jueves, 16 de enero de 2014

Antes del final

Aldo Luis Novelli (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Estoy solo

Quiero escribir todas las páginas del mundo
leer la cifra secreta oculta en el agua primordial
cantar el canto nuevo de la nueva humanidad/
cantar sin tiempo un canto de lluvia y empaparme la cara
y la sangre de agua fresca/ del agua clara que baja de la cima.

Y me pregunto: ¿por eso estoy aquí?
en medio del desierto rodeado de gente que no conozco.
¿Conozco esta gente? ¿me rodea y me habla a mí? ¿a quiénes hablan?.

Quiero decir estos poemas con la voz de un pájaro y el zarpazo de un tigre.
¿Qué son estos poemas? ¿qué es eso que llaman poesía?
Clasificar el mundo y sus objetos y ponerle número a cada cosa es la religión de los tiempos.
Una legión de fanáticos caminan detrás de los objetos.

El arte es el opio de los pueblos dicen los nuevos pastores
¿existe el arte? ¿el pueblo?
¿dónde están los pastores de este inmenso rebaño de ovejas?.

¿Por qué estoy aquí? ¿por qué aquí y no allá?
allá donde el sol broncea el cuerpo de felinas mujeres
o más allá/ donde el hombre inventa distintas muertes cada día/ todos los días.

Estoy solo/
busco amor. Quiero ser el amado.
¿Me alcanzará?
¿Me alcanza esta soledad para escribir el poema total?/
ese aleph/ ese inalcanzable.
¿O el amor y el deseo de una dulce obrera del mercado es el fin de todas mis utopías?
naranjas papas y manzanas en sus manos sucias y sus jugos en mi cuerpo
y sus ojos admirando mi palabra/ mis sombras/ mis castillos de humo.

¿Para qué nacer amar desamar y morir?
¿para qué Dios de los vencidos?
dime Dios ¿para qué?

Quiero ser el amado/ el bienamado/ el más amado.
¿Y el paraíso terrenal/ la revolución/ la súper hembra/ el gran polvo?
y buscarte en lo alto/ más alto que los fatuos cielos

¿dónde estás padre?

¿Y los hombres/ la libertad/ los ideales supremos/ la loca utopía...?.
¿Qué hago acá en este punto infinitesimal del cosmos
intentando trascender con palabras demasiado gastadas?

¿Y los hijos? ¿y esta sangre que me sucede como revolución ansiada?

Hombre que inventa religiones/ mecanismos/ discursos/ fantasmagorías
¿porqué y para qué el poema? ¿dónde la poesía?
ese arco tensado entre dos estrellas ilusorias
¿dónde la flecha que atraviesa esta eternidad de instantes?

la poesía: esa oscuridad/ luz/ pensamiento/ genio encerrado en una botella/ todo y nada.

¿Detendrá mi palabra algún día la bala del suicida o el asesino?
¿es necesario el poema/ el poeta/ el inventado/ para detener esa bala?
¿justificará ese instante el poema? ¿la miseria del mundo/ el hambre/ la muerte sin sentido?.

Estoy solo/ sin padres/ sin hijos/ sin amada en medio de la noche cósmica.

Estoy temblando.
Voy a morir.

¡Pero antes voy a salvarme!.
¡Antes escribiré el poema que frenará la bala
de la infinita tristeza del hombre!.- //

Tomado del libro: “Estúpidos mirones de televisión”.

___________

Comentario sobre el poema del escritor y crítico dominicano Abraham Méndez Vargas.

“Antes del final”, o el descubrimiento de un poeta universal

Antes del final, del poeta Aldo Novelli, es un poema de larga respiración.

Sin las complicaciones del Edgar Allan Poe en el Cuervo, Aldo logra colocar su corazón como punto de apoyo de la existencia. Existencialista, tiene como centro de interrogación al hombre, sobre sí mismo.

Siendo el individuo es el soporte de toda civilización, Aldo se siente triste. Se siente solo. Pero, como he dicho en un poema que me parece que anda por ahí, El mundo se ve solo. Pero esta soledad de Aldo es más que una soledad producto de una crisis política mundial, en Aldo el ser, como en voz de Sócrates o de Protágoras, hay una comicidad donde el universo tiene, entre las piernas de una mujer, dolores de parto, y el padre de la criatura, que se sabe cultivado en una lagrima y que no es Dios, abandona su corazón en el cosmos, y no sabe, a estas alturas del mundo, si podrá salvarse. Y ve que esta temblando. Va a morir. Ya la Humanidad no es eterna, antes si, cuando un hombre y una mujer morían y dejaban sus generaciones sobre la tierra, pero ahora sabe que va a morir, y grita: ¡Pero antes voy a salvarme!", salvarse es saber que los que se quedan vivirán para siempre. Entonces el poeta Aldo sabe que la clave es el verbo, el dialogo entre los hombre, y se decide por la Paz, pues ¡Antes escribiré el poema que frenará la bala de la infinita tristeza del hombre!- Y es que la bala de la infinita tristeza del hombre es su finitud, su temporalidad, pero, ahora como nunca, la civilización misma del hombre, es tan finita, y ello genera tristeza este gran poeta llamado Aldo Novelli, poeta de una profunda respiración humana y de una alma verdaderamente noble. Y como en Celmiro Koryto, que está en el extremo del verso breve, muestra la misma preocupación por la libertad indefinible del hombre posmoderno.

Felicidades Aldo.

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Bala Suelta

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hola Anita:

¿Cómo estás mi querida? Hace rato venís reclamando que no me comunico con vos como debiera y tenés razón; a veces es como si me enchufara y creo que un día de setenta y seis horas me resultaría tan corto como los normales de veinticuatro.



Pero hoy me pasó algo y quiero contártelo porque te recordé mucho a partir de algunas situaciones padecidas, ¡creí morirme, hermana! ¿Te acordás que siempre me dijiste que te sorprendía que no conociera el miedo? ¿Y te acordás que te respondía que justamente no me estabas halagando con ese pensamiento, sino todo lo contrario? Claro, porque la ausencia de registro del miedo no deja de mencionar, subrepticiamente, un alto sentido de irresponsabilidad y se ve que eso es, justamente, mi característica central.

Bueno, hoy puedo asegurarte que lo sentí en serio. Sí, sí, aunque te parezca mentira, creéme, me asusté mucho. No duró tanto tiempo pero, además de parecerme que giraba en un siglo, comprendí que es cierto eso de que el miedo paraliza, idiotiza, te hace poner la piel de gallina, te llena la cabeza de preguntas a la vez que te imposibilita razonar. ¡Supieras qué mal me sentí! No se si por la sensación que me asaltó o por esa incapacidad momentánea de pensamiento.

Te cuento bien: hoy fue un día hermoso acá en la costa, aunque demasiado caluroso, daba la sensación de que te faltaba el aire por momentos.

Ya te había contado, cuando nos vimos, que en la otra cuadra de casa vive un milico que perteneció a fuerza aérea en aquella época en que los días parecían transcurrir bajo la égida de Hades.

Tipo desagradable si los hay…

Vive hablando de su pasado, de su capacitación nada menos que en los Estados Unidos donde lo ayudaron a crecer como persona, agrega, con un bajísimo concepto de lo que significa ser persona.

Yo lo llamo Bala Suelta, dado que es recurrente su deseo de seguir andando a balazo limpio por la vida. Te conté también que este pueblito entró en una especie de caos ya que no hay día en el que no te enteres de varios robos en viviendas ocupadas y en negocios. Realmente es preocupante pero ¡Vamos! Esa situación no omite tener en cuenta de cuántas formas se puede robar, cosa que también vemos. Y sabemos que siempre el proceso de putrefacción del pescado comienza por la cabeza.

El tipo anda con unas ganas locas de usar, luego de supuestos varios años de encajonamiento –o “almohadamiento” para decir la verdad- de su pistola THUNDER .380Super que todas las noches dice poner bajo su almohada esperando que se le meta algún ladrón en la casa, para darle un balazo “acá”, dice, poniendo su dedo índice entre ceja y ceja.

Continúa su monólogo del espanto asegurando que en el país hay que aplicar la pena de muerte, que si pidieran voluntarios para ejecutarla el sería el primero en enrolarse como voluntario para el trabajo. Luego, cuando habla de Pablo, ese jovencito que se me ocurrió de espuma y los pasos equivocados que está dando el muchacho, dice que la vida del pibe se resuelve con un pedacito así, de plomo.

El tipo me da asco, hoy cuando pasó como todas las mañanas yendo a hacer sus compras me saludó con su acostumbrado –buenos días, señora, ¿cómo amaneció?, tuve un ataque de ironía y le respondí –muy bien, con la conciencia tranquila, apostando a la vida como siempre.

Pero volviendo al tema del susto que te comentaba, sucedió en la noche, a eso de las nueve. Estaba de espaldas a la calle, ordenando todo para cerrar el local de ventas que me está ayudando a sostener la economía en este país donde uno ve como se dispara y nos preocupa pensar que podríamos volver a décadas pasadas. Cuando me di vuelta, casi a punto de cerrar la puerta, vi una imagen que puedo asegurarte me produjo un sobresalto como pocas veces sentí.

Estaba ahí mirándome, no, no… No era Bala Suelta, era otro que me pareció que tenía su mismo rostro, sus mismos ojos, su misma mirada y sus mismas muecas.

Ni bien lo vi, encontré a otros vestidos igual que el primero, con ese uniforme verde milico, pero no de los que uno sueña encontrar algún día en su tierra, sino con el otro. El color de los que nunca ayudarían a que se cumplan tus sueños sino todo lo contrario. Los de mano abortista de proyectos sanos, justos, equitativos.

Todos me miraban, eran como una escuadra impecablemente formada, unos un poco adelantados, a una distancia muy corta de los otros. Sus miradas me recorrían, los mismos ojos, el mismo gesto hostil, lo único que se me ocurrió pensar fue:

-¿Qué le pasa a éstos? ¿Qué hice? ¿Qué buscan? ¿Por qué me miran así?

Quedé en un estado de parálisis casi absoluto, sentí un sudor frío recorriéndome la espalda mientras los por qué, aparecían en mi cabecita imposibilitada para pensar otras preguntas.

Pude entender en toda su magnitud el sentido de la frase definitoria: el miedo paraliza. Tuve miedo, Anita, mucho miedo. Ellos, se dieron cuenta de mi terror, estoy segura.

Uno, tal vez el líder del grupo, dio un paso hacia adelante acercándose más a mi metro cincuenta, desde el piso hasta mi cabeza, contando los centímetros que tengo de pelo parado.

Inmediatamente y siguiendo la iniciativa del primero, los otros comenzaron a acercarse. Quería contarlos pero ni la secuencia me salía, uno, dos, cuatro, tres, hasta que logré ordenarla. ¡Eran ocho!

Los imaginé como un escuadrón paramilitar, mientras sus miradas parecían acribillarme, apuñalarme, como si quisieran extraerme las vísceras de a poco.

No obstante, tomé coraje, agarré la escoba sin dejar de mirarlos fijamente ya que no quería que ellos supieran que estaba muerta de miedo y ya sabés, yo siempre, hasta en las peores circunstancias, apuesto a la vida. No utilicé la fuerza porque creo que ya no la tenía. Simplemente barrí al primero hacia el cordón de la vereda. Luego al otro, de un escobazo barrí a cuatro juntos mientras los otros dos se alejaban hacia la casa de al lado.

Por supuesto, cuando logré espantarlos a todos, pensé qué cierto es, también aquello que habla del poder escapista de los cobardes.

Te juro, Ani, entré en casa y todavía temblaba. Cuando me fui calmando comprendí que seguramente lo que atrajo a ese manojo de sapos fue la luz del local.

Y eran tan parecidos, Ana, tan parecidos a Bala Suelta que cuando logré dormirme, muy tarde, bien entrada la madrugada, hasta soñé con ellos.

Y ya eran nueve.

Ilustración: “Milicos” obra de la artista visual argentina Beatriz Palmieri.

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El río Amazonas

El Ave Fénix

Espectacular, majestuoso, el río Amazonas y su selva es una de las grandes bellezas del planeta.



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De África salieron seres humanos estereotipados como negros y negras…

Antonio José Guevara y Brunilde I. Palacios Rivas (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“...comienzan a descubrir que existe una música sincrética, mestiza, con ritmos, con tambores que representan al negro, y un instrumento llamado cuatro que representa el alma popular de una población no elitista, una población casi marginada cuya su única cultura es tocar algunas cosas de esas del vulgo popular llamadas gaitas, parrandas, valses, merengues y de vez en cuando una vaina que llaman joropo.”

Raul Landaeta



A pesar que el Censo de Vivienda y Habita del 2.011 demostró que el pueblo venezolano se reconoció como moreno, negro y que es la población mayoritaria, pudiéramos decir que las poblaciones venezolanas que poseen una piel negra han elevado su poder adquisitivo y su nivel de conciencia a partir que el gobierno bolivariano viene implementando las misiones con contenido sociales, en el que se puede notar que han servido para paliar su situación de indigencia y vulneración en la que se encontraban y en el eran considerados estratos en situación crítica…, pero lo más delicado de tal situación, es que no hemos vistos a determinados sectores que han sido muy beneficiados, y que han usurpados cargos de muchas relevancia en diferentes instituciones, que hayan tenido una gestión proactiva, eficiente y trasparente que haga llegar ese reclamo convertido en hechos y no en proyectos que se pierden en la oratoria y que no pasan de las paredes del prestigioso Hotel Alba Caracas, porque no hemos visto que a ninguno de los acuerdos formulados haya tenido alguna inherencia en mejorar su calidad o elevar su nivel de oportunidad, en función de dignificar aspectos que tengan que ver con elevar su calidad de vida, puesto que lo que hemos visto es que esos logros a que se hacen mención se han quedado en papel y solamente han servido para beneficiar a sus acólitos en grandes cargos (porque no se puede negar los beneficios otorgados a ese sector por el gobierno bolivariano, en el que no se crítica que los tengan, sino la pasividad dichos gestores que se han venido caracterizándose porque se han convertidos en uno asalariados más que se han olvidado de hacer transparente sus petitorios de inclusión) no ha llegado a beneficiar a las poblaciones que se caracterizan por poseer una piel negras, lo cual es público y notorio. Por cierto, hablando de la Ley Orgánica Contra la Discriminación Racial (LOCDR), esta se quedó muy corta (a pesar que les hicimos ciertas acotaciones, críticas y aportes, los cuales no fueron tomados en cuenta) que a nuestro parecer, pareciera que con su promulgación se hizo un alto a la bandera, puesto que dicha ley, no se adapta al momento histórico que estamos viviendo y eso pasa porque no se buscaron a las personas idóneas más adecuadas, y por otro lado, porque el ventajismo demostrado, no les dejó ver que era una Ley Orgánica para todos los venezolanos y no exclusivamente para un solo estrato social (Así paso con el Sub Comité de Estadísticas de Población afro descendientes del Instituto Nacional de Estadísticas -INE-, los cuales se dieron a la tarea de conceptualizar al venezolano de piel negra (dentro de la pregunta que fue para el Censo 2011, en Septiembre pasado, como "…Toda persona de piel ´pigmentada, pelo rizado, nariz achatada y labios grueso. Puede tener prácticas culturales de origen africano, aun cuando no las identifique como tales " (textual del documento censal), mientras al afro descendiente "es aquella persona que reconoce sus raíces africanas considerando su historia, generación, territorio, cultura y/o rasgos físicos"), lo que demuestra que no se tuvo el asesoramiento adecuado, que fue impuesta y que se impuso el protagonismo no proactivo, puesto que su orientación debió estar impregnada por unos fundamentos que estuvieran relacionados por el proceso de desarraigo que los llevó a consolidar una nueva identidad, su inclusión en diferentes legislaciones que dieron origen a los nuevos estados nación y no por los contenidos jurídicos que se encuentran plasmado en el derecho positivo que le han servido a los países considerados potencias en el mundo, como base jurídica para justificar sus intervenciones en los país donde les quedan todavía intereses (Véase el caso de Mali, otros países de África y América, con las Malvinas, donde inmediatamente que Argentina hizo su reclamo, rodearon la isla de su tecnología bélica) en tiempos en que se está hablando de pluralismo Jurídico, en el que tal apreciación que se utilizó para conceptualizar al negro dentro de la Ley Orgánica, es muy parecida a la que se encuentra en el documento Censal 2.011, y se asemeja a las apreciaciones que se utilizaron para quitarle su capacidad en el proceso que los conllevó a convertirlo en negros y negras, en el que nuestra conjeturas nos lleva a clasificar dicho proceso a partir de una serie de segmentos históricos, conformados por una ETAPA DESARRAIGO, en donde se hace presente la pérdida de su capacidad como ser inteligente, se convierte en pieza de ébano u objeto para la venta, donde la característica más sobresaliente de ese segmento es que se le quita su nacionalidad y no se reconocen como africanos o africanas, sino como negros y negras, lo cual lleva implícito la perdida su identidad. Proceso que se caracteriza por la presencia imponente de las Culturas africanas, quienes son las que se dedican a cazarlos, depositarlos y venderlos a los barcos negreros, basado en un argumento religioso de las formas como se conceptualizaba el mundo y su contacto con lo desconocido. Una segunda que tiene que ver con la CONSOLIDACIÓN DE LA ETAPA DE ESCLAVITUD TOTAL, donde pierde totalmente su capacidad, principalmente todo lo que tiene que ver con la africanidad, sus idiomas, cultura, formas de vestir, bailar, etc., Este segmento se caracteriza por ser uno de los más impío y cruel que hay sufrido ser humano alguno, en el que los rasgos que los singularizaban, eran aquellos que tenían que ver con su inferioridad, incompetencias lingüística, social e intelectual que lo particularizaban y que lo presentaban como un ser más próximo al bruto que al humano que poseían una serie de cualidades y potencialidades que lo hacía diferente al europeo y al indígena fiero físicamente para el trabajo tosco y fuerte que necesitaba ser domesticado por una raza superior a la de él. Etapa que pusiéramos decir de reacomodo y que pudiera tener su origen ante de 1500, con la llegada de los primeros contingentes a las provincias o a los nuevos mundos considerados como colonias, factorías y colonias de los países potencia de la época (Considerada para Europa por diferentes investigadora tanto marxista como no marxistas, como Modo de Producción Feudal en tránsito hacia el Capitalismo Liberal). Etapa de madurez y de consolidación del proceso de colonización de la memoria, pero que también utilizaron los desarraigados para convertirse en sujetos creadores de cultura, lo cual supieron aprovechar y negociar en función de su libertad y de su reconocimiento como ciudadanos con los mismos derechos y deberes que tenían los otros estratos sociales. Este segmento de tiempo se caracteriza porque supieron darle valores diferentes a sus potencialidades y capacidades que los llevó a capacitarse, manejar las grandes ideas y asumir una posición diferente que los transformó de actores pasivos en actores activo o en gestores de su propia historia. Y un último segmento que la Hemos considerado como de DESPLIEGUE DE SUS PODERES CREADORES QUE LOS CONVIRTIÓ EN SUJETOS CREADORES DE CULTURA, que comienza con la in fluencia que tuvo la Revolución haitiana (1791–1804), la cual fue la primera revolución de América Latina, que culminó con la abolición de la esclavitud en la colonia francesa de Saint-Domingue, y la proclamación de la República de Haití. Aunque ocurrieron cientos de revueltas de esclavos en el Nuevo Mundo, la revuelta de esclavos de Santo Domingo iniciada en 1791 fue la única en conseguir una independencia duradera bajo un estado libre que le da al negro un estatus diferente y lo convierte en sujeto creador de cultura. A partir de este momento se consolida en los estados nación que se encontraba dominados por los imperios la abolición de la esclavitud- Haití, puesto que se proclamó su independencia, el 01 de enero de 1804, convirtiéndose en el segundo país del continente americano en acceder a ella tras un singular proceso revolucionario de carácter abolicionista iniciado en 1791 que desembocó en una prolongada lucha armada contra Francia, la potencia colonizadora desde finales del siglo XVII y es por ello que La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2004 como el Año Internacional de conmemoración de la lucha contra la esclavitud y de su abolición y se celebra a la vez el bicentenario de la proclamación del primer Estado Negro, que le dio el estatus Haití de convertirse en el símbolo del combate y resistencia de los esclavos negros y negras. En el caso venezolano pudiéramos sostener que dicho segmento de tiempo se origina a partir de 1811 y se consolida en 1854, con el gobierno de José Gregorio Monagas, el cual mediante una transacción económica favorable para los blancos criollos y mantuanos el 24 de marzo acepta la aplicación de la ley que derogaba la sumisión en el país. A partir de ese momento, en esta fecha, se conmemora la abolición de la esclavitud en Venezuela. Muchos años tuvieron que esperar los venezolanos y venezolanas de piel negra para que se decretara la libertad, una libertad que para ese entonces era casi inexistente. Sin embargo esta decisión trajo como consecuencia que en un primer momento quedaran sin tierras, ni posibilidades de educación o alimentación, lo cual los convirtió en sub arrendatarios que debían entregar gran parte de lo cosechados a los dueños de las tierras arrendadas.

A pesar de haber vivido todo este proceso histórico, podemos sostener sin temor a equivocarnos que nos siguen equiparando, como nos equipararon los europeos (nótese "…Toda persona de piel pigmentada, pelo rizado, nariz achatada y labios grueso”, mientras que al afro descendiente "…es aquella persona que reconoce sus raíces africanas y/o rasgos físicos.Concepto que utilizó el Subcomité de Estadística de Poblaciones Afro descendientes que pertenece al Instituto Nacional de Estadística de Venezuela y que se utilizó para estereotipar al Negra y Negra) para legitimar el proceso de desarraigo y el segmento de esclavitud total, en una sociedad que consideraba su piel parecida al del animal, el cual urgía ser domesticado y para ello, era necesario convertirlo en una propiedad que debía ayudar a satisfacer las necesidades de su amo europeo, donde su animalización era avalada jurídicamente, socialmente, culturalmente y religiosamente, en el que tuvo que soportar que sus mujeres fueran concubinas de sus amos y que sus hijos fueran vendidos al mejor postor en beneficios de sus dueños, sin importar que eran seres humanos inteligentes, a pesar de estar prohibido por las costumbres de la época y en el que sólo importaba el interés de los dueños en la reproducción de sus esclavos y por ellos eran examinados correctamente cunado se fueran a comprar para descartar a los que lo tuvieran pequeño o mal formado pues sería señal de malos procreadores, en su afán por el aumento de la población negra para sacar de ella el mejor rendimiento, por ello, se les dejaban hacer fiestas, que se divirtieran, se socializaran, descansaran para que rindieran más en las faenas fuertes y en la reproducción. De ahí que se les permitieran agruparse en cofradías, puesto que ello, les permitía la posibilidad de reunirse y recrearse lúdicamente, en donde los bailes y cantos que hacían parte de dicha actividad gozaban de impresionantes movimientos rítmicos y tatareo, transformándose en el único ámbito social de esparcimiento, distensión y relativa libertad con que contaban.

Por ellos nos preguntamos ¿Cuáles son esos logros?, si más bien estamos viendo que tal término (Afro descendiente), funciona como un comodín que pretende sustituir otras etiquetas que no logran devolver la dignidad a estos estratos sociales venezolanos que fueron Identificados como negra o negro, o es que no hemos olvidado que África no se ha podido librar del flagelo y lastre de haber cazado, depositado y vendido a su propia gente a los barcos negreros europeos y que esta realidad tiene más de trecientos años, puesto que era un oficio generalizado que conllevó a deshumanizar a seres inteligentes solamente porque poseían un color diferentes que por la fuerza vino a fortalecer su genoma y por ello fueron llevados a Europa y a sus colonias, puesto que al ponerse en contacto con África, se ponían en peligro de morir por cualquiera contaminación ambiental o por la picada de cualquier insecto, por no estar adaptado a ese ambiente complejo y lleno de múltiples incógnitas y en el que no se podían darse el lujo de perder el recurso humano que formaban parte de sus expediciones, puesto que se ponía en duda sus aspiraciones y para ello utilizaron la estrategia de mesclase con las culturas africanas, aprehender sus diferentes idiomas, costumbres, lo cual conllevó acentuar su colonización a través de las formas elementales de la vida religiosa que hacían parte de las distintas culturas africanas para imponer su poder, es por ello que desde hace mucho tiempo, lo hemos estado invitando a que enarbolemos y fortalezcamos la unidad como una postura que tiene su fundamento en el reconocimiento de su proceso vivido y en el principio que los convirtió en sujetos creadores de cultura, en el que no podemos seguir reproduciendo los mismo patrones que conllevaron a la colonización de la memoria y donde la controversia que tienen que ver con el color, se ha convertido en una maraña en el que está implícito reconocer que los africanos no tuvieron ninguna consideración contra su propia gente, en el cual los llevó a convertirlos en piezas de ébanos, en el que queda demostrado que nunca les importó la vida de los seres que estuvieron bajo su dominio, puesto que no es posible que ellos mismos contribuyeron a que se consolidara tal delito, el cual debe ser reprochado por todas las culturas del mundo.

Pero por otro lado, se debe enarbolar el papel jugado por el sujeto creador de cultura y ello es muy importante para el desarrollo de la humanidad, ya que estos desarraigados fueron capaces no solamente de echar a un lado sus culturas originarias, sino que además fueron tan inteligentes que crearon unas diferentes a la africana, a las europeas e indígenas, pero además tiene un detalle que las hace ser única, ya que no se pueden desprender de ellas, porque dejan de ser cultura negra (véase el caso del Bautista, donde el rasgo más sobresaliente, es el europeo, en el que tal manifestación ha pasado a formar parte de la identidad venezolana).

En este sentido, se hace necesario reconocer que el estereotipado como negro o negra, se convirtieron en sujetos creadores de cultura, el cual debe ser atemperado a los condiciones actuales de nuestro contexto, ya que no es fácil olvidar tales hechos y menos encubrirlo con termino que no se adapta a tal realidad, en el que no se quiere reconocer que tal actitud llevó a seres humanos a ser transformado en piezas para fortalecer el modo de Producción feudal en tránsito hacia el Capitalismo, en el que se sigue alimentando los efectos tardíos del colonialismo que demuestran que esa actitud pasiva no es intrínseca en los estratos negros venezolanos, sino que fue impuesta bajo un proceso de colonización de la memoria, donde se le hizo creer que eran inferiores a los blancos europeos, lo cual no permitió que recrearan su cultura original y se les impuso la lengua de la nación civilizadora, es decir la cultura del esclavizador, impuesta a través de la fuerza y del discurso ideológico, en el que se mostraron como La Civilización del Mundo que debían internalizar y aprender como el modelo cultural a seguir, erigiéndose como el modelo que sirvió para dictamina que es el otro (el diferente), que por no tener su mismo modo de vida es definido como bárbaro en oposición a ellos, que como pueblo europeo son los civilizados y por otro lado, la naturaleza práctica y social del lenguaje en medio de las relaciones de dominación y de poder que se tejió en el colonialismo, trajo como consecuencia que su internalización la conllevó a convertirse en un mecanismo que hizo eficaz la misión civilizadora, ya que a través de su incorporación, los colonizados interiorizan sus valores culturales y por consiguiente su modo de vida, que en el caso de los desarraigados negros, terminó sumiéndolos en un afán por salir de su negrura, es decir dejar de ser bárbaro, salvaje y ser aceptado por y como blanco, ya que fueron considerados como no africanos por los mismos africanos y hoy sentimos que todo este proceso de enmascaramiento a través de la incorporación del lenguaje, lo que busca es negar nuestra herencia histórica y no reconocer que esos desarraigados se convirtieron en sujetos creadores de cultura para asumir a través del lenguaje, el peso de una cultura africana que no sentimos y que creemos que queda al descubierto como mecanismo eficaz para imponer la dominación y para la reproducción de una visión del otro y de sí mismo.

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Palabrotas

Marcos Winocur (Desde Puebla, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Está en boga soltar palabrotas como parte del lenguaje corriente, fenómeno que se registra en el corte generacional.

Veamos.

Si eres sesentón o de más edad, se supone que te has enterado de la onda escuchando el léxico de tus nietos o frecuentando el cine. Y tu programación mental rechaza las palabrotas, salvo contadas ocasiones: cuando estás con los cuates o con los compas del trabajo; cuando no hay mujeres o menores delante; cuando estás muy enojado, en cuyo caso "se te escaparon". Si fuera de esas ocasiones empleas palabrotas, se verá forzado; y si llegas a prologarlo de un "con la disculpa de los presentes", no será difícil que escuches risitas.

Vamos a un segundo grupo de edades.

Si eres cuarentón o cincuentón, te encuentras situado en un singular intermedio: en tu casa, de niño, no se empleaba ese léxico; pero después -ya siendo joven o adulto- se comenzó a escuchar, y entonces lo adoptaste para no quedar como antigüito. Y no hubo problema, salvo una nota: no evidencias completa naturalidad, parece que te autocomentaras en el momento de pronunciar las palabrotas: ya ven, ya ven cómo yo también estoy en la onda.

Así, las generaciones de los abuelos y de los padres, resta la de los nietos, treintones, veintones o de menos edad. ¿Y qué vino a suceder? En tu casa, de niño, fuiste escuchando ese léxico en boca de tus padres, no hubo contradicción entre el hogar y la escuela, entre el hogar y el cine, entre el hogar y los cuates, y entonces sueltas las palabrotas con naturalidad. No piensas en el significado original de expresiones insultantes como chingar o muy cagado como algo muy malo o, al revés, algo muy bueno; igualmente el uso admirativo de pinche. Claro, todo depende del tono y contexto en que se digan pues se conservan ambivalentes, no han perdido su otro significado, el insultante o al menos negativo. Pero dentro de la conversación corriente -tal cual las emplea la generación de los nietos- se asimilan al resto, modifican su contenido al punto de querer decir lo contrario y así llegan a ser usadas sin rubor, como quien dice mesa o silla, frío o calor.

De palabrotas, se han convertido en palabras.

A este fenómeno han contribuido la literatura, los medios en ciertos países, algunos comics, y sobre todo Hollywood. Allí el shit y el focked se disparan como fuego granado.

Tal cual el tuteo generalizado y el abreviar las palabras, se trata de una tendencia dominante dentro de la lengua y, por lo que sé de otros países, se da a nivel mundial.

Ni modo, pos qué chingaos.

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Serenata para Glenn Miller (El capitán puso a danzar al mundo en plena guerra mundial)

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Tal vez no haya música más precisa para relacionar o describir la nostalgia que Serenata a la luz de la luna (Moonlight Serenade), de Glenn Miller. O también para sentir una ausencia, como la suya, perdido tal vez en el Canal de la Mancha, como es lo más probable, o muerto de un infarto en un burdel parisino en brazos de una prostituta, o apuñalado por una meretriz en un prostíbulo alemán, que son versiones más ligeras. Y si la suerte de los desaparecidos es, en general, estremecedora, hay ciertos personajes que crean más zozobra en el alma al no saberse de su paradero final. Sucedió, por ejemplo, con Ambrose Bierce, perdido para siempre en los tumultos de la revolución mexicana; con Antoine de Saint-Exupery, estrellado en su avión cuando volaba por el Sur, y, bueno, ahora que se cumplen 110 años de su nacimiento, con Alton Glenn Miller.

Con Miller, astro de la Era del Swing, pasa que algunos del jazz lo vapulean, porque consideran que no hace parte del género, o que se trata de un jazz bastardo y hasta califican su música de “aburrida”. Sin embargo, una big band como la suya no es de las que han abundado en la historia. Hay un asunto clave en el arte. Y es llegar a tener voz propia. O estilo, en otras palabras. Esa condición que el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos consideraba como una cárcel. Y el sonido de Miller fue una revolución en los treinta y los cuarenta, luego de la Gran Depresión del capitalismo y en medio de las bombas de la Segunda Guerra Mundial. Con él puso a bailar a estadounidenses y europeos, con melodías cantadas por clarinetes y armonizadas por una fila de saxos.

Nacido el primero de marzo de 1904, en Clarinda, Iowa, se encontró con la música cuando su padre le regaló una mandolina. Después, la cambió por un corno y luego por un trombón. Era un mal estudiante de otras materias, pero no de la música. Su arqueología está ligada a pequeñas bandas, a audiciones de afán, a buscar oportunidades en orquestas, y en esas andaba cuando viajó a Los Ángeles y se encontró de pronto integrando la banda de Ben Pollack, en la cual también oficiaba un músico (entonces nada conocido), que luego sería otro grande del Swing: Benny Goodman. Y fue en aquella orquesta en la que Miller se inició como arreglista, una de las faenas que mejor supo hacer.

Los caminos de un artista siempre son culebreros, tortuosos. En 1928, viajó a Nueva York, ya se había casado con su compañera de colegio, Helen Burger, y se encontró nuevos sonidos, interpretó y realizó arreglos con los hermanos Tommy y Jimmy Dorsey, en cuya orquesta cantaba entonces un tipo que todavía no gozaba de fama alguna: Bing Crosby, y había otros monstruos, como el músico y baterista Gene Kruppa. Y ahí estaba Miller, unas veces en la radio, otras tocando el trombón en un rascacielos, y, más tarde, dirigiendo la banda de Dorsey. Tenía 32 años. Aún el éxito (palabra tan gringa y capitalista) no se le aparecía en ninguna esquina. Ni siquiera en 1935, cuando por primera vez con su propio nombre grabó para la ColumbiaMoonlight on the Ganges y A Blues Serenade. Entre tanto, luchaba consigo mismo para lograr un sonido que lo distinguiera. Y es en Nueva York donde lo perfecciona, para después irse al otro lado del país a fascinar con su orquesta y sus arreglos. Todos bailaban al ritmo de la Miller Orchestra. Y a lo mejor, fumaban cigarrillos Chesterfield, que auspiciaba las giras y presentaciones.

Y cuando ya la guerra iba adelante con sus fragores de muerte, grabó, en febrero de 1940, su Tuxedo Junction y luego In The Mood (quizá la pieza de Swing más conocida). Ya no había nada que hacer. Ese sonido que hoy uno identifica con la nostalgia, o con extraños momentos románticos, antes de la bomba atómica, era una sensación desbocada, y el movimiento del Swing se constituía como el fenómeno musical comercial más vendedor de la historia. En 1941, Miller ya era una estrella, que el cine hizo brillar más. Por ejemplo, la película Sun Valley Serenade puso de moda a Chatanooga Choo Choo, que se une al delirio provocado por Pennsylvania 6-5000. Pero es la guerra, precisamente, la que le hace desbaratar su orquesta, lo mete en las filas militares y lo conduce a la creación de la Glenn Miller Army Aire Force Band. Miller estaba convencido de que con la música prestaba un servicio a su patria y, además, les ayudaba a los soldados a elevar su moral. Recibió el rango de capitán, y con sus 50 músicos se fue a Londres, en donde, en menos de un año, se presentó 800 veces, incluidos sus conciertos en la BBC. La gente pedía, además de las nombradas, a American Patrol y aTengo una chica en Kalamazoo. Su música aliviaba un poco las tensiones y miserias de la conflagración mundial.

La resistencia parisina y los Aliados ya habían demolido a los invasores nazis y entonces una de las misiones de Miller era ir allá, para celebrar tal victoria. Ya tenía la pinta del héroe que, en vez de fusil, cargaba un trombón y muchas partituras, y esa combinación de uniforme militar y música le hacía crecer su fama, en especial en su país. Claro que a algunos críticos poco les atraía el sonido Miller, y uno de ellos, John Hammond, escribió una nota en la que ponía en duda su solidez musical. “¿Por qué juzgarme como músico, John? Mi única intención es ganar dinero”, le contestó Miller con ironía.

El 15 de diciembre de 1944, Glenn Miller partió de Londres hacia París, en un avión Noorduyn Norseman UC-64, y desde ese día jamás se le volvió a ver. Se dice que fuego alemán lo derribó en el Canal de la Mancha. También se especula que su pequeña nave se cruzó con unos bombarderos ingleses que retornaban a sus bases sin haber podido descargar las bombas. La escuadra tuvo que tirarlas al canal para poder aterrizar, y una de ellas le habría acertado al avión del músico, que volaba en dirección opuesta y a más baja altura. Un aparente testigo del hecho, el navegante Fred Shaw, relató años después que había visto el UC-64 cuando fue destruido por una flotilla de bombarderos Lancaster, ingleses, que retornaba de una misión fallida. Y así, con un tejido de leyendas, el músico se convirtió en mito. Porque también circuló la especie de que había caído preso de los alemanes, que lo torturaron y mataron en una prisión, además de las historias truculentas de los burdeles.

Como hubiera acontecido, el cadáver jamás se halló, y el capitán Glenn Miller fue el único de la banda que no sobrevivió a la guerra. Y los bailadores de entonces guardaron luto por la muerte de un hombre que intentó ser libre entre clarinetes y saxofones. A 110 años de su natalicio y casi a setenta años de su desaparición, el aire murmura esta canción: “I stand at your gate. / And the song that I sing is of moonlight. / I stand and I wait / For a touch of your hand in a June night…”. La serenata a la luz de la luna, sigue siendo una pintura musical de la nostalgia.

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Una mujer que necesitaba un hombre

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Era hija única. Quería estar en lugares elegantes. En el Club de Gimnasia y Esgrima se tiraba a la pileta desde el trampolín más alto. Una rubia linda vista por todos.

Los fines de semana iba a caballo por el bosque de Palermo. Quería tener una vida elegante.

Era también la prima de Arturo, que siempre la deseó y tuvo fantasías sexuales con ella.

Arturo vivía solo, pero de mujer en mujer.

Un día ella lo llamó desde la calle para que le abra la puerta. Arturo, que estaba con una mina, le dijo que no podía recibirla porque estaba con una gente haciendo un trabajo. Entonces quedaron en encontrarse al día siguiente en un café.

Arturo se sentó, y ella, después de un momento de silencio le dijo: -“Necesito un hombre”.

El la miró. El tiempo había pasado. Estaba muy cambiada. De rubia linda que era se transformó en una viejita fea. La piel enrojecida, el cuello arrugado por años de sol.

Entonces, como si no le hubiese dicho que lo quería a él, Arturo le preguntó por su teléfono y le dijo que hablaría con algún amigo para que la llame. Después miró el reloj, le dijo que tenía que encontrarse con alguien en otro café y se despidió. Ella siempre callada.

Pasaron unos meses y lo volvió a llamar desde la calle. Al entrar se sentó en una silla de lona. Arturo, callado, esperando que ella hable, que diga lo que ahora quería.

Y así los dos estuvieron en silencio casi veinte minutos. De pronto ella se levantó y sin decir nada, se fue.

En el lugar de la silla de lona en que estuvo sentada, donde estaba su concha quedó una redonda mancha de humedad.

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El Jambo Caganer, presidente

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Estamos en la Sala de Porosidad del Arco de Santamaría, torre portal, hoy museo abierto, construida por Carlos V, conmemorativa de la matanza y aniquilación de Los Comuneros, como consuelo a sus trazas reales de depredador y asesino. En ella destaca un cuadro del pintor burgalés Marceliano Santamaría, que dibujó en baldío muchos cuadros impresionistas de poca substancia. Cuadro en el que se ven a El Cid y su cuarta o tercera mujer Jimena haciendo barreduras del Amor mientas duró. En la fachada de su entrada, que da a la vista de la Catedral, hay unas letras pintadas en las que se lee: Put-a Jambo Caganer in Your Life”.



El Jambo, es amo de casa, amante, comandante, sacristán, verdugo. Trago, noche y carretera. Lapo, laracha, larga. Él acaricia y zalamea un jitarro o trapo, mientras cuenta de una novia imaginaria que le solicitaba dinero cuando novios.

El Jambo Caganer, valentón, osaba dejarse ganar al principio para cebar a sus oidores, cual político que lame, golosea el bulto producido por dinero.

Sobre una mesa, sentado, hay un zapato de mujer, que dicen de Jimena y, en su interior, saliente, un palito o trozo de caña, o hueso de Atapuerca, con cera o pez en la punta, utilizado por los “espadistas” para obtener el molde de una cerradura.

Él mira en todas direcciones para cerciorarse de las personas que se encuentran en el lugar.

Dentro de la Sala, están reunidos un grupo de entre veinte a treinta personas. El Jambo Caganer se ha descuidado de dar a uno de sus lameculos un sobre con dinero; y gruñía una beata meapilas junto a él, para recordar de buen modo que le diesen su porción.

Dicen que el Jambo Caganer era hijo de un principal de las Canarias, que se fue de allí, y, cebado con el vicio de la picardía, andaba hecho un político por España, y decía esto con astucia, sagacidad, como quien defeca orinando, dirigiéndose a los contertulios de esta guisa:

“Imparciales y juiciosos oyentes, por poco que sepáis de bandoleros, rufianes que andan a cualquiera de los lados de las alforjas, curía pedófila y maleantes con “araña blanca”, cartera sin dinero”, debéis cumplir en todo modo con la obligación tan esencial de votar por vuestro Jambo para Presidente de esta Nación de Asnos de excelencia sin igual, y esencia, presencia y potencia, sin valeros de hipérboles rastreras ni retóricas frases ni lisonjas que a la verdad demócrata-fascista adulteran.”

Pausa, respira y sigue:

“¿Qué mejor que un Caganer para dirigir la vida de los Asnos de Iberia, incluida la Cataluña Gaudiana, las Vascongadas erizadas, y la Galicia caníbal? Con el Caganer sabremos Rebuznar gravemente en todas eras. Y sabed, que, por encima del “Poli de la buena”: político de la derecha; el “Poli de la manca”: político de la izquierda; y el “Poli de la cula”: político del culo; todos ellos confortantes de una Nación de Sangrados; que sangran y sacan el dinero a los ciudadanos; por encima de ellos, digo, está vuestro Jambo Caganer.”

Se escuchan aplausos de los que se jactan ordenanzas y bedeles, y voluntarios culturales del lugar.

“¡Feliz yo!, sigue para terminar. Y felices todos vosotros. Y, a Rebuznar que son dos días en esta Nación que está en el camino de la Plata, donde existen grandes ruinas y restos de haber sido una gran Iberia en tiempos de los romanos, y , en el camino del Oro que cagó el moro, del Andalus vagus.

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Plástica: Desde Paraguay, Jaime Bestard

Jaime Bestard: Ciudad de Asunción, Paraguay, 1892 - 1965. Pintor, narrador y autor teatral. Fue más
conocido como pintor -cuyos paisajes, según Josefina Plá, «son de lo mejor producido por nuestra pintura», Jaime Bestard se dedicó también a la docencia (enseñando dibujo en varios colegios) y a la creación literaria.

Dejó también dos obras de teatro: “ARÉVALO” y “LOS GORRIONES DE LA LOMA”, comedias ambas que fueron representadas con gran éxito.

También escribió una novela autobiográfica, “LA CIUDAD FLORIDA O MEMORIAS DE UN BOHEMIO” (1951), y varios cuentos todavía inéditos.-

Egresado del Colegio Nacional de la Capital, obtuvo una beca de estudios en la Academia de Bellas Artes de París. Alejado de las escuelas plásticas de vanguardia, se demoró largamente en un post-impresionismo débil en virtualidades estéticas hasta aportar, a partir de 1950, a un personal expresionismo. (Bestard es pintor de técnica depurada y de sensibilísimo tratamiento del color).

De retorno al Paraguay, Jaime Bestard se dedicó a la enseñanza de su arte, primero en el "Gimnasio Paraguayo" y, luego, en el "Ateneo Paraguayo". Fue además miembro de número de la "Academia de la Lengua y Cultura Guaraní".

Jaime Bestard es uno de los pocos artistas paraguayos de vocación múltiple. Narrador y dramaturgo -además de pintor- su obra literaria, inferior en cierto modo a su plástica de los últimos años, es, sin embargo, tan interesante como ella en la historia de nuestra cultura artística. Lo valioso de aquella se halla en la intención y el enfoque temático en mayor medida que en sus concreciones formales, pues éstas arrastran cierta debilidad en la estructura interna que disminuye considerablemente su valor estético como obra de arte del lenguaje verbal. Caracteriza a esa intención y a ese enfoque una voluntad crítico-clarificadora de problemas sicológicos de la vocación artística o de rasgos caracterológicos del hombre paraguayo.

Ver su obra plástica desde aquí.

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Ya no quiero ser ministro

Rafael Plaza (Desde Madrid, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Yo, cuando era pequeño, soñaba, como el ex Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, con ser ministro. Era, como la de él, mi aspiración máxima en la vida. No quería ser bombero, ni policía, ni futbolista, ni actor de cine, como cualquier hijo de vecino. Yo lo que quería era ser ministro. ¡Anda que no iba a tener chicles, caramelos, cromos, coches, muñecas (de verdad), casas de campo y todo eso! Era, como el de Enrique, el sueño, la ambición de mi vida.



Pero no, ya no quiero ser ministro. Al ministro de Obras Públicas se le caen las casas; al de Comunicaciones, los trenes; al de Sanidad se le caen muertos los enfermos que se hacen un escáner y se le mueren los jubilados obligados al co-pago; al del Interior le fallan todos los días sus servicios secretos y sus polis obedientes se ven impelidos a pegar un día sí y otro también a los ciudadanos que protestan en la calle; al de Defensa le engañan los americanos o le descubren negocios de armamento los medios de comunicación; al de Agricultura se le rebelan los olvidados campesinos; al de Justicia se le enfrentan los jueces que valoran los derechos humanos y las mujeres que valoran su propia dignidad, o se le corrompen los que leen el Derecho del revés, y cuando sale uno bueno va y le obligan a exiliarse; al de Educación le leen la cartilla para que acabe con las últimas lecciones aprendidas en una democracia de Catón; al de Economía le compran los banqueros; al de Asuntos Sociales le imploran los pobres del país a los que ignoran diciéndoles que Dios les ampare; al de Cultura le obligan a dejar de ser intelectual; al de Trabajo le invitan a cenar los empresarios para que no hable con los sindicatos y, de paso, legisle contratos de seis meses con un sueldo supermínimo; el de Asuntos Exteriores hace patria con los patriotas, y la portavoz del gobierno tiene que ponerse mechas o teñirse el pelo para que le miremos el nuevo look mientras farfulla tonterías…

¡Que no, que ya no quiero ser ministro! Porque, ¿cómo conseguiría renovar la esperanza de los ciudadanos prometiéndoles bajar la gasolina, si ya se han dado cuenta de que a los 15 días subiría el doble? ¿Cómo iniciar obras de nuevas autopistas, si cada día hay más accidentes de tráfico? ¿Cómo iban los soldados a querer ir a la guerra de Irak, Siria, el Congo o Afganistán si cada mes caen heridos o muertos unos cuantos? ¿Cómo hablarles de los proyectos del tren de alta velocidad si siguen descarrilando los de la baja? ¿Cómo comprar nueva tecnología médica si quienes van a lucrarse con ella van a ser los laboratorios médicos y los desvergonzados negociantes que están jugando, a un precio altísimo, con nuestra salud?

No, no quiero ser ministro, para lo que un paso casi necesario es ser diputado, y muchos de los votos precisos para conseguir que salga adelante una moción de censura hay que comprarlos con dinero. ¿De dónde saco yo los cien millones de Durán, el oro y el moro de Naseiro, el despacho de Juanito, el piano de Narciso, las divisas de Bárcenas…?

No, no quiero ser ministro, porque luego querría ser presidente y fíjate: a Gorbachov le tiraron, a Papandreu le juzgaron, a Menem quisieron procesarle, a Hassan derrocarle y a Sadam le mataron… Y ahora mismo, a Felipe y José María les echan en cara vivir de sus Consejos de Administración… y a Mariano quieren ponerle de espaldas a la pared hasta sus propios correligionarios por cobarde, por mentiroso o por meapilas…

No, no quiero ser ministro ni jefe de Estado, pues si te descubren un fallo, una trampa, una mentira, un robo, una corrupción, una traición, un negocio sucio… y si encuentran los papeles te procesan, te juzgan, te condenan, te derrocan o te matan…

Y luego está dejar de serlo. Ser ministro es malo, pero ¿ser ex? Eso sí que ya es el colmo. Ser ex es lo último que se puede ser en la vida. Ex entrenador, ex marido, ex cura, ex quinqui, ex director, ex campeón, ex alcalde, ex presidente, ex ministro. ¡Sobre todo ex ministro! Porque ser entrenador de fútbol, como Luis Enrique o Mourinho, y que te cesen al día siguiente es casi normal, previa golosa indemnización; ser marido famoso y poner 6.000 euros al firmar el divorcio, como hizo un premio Nobel, ¡santas pascuas!; ser ex preso legendario, como El Lute, que se pasó de pronto a la jet-set, ¡hace feliz a los lectores de las revistas del corazón!; y si eres director de Radio Nacional y te echan, te reciben con los brazos abiertos en Antena 3; y si eso te pasa en una revista de derechas te llaman de inmediato a otra de izquierdas...

Quienes peor lo tienen son los ex alcaldes, o los ex presidentes del Gobierno, porque cuando dejan de ser lo que fueron se les acaban las ideas. Pero, ¿ex ministro? ¡Eso sí que es un trauma! Sí: porque te llaman de consejero delegado de grandes empresas para ganar subastas y, tarde o temprano, se descubre que la cabra tira al monte, aunque no al de piedad; porque abres un negocio y te hacen una auditoría personal donde se desvela que tu patrimonio al jurar ante el Rey era mínimo; porque si tuviste la desgracia de ser ministro del Interior y encima ponías cara de «queda usted detenido», lo vas a pasar muy mal a la intemperie, cuando el Estado tenga más escrúpulos para ponerte hoy, escoltas, que los que tuvo ayer para pagarte servicios de los fondos reservados, pues bajar a las alcantarillas es caro y a nadie le importa un pimiento qué espray usas para limpiarlas.

¡Ser ex ministro es un trauma! Y además, para ser ministro hay que aceptar ser ex ministro, salvo que tengas el tic facial preciso para hacer creer que cuando dices no estás diciendo sí, y viceversa, y así no hay modo de que te envíen al retiro.

Y lo peor de ser ex ministro es que te pueden volver a llamar… ¡y eso sí que es malo, oiga! Porque, ¿cómo volver a aceptar una cartera donde dejaste los donuts, y van y te la devuelven y ya no están los donuts? ¡Hombre, uno puede, en último grado, ser ministro, pero no gilipollas!

Así que ya digo. No quiero ser ministro. Porque, además, lo hago bien y lo mismo me nombran presidente.

¡Y eso sí que no, oiga!

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Cine clásico: “Amor en conserva”, con los hermanos Marx (Estados Unidos, 1949)

Director: David Miller
Guión: Frank Tashlin & Mac Benoff (Historia: Harpo Marx)
Música: Ann Ronell
Fotografía: William C. Mellor (B&W)
Reparto: The Marx Brothers (en español: Los Hermanos Marx), Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Ilona Massey, Vera-Ellen, Marion Hutton, Raymond Burr, Eric Blore, Melville Cooper, Marilyn Monroe
Productora: United Artists
Género: Comedia. Musical

Sinopsis

El torpe detective Sam Grunion recibe el encargo de recuperar un valioso collar de diamantes que ha sido robado. Buscando la joya, Sam encontrará un montón de curiosos personajes, en especial un grupo de aspirantes a actores que van a representar un musical llamado "Love Happy". (FILMAFFINITY)

“Amor en conserva” fue la decimocuarta y, virtualmente, la última película de los Hermanos Marx, ya que harían su última aparición en la película “La historia de la humanidad” (The Story of Mankind), en 1957, pero en esa ocasión aparecían por separado. La película se basa en una historia original de Harpo Marx desarrollada por Ben Hecht. Iba a ser un vehículo exclusivo para Harpo, pero los productores sólo aceptaron si aparecían los otros dos hermanos, Groucho y Chico.

No fue una película especialmente querida por los hermanos, hasta el punto que Harpo no la menciona en su autobiografía ¡Harpo habla! y la productora, Mary Pickford, negó posteriormente cualquier relación con el proyecto. Seguramente es más recordada por tener una de las primeras apariciones de Marilyn Monroe (concretamente su tercer pequeño papel) en una escena con Groucho.



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Nosotros, la raza superior

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hacia el año 1940 las fuerzas nazis invadieron Noruega. Allí quedaron estacionadas hasta el final de la guerra, en 1945. Durante ese período, más que en ningún otro país de Europa, llevaron adelante el Proyecto “Fuente de vida”, consistente en hacer embarazar numerosas mujeres noruegas por soldados alemanes. La idea que alentaba tamaña iniciativa era “que ningún niño ario quedase sin nacer”. Es decir: promover una política natalicia que propiciara la expansión de la “raza superior”, en el entendido que los noruegos eran lo más cercano a los arios que podía encontrarse en el continente europeo.



En Noruega, más que en ningún otro país ocupado por los nazis, los soldados alemanes se reprodujeron con mujeres locales. En otros lados esto estaba terminantemente prohibido, pues se consideraba a los ocupados como “raza inferior”. Con los noruegos era distinto. El Führer admiraba grandemente la “sangre vikinga”, considerando al pueblo nórdico como “arios puros”, por tanto: raza superior, cercana a la alemana. Los Hogares “Fuente de vida” proporcionaban cuidados diversos a los niños nacidos de estas uniones. Al menos se contaban 15 instalaciones en territorio nórdico, que albergaban a 8.000 niños productos de estas uniones pretendidamente eugenésicas.

Terminada la guerra y derrotada la maquinaria militar alemana, vino la venganza de los noruegos. Las mujeres que habían dado a luz a estos niños pasaron a ser una vergüenza nacional: “las putas de los nazis”. Fueron vilipendiadas, ultrajadas, excluidas. Las criaturas nacidas de esas uniones corrieron igual o peor suerte. La gran mayoría terminó en orfanatos (ninguna familia noruega los quería tomar en adopción). Muchos fueron a parar a hospitales psiquiátricos, bajo el supuesto que sus madres “debían haber estado locas para engendrar con un alemán”.

Hans Stück Petersen fue uno de ellos.

Su padre, el soldado raso Franz Stück –un alegre y bonachón muchachote de Munich que ni siquiera sabía qué significaba nacional-socialismo, y que sólo intuía que si Alemania triunfaba en la guerra a él le iba a ir bien económicamente, al menos según lo que le habían dicho– dejó Noruega a poco tiempo de embarazar a Astrid, una robusta campesina de 1.80 metros de alto, rubia como el sol y de enormes ojazos azules. Hans nunca supo nada del hijo que engendró. Ni le preocupó mucho tampoco. De regreso en su Baviera natal trató de olvidar el ominoso pasado como soldado de una fuerza de ocupación. Se casó con una alemana humilde hija de un albañil –Gundula– con la que tuvo cuatro hijos, y de ahí en más trabajó toda su vida en una fábrica de cemento como operario. Del hijo noruego ni siquiera el recuerdo le quedó.

La madre de Hans, Astrid Petersen, fue separada del niño poco tiempo después del nacimiento. Sin tener muy claro por qué, fundamentalmente influida por la propaganda nazi durante el tiempo de la ocupación de Noruega, se convenció que, sin dudas, la “raza aria” era superior. Juntarse con un alemán de pura estirpe –Franz lo era, con su metro noventa de altura, su cabello más rubio aún que el de ella y sus ojos más azules que el mar– ayudaría a procrear esa especie de super hombres que se buscaba. “Eso”, pensaba la pobre Astrid, “al final es bueno para todos. Mejor que queden los superiores, que los inferiores vayan desapareciendo”. Había llegado a tener la certeza que su hijo era una aporte en lo que ella entendía como una “causa universal”, el “mejoramiento de la Humanidad”.

Hans fue tomado por uno de los hogares “Fuente de vida”. Pero al terminar la guerra desapareció el proyecto que lo albergaba. Por tanto, igual que muchos “futuros super-hombres” según los ideólogos nazis –que, en realidad, nunca llegaron a serlo– quedó abandonado, librado a su suerte. En un primer momento el gobierno noruego consideró la posibilidad de enviar a estos “niños vergonzantes” a Alemania, pero a instancias de la negativa de los triunfadores en la contienda, los Aliados, el proyecto se desechó. Por tanto, con apenas tres años Hans fue a parar a un orfelinato. Allí transcurrió varios años, sin ningún calor humano, criado como solitario animalito al que sólo se le suministraban los cuidados básicos. De ese modo fue perdiendo el idioma alemán, pasando a un noruego muy primario.

Cuando tenía nueve años, un vez más las autoridades noruegas intentaron deshacerse de esta “lacra nacional”. De ahí que concibieron la idea de juntar a los niños nacidos de soldados alemanes con sus respectivas madres –trabajo complicadísimo, pero que estimaron valía la pena– para enviarlos, madres e hijos, a Australia en calidad de deportados. Finalmente, ese proyecto tampoco prosperó.

Hans siguió creciendo, con una confusa idea de la vida, de su identidad, de sus padres. Lo de “raza superior” le resonaba continuamente. Los pocos años pasados en la casa-cuna alemana y criado como futuro “dueño del mundo, en tanto raza superior”, habían dejado una marca indeleble. Su lengua materna por siempre fue el alemán, “la lengua de Goethe, de Kant, de van Beethoven”, repetía sin siquiera saber quiénes eran los personajes evocados.

Indeleble era esa marca, pero igualmente problemática, porque le trajo una serie de interminables choques con sus rodeantes. Y no sólo con noruegos, sino también con otros hijos producto de ese loco experimento nazi, con otros supuestamente “futuros super-hombres”. Sin dudas, Hans era un sujeto problemático, difícil. Esa tremenda confusión de identidades era el envoltorio de un “loco de remate”, como lo definían sus cuidadores.

Aborrecido por propios y extraños, humillado en su simiente, tipo huraño y siempre al borde del estallido –se vivía peleando con todos, y dado su descomunal y robusto físico siempre castigaba duro a sus oponentes– a la edad de trece años fue trasladado al hospital psiquiátrico de Lier, en la provincia de Buskerud.

El traslado no significó ningún cambio especial en su vida. No, al menos, en el trato cotidiano. Las desatenciones, la frialdad, incluso cierta cuota de violencia física eran iguales tanto en el hospicio de huérfanos como en el hospital psiquiátrico. La diferencia fundamental –no poca cosa, por cierto– es que en el manicomio recibía periódicamente electroshocks. Por supuesto, no tenían ninguna función terapéutica. Eran, en todo caso, meros castigos, reprimendas cuando sus cuidadores, no muy distintos a los del orfelinato, estimaban que había cruzado la línea. Y eso, por supuesto, podía ser cualquier cosa: no querer bañarse, decir un insulto, pelearse con otro paciente, orinar adrede fuera del inodoro.

Secretamente Hans iba sintiendo día a día un odio inconmensurable contra todos. Llegó a tener un documento de identidad noruego, pero no se sentía de ese país. No tenía amigos, padres, confidentes. Sólo gente que cuidaba de él. Más aún: no cuidaban, sino que lo vigilaban, lo controlaban continuamente. Su vida había sido la de un “peligro social”, de una bacteria dañina de la que había que tomar distancia. Por todo eso, en la soledad de su cama en el pabellón de los crónicos –ahí lo habían ubicado en el loquero – por las noches, con la luz apagada, solía tararear lo que recordaba de los buenos tiempos del proyecto “Fuente de vida”: “Deutschland über alle!”*, sabiendo que esa “s” que faltaba (así lo cantaban sus cuidadores de entonces) hacía la diferencia. En el fondo, secretamente seguía sintiéndose un alemán de “raza superior”, “por arriba de todos”.

A los dieciocho años, cuando llegó a la mayoría de edad y las heridas de la guerra estaban ya bastante cicatrizadas en el país, fue dado de alta del hospital. En realidad eso, más que una medida higiénica que le devolvía la salud, era un nuevo castigo. O más aún: una condena.

Para uno de estos niños infamantes, deshonrosos –ahora adultos–, estas “vergüenzas de la peor época vivida”, estas muestras vivientes de un pasado que no debía retornar, la vida no era fácil. Odiados, siempre segregados, crecidos como parias, integrarse a una vida normal era un reto monumental. En el caso de Hans, dadas sus características tan peculiares, su agresividad siempre lista para dispararse, su odio visceral mantenido en secreto, el desafío era más grande aún. Otros productos de ese experimento habían podido recuperarse aceptablemente, sintiéndose noruegos. Huérfanos en todo caso, despertando la natural lástima a que mueve cualquier niño que se crió sin padres, pero noruegos medianamente integrados al fin. De hecho, la gran mayoría de estos niños, andando el tiempo pudo llevar una vida aceptable. Lo de Hans Stück era distinto.

Se sentía no sólo alemán sino, fundamentalmente, distinto a todos. Por lo pronto nunca abrazó ninguna religión. No podía concebir cómo era eso de alabar a un ser superior. “¿No eran ellos acaso, los del Proyecto, los superiores?”

Su formación académica era muy pobre. En el orfelinato lo habían alfabetizado en noruego, y hasta antes de ser ingresado al hospital psiquiátrico en Lier cursó parte de la escuela secundaria. Ya internado, no siguió estudiando. Por todo ello, cuando salió de alta, más que un beneficio eso fue su perdición.

Despreciado, olvidado, con casi ninguna habilidad para ganarse la vida, sin redes familiares o de amigos como apoyo, con un muy pobre idioma noruego y un alemán prácticamente olvidado, Hans se encontró bastante, por no decir muy perdido. Lo único que lo mantenía era su secreta convicción –enfermiza, casi delirante– de ser “mejor” que los otros. Aunque eso no le daba para comer. Alimentaba su espíritu (¿su loca soledad?, ¿su alucinante mundo fantasioso?), con lo que se daba aliento. De todos modos, la cruda realidad se imponía. Y las necesidades perentorias mandan.

De ese modo, con esa triste y negra historia a sus espaldas, comenzó a trabajar como basurero en la ciudad de Fredrikstad.

Fue contratado por una actitud de solidaridad humana, casi de compasión, del funcionario municipal que se apiadó de su situación. “Para ser basurero no se necesita gran cosa, así que mejor un basurero que un ladrón en las calles” fue el razonamiento del buen hombre. Sin dudas, no se equivocaba. No le esperaba precisamente un futuro venturoso a Hans con todo su historial. Si a eso se le suma la locura delirante heredada de sus años de Proyecto “Fuente de vida” –cosa que mantenía en el más profundo secreto–, su realidad era francamente desesperante, patética.

Los años pasaron. Vinieron las primeras canas, y el Estado benefactor lo ayudó a sobrevivir bastante dignamente. A la edad de 43 años decidió trasladarse a Oslo, la capital del país. Cuando se lo preguntaron, no pudo explicar por qué. En general Hans nunca se preguntaba nada, el porqué de las cosas. Sólo rumiaba en silencio su desprecio por esos “decadentes inferiores” con que se movía a diario y se limitaba a cumplir mecánicamente con sus necesidades primarias. Entre ellas estaba trabajar; de eso comía.

La realidad le había ido demostrando, a base de duros golpes en muy buena medida, que para ganarse el sustento diario había que esforzarse. Comparando, era preferible el orfelinato. O el psiquiátrico incluso, quitando los electroshocks. Ahí no había que hacer mayor esfuerzo: estaba atendido, siempre había comida a su disposición y no tenía que lavar baños –cosa que lo molestaba sobremanera, y de hecho lavaba el baño de su casa muy ocasionalmente, cada dos o tres meses–. Su sobrevivencia, tanto en Fredrikstad como en Oslo, había sido de lo más modesta. Ni siquiera se le ocurría que podía pensar en lujos. Con 45 años nunca había tenido sexo. Cuando sus compañeros de trabajo le proponían visitar prostitutas, rehusaba casi con vehemencia. La posibilidad de tener una pareja ni siquiera le pasaba por la cabeza.

En la capital su vida no había cambiado sustancialmente. Trabajaba ahora como personal de limpieza en el Real Ministerio de Agricultura y Alimentos. Era un ciudadano noruego, pero en modo alguno se sentía súbdito de la Casa Real que gobernaba el país. “¿Quién dijo que esos reyesuchos son superiores, si no son alemanes?”, razonaba con odio. Con el paso del tiempo cada vez fue tornándose más reservado.

Nunca supo cómo fue que lo descubrieron –seguramente por ser empleado público había un historial con todos sus datos–, pero lo cierto es que una vez recibió la visita que le cambiaría la vida. Era un abogado con dos varones de aproximadamente su misma edad que un día de tantos llamaron a su puerta. La conversación fue franca, directa.

“Usted, igual que nosotros dos, sufrimos lo mismo. Usted, Hans, es hijo de un monstruoso experimento. Nosotros no tenemos la culpa de eso. Todos estos años hemos sufrido lo indecible por nuestro origen, y ya es hora de decir basta. Vamos a presentar una demanda al Estado, para que nos dé un resarcimiento”, espetó uno de los visitantes, un rubio tan rubio como nuestro personaje, con cara igualmente glacial e inexpresiva.

“¿Nos dé qué?”, preguntó estupefacto Hans. No entendía de qué le estaban hablando. La sola mención del “monstruoso experimento” lo sacó de quicio. Pensó en golpearlos, en mandarlos que se retiraran de inmediato, pero el haber tomado la palabra el abogado lo sosegó un poco.

“Vea, mi amigo Hans…”

“¡Yo no soy su amigo! ¡¡Ni siquiera lo conozco!!” se apresuró a gritar Hans.

“Es cierto, es cierto… No somos amigos… todavía. Pero lo que le vienen a proponer estos compañeros, y yo también, nos va a hacer amigos. ¡Todo esto es por nuestro bien!”

Hans dudaba. No entendía de qué se trataba la propuesta. Pedir una indemnización al gobierno no entraba en su esfera de razonamiento. ¿Cómo era eso posible? ¿Por qué iba a demandar al gobierno?

“La historia fue muy dura con nosotros. Nosotros no tenemos culpa de todo esto que nos pasó, de ese desprecio del que fuimos víctimas durante nuestra vida”, trataban de explicarle. “Por eso alguien tiene que hacerse cargo de este sufrimiento que se nos ocasionó”.

Al escuchar la cifra por la que se demandaría –el equivalente a 30.000 euros– lo hizo detenerse un momento. Hans jamás había sido un apegado a las cosas materiales. Por el contrario, dado que había vivido siempre en la escasez, lo suyo era sobrevivir como se pudiera sin pedir más nada que lo estrictamente necesario. La pretendida “raza superior” no pasaba de ser una loca idea que le acompañaba a diario, pero sin efectos prácticos reales. De todos modos, la posibilidad de contar con una cifra de dinero que se le representaba una fortuna inconmensurable, no le desagradó. ¿Eso tendría algo que ver con la “raza superior”?

“¿Y qué tendría que hacer yo?”, preguntó desconfiado.

“Pues… dar testimonio de todo lo sufrido estos años. Tenemos sus datos y sabemos algo de su historia”.

Luego de unos instantes de cavilación, reaccionó cortante, con unos ojos que centellaban:

“Raus!”*

Por varios días siguió masticando la propuesta. En realidad no pensaba tanto en la recompensa material sino en lo que podría representarle dar testimonio de su vida. Reconocer que lo habían dañado, que era una víctima, eso no entraba en su campo de miras. En absoluto podía sentirse así. Desde su maniático ascetismo a veces incluso sentía lástima por esos “perdidos vikingos inferiores que no le llegaban ni a los talones a los arios legítimos” cuando veía los festivales de consumo que representaba una sociedad opulenta como la noruega. Con honestidad, sin fingirlo, se compadecía de sus congéneres.

Nunca había visitado Alemania. Es más: nunca había salido de Noruega, salvo una oportunidad en que había pisado suelo sueco, atravesando por unos pocos metros la línea fronteriza. Tampoco anhelaba especialmente llegar a territorio germano: era sólo la fantasía en relación a “la raza”.

Lo había visto en televisión en más de alguna ocasión, y eso le llamó la atención. De todos modos, en su país no era fácil conseguir un arma de fuego como sí lo era en Estados Unidos, de donde venían esas noticias. Sin embargo se las ingenió para ir tejiendo una complicada trama que, al cabo de dos meses de recibir la infausta visita, le permitió tener un fusil-ametralladora automático en sus manos.

Por varios días vivió un estado de excitación único en su vida. Se sentía literalmente en la gloria. Era el éxtasis absoluto. Había pensado cada uno de los detalles. No necesitaba alcoholizarse ni tomar alguna droga para cobrar valor, tal como veía en esas “noticias cochinas, de esos estúpidos vaqueros mascachicles”. Por el contrario, él daría una lección de moral a la humanidad, para que de una vez por toda entendieran “lo que es bueno”, según su parecer.

No muy deseoso, más que nada para no morirse sin saber de qué se trataba el asunto, dos días antes de la fecha estipulada visitó una prostituta. Fue la primera vez en su vida. No le desagradó, pero tampoco le fascinó. Difícilmente lo repetiría. “Hay cosas más lindas que estas”, se dijo.

Su vida, al menos así lo sentía Hans, era una continua lucha a muerte con la muerte. “Esa hija de puta no me va a ganar” se repetía casi con obsesión. Pensaba que sería él quien decidiría cuando dejaría de vivir. Esperar a que aparezca “la huesuda” decidiendo era impensable. Y ahora había llegado el momento ideal. Iba a dejar salir su odio acumulado en forma de revancha, de reivindicación –así se lo figuraba– y luego sería él y no la muerte la que tomaría la decisión. Había pensado hasta el último detalle.

Se arrepintió cuando estando con la sexoservidora dijo que pronto “algo grande pasaría”. Para la joven fue una estupidez más sin sentido de tantas que escuchaba por día con sus clientes. Hans, no obstante, pensó que eso lo podía delatar, que estaba dejando demasiadas pistas. Eso “grande” en que estaba pensando era, nada más y nada menos, que la eliminación de no menos de veinte personas con el arma automática que había conseguido, para luego dispararse en el paladar.

Pero la “raza superior” no funcionó tan a la perfección como había supuesto que funcionaría. Por los nervios de la situación, la inexperiencia en el manejo de armas de fuego, la locura galopante que lo atenazaba, por la combinación de todo eso, por lo impracticable del plan que había urdido, el primer disparo pegó en una lámpara de alumbrado público, e inmediatamente se le trabó el fusil. A la policía no le costó mucho encontrarlo y reducirlo. Sus gritos atronadores –“¡suéltenme, mediocres!”– más que asustar provocaban algo de risa.

Ironías del destino, fue conducido nuevamente al Hospital Psiquiátrico de Lier. Sedado como estaba, casi no reconoció el lugar que, con el paso del tiempo, estaba muy cambiado. Ironías del destino también, se volvió a encontrar con la que fuera su primera enfermera, Agnes. Por aquel entonces, muchos años atrás, ella hacía sus primeras armas como enfermera psiquiátrica. Ahora estaba jubilada, pero no había perdido su vitalidad. Era por eso que nunca abandonaba del todo el hospital y siempre se las arreglaba para llegar de tanto en tanto como docente invitada con las nuevas promociones de enfermeras, e incluso de psiquiatras.

Fue ver a Hans, escuchar el motivo de su internación y recordarlo de inmediato. “Jóvenes: estos son los estragos de tanto electroshock… ¡O de tanto experimento loco que hicieron quienes se creyeron superiores!”

Tomado de su libro “Cuentos filosóficos”, de pronta aparición.

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El rey Batata

Antonio Prada Fortoul (Desde Cartagena de Indias, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El poblado de San Basilio de Palenque, fue fundado por Benkos Biohó, un invicto guerrero africano de la etnia bissago, rey de los cimarrones y líder de un movimiento emancipador que marcó un hito en las luchas libertarias de América en el período histórico de 1599 a 1621 en la provincia de Cartagena de Indias.



San Basilio de Palenque por su inmensa riqueza cultural, fue declarado Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidadpor la Unesco. En ese pueblo del Caribe nació en un lejano Julio de 1.802, Luis Carlos Salgado, descendiente de tamboreros conocidos con el apodo de “Batata”.

Pertenecía este genio de la percusión a un grupo clanil del cual decían los ancianos del pueblo, que los varones, eran escogidos por los Orishas como tamboreros jurados y ungidos por Changó, dueño de los tambores. ¡Kabiosile!

Un ancestro de esa familia acompañó al rey Benkos y su ejército de cimarrones en sus luchas libertarias inflamando con la magia de su tambor, el corazón de los africanos de nación dispuestos a pelear hasta la muerte en defensa de su libertad.

Decían que cada “Batata” moría cuando uno de sus descendientes, dominara los elementos y se comunicara con los Orishas haciéndolos “bajar” a este plano con el mágico sonido de la percusión, en ese momento se aseguraba la sucesión. Cuando falleció su padre, Luis Carlos asumió las funciones de tamborero de San Basilio de Palenque; toda celebración era amenizada con el mágico toque de “Batata” cuya fama rebasaba el ámbito de la región. Como miembro de ese linaje, aprendió a comunicarse a través del mántrico sonido de sus tambores, con los entes, llamados Eggún (desencarnados) por sus abuelos africanos.

En Pasacaballos, población cercana a Cartagena, un tamborero llamado Mamerto Ahumedo en el frenesí de una monumental parranda en la gallera, retó a “Batata” para un “pique” percusivo anunciando que el perdedor pagaba la parranda.

Batata que en esos momentos estaba en su natal Palenque con varios amigos tomando ron de trapiches criollos, tuvo una premonición, usual entre los hijos de Changó el dueño de los tambores y dijo: “Alguien quiere meterse conmigo”.

Al día siguiente cuando llegaron al pueblo los galleros palenqueros que pelearon sus aves en el citado poblado, informaron a “Batata” el reto lanzado por Mamerto. Respondiendo el desafío, mandó a avisar que dispusieran todo para el domingo siguiente en la mañana. Conocía al retador y sabía que era un buen tamborero, pero dudaba que este pudiera vencerlo en un pique.

Hubo mucha expectación por el desafío. El domingo siguiente cuando clareaba en Palenque salió Batata para Pasacaballos, lo acompañaba un grupo de familiares y amigos dispuestos a parrandear hasta el día siguiente. Iban orondos en sus burros, Batata tenía el tambor entre sus piernas y le hablaba con su voz serena y arronada, acariciándolo delicadamente. Tenía los ojos cerrados y entonaba una extraña teoglosia, una oración en lenguas que utilizaba para estimular al tambor.

Ese secreto lo había aprendido de su padre y Batata se lo había enseñado a su pequeño hijo de diez años el cual interpretaba el tambor a la perfección.

Era un secreto que se transmitía de generación en generación.

Decía Batata a sus acompañantes, que nunca el tamborero ejecuta la percusión, “Es el Tambor que se apodera del ejecutante y lo hace tocar”.

Los africanos que llegaron a Palenque con Benkos Biohó, decían que Changó llamado por los congos Siete rayos o Tata Nfumbe es el dueño de los tambores, en Africa. Batata afirmaba que existen unos tambores llamados Batá, son elementos utilizados ceremonialmente para llamar a los Orishas, pensaba que del nombre de esos tambores, venía el apodo que lo identificaba.

Para efectos rituales solo se tocan de día, porque de noche “no hablan”.

“Esos tres batá cuyos nombres son Iyá, Okóncolo e Itotelé, conocido también como Omelé u Omelenko, son sagrados; existen en ese continente, los tambores Djembí, y otros de uso ceremonial. Hay otro tipo que se utilizan en ceremoniales secretos, los que no puedo decir el nombre, porque ustedes no son tamboreros”.

En Gambote esperaban tres embarcaciones con palenqueros residentes en ese palafítico pueblo que iban a unirse a la delegación del percusionista ungido por Changó. Batata y sus acompañantes se embarcaron en las pangas rumbo a pasacaballos donde era muy apreciado; llegaron a las nueve de la mañana. Mamerto esperaba en el embarcadero donde se abrazaron amistosamente.

Más que competidores eran amigos y se respetaban mutuamente. En el sitio del ágape asaban una res y tres grandes ollas hervían con costillas, ubre, carne salada y mondongo, que esparcían su olor por el entorno.

No había dinero de por medio en la competencia percusiva, solo el prestigio que le esperaba al ganador era el aliciente para los entusiastas contendientes.

En el centro de la plaza hicieron un círculo de cal de diez metros de diámetro en el que se ubicaron los competidores y los miembros del jurado conformado por reconocidos tamboreros.

Los contendores estaban frente a frente mirándose en silencio.

Tiraron una moneda y le tocó primero a Mamerto ejecutar su toque de tambor.

Acarició su instrumento con sapiencia, se sentó en el centro del redondel, tocó con sus nudillos los lados de su tambor, probó su temple y colocándoselo en las piernas inició su toque que empezó con una nota monocorde que fue variando y enriqueciendo en la medida en que el ritmo se hacía más frenético y armonioso.

Fue una interpretación magistral, los jurados ante la brillantez de esa ejecución lo dieron como vencedor; pensaron que iba a ser difícil para el percusionista palenquero igualar esa brillante ejecución.

Cuando le tocó el turno a Batata, se sentó en el centro del redondel, colocó el tambor en el suelo y lo hizo rotar con fuerza hacia la derecha, cuando cesó su giro vertiginoso se ubicó en el sitio que apuntaba el parche, parsimoniosamente lo colocó entre sus piernas murmurando en silencio una teoglosia usual entre los congoleses, acarició sus costados, le habló en africano, colocó las manos en su pecho, frente y después las puso en el parche de cuero con mucha suavidad y elevando la mirada al infinito, empezó su toque.

Duró cuarenta minutos su interpretación.

En ese lapso, las aves que surcaban el cielo detuvieron su vuelo y se posaron en los techos de las casas cautivadas por la mágica melodía que salía de ese tambor. Los presentes sin proponérselo, bailaron frenéticamente al compás del sonido mágico del tambor interpretado por Batata. Hasta los jurados se sumaron al frenesí vertiginoso que despertó la trama mélica de esa mágica percusión.

En uno de sus seráficos y ceremoniales ensimismamientos gritó con fuerza el famoso tamborero: ¡Llueve!..Enseguida un menudo sereno empapó a los presentes que bailaban sin parar; cuando Batata gritó: ¡Escampa! cesó la llovizna. Cambiando la entonación del toque, hizo que los perros del pueblo en una extraña jauría, empezaran a aullar desde las bocacalles de la plaza en un sobrecogedor coro canino, con otro toque los aplacó e hizo cantar a los gallos en los corrales en una sinfonía que hizo despertar al más reacio durmiente.

Al ejecutar otro tipo de toque callaron los gallos y una fuerte brisa empezó a soplar desde sotavento la cual cesó cuando tocó tres veces una misma nota haciendo resbalar uno de sus dedos por los cueros del tambor.

El pueblo estaba maravillado, era algo irreal, fantástico, más de lo que podían esperar de un percusionista, aplaudieron hasta el frenesí, saludando el triunfo del gran Batata que, había ratificado su condición de tamborero sagrado.

Los espontáneos lo cargaron en hombros y lo llevaron al sitio de la celebración, donde empezaron a sonar los bullerengues y se destaparon las botellas de ron.

Las mujeres presentes en la frenética y sandunguera batahola, alborozadas y alegres empezaron a bailar, animando la parranda con su centelleante menequeo de caderas.

Mamerto reconoció a Batata como vencedor y alabó su maestría como tamborero.

La monumental fiesta duró hasta el dia siguiente por la tarde cuando Batata y los palenqueros iniciaron su regreso a San Basilio de Palenque. La noticia se regó en Cartagena y en el archipiélago de islas que la circundan, sabían que batata había derrotado a Mamerto en una competencia tamboril. Tanta era la sapiencia del tamborero sagrado, que con su toque encantado, espantaba los espíritus malos que llegaban a perturbar a los habitantes del pueblo. Su toque encantado hacía despuntar las espigas del millo y atraía entidades divinas que bendecían los lugares donde la suerte y fortuna eran adversas y hacía caer los gusanos renuentes de las laceraciones de las reses en los pastizales palenqueros. Los tamboreros más famosos de África y el Caribe, reconocían en Batata al más destacado entre los percusionistas hijos de Changó.

Cuando murió Batata, un tambor solitario giraba en el patio de su vivienda, ejecutando un magistral toque que reunió a todos los difuntos en el viejo árbol de totumo donde esperaban a Batata el rey de los tambores.

Un coro de ultratumba repetía: Batata…que Ibaé Iban Tonú.

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Bellos lugares de Aragón, España

Hermosas vistas de la tierra aragonesa, en España, con un hermoso acompañamiento musical con gaitas.

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Música: La Sonora Dinamita y la cumbia

La Sonora Dinamita es una agrupación colombiana de música de cumbia, formada en el año de 1960 por Antonio Fuentes (dueño de la casa disquera Discos Fuentes), como un proyecto cuyo líder de la agrupación fue el fallecido cantante Lucho Argaín, nombre artístico que le asigna Antonio Fuentes por el homónimo de un cantante mexicano llamado Luis Pérez Meza. Al morir, en el 2002, Discos Fuentes decide reestructurar la agrupación y se realiza un convenio con Oscar Flores, para así integrarse a Representaciones Artísticas Apodaca, cambiando su lugar de residencia a Torréon, Coahuila, México, quedando como líder Eddy Guerra para grabaciones y presentaciones en vivo.



Además de su propuesta musical y la frescura y picardía que había en sus canciones, esta agrupación se caracterizó por ser la cantera de muchos cantantes de la música tropical que han logrado una carrera sólida como solistas, tales como Margarita la Diosa de la Cumbia, Fruko y sus Tesos, John Jairo-El Sorullo, La India Meliyará, entre otros.

Su repertorio discográfico es enorme. Sólo a título demostrativo dejamos aquí algunos de sus más famosos éxitos:

1. La pollera colorá


2. El viejo del sombrerón


3. El cucu


Fuente: WIKIPEDIA

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Libros: “Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo”, de Franco Berardi Bifo

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Dejamos hoy un nuevo texto, en traducción directa del italiano. Reflexiones filosófico-semióticas de intrincada complejidad.

¡Buena lectura!

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