viernes, 7 de febrero de 2014

Adiós a Félix Grande

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Acabamos de perder a Félix Grande (Mérida, 1937 - Madrid 2014). Estudioso del flamenco, comenzó como guitarrista, se fue acercando a la literatura. Lo recordamos como un gran poeta que obtuvo ya el premio Adonais en 1963. De ese poemario:



Noviembre llueve

Comprendías entonces que tu vida, tu amada
vida, tu única vida, tu pobre don, parece
una mano cerrada por donde todo huye
hasta que te clavaras los dedos en ella para siempre.

Comprendías entonces durante esa mañana
-parecida a una tarde muy vieja, muy inerte-
que el agua, el agua fina del tiempo, se te huía
como un color que en sombra se calla para siempre.

Comprendías entonces que estabas muerto, vivo
para morir, muerto en el camino, vivo decadente.
Asomado al rectángulo de la ventana ibas
recordando tristeza de tristezas; oh, siempre

es igual: la lluvia se prolonga en el tiempo
la vida se sucede monótono y estéril,
y tu comprendes, y ahora vas y vienes, y vas
y vienes, y comprendes, y no te basta... oh, siempre

es igual: el viento se muere en los visillos,
la nostalgia se cansa de sí misma, noviembre
llueve, la vida llueve, el mundo llueve, todo
te parecía una lluvia cansina y para siempre.

Las piedras (1958-62)

Os recomiendo su antología Una grieta por donde entra la nieve publicada en 2006 por Renacimiento, y de ese poemario el poema que lo cierra del apartado Otros poemas que titula (Poética) así entre paréntesis, pero que es mucho más que una poética:

(POÉTICA)

Tal como van las cosas tal como va la herida
puede venir el fin desde cualquier lugar
Pero caeré diciendo que era buena la vida
y que valía la pena vivir y reventar

Puedo morir de insomnio de angustia o de terror
o de cirrosis o de soledad o de pena
Pero hasta el mismo fin resistirá el fervor
me moriré diciendo que la vida era buena

Puedo quedar sin casa sin gente sin visita
descalzo y sin mendrugo ni nada en mi alacena
Sospecho que mi vida será así y ya está escrita
Pero caeré diciendo que la vida era buena

Pueden matarme el asco la vergüenza o el tedio
o la venal tortura o una bomba homicida
Ni este mundo ni yo tenemos ya remedio
Pero caeré diciendo que era buena la vida

Tal como van las cosas mi corazón se llena
de puertas que se cierran con sigilo y temor
Pero caeré diciendo que la vida era buena
la quiero con cansancio con horror con amor

Otros poemas. Félix Grande (1974)

Aquí lo tenemos recitando este poema, Poética, hace sólo tres meses e indicando la vigencia del mismo:


En este otro video recita y comenta El desterrado del Espasa dedicado a su suegro que fue asesinado y borrado de ese diccionario por motivos políticos:


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Salí corriendo y me eché casi medio frasco de Clive Christian N° 1

Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tengo recuerdos muy vívidos del olor de mi viejo. Los tengo evidentemente en las neuronas de mis fosas nasales, que es lo mismo que decir en las neuronas de mi nariz, ¿ustedes sabían que la nariz tiene neuronas?, (pues tomen nota); y en mi cerebro, y muy posiblemente en el corazón. Nadie sabe exactamente dónde se almacenan los recuerdos, esos que te persiguen toda la vida, hasta que el Alzheimer te hace presa y adiós, se acabaron los recuerdos, y es entonces donde se comienza de nuevo, desde una virtual página en blanco, acumulando material para un relato corto, el último, a veces muy corto. El recuerdo se apareció como un flash, cuando hace unos días me olí el mismo olor que yo le olía a mi viejo. El viejo era una persona muy pulcra con su aseo personal, como lo soy yo. Esto va tomando tintes de relato escatológico, no sé la capacidad que tendré para darlo vuelta, para hablar de los recuerdos que es el tema del cuento, que quería desarrollar. O es que realmente quiero hablar de los recuerdos, y no de los olores, y del de mi viejo en particular, que ahora también es el mío, no lo sé. Mi viejo murió en sus años de adulto joven, mi actual edad. Había tomado un autobús de mediana distancia, que lo dejaría en la capital y desde allí tenía que abordar un vuelo de cabotaje, que lo llevaría unos mil kilómetros al norte del país. La compañía para la que trabajaba, le había enviado un telegrama requiriéndolo para un trabajo técnico, sobre una turbina de generación hidroeléctrica. Mi viejo tomó el autobús. Mi vieja y yo fuimos a despedirlo. El olor de mi viejo lo acompañaba siempre, porque se había impregnado en toda su ropa. No puedo decir que era un olor desagradable, pero sí muy particular. Mi viejo usaba colonias tipo Aqua Velva de diferentes fragancias, pero nada. Evidentemente mi viejo quería deshacerse de ese olor, pero nunca lo logró. Recuerdo que esa noche que lo fuimos a despedir, se puso su ambo de saco cruzado, una camisa impecable y una corbata al tono. Era la época en que los hombres viajaban en avión de saco y corbata, y mi viejo iba a embarcarse en uno, en el aeroparque, desde donde salían los vuelos nacionales. Hace poco volví a encontrarme con la foto donde bajábamos, mi viejo y yo, de un avión, de regreso de Nueva York, eso fue en el aeropuerto internacional; y mi viejo también de traje. En esos años, los fotógrafos tenían acceso al pie de la escalerilla, para tomarles fotos a los pasajeros. Estoy hablando de los tiempos donde las mangas que conectan el avión con el edificio del aeropuerto no existían, y en el mejor de los casos estarían solo en la mente de algún adelantado. Después, el fotógrafo te abordaba dentro del edificio, te preguntaba si deseabas un recuerdo del viaje y te enviaba el material por correo. Eso pasó dos años antes de cuando despedimos a mi viejo en la estación de autobuses. A mi viejo nunca lo volví a ver vivo. El autobús tuvo un accidente, un choque frontal con un camión, y mi viejo que viajaba en el primer asiento, falleció instantáneamente. Según dijo el parte médico del hospital, traumatismo craneal. A mi viejo lo velamos en la funeraria. Hasta hacía pocos años, al muerto se los velaba en su casa, inclusive sobre su propia cama, pero parece que mi vieja era bastante moderna, y decidió que fuera en la casa de sepelios. Había que acercarse al cajón, asomarse y mirar al muerto, que en este caso era mi viejo, y si uno era muy corajudo, y si el amor y el dolor eran muy grandes, darle un beso en la frente. No tengo recuerdos que me haya acercado tanto como para besarlo, pero lo que sí recuerdo es que cuando me acerqué y lo vi dentro del cajón, rodeado de toda una mantelería muy blanca, tenía su traje cruzado, una camisa impecable y una corbata haciendo tono y también ese olor. Todos mis compañeros de escuela estaban acompañándome. Tenía terror que mis amigos se acercaran al cajón y olieran a mi viejo. El terror era casi paralizante cuando pensaba en la que era mi primer amor. Me la imaginaba acercándose curiosa, con algo de esa natural morbosidad de los adolescentes, asomar su carita e inmediatamente salir espantada por el olor de mi viejo. Siempre pensé que como mi viejo estaba casi permanentemente metido entre máquinas y motores, lubricantes, gasolinas, grasas, y aceites industriales; ese olor provenía de una combinación de estos y de los sudores corporales propios del trabajo manual, y del tabaco negro, del cual mi viejo era devoto fumador, y tal vez, porqué no, de las fragancias Aqua Velva. Teoría que mantuve hasta hace muy poco, pero de la que terminé renegando, debido a su estrepitoso derrumbe; dado que lo más cerca que he estado de un motor es cuando manejo mi sedán. A los aceites les tengo alergia, salvo al de oliva de la Isla de Chios, para aderezar la ensalada griega. El trabajo manual me da escalofríos, dejé el abominable vicio del tabaco hace 25 años, y lo mío no es precisamente la Aqua Velva. Poco antes de morir, mi viejo había cambiado el coche, de un modelito, digamos humilde, pasó a una cross country, así se lo denominaba, en aquella época. La desaparición de mi viejo traería algo positivo en mi vida, porque yo era uno de esos adolescentes que encontraban en manejar un vehículo, el summum de la realización humana. Aunque disfruté varias veces en sacar el coche del garage y dar una vuelta a la manzana, límite máximo permitido por mi vieja; la alegría nunca llegó a ser completa, ni se acercó siquiera a lo que podemos pensar en eso que llamamos felicidad, ni mucho menos al éxtasis. El olor de mi viejo estaba impregnado dentro del auto. El cuero y las telas interiores olían a él. Así que cuando mi vieja con el realismo y pragmatismo que la caracterizaron toda su vida, decidió venderlo, desechando mi seria propuesta de ser su chofer oficial, fue como la segunda despedida a mi viejo. Me acerqué al auto para darle el último adiós, me acerqué tanto que casi lo beso, y olí a mi viejo, a través de la ventanilla del conductor.



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Historia de un estar

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No estuve en Japón
pero estuve en Australia
y en Plaza de Mayo
escuchando a Perón.

Empecé a estar
en mi mamá
y después al escuchar
su cantar
en sus brazos
el tiempo pasaba
sin pedazos.

Estuve en rubias
y morochas
y con alguna
jugando a las bochas.

Estuve en entierros
y en nacimientos
sintiendo siempre
nuevos alientos.

Estuve en horrores
y estuve en amores
pero siempre
buscando nuevos olores.

Estuve siempre también
mirando nubes
que resbalaban despacio
en un cielo color topacio.

Y así
escuchar y mirar
para esperar
el tiempo pasar.

Lo único que puedo decir
de esa forma de vivir
es que nunca pude estar en el mar jugando al billar.

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Te esperaba

Liliana Perusini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Te esperaba…
noche tras noche,
envuelta
en los fuegos
de mi alma.

Te esperaba…
y no llegabas,
amado mío,
no llegabas…

Te esperaba…
como siempre,
te esperaba…
con la paciencia
de los años
y la certeza de saber
que volverías.

Yo solo,
te esperaba….
en el silencio
del deseo,
mis pensamientos
mustios,
recorriendo
mi piel enfurecida.

Te esperaba…
como siempre,
te esperaba…



Imagen de Héctor Bruschini

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En homenaje al aniversario 161 de natalicio de José Martí, el Apóstol: Nace el Apóstol

Alejandro L. Perdomo Aguilera (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nace el Apóstol cada 28 de enero,
Nace el héroe innato, el intelectual orgánico,
Nace el combatiente de ideas,
Nace el hacedor de futuro,
Nace la luz y el orgullo de toda una nación,
Nace el amor a la patria y a la libertad,
Nace la vergüenza y el repudio contra el esclavismo y el racismo,
Nace desde sus raíces, el anti-colonialismo, y el antimperialismo,
Nace un nuevo impulso por Nuestra América,
Nacen los Pinos Nuevos y los nuevos tiempos,
Nace un nuevo milenio y el sol aún radiante, en las canteras de San Lázaro.
Nacen con dignidad, otros hijos de Baraguá,
Nacen con el idilio de morir de cara al sol,
Nacen nuevas protestas y reivindicaciones,
Nacen conspiraciones, del Anahuac rebelde,
Nace la emancipación de nuevos hijos,
Nacen nuevas antorchas para la Fragua,
Nacen nuevas familias, y nuevos retos,
Nacen iluminados por la virtud del Apóstol,
Nacen alentados por su coraje y entrega,
Nacen cantos de libertad en nuevos cubanos,
Nacen gritos de unidad entre Latinoamericanos,
Nacen con el idilio del profeta, nuevos rebeldes martianos,
Nacen generaciones con un mismo sueño,
Nace, el sueño de mármol de Martí.



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Plástica: Desde Venezuela, Armando Reverón

(Caracas, 1889 - id., 1954) Pintor venezolano considerado uno de los grandes maestros en la historia de las artes plásticas del país. Realizó estudios en la Academia de Bellas Artes de Caracas y, gracias a una beca, siguió estudios en España y tuvo la oportunidad de visitar París. A lo largo de su vida abordó el tema religioso, las naturalezas muertas, la figura, el paisaje, el autorretrato y el desnudo femenino; estos dos últimos fueron los más recurrentes en su producción. En 1921 se mudó a Macuto y construyó con sus propias manos El Castillete, su morada hoy desaparecida. Se suelen distinguir en su carrera tres grandes épocas: azul (marcada por la influencia de Nicolás Ferdinandov), blanca (en la que exploró los efectos de la intensa luz del trópico) y sepia (ya a finales de los 30). En sus cuadros experimentó con soportes y técnicas inusuales, incorporando materiales como el musgo y el óxido de hierro; pero fue sin duda la luz el elemento más explorado. Creó, además de sus pinturas, objetos de la vida diaria, valorados actualmente como parte de su trabajo artístico.

Hijo de un matrimonio de desencuentros y conflictos, el padre, Julio Reverón, inestable y déspota, desapareció al poco de su nacimiento. La madre, Dolores Travieso de Reverón, confusa y seguramente sumisa, dejó enseguida al hijo en manos de una pareja de amigos, los Rodríguez Zocca, que vivían en una hacienda en Valencia. Sólo años más tarde, tras la muerte de su esposo, su madre haría permanente su presencia en la vida del hijo.

En la hacienda de los Rodríguez Zocca, en Valencia, Armando Reverón se crió en familia junto a Josefina, la pequeña hija del matrimonio, que será su hermana apegada, con y para quien construyó Armando algunos primeros juguetes y muñecas que serán asociados con los que más tarde realizaría en El Castillete. En esos años, rodeado de naturaleza y de evidentes distancias, se inició en la pintura con un tío abuelo materno, Ricardo Montilla. También allí, a los doce años, Reverón sufre un ataque de fiebre tifoidea que determinará en un futuro diagnóstico la presencia psicótica.

A los catorce años muere su padre y se muda con su madre a Caracas. En 1908 ingresa en la Academia de Bellas Artes de Caracas, donde los maestros son Antonio Herrera Toro, Emilio Mauri y Pedro Zerpa. Luego realiza un par de viajes a Europa: primero a Barcelona, en 1911, para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios; después, en 1912, a Madrid, donde se forma en la Academia de San Fernando y en el taller de un pintor acomodado y mediocre, Moreno Carbonero, y en el de un buen maestro y guía, Muñoz Degrain. En ese mismo viaje pasa por París en 1914, pero se sabe muy poco de su estancia. Aunque su estadía en Europa no se traduce en un real avance en su formación plástica, determina un momento decisivo, como aprecian algunos de sus biógrafos. Para José Balza, por ejemplo, ese acontecimiento, más que la llegada y conocimiento de otros territorios, representa la metáfora del viaje, del cambio permanente. Para otros, como Mariano Picón Salas, significó el encuentro con Goya, su descubrimiento y su filiación.

En 1915 vuelve a Venezuela y participa en las sesiones del Círculo de Bellas Artes de Caracas, fundado en 1912 por algunos de sus viejos compañeros, entre ellos Cabré y Monsanto, que se rebelaron en contra de la enseñanza rancia que se impartía en la academia y que tuvieron la necesidad de imprimir energía a los primeros años de la atrasada y desestimulante dictadura de Gómez. Su principal aporte fue sacar a los pintores del estudio y llevarlos al contacto directo con la naturaleza, donde fueron atrapados por los colores y los árboles del trópico, las montañas y los valles, y donde aprendieron a internarse, cual exploradores, en la selva de un cromatismo propio, local. De todos estos pintores, Armando Reverón fue y es el más extraño y el más personal. Estos años, de 1915 a 1920, aún se presentan como un rito iniciático, como el impulso de un hombre que se dirige hacia un lugar, o mejor, que se retira y decide encontrarse en esa renuncia.

En 1917 recibe un golpe que puede considerarse fundamental: la muerte de Josefina, su hermana de juegos, su conexión natural y temporal con el mundo familiar infantil, lo que lo lleva al extrañamiento. En ese momento ya están claramente definidos el pintor y sus dotes, la fluidez de su pincelada. Ya la retina está sellada por Goya y también por Velázquez y sus alucinantes y extrañas meninas, por la vibración y el cromatismo impresionista. Ya en Venezuela se suman, a las anteriores, las influencias europeas del rumano Samys Mützner o del francovenezolano Emilio Boggio, ambos postimpresionistas, pero sobre todo del ruso Nicolás Ferdinandov, ilustrador simbolista que le enseñó el aprecio por un azul obsesivo, el de los fondos marinos, ese azul que cercano se batía contra la arena de Punta de Mulatos, lugar que escogió Ferdinandov para vivir y que conoció en largas excursiones por el litoral con su amigo Reverón.

Un nuevo acontecimiento preparó el terreno para el alejamiento definitivo: Juanita Mota. El agitado carnaval de La Guaira de 1918 presencia el encuentro de un dominó que recibe con sorpresa a un misterioso torero, que es, por supuesto, Reverón. El disfraz de dominó esconde a una pequeña de catorce años: Juanita. Una banda suena. Puede que bailen. Hablan y él le ofrece pintarla. Y en una narración oscura y carnavalesca se entrelazan, quién sabe si por azar, quién si por necesidad, los dos personajes que se acompañarán para siempre y que habitarán juntos un arcádico y fortificado espacio de vida: El Castillete.

En Macuto, cerca de Las Quince Letras, levantó Reverón su casa en 1921, en un terreno que compró Dolores Travieso (toda esa zona y buena parte del kilometraje que bordea el litoral central fue tragado por montaña y mar, con sus habitantes, a mediados del diciembre de 1999). Allí, junto a Juanita, pasaría el resto de sus días, dedicado a pintar cuadros y a construir objetos cotidianos o artísticos, como su serie de muñecas. Hacia el final de su vida, una serie crisis nerviosas lo obligaron a ser ingresado en distintas ocasiones y a abandonar su trabajo pictórico. El alejamiento definitivo fue en octubre de 1953 en el sanatorio de San Jorge, con José Báez Finol como médico psiquiatra de cabecera. Ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Pintura en el Salón Oficial. Falleció un año después, el 18 de septiembre de 1954.

Para describir las que serían las etapas pictóricas de Reverón se puede echar mano al estudio de Alfredo Boulton, que se ha tomado como canónico, donde están diferenciadas las etapas de Reverón por la dominante cromática. Así, tendríamos el período azul, desde su regreso de España hasta 1924; el período blanco, que se extiende por diez años hasta 1936; y, por último, el período sepia. El fuerte dominante azul de los primeros años responde por un lado al encuentro con lo marino y con el mundo de Ferdinandov, y es también heredado del tenebrismo de Zuloaga (al que conoció en su taller de Segovia) y de algunos pintores catalanes.

De esta herencia se destacan el Retrato de Enrique Planchart y El Calvario. Ya en La Cueva (1920) aparece un Reverón más propio, un azul más interno, más cerca de lo que sería su lenguaje, que se sintetiza hasta encontrarse en sí mismo. Allí, en La Cueva, Pérez Oramas lee no sólo a Goya, sino al Giorgione de La tempestad y a una tradición occidental. Y en un gesto profundamente moderno, frente a la ruina de la tradición, Reverón hace de la obra la aparición de lo inalcanzable, como su luz, que se desvanece en un brumoso azul y deja ver el lienzo, mostrando los cuerpos en disolución: "Así están hechas muchas obras de Reverón: con golpes de pincel, con brochazos, veladuras, raspaduras y empastes, casi siempre directos e instintivos, que traducen cerros, nubes, espumas, carnes y todo cuanto había en el universo visual que él contemplaba", observaría atinadamente Miguel Arroyo en El puro mirar de Reverón.

Toda la obra de Reverón debe ser leída como un camino, desandado, de lo representable, que se dirige hacia su pureza, hacia el despojo de cualquier exceso, en una continua transmutación. Pasamos por el Retrato de Casilda, la Figura bajo un uvero, el retrato Juanita (1920-1922) y notamos que el azul se diluye en una ráfaga que ya apunta a esa luz apasionada que cae a toques de sus brochazos, que se hace golpe y tela. La trinitaria (1922) está a punto de ser tragada por la sombra-luz, y los Uveros azules (1922) recuerdan el efecto de arena en los ojos que nos acerca al extrañamiento. En el polvo levantado de muchedumbre en Fiesta en Caraballeda (1924), en el batir de los Cocoteros en la Playa (1926), en la desaparición tras la tela porosa que como la arena borra las huellas que se dejan en Rancho en Macuto(1927), en El Playón (1929) y en la ironía bailarina de carnaval translúcido de Cocoteros (1931), se observan las mismas constantes: los árboles, rostros, cuerpos y paisajes van difuminándose, y toda presencia referencial parece dormir en el poético espacio de la atenuación y el desvanecimiento.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/reveron.htm

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Otra voz para mi ser. Otra agua
en tú-verías, nuevos sonidos
no sonados
aquí
-dame un sonido ex ótico-,
bajo las frondas por hacer.

Todo ha cambiado para mí.
Todo es tú, tus besos, tu alegría
y estoy más cerca de la sangre estoy
donde no cierran mis oídos
estas frases de amor que nunca supe.

A veces me entristezco
o siento ganas de llorar a veces
temo que te amo,
pero nunca
así
como hoy
tus manos contiguas y di estantes.
Tú, necesaria para mí más imposible.

Si pudiera sentirte aquí tan próxima
como allá donde estás,
para poder mirarte tu mirada
y hasta decirte que tus modos.
Un poco de tu música y tu aroma,
algunas hojas tuyas en mis ojos,
ramas que caen en la tarde.

Qué bueno, sí, qué bueno
verte salir contigo en esta calle.

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Esos mostrencos y mostrencas

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Los Asnos de España, todos, todos en sus Rebuznos,
dignos de sí mismos, se muestran Rebuznando y a porfía”

Elogio del Rebuzno

¿A qué nos vienen ahora estas mostrencas y mostrencos con hacer el elogio del voto? ¿Son dignos de un elogio cualquiera de ellos? Don Chorizo, en balancín de volatines y chorreado, que tiene la piel surcada por rayas más obscuras que el color general de la zamarra, comulga en los templos muy pomposo y muy serio, y siembra a chorrillo frases escogidas, todo, todo en honor, en loor, gloria y provecho de peristas que dan garrote a la anguí, dislocando la anilla del reloj del pueblo para robarlo.



El Rebuzno de nuestro pueblo sale del peritoneo, membrana serosa que cubre las paredes del vientre y está antojado, encadenado por las arpías al servicio del poder en manos, queramos o no, del argandí argandó, ejército armado. Y, como dijo Bárbara de Braganza, infante de Portugal, reina de España, como esposa de Fernando VI, que fundó el convento de las Salesas Reales, “la protesta es aro, anillo, sortija en la nariz del cerdo”.

La Banca, muy peripuesta en desahucios, pulcra y atildadamente vestida y ataviada, Rebuzna por el As de Oros o culo en asaselo, regocijo y contento de ver caer hasta el suelo esas aves trepadoras de un pueblo parado que está asornado, narcorajoyzado como astilla muerta entre las fauces de dos perros de partidos muy tremendos, cual remiendo que se echa en el zapato social, que al pro y contra defienden el parasitismo con el mayor tesón y fuerte empeño quedando por encima los archiborriquistas de la mayoría en sistema social o político en que predominan los que viven directa o indirectamente del trabajo de los demás asidos a otros y nutriéndose de su substancia.

Mientras, la menstruación de la Merkel bajía la bají, profetiza la suerte de Europa sobre un cuerpo a guisa de remiendo tapando un agujero en pergamino o piel de tambor, pegando un parche dinerario a todos, cuando sabemos que tan sólo el Rebuzno puro y neto nos salvará entre el bostezo y el cantar del gallo en los Congresos por parejos, o por un parejo en parhelio, especie de meteoro que consiste en un sol aparente que se manifiesta cerca del verdadero y sigue su movimiento.

Balebas y balis, cerdos y marranas paranomaníacos en semejanza que se diferencian sólo por la vocal acentuada en cada uno de sus Rebuznos como Caaaco, Coooco, Cuuuco, Jááácara y Jííícara sueñan con el calichero, ladrón de cerdos barandando, castigando los balorris, las ventosidades del pueblo barbalote, fácil de robar, víctima propicia, parpadeando, meneando los párpados, abriendo y cerrando los ojos, parpando, gritando como el pato de la Cibeles en Madrid, divinidad pagana que simboliza la Tierra, llamada también Deméter, Vesta, Rea y la Diosa Madre coronada de torres y montada en un carro tirado por leones domesticados, acostumbrados a la vista y compañía de la diosa cogiendo su Rebuzno con las patas traseras para asombro y sorpresa de cientos de miriópodos, ciempiés, que vuelan al cielo, trayéndonos como dominguillos que y pero, aunque se nos empuje y hagan hacer daño, volvemos siempre a enderezarnos y ponernos de pie Rebuznando.

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El decreto del anciano

Antonio Prada Fortul (Desde Cartagena de Indias, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Romualdo Martínez nació en el barrio de Bruselas de la ciudad de Cartagena de Indias, siempre fue un joven agresivo, no por desadaptado, sino que su esencia, era de peleador, lo había hecho con todos sus vecinos, siempre tenía una excusa para iniciar una riña con cualquier pretexto por baladí que este fuera.



En el barrio vivía un anciano llamado Julio Santoya, de cabello cano, pasurín, y usaba cola de caballo atípica para la época. Era sanador, capador de puercos, componía huesos, rezaba niños con altos estados febriles, curaba mordeduras de culebra, hablaba con muertos y “cogía a las brujas” nocturnas que perturbaban la vecindad. Era hombre amable, servicial, muy respetado por la gente del barrio. Algunos vecinos le temían debido a sus relaciones con los seres del más allá.

En cierta ocasión un grupo de jóvenes del barrio, jugábamos beisbol en una de las esquinas del parque con una pelota de trapo apretada con hilo de crochet.

En el fragor del juego tropezó Romualdo al señor Julio y este perdió el equilibrio golpeándose la cabeza con el pavimento, el anciano adolorido reclama al zagal su brusquedad y el hecho de no disculparse por el incidente.

Romualdo al escuchar al anciano que le increpa, trata de agredirlo utilizando un vocabulario cerril, entre todos lo contuvimos, pero a pesar de tenerlo sujeto, lanzó un patadón que alcanzó al señor Julio en un costado y le lastimó sus costillas.

Dolido por el alevoso ataque, el señor Julio agarró su bastón y dijo amenazante: “Te aseguro que jamás patearás otra persona en tu vida.”

Adolorido se retiró a su casa sobando su costado. Después del incidente nos retiramos a nuestros respectivos hogares dando por terminado el juego.

Por indicación de nuestros familiares, fuimos a la casa del anciano a disculparnos. Dijo que no guardaba rencor contra Romualdo a pesar de haberlo lesionado y que este no había tenido la decencia de ir a su casa a brindarle alguna explicación.

Un domingo se organiza una pesca en “Las cuatro calles”, sitio donde confluían peligrosas corrientes oceánicas y cantidad de tiburones cuyas oscuras aletas rozaban la amura de los botes hasta casi voltearlos, era una aventura riesgosa y obviamente, en nuestras casas se nos negó el permiso para ir a pescar.

Ese domingo en la madrugada salió Romualdo y tres vecinos más para la faena.

El sitio del Caribe escogido para pescar es especialmente bello, la naturaleza se ha cebado en ese lugar para mostrar su hermosura, el azul sonriente de Yemayá en el mar, tenía variaciones en sus tonos de un turquí profundo y al clarear la superficie se apreciaban diferentes verdes como los laureles dedicados a Osain desde las profundidades de la oceánica manigua. Había un sol calcinante, la superficie del Caribe estaba coronada por olas que morían mansamente en el espejo marino que ofrecía una acuarela viva a quienes pescaban en ese lugar.

Yemayá la reina de los mares y corales, mostraba airosa todo su esplendor en el azul y blanco del océano y cielo que ese día eran más ostensibles.

Los pescadores lanzaron sus cordeles al fondo del bajo donde habían anclado y de inmediato se prendieron en los curvos anzuelos, tres enormes chinos que dieron una gran pelea pero al final terminaron en el plan del bote convulsionando en busca del agua. Siguieron sacando peces del cardumen hasta terminar la carnada; satisfechos se dispusieron a regresar para mostrar los cuarenta peces a los reacios vecinos que se perdieron de esa maravillosa faena.

Romualdo descamó y limpió los peces mientras los dos tripulantes restantes, recogían el ancla artesanal y remaban vigorosamente a la playa. Las tripas de los peces, eran lanzadas por la borda y cada pescado era lavado en las aguas listos para ser consumidos y dejando un rastro sangriento en las aguas. Romualdo lavó sus manos y se acostó en la bancada del bote a disfrutar la fresca brisa que desde el nordeste soplaba hacia la ciudad amurallada.

Sumergió sus pies en la tibieza cálida de esas aguas ensoñadoras.

Lo durmió el arrullo de las olas y el acompasado golpe de canalete de los bogantes al penetrar en el agua, soñaba el pescador con las mujeres del barrio ante quienes iba a pavonearse de su habilidad como pescador.

Se quedó profundamente dormido, relajado y descansado.

Hacía días que no se sentía tan bien, estaba soñando con una fiesta en la cual bailaba con Sarita, una vecina con la que tenía una relación de varios meses, en su sueño, bailaba con ella al ritmo de un danzón llamado “Almendra”. En medio del baile se le aparece la imagen de Julio Santoya pidiéndole un barato.(1)

Interrumpió su sueño un fuerte tirón en una de sus piernas que lanzó su cuerpo violentamente al agua, arrastrándolo por la superficie sin poder impedirlo. Sintió que algo se desprendía de su pierna, experimentó una liviandad inusual, un vacío inexplicable, una sensación de desamparo, desolación, y angustia, se sentía vaporoso y leve, solo entonces pudo apreciar la aleta negruzca de un escualo alejándose mar adentro después de haberlo mordido a la altura de la rodilla.

Un impresionante surco sangriento tiñó la superficie marina y solo hasta entonces fue que sintió una quemazón en su pierna izquierda.

Trató de nadar hacia el bote que se le acercaba raudo para ayudarlo y no pudo desplazarse en el agua porque no le respondían sus piernas. Sintió una debilidad terrible y lentamente empezó a hundirse en las profundidades marinas. El brazo solidario de un compañero de faena lo agarró de la camisa y lo subió al bote, su cuerpo desgajado y pálido cayó exánime en el plan de la embarcación, su mirada carente de brillo, impresionaba por el desamparo de su expresión.

Lo que había sido la pierna de un joven deportista vigoroso y sano, se había convertido en un desgarrado muñón sangrante, palpitante, del cual brotaba la sangre a borbotones.

Le amarraron un torniquete en la pierna con una camisa apretándolo fuertemente, los bogantes canaletearon con vigor dirigiéndose al hospital más cercano.

Cuando vararon el bote en la orilla de la playa cercana al hospital, un grupo de voluntarios llevó el desmadejado cuerpo a emergencia. La noticia se regó por la ciudad y en menos de una hora familiares, amigos y autoridades, esperaban en la puerta del hospital noticias del joven atacado por el escualo. Los médicos salieron a la recepción solicitando voluntarios para hacer una transfusión, varios jóvenes en solidario gesto estiraron su brazo para salvar al amigo cuya vida peligraba.

Cinco horas después de haber ingresado al quirófano e intervenido por los galenos, fue conducido a cuidados intensivos donde iba a permanecer setenta y dos horas. Los vecinos y amigos en las esquinas del barrio, en la tienda, en el parque y en los sitios donde solíamos reunirnos, comentábamos, la tragedia que embargaba a esa familia y el drama de nuestro amigo que aún no despertaba.

Romualdo duró en el Hospital Santa Clara cuatro meses. Durante ese tiempo, se negó a recibir personas ajenas a su familia; solo su madre y algunos familiares ponían ingresar a visitarlo. Ningún vecino o amigo tuvo acceso a la habitación donde estaba recluido, nunca quiso recibirnos y cuando salió del hospital en una silla de ruedas, se lo llevaron a Isla Fuerte, un paradisíaco lugar lleno de belleza de donde era oriunda su madre y toda la familia de esa línea. Cuatro meses después, la familia de Romualdo vendió la casa, se mudó del barrio, y jamás se supo de ellos.

Meses más tarde se encontraba la mayoría de los muchachos del barrio jugando en el parque y sintieron el toc toc producido por un bastón de cedro golpeando acompasadamente el pavimento del parque, era el señor Julio Santoya encorvado por el peso de los años y con su cabello mucho mas blanco que de costumbre, su mirada misteriosa abarcaba el entorno, andaba parsimoniosamente a su casa.

Dirigiéndole a los muchachos una mirada llena de misterio, les manifestó a todos como advirtiéndoles algo: ¡Le dije que jamás patearía a otra persona y así fue!

Los jóvenes que se encontraban en esos momentos en el parque con una mirada temerosa y atónita, siguieron la figura encorvada del viejo brujo del barrio cuando se perdía en medio de una nube de polvo que se levantó espontáneamente del suelo.

¡Se lo dije! Repetía el anciano... ¡Se lo dije!

1) Figura que se estilaba en las fiestas de antaño que consistía en pedirle permiso al bailador para que le prestara la pareja a un interesado en bailar con la muchacha. Este se negaba rotundamente y a pesar de esa negativa reiterada, el señor Julio insistía en bailar con su novia, Romualdo estaba poniéndose incómodo.

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Ella a pesar de todo

Aldo Luis Novelli (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ella avanza
sin descanso en el camino
ella va
atraviesa montes y llanuras
bajo soles incendiados y lunas heladas
y avanza
el poeta se detiene
afloja el ritmo
a veces se confunde
se sienta en la silla del poder
pero ella no transa
llega a la ciudad
camina por calles nocturnas
corre el último colectivo
mira la luna con una mujer ciega
habla con los mudos
juega con niños en el parque
ladra junto a un perro callejero
huele una rosa negra
y sigue
cruza las bocacalles sin mirar
la atropellan
la insultan
la quieren arrestar
pero ella sigue
entra en el alma de un suicida
y lo salva
sube a las alturas
habla con los dioses
y discute con Satanás
entra al cuerpo de un menesteroso
y bebe vino barato
se emborracha
y se droga
con los muchachos en la plaza
incendia gomas en la ruta
reclama paz y pan
pan y rosas
verdad y justicia
enfrenta la usura
al poder de los totalitarios
a torturadores y genocidas
no quiere circo
ni hueso
ni vino agrio
ella no se arrodilla
no se vende
grita sueños y libertad
hace amigos sin tiempo
compañeros entrañables
reclama lo imposible
cambia el mundo
lo destruye
y crea
un mundo nuevo
ríe y llora como un niño
como un hombre libre
como un sueño realizable
y sigue adelante
persigue utopías cabalgando unicornios
navega los siete mares de la tempestad
sobrevive
y sigue sin tiempo
para pausas tramposas
para habladurías vulgares
entra a los barriadas marginales
a los barrios abandonados a la mala del diablo
se interpone entre dos contrincantes
y le disparan a la cabeza
pero ella: la poesía
no se inmuta
solo sigue
debe llegar al final
de un camino sin fin
debe llegar a destino
a la salvación de todo hombre y mujer
debe llegar al amor fundamental.-



/a.l.n. /del libro: "Estúpidos mirones de TV"

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Piedras

Alicia Susana Gómez (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

…dos caminos tentaban:
Uno, apenas inclinado hacia adelante
bordeado de flores...
mariposas de luz girando al infinito.
Otro, en dirección contraria
Con piedras grises, negras y granates
desparejo, desierto de destino
ofrecido entre nubes de aguaceros.
Aquel, el sol del horizonte
formando un arcoíris
en un blanco final.
Un lago de aguas dulces
a la sombra de tilos perfumados
en un bosque frutal de aromas cálidos
reaseguro de la travesía.
Éste. Sin haz de claridad en punto ciego
tallos de espinas en rosales yertos
altos muros que ocultan si hay detrás
y un esbozo al final, indefinido.

No hay qué pensar, me dije:
Si voy a transitar prefiero
la sorpresa,
lo logrado y su costo,
ver florecer un brote repentino,
hurgar lo oscuro hasta alcanzar blancura,
fundirme entre cenizas,
crear el fuego,
hacer, a ver un transcurrir sin desafío,
jugarme en causas nobles
y arrojarme sin red.

Al final de la vida siempre hay duelo
que puede revertirse trascendiendo:
El obstáculo puede ser atascadero
o atasque la belleza de no hacer.



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Nocturno III, de José Asunción Silva, declamado por Berta Singermann

ARGENPRESS CULTURAL

Berta Singermann, la gran declamadora argentina, recita la poesía “Nocturno III”, del colombiano José Asunción Silva.



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Música: Desde Francia, Charles Aznavour

Charles Aznavour es el nombre artístico de Varenagh Aznavurian; París, 1924. Este cantante, compositor y actor de cine francés de origen armenio dijo de sí mismo, en su autobiografía Aznavour por Aznavour, que la belleza de su música no estaba tanto en la voz como en la propia canción. La primera de sus múltiples facetas en la que halló reconocimiento fue la de la composición, cuando Edith Piaf solicitó sus servicios: temas como C'est si triste Vénice o She lo lanzaron a la fama. Posteriormente logró trabajar en los teatros musicales de París, y su fama fue creciendo hasta llegar al cine, donde actuó a las órdenes de directores de la talla de Françoise Truffaut, y participó en memorables filmes como La cabeza contra el muro (1959), Tirad sobre el pianista (1960), El tambor de hojalata (V. Schlöndorff, 1979) y Edith y Marcel (C. Lelouch, 1983). En 1992 protagonizó la serie televisiva El chino; cinco años después fue galardonado con un César de honor por el conjunto de su carrera.

Charles Aznavour estudió declamación y canto; muy joven aún, realizó una gira por Francia con una compañía de teatro de Prior. A su regreso a París actúo en el Odeón y en el Madeleune, y encontró su oportunidad en la Compañía Pierre Fresnay, con un papel en la comedia Margot. Ingresó luego en la Escuela de Julien para artistas de music-hall y en 1942 empezó a ser conocida su labor como compositor: trabajó con artistas como Pierre Roche, Mistinguette, Maurice Chevalier, Breton y Edith Piaf, que lanzaron sus primeras canciones a la popularidad. Con esta última permaneció casi nueve años, como chófer, mozo de comedor y secretario. Cosechó grandes éxitos, especialmente en Canadá y en Estados Unidos de América entre 1946 y 1948, pero regresó a París, siguiendo el consejo de Edith Piaf. En 1956 triunfó clamorosamente en un recital en la sala Olympia de la capital francesa.

El éxito le abrió las puertas del cine, donde inició una desigual carrera. Por su primera película, La cabeza contra el muro (1959), recibió el premio de interpretación concedido por la Academia Francesa de Cine. A ésta le siguieron Les dragueurs (1959) y Tirad sobre el pianista (1960), dirigida por François Truffaut. 1964 fue su año más prolífico en rodajes, ya que intervino en siete filmes. En 1969 rodó Candy et les derniers aventuriers en Hollywood. Ya en los años ochenta participó en la película Yiddish Connection(1986) y en 1985 protagonizó la serie de televisión Le paria. Compuso la música y letra de numerosas películas, entre ellas Soupe au lait, Ces dames preferent le mambo o Le cercle vicieux.

Aznavour se ha mantenido en activo durante décadas en sus múltiples facetas. Siempre solidario, tras el terremoto de Armenia de diciembre de 1989 colaboró con los damnificados desde la fundación que creó al poco tiempo de producirse la catástrofe. En 2001 trabajó en la película francesa Angelina, rodada en Praga, y en 2004, con 80 años, protagonizó una nueva versión cinematográfica de la novela Papá Goriot de Honoré de Balzac, rodada en Rumanía. El rey de la canción francesa, junto a la voz del son, Compay Segundo, grabaron en 1999 Morir de amor, para el álbum del músico cubano Calle salud. En los años siguientes siguió colaborando con Compay y otros músicos cubanos.

En 2005 salió a la venta un triple CD que repasaba la trayectoria musical de sus seis décadas de carrera (durante la que ha compuesto casi ochocientas canciones), y nuevamente en 2007, bajo el título Charles Aznavour, se publicó la antología más completa del cantante francés en formato DVD. Ese mismo año, en abril, comenzó a sus 83 años una gira mundial de despedida en el Palacio del Kremlin de Moscú. Charles Aznavour o el destino domado es el título de la biografía autorizada en 2006 escrita por el periodista Daniel Pantchenko, dos años después de que el intérprete llevase a las librerías sus memorias, Le temps des avants. De 1970 es una más temprana autobiografía, Aznavour por Aznavour.

Escuchemos algunos de sus éxitos:

La bohème


Venecia sin ti (en español)


Avec


Je n'ai rien oublié


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José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Tiempo de otros tiempos, otros horizontes y los mismos sueños. Cargamos en las alforjas el resplandor del mundo. Brillan en los ojos las estrellas que miraron otros cielos, que alumbraron otras noches. Ese es el sabor de la poética de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939 - 26 de enero de 2014), galardonado con el Premio Cervantes de Literatura 2010, que se otorga en el marco del Día Internacional del Libro y del Idioma.



En sus versos habitan todas las voces de México, todas las voces de la América Nuestra, y estallan en él los ecos. Pacheco, fabulador del tiempo, escribe desde el amor y la fe hacia el poder de la palabra. En su obra de décadas convergen todas las formas de la poesía, desde el epigrama y el haikú hasta el extenso poema que lleva el acento de todas las humanas pasiones, la violencia, la tragedia, la fugacidad, el amor, el roce, la maravilla de decir y decirnos la vida.

Testigo del siglo XX, centuria conmovida de guerras y de hambres, el poeta carga con el dolor del mundo, con las abiertas heridas de la violencia y se adueña de la palabra que comparte, para contar y contarnos las derrotas. Camina entre los muertos sabiéndose uno más de ellos, una voz entre las voces, un grito que se levanta y emerge de las cenizas.

“La única antorcha recibida / iluminó el entierro de sus muertos. / Desplazamientos / que por mil noches terminaron en humo. / Crujir de huesos, / rumor de casas incendiadas. / ¿A quién le debo / haber estado a salvo / mirando todo / desde otra orilla? / Gran aventura / es la guerra como espectáculo, / a menos / de que uno lleve como pecado original esta culpa”.
(Jardín de niños, poema 6)

Ese antiguo México, sabio y adolorido, maltratado por los fuegos invasores, por la imposición de otros dioses, vive bajo las cruces, vibra en volcanes, baila en los pasos, suda en la siembra, habita el presente y dice desde antes y desde siempre, el abrazo del mundo.

“Vendrá de lo alto el gran cortejo de lava. / El aire inerte se cubrirá de ceniza. / El mar de fuego lavará la ignominia, / se hará llama la tierra y lumbre el polvo. / Entre la roca brotará una planta. / Cuando florezca volverá la vida / a lo que convertimos en desierto de muerte”.
(Malpaís, fragmento)

Habitada de sus gentes y sus muertos la tierra recrea los llantos, se alimenta de las risas niñas y del fragor de las buenas humedades. Amante madre y amante esposa llora el desconsuelo y se alegra de los imprescindibles tiempos que serán. El poeta es poeta en la dimensión que otorga la palabra, y la suya cubre el papel de reverdecidos anhelos, de fuegos capaces de incendiar las entrañas y extender a lo alto, a lo hondo, una esperanza.

“Mira a los pobres de este mundo. Admira / su infinita paciencia. / Con qué maestría han rodeado todo. / Con cuánta fuerza miden el despejo. / Con qué certeza / saben que estás perdido: / tarde o temprano / ellos en masa heredarán la tierra”.

No hay tiempo sin memoria y viceversa. José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo y de la humana divinidad que nos habita, abre rendijas, se asoma y nos asombra, con sus versos, con su palabra que sabe de volcanes y de truenos. Huele a tierra llovida, sabe a maíz la siembra, y la poesía tan poco inocente, se abre entre la tierra y sus gentes.

“Todo lo que has perdido, me dijeron, es tuyo. / Y ninguna memoria recordaba que es cierto./ Todo lo que destruyes, afirmaron, te hiere. / Traza una cicatriz que no lava el olvido. / Todo lo que has amado, sentenciaron, ha muerto. / No quedó ni la sombra, se acabó para siempre. / Todo lo que creíste, repitieron, es falso. / Se hundieron las palabras con que empezó tu tiempo. / Todo lo que has perdido, concluyeron, es tuyo. / Y una luz fugitiva anegrá el silencio”.
(Luz y silencio)

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El juego en la infancia, premisa del futuro

Julio Andrés Rojas Julia (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La teoría y la práctica de la educación, coinciden en que el juego, es una irremplazable praxis de los niños, una contribución esencial en la protección integral de la población infantil, porque fortalece el desarrollo de sus capacidades físicas y mentales, en un entorno de la cultura local.



Con esta premisa, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables – MIMP lleva adelante el servicio Juguemos, habiendo incorporado a los gobiernos locales, instancia del Estado que por tradición debe estar más cerca de los pobladores. Basta el compromiso escrito de un alcalde para plasmar este servicio.

La antigua y moderna teoría, la jurisprudencia nacional y de las Naciones Unidas aseguran que el juego es inseparable de una adecuada nutrición y educación. Por lo tanto, podemos pensar que la sociedad será cada día mejor si llevamos adelante esta alianza entre el municipio - niñez - cultura de cada pueblo.

Juguemos implica pasos simples. Supone que la Municipalidad asigne un local con condiciones mínimas de seguridad. El promotor, persona con interés de alentar el derecho al juego, tendrá un incentivo económico de la administración local. Juguemos es el termómetro que mide su salud. Niño que juega está sano física, mental y emocionalmente. El MIMP equipa el espacio físico, con apoyo de empresas e instituciones.

Los niños, con el juego aprenden a ser imaginativos, a dramatizar, simulando ser otras personas, aprenden a compartir, tolerar frustraciones, y a representar escenarios y situaciones reales o irreales que les permitirán acercarse al mundo de los adultos. Juguemos está orientado a la protección a la infancia - a niños, niñas y adolescentes de 3 a 14 años, énfasis que se explica porque la oferta existente solo está dirigida a la primera infancia (0-3 años) o a la atención de la población adolescente.

Juguemos está en marcha en catorce localidades, en varios casos con participación de asociaciones privadas o del comité de apoyo a la Familia Militar del Ejército, entre otras. Este año se constituirán dieciocho, dando prioridad los servicios en comunidades y distritos más alejados de Huancavelica, Loreto, Ayacucho, Piura, La Libertad, Apurímac, Cajamarca, Junín, Puno.

El Perú tiene retos para superar, brechas de pobreza y situaciones de exclusión. Ésta situación genera limitaciones para el disfrute y exigencia de los derechos, pues restringe los espacios de educación y de involucrarse en actividades lúdicas. Las políticas de Estado en pro de la niñez van teniendo avances. La atención a la desnutrición crónica, hasta el año 2010, habría disminuido en 4%. Los episodios de infección respiratorias agudas habrían disminuido en 5.7 puntos porcentuales, según UNICEF-INEI.

Julio Rojas Julca es doctor en Educación y sociólogo.

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Dos microrelatos

Marcos Winocur (Desde Puebla, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A los lectores, último aviso

Por este conducto y como último aviso se informa a los lectores comprendidos en el artículo y fracción correspondientes de la ley aplicable al caso en cuestión, como así a los lectores que no se encuentren comprendidos en el artículo y fracción correspondientes de la ley aplicable al caso en cuestión, que en tiempo y forma deben comparecer ante quien corresponda a los fines que hubiere lugar. Dado en la ciudad tal a los tantos días del mes tal, año tal. Firmado, el Licenciado. Hay un sello que dice: “Con apego a derecho”.



___________

No soporto que las cosas me salgan bien

Él. Hace una hora que te estoy llamando ¿dónde te habías metido? Tú siempre tienes tiempo para los otros, nunca para mí. Te encargué la revista y te olvidaste de comprarla, y ya salió el número 20 ¿cómo haré para conseguir el 19? ¿Y la leche de soya y el jugo de arándano?

Ella. Muy bien, soy culpable de todo eso pero ahora ¿para qué me llamabas?

Él. Para darte un beso.

(Se dan el beso.)

Ella. Ay, qué loco. Ay, qué lindo. Pero si todo era una broma. Te traje el número 20 de la revista recién aparecido y también pude conseguir el 19. Te traje la leche de soya y el jugo de arándano…

Él (revisando las bolsas del super) Está todo. ¿Por qué me trajiste todo? ¿Por qué? Si sabes que no soporto que las cosas me salgan bien. Que estoy hecho para sufrir…

Ella. Basta, basta, eres un pendejo que dice pendejadas. Así que cállate. Voy a cambiar el foquito de la cocina, se quemó y, si no lo arreglo, te quedarás sin cena.

Un par de minutos después, mientras Él duda si comenzar la lectura de la revista por el número 19 o el 20, un grito, más bien un alarido, cruza el aire. Él comprende de inmediato: ella se ha electrocutado al cambiar el foquito de la cocina. Y corre. Pero no hacia el interruptor sino hacia Ella y la abraza.

Ambos mueren carbonizados, qué bueno, las cosas no pudieron haber salido peor, Él la amaba hasta la locura.

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Cine clásico: “Laberinto de pasiones”, de Pedro Almódovar (España, 1982)

Argenpress Cultural

Dirección: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar, Terry Lennox (Historia: Pedro Almodóvar)
Música: Bernardo Bonezzi, Fabio McNamara
Fotografía: Ángel Luis Fernández
Reparto: Cecilia Roth, Imanol Arias, Helga Liné, Marta Fernández-Muro, Ángel Alcazar, Antonio Banderas, Fabio McNamara, Agustín Almodovar, Santiago Auserón, Fernando Vivanco, Ofelia Angélica, Concha Gregori, Cristina Sánchez Pascual, Luis Ciges, Eva Siva, Pedro Almodóvar
Productora Alphaville S.A.
Género: comedia, drama

Sinopsis

Madrid, años 80. Narra la historia de amor entre una joven ninfómana y el hijo de un jeque árabe. Mientras que ella forma parte de un violento grupo musical, a él lo que más le interesa son los cosméticos y los hombres. Música, violencia, persecuciones, pasión, sexo.



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Eh, tengo ganas de ponerle 100 puntos al Papa Francisco porque anda a millón como el Relámpago del Catatumbo

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Yo no sé leer pero me escriben porque no soy coronel sino soldado raso, y es tanto así como me pongo en antecedente de cosas de trascendencia muy notable; sobra patriota bondadoso y gentil, cualidades que no se compran en la botica sino que emanan de un largo proceso complejo de formación de la personalidad; latentes estuvieron siempre en la esencia de todos los patriotas, tantas virtudes, pero inequívocamente el Comandante Chávez fue el catalizador que desató con fuerza de ciclón esa tan cara solidaridad entre nosotros, de compartir, no tan sólo el pan de cada día sino además, el conocimiento.



Es que salí a la mañanita con la autoridad a estirar las canillas, yo a paso de vencedores, es decir, apaciblemente, y ella a paso de perdedoras, valga que esgaritá, esmachetá, por lo que ella no pudo compartir la conversa tan buena que tuve con un patriota que me abordó en marcha.

_Mira, “ñtlfxcv%•*btnkif” (pronunció mi apodo), te mandé una vaina del carajo para que le saques punta, y tal y que se yo y etcétera.

_Anjá, veo la vaina y te diré después porque por de pronto tengo que botar puntos, es que últimamente tengo demasiados puntos acumulados y eso no es bueno para el colesterol, tu sabes cómo son las autoridades que cuando tú te portas demasiado bien ellas te cogen de mojiganga.

_ Y, a propósito de puntos, coño, es seguro que le vas a poner 100 puntos al Papa.

Bueno, regresé al templo y me puse a escarbar las vainas y he ahí que me doy por enterado, que el Papa Francisco I parece andar, efectivamente, como el Relámpago del Catatumbo.

Fijaos:

El Papa le metió la mocha a la lucha contra la prostitución del sacerdocio e inclusive botó a doscientos curas implicados; y también prohibió, por si fuese poco, los títulos nobiliarios, así que no habrá más monseñor Lückert ni, Diego Padrón, ni Porras y ni etcéteras de la misma calaña que anden “como pedro por su casa” conspirando contra los pobres.

Ah, pero a los referidos los dejó asentados todavía en vez de derogarlos a todos, principalmente a Monseñor Urosa Savino, que de paso, también es cardenal.

Soy hombre sin religión pero al Papa lo que es del Papa, si Su Santidad El Papa Francisco I, mete en cintura a la Conferencia Episcopal Escuálida Venezolana -valga CEEV-, yo le pongo 100 puntos.

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Sin tiempo, sin medida

Liberto (Desde Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Aunque no te llame no quiere decir que no te necesite,
ni que no te extrañe".

I

Lo sabes, lo sabemos
pase lo que pase
nada
nadie
podrá ya quitarnos lo convivido
compartido disfrutado
sonreido tantísimo en tan poco tiempo
de tantísimas situaciones...
en tantísimos momentos...
desenfadadxs "sembrando alegrías, organizando la rabia".

II

A orillas del mar Atlántico las olas como tímidas
nos acariciaban los pies desnudos bajo el sol de justicia
de un agosto africano recordándoles a miles
que PAN TRABAJO DERECHO no es un regalo de nadie,
ninguna concesión de alguien como otr@s creen
a lxs que nada tenemos que agradecer
ni lo más mínimo como están convencidxs que sí.

Y de pronto dos policias vestidos con piratas
--sin esperarlo...sin quererlo... -
nos aslatan por sólo esto...
-[¿No están atentando contra el derecho
a la LIBERTAD DE EXPRESIÖN, DE OPINIÓN
de unxs ciudadanxs que a nadie molestaban...
a nadie perturban sus `DÍAS DE SOL Y PLAYA´...??!!]-

III

"Somos unos mandados"-- intentan inúltimente justificarse
por entre cientos de bañistas nos obligan a identificarnos
según reglamento "neofascista" del alcalde capitalino
paradójicamente masculino con nombre femenino del Cardón
--¿Acaso ignora que La Constitución es la Norma Suprema?
.... no sonríen... no muestran empatía... parecieran máquinas
Mientras llegamnos a la Avenida... hablan de nuestros atuendos
"La suya -LA REPUBLICANA- si es constitucional"-- Te dice
"La que lleva usted no"--- Me dice.
-"¿Perdón? -- inquiero... ¿Quién le ha dicho que es una bandera?
¡¡¡¡¿¿No ve que es un hermoso fular??!-y no podemos contenernos
Y las sonrisas comedidas se convierten en cascadas de risas...
Imparables... Descaradas.... Ruidosas.... (maldito fascismo).

IV

Era nuestra segunda "ACCIÓN".... sin miedo....sin esperanza
así sin más... sin menos....
porque nos queríamos nos sabíamos
LIBRES
UNIDXS
Porque nadie era más que nadie.....
ni menos nunca jamás...
SOLOS
TAN SOLOS

UNIDXS llegaron UNA DOS CIEN MIL
caricias EN OTROS TANTOS PIJAMAS.....
besos en la luminosa piel de tu ser mas desconocido
ASÍ SUCEDIÓ:
NOS DIMOS SIN CONDICIONES
SUCEDIÓ
Y LO SABES
LO SABEN
NO SABÍAMOS LIBRES
ALEGRES
DESENFADADOS NOS AMAMOS
-["Y nada, ni nadie podrá saber ya de la herida que llevamos porque a todxs daremos nuestra sonrisa más sana]-

AHORA ... AQUÍ... empezaron las interferencias...
NO YO... Y NO ME DEBES NADA...
Como escribió Albertine:
"TE EXIMO...ME EXIMO POR SIEMPRE,
ESO SÍ,
ME QUEDO POR DERECHO,
CON TODOS LOS BESOS...
PARA TI TODAS LAS CARICIAS."
["ACANTILADAS ORILLAS ROJAS"

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