me decía: eres un tonto, esas son luciérnagas. Pero hasta el día de hoy lo que mis ojos vieron esa noche fue un universo descubierto debajo de la tierra.

No escribo solamente para expresar mi mundo interior. También lo hago para expresar mi mundo circundante. En los últimos tiempos hemos sido testigos de un desarrollo y avance en los medios de comunicación que no nos hubiésemos imaginado hace algunos años. Este progreso se ha ido dando paralelamente al proceso de globalización en el desarrollo social. El desarrollo de los medios de comunicación y el poder de éstos en manos de las grandes empresas multinacionales que usan estos medios para entregar y difundir ideas y valores que conllevan a la enajenación, a la alienación de las personas. Para conseguirlo manipula la información, disfraza, deforma la realidad social y económica del mundo circundante.

Tengo el convencimiento de que en el siglo XXI, las luchas de las ideas adquieren un papel relevante. La ideología es una parte integrante de la lucha de clases. Asumo el oficio de escribir con una actitud militante. Con la ilusión de que mis trabajos sean una grano de arena en la inmensidad de la lucha. Sigo creyendo que las utopías son posibles. Sigo con la ilusión y creencia de que un mundo mejor es posible.

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