jueves, 24 de abril de 2014

Para Gabriel García Márquez, nuestro Gabo

Alejandro L. Perdomo Aguilera (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ha muerto Gabo, se ha ido del mundo de los mortales uno que probó la inmortalidad desde mucho antes. Se ha ido pero está aquí, porque ha dejado en cada uno de aquellos que tuvieron la oportunidad de saborear alguno de sus escritos, ya sean sus novelas, sus cuentos, o un simple párrafo que hallaron tras una tecla mal dada, la inolvidable sensación de confrontar las letras de un genio.



Todos los que tuvimos el privilegiode conversar con el mago de las letras, el maestro de la comunicación, el hombre que hacía con escritos sueños y andares; que nos sumergía en amoríos y aventuras añoradas, y nos hacía latir el alma desde su proverbial prosa; entendimos con él, la pasión y el misterio que encierran el amor y otros demonios.

Todos los que tuvimos ese privilegio, sentimos como una perdida nuestra la muerte física de tan extraño ser humano, de esos que crean una idea en cada letra que redactan, que inspiran ilusiones y hacen historia,porque entre letras e ideas supieron construir un mundo mejor para nosotros.

Por eso hoy vive en cada uno de nosotros, y se expande hacia nuevas generaciones y a otros que por determinadas circunstancias, no llegan a su obra sino después de su muerte. No importa cuando se llegue a la obra de un genio, ni la diferencia de época, las circunstanciasespecíficas o las diferencias culturales, lo que es seguro es que para todos, su palabra escrita quedará impregnada en algún espacio de nuestra memoria.

Por esas extrañas sacudidas que causa su original sentido de las palabras, la muerte de Gabo se siente como una pérdida de alguien cercano, pues desde la perspectiva de cada lector lo fue. Y es que el dejó en toda su obra, su peculiar impresión sobre una realidad común.

Descubrió Nuestra América para el mundo y mostró cuanta valía existen en el amor y otras pasiones, tras cien años de soledad;el amor en los tiempos de cólera y, casi sin proponérselo, redactó desde mucho antes, su crónica de una muerte anunciada.

Por ese peculiar legado, cada uno de sus lectores se acuerda de él, desde una frase endemoniada, una oración paradigmática, o una simple palabra que ubicada en el lugar adecuado, marcó una parte importante de nuestro sentir.

Por esa extraña y maravillosa sensación, hoy lo homenajeamos desde nuestra más íntima memoria, porque fue, es y será, nuestro Gabo.

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La vida en la memoria

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El jueves 17 de abril no terminábamos de recuperarnos de la noticia de la muerte de Cheo Feliciano, cuando nos informan de la partida de Gabriel García Márquez. El primero, cantante de Puerto Rico; el segundo, escritor de Colombia que asumió a México como refugio. Puerto Rico, Colombia y México. Tres puntos que se multiplican en muchos países. En una calle siempre habitan las otras calles. América Latina es el relato que universalizaron estos dos equilibristas del arte.



El canto de Cheo y la escritura de Gabo forman parte de tiempos cuando música y literatura se creaban y vivían con intensidad en clave de trascendencia. Las presentaciones de Cheo Feliciano formaron parte de los grandes conciertos, cuando la música se celebraba con la euforia de saberse vivo, de sentirse parte necesaria de un momento histórico. Los libros de Gabriel García Márquez fueron concebidos con el cuidado del artesano que sabe que sólo las partes hacen posible el todo. “Cien años de soledad” podría ser considerada la última novela que desde la calidad se convirtió en best seller. Hoy la industria del entretenimiento invirtió la norma. Se encargan libros con la etiqueta de best seller. El simplismo es la ley del mercado. La nostalgia puede ser una trampa cuando nos hacen creer que cuestionar el presente es negarse al progreso. El presente no necesariamente significa progreso. En algún punto del camino nos sacaron de la ruta. ¿Cómo no pensar que con Cheo y Gabo se está cerrando otro capítulo de los últimos ciclos intensos del arte? El relevo queda al margen de la doctrina de la cultura uniforme.

“El ratón”; “Anacaona”; “Mi triste problema”; “Los entierros”; “Amada mía” o “Periódico de siempre”, son canciones que cuentan la historia de una sensibilidad común a todos. Las letras que Tite Curet Alonso escribió para Cheo Feliciano representan (siempre en presente) la crónica de la alegría y del dolor, con los matices de uno u otro estado emocional. La voz de Cheo es un hilo comunicante con la piel de las personas. Parece obvio decir que la intención de un cantante sea la de comunicar emociones; suena caricaturesco de la condición humana asumir que el 95% de lo que hoy suena en la radio sea el reflejo de un tiempo. Los éxitos de Cheo ocurrieron (años 60, 70) en tiempos cuando la rivalidad de los estilos musicales se libraba desde la calidad como opción para alcanzar el mayor número de público. Para unos Los Beatles, para otros Fania All Star. Janis Joplin o La Lupe; Felipe Pirela o Bob Dylan. O todos. Cualquier opción era una salida. La música como la crónica de un mundo en movimiento.

“El otoño del patriarca”; “La mala hora”; “Cien años de soledad”; “Relato de un náufrago”; “Crónica de una muerte anunciada”; “Noticia de un secuestro”; “Doce cuentos peregrinos” o “El amor en los tiempos del cólera” son algunos de los títulos con los que Gabriel García Márquez universalizó la crónica de una ficción que nos involucra a todos. El Nobel colombiano supo, como pocos, darle a la realidad su justa dimensión de ser un género más de la ficción. Lo que existe es una proyección de alguna ficción, como lo tejió con maestría el hijo de Aracataca, el padre de Macondo. La obra de Gabo se basa en la memoria, como la vida misma. No en vano él mismo se encargó de decir que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda”. Dentro de cada uno de nosotros acontece el imaginario de un mundo que en algún micro segundo fue real. En el resto de los otros instantes, meses, años y siglos lo que existe es memoria.



El pasado 6 de marzo, cuando Gabriel García Márquez cumplía 87 años, participé junto a Rubén Blades en un Foro celebrado en el Instituto Cervantes de Nueva York. Ese encuentro, destinado a celebrar los vínculos humanos que se generan en torno a la literatura y la música, fue dedicado a la obra del cumpleañero. En varios momentos del conversatorio surgieron los nombres de Gabriel García Márquez y Cheo Feliciano como dos de esas referencias imprescindibles que todo contador de historias (en música o literatura) tiene. ¿Quién podía imaginar que un mes más tarde en un mismo día la muerte pretendería alejarnos de ellos?

La memoria es un bien más importante de lo que algunos suponen. Otros, más astutos, conocen (y anestesian) el poder que tiene la memoria para hilar (y diseñar) nuestro cuento colectivo. La literatura y la música, como todas las artes, son la narración de las otras realidades que (por educación y costumbre) no aceptamos en la rutina. El mundo podría ser el bosque oculto que nos niegan en la realidad. El arte es la historia imaginada de lo que por falta de rebeldía no nos atrevemos a vivir. Queden los artistas como los historiadores de nuestras ficciones.

América Latina, como la definiera José de Vasconcelos, es una tierra cósmica aún por interpretar. Con facilidad nuestras madres paren grandes contadores de rutas. Muchas veces sucumbimos a otras tierras por ceder al muy inoculado menosprecio que tenemos hacia lo cercano. El yo (aún) no se reconoce en los otros. Cheo Feliciano y Gabriel García Márquez tienen varios puntos en común. Ambos salieron de América Latina y luego regresaron para vivir y contar dentro (en el volcán de los acontecimientos) la crónica de la clave existencial que siempre nos llama. Gabo dijo que “La muerte es una trampa, una traición. Lo importante es la vida”. El jueves 17 de abril la muerte creyó habernos jugado una doble trampa arrebatándonos los cuerpos de dos hacedores de inmortalidades. El triunfo de la muerte sólo es momentáneo mientras se padece el dolor. Más allá, y todos los próximos después, lo que sigue es memoria, canto y literatura.

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Música: Che Feliciano, desde Puerto Rico

ARGENPRESS CULTURAL

José Luis Feliciano Vega, conocido artísticamente como Cheo Feliciano (Ponce, 3 de julio de 1935−San Juan, 17 de abril de 2014), fue un compositor y cantante puertorriqueño de salsa y bolero.



Fue hijo del matrimonio de Prudencio Feliciano y de Crescencia Vega de Feliciano, quienes vivían del humilde trabajo del padre como carpintero. Siendo artista reconocido, varios años después, reconocería que su infancia fue pobre, aunque feliz. Los días domingos, cuando el padre estaba libre, se dedicaba a cocinar y a cantar algún bolero de esa época siendo acompañado por la madre y esta rutina familiar se convirtió en su primera influencia musical. Se inició en la música a través del bolero como percusionista en su ciudad natal y en 1952 se trasladó a Nueva York con su familia trabajando inicialmente como mensajero, sin terminar sus estudios y luego como músico para diversas orquestas. En 1955, se encontraba trabajando como atrilero en la orquesta del músico y cantante Tito Rodríguez y éste se percata del talento de percusionista y cantante de Feliciano. Gracias a ello, Rodríguez le ofrece la oportunidad de cantar junto a su orquesta en el club nocturno neoyorquino, hoy desaparecido,Palladium. Feliciano sale airoso de la prueba y Rodríguez le recomienda al músico Joe Cuba su inclusión en su sexteto, con lo que inicia su carrera en forma independiente hacia 1957. Dos años después, se casa con una joven que había conocido durante esas actuaciones llamada Socorro Prieto León. Luego de estar diez años en esta orquesta, formó parte de la agrupación de Eddie Palmieri como vocalista entre 1967 y 1969. Sus problemas de drogadicción surgieron durante esta etapa en la cual consumió marihuana y heroína y aunque siguió trabajando se dio cuenta del daño que causaba así a su familia por lo que se retiró temporalmente de la música y ayudado por su amigo y colega Tommy Olivencia ingresó a una de las sedes de Hogares Crea para rehabilitarse, en Puerto Rico, siendo apoyado por Tite Curet Alonso y el abogado y empresario argentino Jerry Masucci, quien se interesó en que el artista fuese contratado para su empresa Fania Records. Una vez que se rehabilitó, regresó a la actividad artística en 1972 y se consolidó como uno de los íconos latinoamericanos de la salsa. Así inicia su discografía de manera independiente al firmar contrato con la subsidiaria de Fania Records, llamada Vaya Records.

En 1983, se inicia como empresario discográfico al fundar su propio sello denominado Coche Records con oficina en Puerto Rico, pero el sello desaparece y firma contrato con la empresa RMM Records & Video del empresario Ralph Mercado con la que grabó cinco álbumes. Posteriormente, llega a un acuerdo con el grupo venezolano La Rondalla Venezolana y la discográfica venezolana Palacio de la Música para grabar el álbum Son inolvidables (1995) y dos años más tarde, con la misma agrupación realiza Le Cantan al Amor. Se mantenía activo haciendo presentaciones y grabaciones en forma ocasional. Su último trabajo musical fue como participante del proyecto Salsa Giants, desarrollado por el productor musical Sergio George en el que se reunió con colegas suyos veteranos exponentes de la salsa como La India, Oscar de León, Andy Montañez, Tito Nieves, José Alberto "El Canario", Ismael Miranda y Willy Chirino. Con este grupo grabó e hizo el vídeo del tema "Bajo la Tormenta" que fuera presentado en marzo del año 2013. Este tema forma parte de un disco compacto en formato EP de 5 temas que sería presentado al mes siguiente.

El 17 de abril de 2014 falleció en un accidente de tránsito en el sector de Cupey (barrio de San Juan, capital de Puerto Rico), en la carretera 176.

Escuchemos algunos de sus éxitos:

Yo no soy un ángel


Salsaludando


Salí porque salí


Anacaona


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He aquí la noche

Juan Manuel Roca (Desde Colombia. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Palabras
Barridas por el viento,
Ruido de ballestas
En bosques de infamia,
Mujeres idas
Como nieves de Villon
Con vestidos frondosos
Y collares de tagua.
¡Oh! amortajada
Luna de monasterio:
He aquí la noche
Y su selva de múltiples ojos,
Apaleados inquilinos
De grandes desahucios,
Taciturnos niños de barrida
Y otros ángeles ruinosos

Tomado del libro “Tres caras de la luna”

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Marguerite Duras; el Mekong y las habitaciones

Pedro Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace cien años Marguerite Duras nació en los suburbios de Saigon, en una familia francesa y al igual que Machado llevó hasta el final de su vida el sol y la luz de Sevilla, a la Duras le acompañó una patria mítica y confusa, llena de barro como las aguas del Mekong. Si buena parte de su obra está arrancada de la propia carne, esa Indochina colonial se convertiría en uno de los espejos que poblarían su existencial literario: “Tal vez solamente allí he vivido. Tal vez estoy en suspenso desde que estoy en Francia, es esta patria podrida, podrida. Ya sabes, allí se vivía sin cortesía, sin modales, sin horarios, con los pies descalzos. Yo hablaba la lengua vietnamita.”



Y esa niña que hablaba vietnamita, contaría ya en francés, ya mujer, los paisajes por los cuales transitaba con los pies descalzos. Lo hará en Un dique contra el Pacífico, una de sus primeras novelas, donde narra el fracaso materno en su aspiración terrateniente y colonial; la madre aprovechó sus privilegios de ciudadana de la metrópoli para comprar unas tierras que no servían para el cultivo, siendo anegadas una y otra vez. Quizás entonces los supo, no hay muro que detenga el mar, no hay dique que pare el Mekong. “Pero aún así el Mekong quedó en alguna parte. El Mekong junto al cual he dormido, jugado, vivido, durante diez años de mi vida, ha permanecido. Y luego cuando digo: ¿Qué es ese rumor? Es el Ganges, está hablando el Mekong.” Luego vino el Chino, el amante de una adolescente con rasgos finos y piel suave, lo cual aumentó más la confusión de una geografía ya de por sí confusa. Porque la niña colonial se había convertido en una chica pobre y el Chino pertenecía a una minoría privilegiada. Las identidades bailan en esas sociedades en descomposición y cambio, algo de lo que hablará en sus novelas más conocidos, que le dieron el éxito a una autora sutil y minoritaria, El amante y El amante de la China del Norte. Y como si todos esos paisajes le fueran extraños, como si señalasen su particular extranjería, se refugian en los cuartos, en los espacios cerrados. Es una de las características de la obra durasiana. Habitaciones situadas en la penumbra como en El hombre sentado en el pasillo, donde la mirada es protagonista, o El mal de la muerte, del hombre ausente del deseo. Unas sombras que son una aspiración a ver más allá de lo que la luz oculta, como explicó Junichiro Tanizaki. Un salón en una villa en la que están dos hermanos, en Ágatha, para hablar de ese amor-tabú, el incesto. Desde otra habitación unos amantes hacen intenso el instante, reviven un pasado doloroso para hablar del horror, de los horrores, en Hiroshima mon amour, uno de sus guiones. Y de la violencia, de la guerra, de la venganza como necesidad de vivir, escribirá sin tapujos, con un lenguaje tan descarnado como poético, en El dolor; es una trastienda en la que un colaboracionista es torturado por quienes han sido torturados. Y por supuesto, esas habitaciones húmedas, como si el Mekong la inundará con sus brumas, en El amante de la China del Norte. No deja de ser un espacio apartado, ese bar al lado de un puerto, en el que una particular Madame Bovary, combate su tedio existencial buscando el deseo en lo trágico, en Moderato Cantabile.



Están los salones burgueses de El vicecónsul, y otros que cubren los espacios veraniegos, lentos, de una temperatura tan cálida que termina provocando el tedio. Son espacios libres pero cubiertos por invisibles paredes de cristal. Pues al igual que en el erotismo y en el deseo, la Duras los hace lentos, casi infinitos, en algún momento parecen detenerse y paladear el tiempo, para así poder sentir su profunda textura. Pues la literatura de Duras es una de esas que pueden olerse, tienen un aroma inconfundible y único. Son también esos espacios que se representan en las escenas de sus películas, ese cine experimental y personal, donde la mirada durasiana se percibe desnuda. Pues ella creía en las miradas y los espacios como una forma de cosmovisión femenina. Así explicaba en una entrevista: “ Creo que atravieso esta casa sin mirarla. Y creo que esa mirada es una mirada femenina. Un hombre vuelve a ella por la noche, come, duerme, se calienta, ect. Una mujer es otra cosa, tiene un tipo de mirada estática, una mirada personal de la mujer sobre la casa, tiene una mirada estática, una mirada personal de la mujer sobre la casa, sobre su morada y las cosas, que, evidentemente, son el continente de su vida, incluso su razón de ser para la gran mayoría, algo que el hombre no puede compartir.” Sobre esos lugares limitados, con fronteras auto-impuestas, paredes, la visión se hace más completa, la existencia más intensa, se libra de lo accesorio, de una paisaje que puede enturbiar una escritura como la de ella: fragmentaria, que construye una coherencia no solo en base a la trama o la historia que se cuenta, sino diluyendo éstos en el mar de la literatura. Es el Mekong literario de Marguerite Duras, su casa de la escritura. En él se desprende de las palabras innecesarias, de las frases echas, de lo complementario, para ir en la búsqueda de la esencia. Podría en ocasiones dar la impresión de que la Duras se dedica a dar rodeos para contar las cosas, pero es al contrario, es una búsqueda constante de lo sublime. Por eso nos encontramos con que se habla de lo no dicho, prescinde de lo explicito que tan a menudo desvaloriza la literatura, para penetrar a través de la insinuación en una textura de lo escrito, del espacio creativo. “Debiera existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritos. Y abandonadas de inmediato.” Dice la autora en Escribir, un breve libro en el que ésta buscadora de espacios, que no hizo grandes disquisiciones teóricas sobre la novela o la literatura, llega al arte de escribir a través de las sensaciones y la experiencia del trabajo creativo.



Las primeras fotografías de Marguerite Duras nos muestran a una joven de aspecto frágil y suave, piel fina, sin arrugas, bella... Si traspasamos ese rostro a algunas décadas después, contemplamos un rostro devastado, prematuramente envejecido, como si en su piel poblada de arrugas se hubiesen grabado la guerra, el alcohol, la vida, los amantes, la escritura... Es una devastación elegante, incluso aristocrática si nos fijamos en una imagen de sus manos: las venas marcadas, la piel arrugada sobre los huesos, anillos en uno de sus dedos, son las manos de la creación, como si se tratase de un esculpidor de las letras. Como dice en El amante, sobre ese admirador que gustándole su rostro de muchacha, prefería el rostro devastado, del que ella decía: “Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años era ya demasiado tarde. Entre los dieciocho y veinticinco mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí”.

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El sombrero rojo

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un martes por la tarde en aquel lejano 1940 llegó al pueblo. Hacía mucho calor, y el polvo del camino se le había pegado al cuerpo con la transpiración.



Buscó algún hotel con la esperanza de poder darse una ducha y refrescarse un poco. El calor y la suciedad lo tenían desesperado. Pero después de dos búsquedas infructuosas, en el tercer hotel que visitó y donde sí encontró habitación, no había agua.

Se resignó: seguiría sucio. Al menos, ya tenía dónde pasar la noche. En compensación, tomaría algo fresco. Fue al bar contiguo a la pensión y pidió cerveza bien helada. Para aumentar su disgusto le dijeron que desde un día atrás estaba cortada la energía eléctrica, y que en todo caso podían ofrecerle cerveza a temperatura ambiente con cubitos de hielo. Le pareció espantoso, pero no habiendo otra cosa…, aceptó.

La llegada al pequeño pueblo no había sido muy triunfal precisamente. No esperaba un recibimiento apoteósico, por cierto. Pero sí algo más de gratificaciones. Sucio, empapado de sudor y polvoso, tomando cerveza tibia enfriada con trocitos de hielo –parecía orín, pensó– y molesto por la falta de electricidad, ese día prefirió acostarse lo más pronto posible. Mañana quizá las cosas irían mejor.

El miércoles despertó con energía. Como siempre, alegre ante cualquier adversidad, su proverbial esperanza volvía a renacer. Pensó cómo haría la campaña publicitaria.

Megáfono en mano, a bordo de su destartalado Ford modelo 28 y siempre con su infaltable sombrerito rojo, comenzó a rodar por las polvorientas calles anunciando el evento.

“¡Este domingo, después de misa de diez, en la plaza central del pueblo, no se pierda la espectacular presentación del Gran Dioso!”

Lo llamativo del anuncio concitó la atención. Los rumores comenzaron a propalarse.

Esa tarde, de un calor insoportable y sol rajante, después de la siesta volvió a salir con su vehículo redoblando la invitación. “¡No se lo pierda: este domingo, después de misa de diez, extraordinaria presentación del nunca visto Gran Dioso!”

Nadie sabía exactamente de qué se trataba. Lo curioso del nombre atraía tanto como lo insólito de la oferta: ¿qué sería lo que haría este tipo?

Una vez más, el jueves por la mañana salió a anunciar la función. Los corrillos en el pueblo no paraban. Lo habían bautizado “El del sombrerito rojo”, porque eso era lo más llamativo de su figura. En realidad, no tenía nada de particular, de grandioso, más allá del provocativo nombre. Gordito, de baja estatura, cara inexpresiva y piernas arqueadas, su aspecto no era muy atlético. No tenía nada que llamara la atención como personaje de circo. En todo caso, parecía más un viajante llegado al pueblo a ofrecer productos cosméticos, o ropa, o quizá medicinas. Fuera de su particular sombrero, nada en él provocaba asombro.

Aunque sí lo provocaba lo que venía anunciando.

Tanto asombro provocaba que ese mismo jueves, al mediodía, fue visitado por el alcalde y el jefe de policía, junto a dos agentes, en el restaurante donde se había sentado a almorzar. La conversación fue amable, aunque para las autoridades del pueblo no sirvió mucho como aclaración. No quedó claro exactamente en qué consistiría el espectáculo ofrecido. Lo único que lograron, cosas que los tranquilizó bastante, fue arreglar que un cuarto de lo recaudado quedaría para la municipalidad.

En realidad nadie sabía si era legal o no poder cobrar entrada para un espectáculo público en la plaza. De todos modos ni el alcalde ni el comisario se opusieron al cobro de una entrada, dado que parte de esa recaudación volvería al pueblo. Bueno, al menos… eso prometió dar el forastero, y nadie supervisaría el hecho, por lo que… una sonrisa picaresca iluminó la cara de ambos funcionarios.

Prometieron que le facilitarían las cosas, y para el domingo se dispondrían bastantes sillas en la plaza, para que se acomodara una buena cantidad de público. La propuesta no pareció entusiasmarle demasiado al Gran Dioso, pero tampoco se opuso. Amigablemente se separaron, y nuestro héroe, después de una rápida siesta, volvió a su campaña promocional.

Ese jueves, y también el viernes por la mañana, continuó con la misma prédica, anunciando que el domingo sería el “gran espectáculo”, pero sin dar detalles de en qué consistía. Recién el viernes a la tarde comenzó a develarse el misterio. La gente del pueblo quedó boquiabierta.

“El domingo por la mañana, después de misa de diez, el Gran Dioso se disparará una bala de cañón ante todo el público. ¡El Gran Dioso no tiene miedo a nada, ni siquiera a los cañones!”

La población no sabía cómo reaccionar, si eso era una broma de mal gusto, una provocación, la invitación a la más arriesgada prueba de circo nunca vista, o simplemente la locura de un chiflado que había aterrizado por ese pueblo. Se empezaron a tejer las más diversas –y disparatadas– conjeturas. Rápidamente, el visitante fue rebautizado como “el loco del sombrero rojo”.

El sábado por la tarde el clima humano del pueblo era una mezcla rara de furor, fascinación y cierto toque de miedo. Nadie entendía a ciencia cierta de qué se trataba todo esto. El alcalde y el jefe de policía, consultados insistentemente sabiendo que se habían entrevistado con el forastero –por lo que, se suponía, debían estar mejor informados– no dieron ninguna pista concreta sobre lo que estaba en juego. No la dieron, porque simplemente no sabían de qué se trataba todo.

El domingo por la mañana el pueblo despertó en un verdadero estado de ansiedad generalizado, de conmoción. Había llegado gente de pueblos vecinos incluso, enterada ya del magno evento. En la misa de diez, el cura párroco hizo alguna alusión al hecho. No lo alabó, pero tampoco lo fustigó. Indirectamente invitaba a la feligresía a asistir a la plaza. La curiosidad general se desbordaba.

A las once de la mañana, bajo un sol rajante, todo estaba listo para el esperado espectáculo. El Gran Dioso muy temprano, antes de misa de seis, había colocado un pequeño escenario con un cañón de espaldas al público, apuntando hacia una silla donde él se sentaría, la cual sí miraba a la concurrencia. Para su sorpresa, el alcalde había mandado a colocar infinidad de bancas mirando hacia la silla donde se sentaría el actor principal. Entre la silla destinada al Gran Dioso y el cañón –una antigua pieza de artillería de fines del siglo XIX– mediaban varios metros de mecha.

Empleados de la Alcaldía municipal se encargaron de cobrar la entrada. Toda la plaza había sido rodeada con lazos, y estaba custodiada por policías. 25 centavos por asistente, para varios miles que se agolparon, hacían una recaudación más que considerable.

El Gran Dioso, pasadas las once, apareció en escena. Siempre con su infaltable sombrero rojo, una pulcra camisa blanca, pantalón negro y zapatos prolijamente lustrados, con su inexpresiva cara recién afeitada se dirigió con parsimonia hacia la silla que le estaba reservada. El silencio se hizo sepulcral. Todas las miradas estaban concentradas en su persona.

Sin mediar palabra, encendió la punta de la mecha; la llama comenzó a correr hacia el cañón. La multitud contenía la respiración. Hasta el viento y los pájaros parecían haberse puesto de acuerdo en no hacer ningún ruido. Todo era una tensa espera.

La llama avanzó sobre la mecha, y en pocos segundos la misma se consumió por completo. De pronto, se produjo una gran explosión. ¡Bum!... y un denso humo cubrió la escena… Nadie pronunció una palabra…. Hasta que algún niño, ya aburrido, comenzó a marcharse, seguramente por no entender lo que estaba pasando.

Del Gran Dioso nadie vio nunca ni una uña. El sombrero rojo ahora lo usa, a veces, el hijo del alcalde, en general los días festivos. Eso fue lo único que se encontró. El Fordcito y el cañón fueron a parar a un depósito municipal, y allí siguen oxidándose a la intemperie.

Tomado del libro “Cuentos filosóficos”, de pronta aparición.

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Plástica: Pintores de Haití

Haití es una nación de escasos recursos y aún en búsqueda de un camino confiable hacia el desarrollo y la libertad que anhelaron a principios del Siglo XIX sus fundadores al crear la primera República independiente de América. Pero es rica en vida, en la expresión y sensación de su gente, manifestada en el colorido y la magia de su pintura como se podrá apreciar en esta primera exposición virtual de pintura haitiana.



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La romana o el lenguaje de la piel (Recordando a Alberto Moravia)

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era una belleza cuando apenas tenía dieciséis años. Flor de lujuria. Algo en ella, quizá ese misterio de sus ojos rasgados, evocaba a una virgen. Virgen de medianoche. Estaba hecha para el placer. También para el dolor. Dos caras de la misma medalla. De origen humilde, su riqueza radicaba en su cuerpo. Claro que, al principio, no lo sabía. Lo intuyó cuando sirvió como modelo de pintores. Y, cuando ante la insistencia de su madre (una costurera que, de joven, también fue modelo), aprendió que con esa anatomía de excepción podría conseguir para vivir.



Adriana, que así se llamaba (y se llama) fue pintada por el pincel sin temblores de Alberto Moravia. La romana se convirtió en una suerte de clásico de la literatura del siglo XX. Con un tema aparentemente trillado, la historia de una prostituta, el novelista italiano, autor de 53 libros entre novelas, cuentos, obras dramáticas y ensayos (también fue guionista), logró crear un texto intenso, narrado en primera persona (como tantas otras de sus novelas), que termina como una tragedia griega. En realidad, La romana tiene muchos ingredientes trágicos. Dolidos. Los problemas de la existencia están comprendidos en ella (por lo demás, Moravia era un existencialista). Adriana no es, como pudiera creerse, una putica común y corriente. Tiene demasiada sensibilidad y humanidad.

Uno, como lector, se puede enamorar de Adriana. Como, pongamos por caso, también se puede sentir inclinado hacia Bola de sebo, la meretriz narrada por Guy de Maupassant. Quizá resulte irreverente afirmar que “el oficio más antiguo del mundo” es tan necesario como la medicina, o la literatura, o la zapatería. La historia de la humanidad está colmada de prostitutas famosas. No mencionemos a Mesalina. Ni a Lamia, antigua cortesana griega. Ni a Lais, que vivió en Corinto, tan deseada por Demóstenes, que se entregó gratis a Diógenes. Nombremos, entonces, a Ninon de Lenclos, contratada una noche por el cardenal Richelieu. Y a Laura Bell, una de las “cocotas” más célebres de Inglaterra. Y paremos de contar, que se nos vuelve lista de supermercado.

La moraviana Adriana es de esas mujeres que, en su profesión, se va a enamorar de varios de sus amantes. Y al mismo tiempo va a desarrollar un alto sentido de la dignidad. Y del orgullo. No es, valga la expresión, una cualquiera. Ama a Gino, incluso después de saber acerca del engaño de este. Y al salvaje Sonzogno (ella cree que él es el padre de su potencial hijo). Y le abre su corazón a Giancomo. Por el policía Astarita también va a sentir, en un momento dado, alguna simpatía. El destino de ellos y el suyo están entrelazados. Trágicamente unidos.

Publicada en 1949, La romana sigue siendo una novela sin arrugas, vital. Resistirá, cree uno, los ataques del tiempo. El Índex católico la prohibió en 1952, aunque, en rigor, este puede ser un dato sin importancia. Lo que sí interesa es la solvencia narrativa de Moravia. Su capacidad para crear personajes como Adriana y Gisella. Y para introducir poesía en esta y otras de sus obras. Tenía mucho oficio el novelista muerto en 1990. Maestro del diálogo y del monólogo. Conocedor a fondo de la psicología femenina. Cantor del sexo, sin llegar jamás a ser pornográfico. Retrató, además, los vicios de la burguesía, y en La romana, por ejemplo, esbozó críticas al gobierno fascista.

En La romana, por otra parte, se da el descubrimiento de una vocación. Adriana llega a tener conciencia de las calidades de su cuerpo y de las “ganancias” que puede obtener de él. En ese proceso del amor venal, de los besos fingidos, de los abrazos teatrales, ella encuentra una manera de hacer menos triste su oficio. “Después no he vuelto a prestar atención a la apariencia de los hombres a los que he acompañado, tal vez porque, empujada por la necesidad, he aprendido muy pronto a encontrar a la primera mirada el aspecto bueno y atractivo que bastara para hacerme soportable la intimidad”. A la larga, Adriana aprende que las caricias no se pueden dar por decreto.

La romana evidencia, de modo dramático, la prostitución y la des-prostitución. La conversión. La ida y vuelta. Adriana camina por los senderos de la infamia y, tras la tragedia, se arrepiente, quizá en honor a esa semilla que palpita en su vientre. Construcción y destrucción, narradas de manera bella.

Moravia, que desde pequeño aprendió a inventar historias, tal vez porque la poliomielitis nunca le permitió jugar al fútbol, o correr por las calles con los otros pelados, dejó un testamento literario a la humanidad. Todavía se leen El conformista, La vida interior, La ciociara, Agostino, los Cuentos romanos, El aburrimiento (La noia). En estos y otros textos está su voz. La de un hombre que todo, incluso las mujeres, lo subordinó a la literatura. “La única cosa en que creo es en la literatura”, dijo alguna vez.

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García Márquez propone: Ciencia y letras en la canasta familiar

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El Estado peruano anuncia trabajos multisectoriales para construir la educación técnica para superar la tradicional formación universitaria, en la cual persiste el perverso divorcio entre las letras y las artes y las ciencias.

Este propósito proviene de dos mujeres peruanas: Peregrina Morgan Lora, Secretaria de Sineace y la ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Carmen Omonte, conceptos que se encuentran en un Plan Nacional de Educación Para Todos 2005-2015: Hacia una educación de calidad con equidad, presentado por el entonces ministro Javier Sota Nadal, fruto de un esfuerzo colectivo, “en un espacio amigable y democratizador de un Foro Nacional”.



El SINEACE es el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa, que debe garantizar la calidad de la educación en el Perú. Contribuir al desarrollo descentralizado del país para la mejora de la competitividad. Sus órganos operadores - IPEBA, CONEAU y CONEACES – deberán ingresar a nuevo y esperado impulso para aplicar la nueva Ley de Universidad que el Congreso anuncia debatir en las próximas semanas y que cuenta con la mayoría de votos para su aprobación.

No es un juicio errático afirmar que no es fácil contar con una mayoría parlamentaria para legislar la Educación, porque este Congreso cuenta con muchos opositores, desde que la administración del presidente Fujimori, ahora preso, dio carta libre a la creación de universidades, arrasando la calidad y la economía de los hogares que valoran la Universidad como la institución más respetada desde la colonia y el virreinato.

El ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables informa que el Gobierno está trabajando por desmitificar la educación técnica, opción que aún es mal vista en la sociedad y los jóvenes estudiantes. "Los jóvenes solo ven a la educación técnica como una segunda opción frente a la privilegiada educación universitaria, cuando se sabe que el 46% de los profesionales egresados de universidades no encuentran trabajo y el 84% no escogió la carrera adecuada, según encuesta del Banco Mundial hecha para el Perú”, institución de la cual no se tiene duda de su respaldo al libre mercado, inclusive en Educación.



La realidad educacional mantiene una sobreoferta de universitarios y una gran ausencia de técnicos, a pesar que la sostenibilidad del crecimiento del país depende del impulso de las carreras de tres años. En el Perú se necesitan 300 mil profesionales técnicos.

Por un país al alcance de los niños

Gabriel García Márquez dio a conocer en Colombia una carta de navegación para la educación presentada en el Palacio Nariño dio un discurso, del cual glosamos algunos párrafos. La versión completa en http://especialgabo.fnpi.org/

Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas.



Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.

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Perú. José Carlos Mariátegui vive entre nosotros

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Recientemente, el pasado 16 de abril, se recordó en el Perú el 84 aniversario de un hecho infausto: el deceso de José Carlos Mariátegui, ocurrido en 1930, poco antes del derrocamiento del régimen de Augusto Bernardino Leguía, y de la instauración de una nueva dictadura, la Sánchez Cerro, de triste recordación.



A la inversa de este episodio, el 14 de junio de este año se celebrarán los 120 años del nacimiento del autor de “los 7 Ensayos…”, considerado con razón como la más importante figura nacional del siglo XX. Y los preparativos para evocar ese acontecimiento, están en marcha.

Ya se conoce, en efecto, la Convocatoria y el Temario del Simposio Internacional que habrá de celebrarse en Lima entre el 12 y el 14 de junio, y que culminará con un encuentro simbólico ante el monumento que perenniza su memoria, en la ciudad capital.

Hablar de José Carlos Mariátegui en el Perú de hoy, es aludir a quien introdujo en el escenario nacional el verdadero sentido de patria. Y es que recogió el legado de la historia, lo estudio al calor de la realidad concreta, y lo perfiló con un sentido de futuro pergeñando para el país un nuevo modelo de desarrollo acorde con el avance de los pueblos.

Su mensaje nos enseñó cabalmente a comprender que la vida nacional está menos desconectada y es menos independiente que lo que se supone. Y es que el Perú -como lo dijo- “es el fragmento de un mundo que sigue una trayectoria solidaria”. Ahora podemos comprobarlo.

Mirando el antecedente con una certeza que confirma la vida, en “El Alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy”, nos habla de los Libertadores asegurando que éstos “fueron grandes porque fueron, ante todo, imaginativos. Insurgieron contra la realidad limitada, contra la realidad imperfecta de su tiempo. Trabajaron por crear una realidad nueva. Bolívar -añadió- tuvo sueños futuristas. Pensó en una confederación de estados indo-españoles. Sin este ideal, es posible que Bolívar no hubiese venido a combatir por nuestra independencia. La suerte de la independencia del Perú ha dependido, por ende, en gran parte, de la actitud imaginativa del Libertador. Al celebrar el centenario de una victoria de Ayacucho, se celebra, realmente, el centenario de una victoria de la imaginación”.

Y ese ideario imaginativo del Libertador, ahora se está convirtiendo e realidad de manera sostenida y militante. Los proceso que tienen lugar en cada uno de los países de la región, así lo acreditan. La Independencia de nuestros Estados -que asomó hace doscientos años como la liberación “criolla” del yugo ibérico- tiende cada vez más a definirse como la expresión de una voluntad soberana capaz de afirmar un nuevo desarrollo, que ya puede definirse como la expresión del socialismo del futuro.

En torno al tema se ha especulado considerablemente antes. Ciertos expurgadores de la historia han gustado hablar de “modelos” en la construcción del socialismo, sin considerar que la lucha de los pueblos en todos los tiempos y en todos los escenarios responde a realidades propias, que está ligada a experiencias concretas y a expectativas que pueden identificarse, pero nunca compartirse.

Conscientes de eso, los fundadores del socialismo aseguraron que este no es -nunca lo fue- una receta única que pudiese aplicarse en forma dogmática en cualquier realidad. Coincidieron en afirmar más bien, que se debía, en todos los casos, reconocer los rasgos propios y buscar derroteros originales. En la polémica con el APRA, con acierto ejemplar, Mariátegui aseguró que el socialismo en el Perú “no sería calco ni copia, sino creación heroica”.

Esta formulación constituyó no el rechazo a quienes buscaban supuestamente “copiar” una experiencia foránea; sino al contrario, a los que acusaban al autor de los “7 Ensayos…” de “extranjerizante” y “europeísta” porque no tenía una visión estrecha y doméstica de la política, sino una idea continental y mundial del desarrollo y de la historia.

El mensaje del Amauta diseñó la idea del socialismo como pilar de la nacionalidad, sustentado en las experiencias del pasado, pero entretejido con un escenario mucho más amplio, el que asoma en nuestro continente a partir de las lecciones que fluyen de un proceso que es cada vez menos local, y cada vez más latinoamericano y por lo tanto interdependiente.

Por eso resulta erróneo siquiera, suponer la existencia de “modelos”. Aludir a ellos, en buena medida, fue en el pasado, un esquema formal ajeno a las posibilidades reales de un proceso signado por acontecimientos inherentes a cada país.

Lo que ocurre en los países de la región, es propio de ellos, pero es común el anhelo de justicia, el afán de encarar las demandas del pueblo y la firmeza combativa para preservar y defender la soberanía de los Estados recuperando siempre la riqueza de las naciones. Justicia y dignidad, por lo demás, no constituyen patrimonios nacionales, sino emblemas universales que todos debemos sustentar.

No obstante, cabe subrayar como seguro marco del socialismo, el de ayer y el del mañana; dos rasgos esenciales: la eliminación de la propiedad privada sobre los grandes medios de producción, y un cambio de clase en la conducción del Estado asegurando que éste sea liderado por los trabajadores, y no por las aviesas y corruptas camarillas del pasado que usurparon funciones a la sombra del Imperio.

A partir de estos rasgos, el ideal socialista en cada uno de los territorios nacionales, tendrá por cierto, su propio e intransferible diseño.

Plenamente consciente de ello, Juan Velasco Alvarado, en 1970 hablando del proceso peruano que lideró de manera consecuente y creadora dijo ante los industriales de América reunidos entonces en nuestra capital: “También estamos convencidos de su propia singularidad histórica, que nos obliga a encontrar soluciones propias y distintivas para nuestros más críticos problemas; es decir, soluciones ajenas a las surgidas en otras realidades; soluciones conceptualmente autónomas, soluciones que sin desdeñar el aporte positivo de experiencias de otros pueblos y de otras realidades, responda al reclamo que hace más de cuarenta años formulara José Carlos Mariátegui, para que algún día los peruanos, peruanizáramos el Perú”

La línea de identificación es la misma: el sueño de los libertadores, la Independencia de nuestras naciones, la lucha de nuestros pueblos desde Túpac Amaru hasta Sandino; las experiencias de ayer de Mariátegui a nuestros días pasando ciertamente por Cuba Socialista y la obra de Fidel; Juan Velasco, Salvador Allende y otros; que se anuda hoy con la experiencia bolivariana de Venezuela, que sale airosa frente a duras confrontaciones; y los avances innegables de otros pueblos y gobiernos que en Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua y El Salvador, afirman un curso verdaderamente transformador en el que se dan la mano experiencias democráticas que ocurren en otros países de la región y que ponen ante la derrota la política guerrerista y succionadora del Imperio.

Para los peruanos de nuestro tiempo, como lo dijera el martes 15 en la Casa del Amauta la Secretaria General de los “Amigos de Mariátegui”, la pintora nacional Fanny Palacios Izquierdo, “Mariátegui es lo que es, por todo eso. Por sus obras, por sus libros, por el escenario en el que actuó y vivió, por su contribución al pensamiento nacional, por su modo de apreciar las cosas. Pero, sobre todo, por su extraordinaria presencia. Leerlo hoy es como leer lo que está ocurriendo en el Perú ahora. Y pensar en sus enfoques referidos al escenario nacional o mundial, a las tareas de la intelectualidad, a la importancia de la cultura, o a la lucha de los trabajadores; es reivindicar como nuestro, un mensaje de clase que nunca debiéramos abandonar”.

Tomar en cuenta todos estos elementos en esta coyuntura de la historia, es considerar que, pese al tiempo y a la distancia, y no obstante la cuantiosa carga del enemigo que acecha a nuestros pueblos, José Carlos Mariátegui, vive entre nosotros.

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Decir y flotar

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Le digo a la nube
que pase despacio
y me muestre sus colores.

Le digo a la lluvia
que caiga suave
y moje con cariño.

Le digo al pajarito
que vuele cantando
mientras lo voy mirando.

Le dije a la espuma del mar
que como ella
quiero flotar.

Le quiero decir al tiempo
que para las cosas lindas
deje de pasar.

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Cine clásico: “El último emperador”, de Bernardo Bertolucci (Italia, China, Gran Bretaña, 1987)

Salvador Sáinz



Director: Bernardo Bertolucci.

Reparto: John Lone (Puyi, adulto), Joan Chen (Wanrong), Peter O'Toole (Reginald Johnston), Ying Ruocheng (Gobernador del Centro de Detención), Victor Wong (Chen Baochen), Dennis Dun (Big Li),Ryuichi Sakamoto (Amakasu Masahiko), Maggie Han (Estella Oriental - Yoshiko Kawashima),Ric Young (interrogador), Vivian Wu (Wenxiu),Cary-Hiroyuki Tagawa (Chang),Jade Go (Ar Mo),Fumihiko Ikeda (Coronel Yoshioka),Richard Vuu (Puyi (Puyi, tres años),Tijger Tsou (Puyi (Puyi, ocho años),Wu Tao (Puyi (Puyi, 15 años), Fan Guang (Pujie adult, hermano de Puyi), Henry Kyi (Pujie, siete años), Alvin Riley III (Pujie, 14 años), Lisa Lu (Emperatriz Dowager Cixi), Hideo Takamatsu (General Hishikari Takashi), Hajime Tachibana (Traducto japonés), Basil Pao (Zaifeng, Prince Chun, padre de Puyi), Henry O (Lord Chamberlain).

Guión: Mark Peploe & Bernardo Bertolucci.

Música: Ryuichi Sakamoto, David Byrne, Cong Su.

Fotografía: Vittorio Storaro.

Coproducción GB-Italia-China; Columbia Pictures / Hemdale Corporation / TAO Film / Recorded Picture Company (RPC).

Duración: 160 minutos.

Puyi (Pekín, 7 de febrero de 1906 - íd., 17 de octubre de 1967) fue el último emperador de la dinastía chino-manchú de los Qing. Reinó en China con el título de Emperador Xuantong, desde 1908 hasta la abolición del gobierno imperial en 1912. Fue impuesto por los japoneses como el Emperador Kangde de Manchukuo, entre 1934 y 1945. En la República Popular China, se desempeñó como jardinero y posteriormente como trabajador histórico en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.

La película de Bernardo Bertolucci (El último tango en París, Soñadores) es toda una paradoja. Su argumento gira alrededor de un emperador “hijo del cielo” que evoluciona hasta convertirse en un mero ciudadano, un ciudadano anónimo que circula en bicicleta y dedica su tiempo a la jardinería.

La acción se inicia en una estación de tren. Unos caballeros presuntos criminales de guerra bajan del mismo, se dirigen a un centro de rehabilitación. No estamos ante una hagiografía hollywoodense del emperador, no es ésta una película rodada en Hollywood con decorados de cartón piedra, ni son decorados recreados en Madrid por Samuel Bronston (véase la Ciudad Prohibida de 55 días en Pekín y compárese con la real que aparece en esta película). Tampoco es una demoledora diatriba presentando al emperador como un monstruo. Piyu, ese emperador “hijo del cielo” en realidad es un hombre como las demás, son las circunstancias quienes le convirtieron en un personaje excepcional.
Jean-Jacques Rousseau, autor de Emilio, o De la educación., sostenía que todo hombre, mujer o niño son buenos, son las circunstancias quienes les envilecen. Si la Revolución Soviética exterminó a toda la familia imperial, como antaño hicieron en otras revoluciones como la francesa, en cambio la china apostó por la reeducación.
Mao creía que todo ser humano era buen en sí, pero era pervertido por el sistema imperialista o burgués capitalista. Así, Piyu, desprovisto de la parafernalia que le pervertía, podía convertirse en un ciudadano normal. En otras palabras en un camarada.
El centro de la película es pues esta evolución, mientras tanto conocemos la evolución de la sociedad china desde que Piyu es arrancado del regazo de su madre y llevado a la Ciudad Imperial para sustituir a Tzu Hsui la emperatriz agonizante (la misma que aparece en 55 días en Pekín).

Así Puyi es un niño de apenas tres años que se ve entronizado sin comprenderlo ni pretenderlo, depuesto años por la República. Bertolucci nos cuenta cómo tuvo un tutor inglés interpretado por Peter O´Toole, un detalle que occidentaliza la película. El emperador perdió su cargo, pero en el interior de la Ciudad Prohibida lo conservó po haberse convertido en un símbolo del pueblo chino.

Los avatares se suceden hasta que se convierte en un títere de los japoneses que le restituyen como emperador de Manchuria y finalmente capturado para ser reeducado por los comunistas chinos. Puyi se siente utilizado por todos, no es hasta su rehabilitación que descubre la alegría de ser libre.

Bertolucci compone esta bella parábola con inteligente ayudado por la fotografía de Vittorio Storaro. La época de la Ciudad Prohibida nos es mostrada con todo su esplendor, así como su posterior vida de playboy hasta que los japoneses le envían a Manchuria empezando una nueva etapa de su vida. En este caso la fotografía se vuelve sombría y todavía más lúgubre en el campo de rehabilitación en donde Puyi se transforma de emperador a persona.

Fuente: http://www.diariodecine.es/ssdvd194.html

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Tres poemas

Horacio Besasso



Mi padre

Fue brusco a veces
y algunas otras, temerario.
Tenía convicciones certeras y acendradas.
Odiaba la mentira, la flaqueza y el miedo.
La incierta debilidad que me habitaba,
la transformó en desafío.
Me dejó en soledad a veces,
para que tenga compañía.
Me enseñó que el llanto
es peor que el esfuerzo.
Me dejó así, como estoy hecho.
En el otoño agazapado que palpita,
lo veo a él, tenaz y convencido,
fortaleciendo al débil,
despreciando al altivo.
en este otoño mío.

Sereno ya, está mi padre.

_________

Alhambra

Mira mora que te miro
en el portal de la Alhambra
labrado como un encaje.
Donde la piedra es de seda
y el minarete de agua.

Mira que te miro y pienso
que tu no puedes mirarme
escondida tras el velo
que no debo arrebatarte.

Mira que es bella Granada
extendida a tus espaldas
y el patio de Los Leones
hoy parece custodiarla.

Que me hace mal tu mirada
como flecha envenenada.
Ojos tan negros y oscuros
dejan el alma sellada.

Mora que te miro mora
y te atrapa mi mirada.
A Buenos Aires te llevo
en un bolsillo del alma.

_________

A la partida de Hemingway

Se leyó como abandono su partida,
como renuncia al desafío cotidiano.
También como rémora de alcohol,
depresión y desconsuelo.

El hombre era en verdad gigante,
anchas sus manos y ancho su pecho.
El corazón perplejo cada día
y la soledad en que vivía,
su quimera.

Amó como bebió, a borbotones,
calmado en whisky y vino.
Besó hoy para olvidar mañana
y llorar después el desatino.

Quizá abrió la ventana,
vio el sol declinar en la balanza.
Un sol final, lunar.
Eternamente.

Quizá pensó que no hay camino
más allá del silencio y el hastío.
Quizá apretó entonces la culata,
apoyó el metal en su cabeza,
pensó que no hay más sueños.

Sólo ardiente realidad, vacío, nada.
Sólo silencio astral al respirar,
como al nacer, el aire en bocanadas.

Apretó el gatillo y antes cerró los ojos.
Ni siquiera escuchó el estallido,
sólo un eco final, como de tango
y cayó hacia atrás, sin un quejido.

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Benkos, el hijo Changó y Oggún

Antonio Prada Fortoul (Desde San Basilio de Palenque, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Benkos Biohó fue un príncipe bissago traído como esclavizado a la antigua Provincia de Cartagena de Indias en 1596. Se fugó varias veces de su sitio de confinación laboral forzada hasta que formó un ejército compuesto por guerreros de diferentes oriundeces africanas, que derrotó reiteradamente al ejército colonial, forzando al gobernador a firmar un Tratado de paz el 18 de Julio de 1605.



Cierto día explorando las cercanías de la aldea con nueve destacados guerreros del palenque, fueron sorprendidos por una avanzada española compuesta por veinte y cinco mercenarios españoles quienes blandiendo sus gruesas cimitarras arremetieron decididamente contra los cimarrones aprovechando la sorpresa.

El encontronazo fue violento, los africanos con sus machetes y adargas ceñidas, detuvieron el ataque y simultáneamente respondieron la agresión con precisos lances que dejaban tendidos a los españoles en el verde pasto. Benkos el rey cimarrón, blandía su invicto machete abatiendo a los españoles que caían para siempre bajo la sombra de los matarratones y las palmeras que susurraban un canto póstumo a los caídos que gemían sobre la hierba cuyo verdor se teñía de sangre ibérica.

Tres guerreros del palenque yacían con sus cuerpos ensangrentados en el mullido tálamo vegetal, sus ojos abiertos aún, reflejaban alegría porque habían abatido muchos enemigos y su esencia volvería a su origen, a la tierra de sus ancestros, habían luchado como guerreros vendiendo cara su vida. Los africanos arremetían una y otra vez contra los peninsulares que trataban de replegarse pero el furor y enjundia de los cimarrones, los abatían de una manera inexorable, el grito de guerra de los combatientes, el choque de los aceros y los ayes de dolor de los españoles, acallaban el susurro de los palmares y el trinar armonioso de las aves canoras que desde la frondosidad de la espesura observaban la matazón que se desarrollaba en ese hermoso paraje.

El rey Benkos con varias heridas en su cuerpo, luchaba como un león, lo rodeaban tres peninsulares con torvas intenciones, eludía con destreza los lances asesinos de los españoles y devolvía justicieros machetazos que abatían a cada español que lo rodeaba, parecía una divinidad el rey cimarrón, ni Zeus, Ares, Odín, o Tor podían comparársele, su sudoroso cuerpo cubierto de sangre española y propia reflejaba la valentía y enjundia de una raza que se negaba a la esclavitud por parte de los españoles que tantas muertes habían ocasionado a los esclavizados en sus sitios de confinación laboral obligatoria, (Plantaciones, minas etc.).

Quedaron de pié siete guerreros y un español que ante la imposibilidad de escapar, se lanzó decidido a dar muerte al inmenso líder cimarrón que parecía la reencarnación de los inmensos Orishas guerreros Oggún o Changó, a pesar de las aparatosas heridas que tenía en su cuerpo, estaba erguido y sin mostrar dolor.

El ibérico arremetió decidido a matar al rey Benkos que esperó el ataque y eludió magistralmente el asesino lance del español. Este, estaba desconcertado porque no concebía que un africano esclavizado tuviera tanta destreza y solvencia en el manejo de esas armas, se lanzó a fondo y su ataque fue detenido en un elegante esquince que al retornar de la elusiva torsión, asestó un violento machetazo en el costado del español que se retorció y cayó cuan largo era el mullido pasto.

Los compañeros del rey cimarrón admiraban la pericia y valentía de su líder.

Los triunfantes guerreros escucharon sonido de cascos de cabalgaduras y el rey Benkos sin pensar en lo delicado de sus sangrantes heridas, se subió a un gran Iroko (ceiba), para mirar desde que sitio venía el sonido. Se alarmó cuando vio el grueso de la soldadesca ibérica, eran mas de cien soldados bien apertrechados.

No tenían ninguna posibilidad de salir victoriosos.

Se apeó del árbol y dijo a sus guerreros que prefería morir a huir de estos desalmados asesinos. Decidieron luchar hasta el final.

Cuando se ubicaban en el sitio donde iban a enfrentar a los españoles, un profundo siseo se escuchó detrás del palmar. De inmediato, una boa gigantesca abría sus fauces y estos en una lenta procesión, en un estado de seráfico éxtasis, entraron por la boca del ofidio el cual lentamente cerró sus fauces.

Reptando velozmente, se dirigió al palenque y exhalando un vaho adormecedor, se tragó la aldea con sus habitantes. Todos parecían dormir en el interior del reptil, el rey Cimarrón y unos pocos guerreros permanecían lúcidos, se percató el rey cimarrón que quienes tenían esa lucidez eran los iniciados en las aldeas y poblados africanos de su oriundez. Congos, yoruba, arará, mandé y bambara que ejercían su sacerdocio en el palenque, buscaban respuestas. Las heridas del rey Benkos se cerraron y desapareció el dolor que lo aquejaba. Recordó que durante su formación en los Misterios Mayores le hablaron de un hebreo llamado Jonás que recibió una iniciación en el interior de un leviatán en las profundidades marinas, el había recibido el conocimiento básico de las escuelas ofidiáticas, conocía lo primordial del culto a Vendomme pero desconocía las palabras de pase porque en su etapa de formación fue raptado por los asesinos peninsulares.

Observó a sus compañeros sentados alrededor de unos ancianos que impartían conocimiento, un venerable lo condujo a una cueva en cuyo centro estaba un lítico ataúd, lo acostaron en el, cubrieron su cuerpo con un lienzo color rojo y blanco en un extremo, (Los colores de Changó) y verde con negro en el otro,(los colores de Oggún otro Orisha guerrero).

Perdió la noción del tiempo y del espacio, supo que fueron muchos días porque el caudal de conocimiento recibido era inmenso.

Cuando la enorme boa abrió sus fauces, las viviendas retomaron su sitio, las gallináceas y perros volvieron a los patios infinitos, los cerdos a sus corrales y los cocos a sus trocos largos apuntando al infinito. Todo parecía normal, solo quienes fueron sometidos a esa avanzada iniciación tuvieron conciencia de lo sucedido.

La percusión de los tambores, anunciaba la presencia mercenaria española y los guerreros se alistaron para el combate. Llenaron de provisiones sus alforjas y de saetas sus aljabas, asieron con fuerza sus lanzas y en perfecto orden salieron a enfrentar al enemigo español.

Los esperaron en los farallones del desfiladero y después de un cruento y terrible combate, derrotaron a los ibéricos ocasionándoles una inmensa mortandad. Murieron ciento cuarenta españoles y tomaron catorce prisioneros.

Después de esta rutilante victoria, las autoridades coloniales de la provincia de Cartagena de indias, abdicaron ante el poderío del rey de los cimarrones que hizo arrodillar al gobernador y al resto de autoridades coloniales.

Se fortalecieron los palenques y la aldea y los otros palenques fundados por el rey Benkos Biohó, fueron un remanso de paz hasta el día infausto en que los españoles faltando a su palabra de honor, traicionaron al rey cimarrón, lo descuartizaron dividiendo su cuerpo en doce partes.

El día de su asesinato, cuando su cuerpo era destazado, no pronunció una queja, ni un gemido de dolor salió de sus labios, cuando el hachazo asesino del español verdugo desprendió la cabeza del rey de su cuerpo, cayeron rayos en inmensas cantidades enviados por Changó y centellas flameantes desprendidas de las manos de Oyá, destruían los empedrados adoquines de las callejuelas del puerto negrero escenario de la más rutilante victoria de los africanos esclavizados en territorio americano liderados por un inmenso rey cimarrón que aun hace presencia en las callosas manos de los tamboreros de San Basilio de Palenque, en el bullerengue cadencioso de ese poblado y en el funebrio Lumbalú que guía el alma de los palenqueros al Oriente Eterno.

Benkos Biohó…que Ibaé Iban Tonú

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Arcano mayor

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nos hemos reunido siete personas en las escaleras de piedra que suben al Centro de Arte de Burgos (CAB), y frente a la casa de Acogida, para hablar un poco de la situación actual, cuyo problema es el de siempre: un problema religioso social.



Nos llega un olor a sopa de fideos y tortilla de patatas de la Casa de Acogida. Hombres y mujeres gordinflonas y vacías, caras de bobo, pordioseras fofas, esperan la entrada al refectorio. La cuestión de España es su querencia de volver al cumplimiento de la bula del papa maricón y pedófilo donde los haya Sixto IV, “Exigit sinceras devotionis affectus”, queriendo traer, o mejor implantar una nueva Inquisición que instituya una ley Mordaza bajo la jurisdicción de los obispos y el dominio exclusivo de una mayoría fascista.

Vamos a jugar a las cartas al estilo del Taroco de James Bond como se percibió en su película “Vive y deja morir”, según la novela de Ian Fleming. Tenemos veintiuna cartas para barajar, echar y leer. Veintiuna cartas porque la veintidós “El Loco”, la afirmamos mirando de vez en cuando hacía la Casa de Acogida, contemplando de buen modo a ese mozuelo o mozuela cebados con el vicio de la caridad.

Estas cartas son especiales, pues, en ellas, hemos dibujado a H.P.Adamski, a Duchamp, a Picabia, a Picasso, a Wolfgang Max Faust, a Kuspit, a Rainer Crone, a Levi-Strauss, a Schnabel, a David Salle, a Mircea Eliade, a J. Henric, a S. Gohr, a D. Kuspit, a M.Le Bot, a Deleuzze y Guattari, a Martín de Riquer, a Joyce, a Baudelaire, a Yeats, a Rémy de Gourmont, tratando de hallar una expresión y vocabulario de ellos, que nos de pie a desarrollar la realidad de nuestro sino, según su percepción.

Barajamos, echamos una carta, sale Jacques Henric, que dice: “La Peinture nait en une folle precipitation” (La peinture et le mal). Significa restituir el deseo de un nuevo renacimiento después de una muerte de cruzada decretada años atrás. Cosa imposible, pues jamás entraremos en una plena expansión económica y política pues los ambiguos estamentos jamás querrán ser regenerados de culpas del pasado represor, identificándose con la legitimidad última del Inquisidor tradicional.

Otra carta: Ahora sale S. Gohr (El nuevo expresionismo alemán), sin otro modelo o parámetro que el nazismo, según un erotismo de la represión y, sin querer reconocer que la corrupción de un deseo de poder espiritual convierte a los seres humanos en corruptos de un poder terrenal. La seducción desvergonzada del poder hacia una vanguardia posible de misticismo fascista, no permitiendo ninguna intromisión en sus asuntos internos.

Otra carta: Deleuze y Guattari (El Antiedipo: capitalismo y esquizofrenia). La agitación contra la mayoría que se manifiesta con buenos modales, y contra la mayoría silenciosa, deja muy claros los desvelos del poder establecido para lograr imponer su criterio de observar y cumplir la ley, su ley, con la audacia y tozudez del palo y tentetieso, en una España exhausta y vacía de significado.

Otra carta: W. M. Faust (Con esto y contra esto: tendencias del arte alemán actual). La Historia de la Humanidad existe gracias a ese imaginario que dobla la realidad en reproducción de fantasmas y criminalidades que dota de obstáculos tanto ideológicos como formales esa falsa libertad y agilidad mental del ser humano. Esta actitud acepta de buen grado el repartir mamporros, liarse en guerras, desarreglar un roto en un contexto cotidiano donde al ser humano se le humilla, pisoteándole, reprimiéndole, desahuciándole, hasta llevarle al buceo de la tortura. La premisa y conclusión de la política es el maridaje entre Inquisición y cristianísimo monárquico.

Otra carta: Adamski .El ojo adulto de Adamski. El sabe que las mayorías absolutas conforman Decretos de fe o de gracia .Los nuevos soñadores del potro, la toca o la garrocha, el garrote vil o el tiro en la nuca se sienten tentados a sentir y hacer sentir la persecución indiscriminada que origina universos con identidades estables fragmentando lo nuevo y entrelazándolo con la nada para conformar códigos específicos de ejemplar fidelidad.

Otra carta: Rainer Crone (Dokoupil: el cerebro encarcelado). La promiscuidad del Consejo de la Suprema logró su traza, trabajo y diligencia para dañar y hacer perder sus pertenencias a hombres y mujeres orgullos de no creer en patrañas y embustes de la Iglesia, que por eso les quemaron vivos, torturaron, consolándose de su yerro, porque mal de pocos es para muchos gozo, sobre todo en teólogos y profesores universitarios de gran prestigio que consiguen sus títulos académicos en cátedras de Rebuznos.

Otra carta: Levi-Strauss (El pensamiento salvaje). Lo nuevo no existe. Renovar o enriquecer nuestra existencia es una quimera. La historia existe gracias a la aprobación que le otorga el presente. Las imágenes le vienen dadas; y los medios de comunicación de masas son incompetentes porque sus sugerencias doblan la realidad, bombardeando sin descanso esa carga de imágenes que sólo sirven para comerciar, quedando la hombría a la altura del betún.

Otra carta: Mircea Eliade (Imágenes y símbolos). Como él dice, la realidad se manifiesta de un modo contradictorio y, por supuesto, no puede expresarse en conceptos. Y….

La atmósfera del Taroco sufrió un cambio brusco, repentino y absoluto. Escondimos nuestras litronas como pudimos, pues vimos acercase a policías locales “litroneros”, esos que requisan las bebidas a los jóvenes que beben en espacios públicos. Juntamos las cartas y las guardamos. Comenzamos a hablar en otro sentido. Sin duda, algunos familiares de casas de alrededor, chivatos de la policía, les llamaron. Nos inmovilizaron con sus ojos, pero no dijeron nada, pues no encontraron nada. Eso sí, oímos a un número que le decía a otro:” que mal pagados estamos. Mientras, se incrementa el tesoro de los corruptos”.

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En algún lugar…Un regalo inesperado

Laura M. López-Murillo (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“No he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, (…) con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente.”

Gabriel García Márquez

En algún lugar mágico, las palabras adquirieron consistencia y transformaron un instante rutinario en una bella posibilidady los temores se desvanecieron en finales peregrinos y los tiempos se abrazaron en la travesía de un río…



La condición humana surgió con el pensamiento abstracto pero la habilidad para crear relatos ficticios y mundos intangibles se ha transmitido a través de los siglos por unos genes caprichosos, es por eso que el don artístico suele ser excepcional, pero la escasez se compensa con la magnitud de sensibilidades que alcanza.

La genialidad es la excepción en la condición humana y deja una huella imperturbable.Gabriel García Márquez falleció el jueves santo en la Ciudad de México a los 87 años. La noticia acaparó los titulares en todos los medios y generó una secuela incontenible de semblanzas y panegíricos; aquellos a quienes honró con su amistad, delinearon un tenue perfil del escritor con testimonios y remembranzas pero al margen de la mediocracia se configuró otra imagen de García Márquez, un compendio sin límites ni contornos que incluye todos los momentos que el autor endulzó en la vida de sus lectores.

Soy una de los cientos de miles de lectores que trasgredieron las fronteras de la realidad con las palabras de García Márquez; como miles de cientos, lo único que conozco de él proviene de sus novelas y sus discursos, de sus cuentos y sus artículos. Como todos sus lectores, imaginé su carácter y con sus fantasías dibujé una figura que se fortaleció cuando conocí sus convicciones: a través de la lectura él descubrió la existencia de “un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano” ydefinió al periodismo como “una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”.

Se mantuvo leal a sus convicciones: a la identidad latinoamericana (el “pequeño género humano” definido por Simón Bolívar) y al periodismo, ese “oficio tan incomprensible como voraz” pero el mejor del mundo. Y sus lealtades se fusionaron en un compromiso humanizante y la belleza de su prosa se robusteció con realidades insoslayables: identifico a los culpables del rezago de Latinoamérica en la carencia de creatividad y en la persistente asimilación de “doctrinas recalentadas”1 , describiólos pesares de las repúblicas bananeras como una calamidad fantástica de un pueblo sin memoria y su afán por la ética y la crítica le permitió identificar a “la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia” como los estragos de la globalización en la calidad de la noticia2.

¡Sí!... las despedidas de los genios son memorables porque sabemos que su presencia fue un regalo inesperado, sin embargo, éste es un duelo excepcional porque las lágrimas tornan en agradecimientos por la belleza prodigada; su presencia resistirá las inclemencias del olvido porque en algún momento en la vida de sus lectores, todos los tiempos se abrazaron en la travesía de un río…

Notas
1) “El escritor italiano Giovanni Papini enfureció a nuestros abuelos en los años cuarenta con una frase envenenada: “América está hecha con los desperdicios de Europa”. Hoy no solo tenemos razones para sospechar que es cierto, sino algo más triste: que la culpa es nuestra. Terminamos por ser un laboratorio de ilusiones fallidas. Nuestra virtud mayor es la creatividad, y sin embargo no hemos hecho mucho más que vivir de doctrinas recalentadas y guerras ajenas, herederos de un Cristóbal Colón desventurado, que nos encontró por casualidad cuando andaba buscando las Indias.” Gabriel García Márquez. En Ilusiones para el Siglo XXI.
2) “No esperen nada del siglo XXI, que es el siglo XXI el que lo espera todo de ustedes.Un siglo que no viene hecho de fábrica sino listo para ser forjado por ustedes a nuestra imagen y semejanza,y que sólo será tan glorioso y nuestro como ustedes sean capaces de imaginarlo”.Gabriel García Márquez. En Ilusiones para el Siglo XXI.

Fuentes:
- Abello, Jaime. (2014). Gracias, Maestro Gabo. Recuperado el 19 de abril del 2014, de http://especialgabo.fnpi.org/gracias-maestro-gabo/
- AP. (2007). Discurso íntegro de García Márquez en su homenaje. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://www.eluniversal.com.mx/notas/414773.html
- CNN. (2014). García Márquez fue uno de los más prodigiosos de la literatura: Krauze.Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://mexico.cnn.com/entretenimiento/2014/04/17/garcia-marquez-fue-uno-de-los-mas-prodigiosos-de-la-literatura-krauze
- Europasur. (2014). Gabo se refugia en Macondo. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://www.europasur.es/article/ocio/1754065/muere/gabriel/garcia/marquez.html
- Free Dictionary. (2014). Extraordinario. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://es.thefreedictionary.com/extraordinario
- García Márquez, Gabriel. (1996). El mejor oficio del mundo. Recuperado el 19 de abril del 2014, de http://especialgabo.fnpi.org/las-ideas-de-gabo/el-mejor-oficio-del-mundo/
- García Márquez, Gabriel. (1999). Ilusiones para el siglo XXI. Recuperado el 19 de abril del 2014, de http://especialgabo.fnpi.org/las-ideas-de-gabo/ilusiones-para-el-siglo-xxi/
- Lara, David. (2014). El periodismo de García Márquez. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://www.las2orillas.co/el-periodismo-de-garcia-marquez/
- Mendelevich, Pablo. (2014).Gabriel García Márquez, el periodista que escribía novelas. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://www.lanacion.com.ar/1683170-gabriel-garcia-marquez-el-periodista-que-escribia-novelas
- Perfil. (2014). Video | Gabo cuenta cómo escribió 'Cien años de soledad'. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://www.perfil.com/cultura/Video--Garcia-Marquez-cuenta-como-escribio-Cien-aos-de-soledad-20140417-0040.html
- Univisión. (2014). Gabriel García Márquez y 10 pensamientos sobre el periodismo. Recuperado el 19 de abril del 2014, http://noticias.univision.com/article/1923727/2014-04-17/america-latina/gabriel-garcia-marquez-y-10-pensamientos-sobre-el-periodismo
- Word Reference. (2014). Extraordinarios. Recuperado el 19 de Abril del 2014, de http://www.wordreference.com/definicion/extraordinarios

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¿Malestar en la docencia o maestros huérfanos?

Miguel Andrés Brenner (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Solo así se puede pensar en la brecha del tiempo… Y de eso se trata aquí: de conversar, de pensar y de publicar sobre una escuela que está en el impasse, en la brecha del tiempo, sometida a las fuerzas contrarias e igualmente destructivas del pasado y del futuro, de la gestión del presente al servicio de la conservación de un pasado inhabitable, o de su administración al servicio de un futuro imposible, entre el ya no de la escuela que fue y el aún no de la escuela que nos dicen que debe ser, en una conversación, un pensamiento y una publicación en presente al que solo “una postura frente al pasado y al futuro otorga consistencia”. (1)



“El maestro no es nada, desidealicemos esta figura, es un recurso que tiene que poder leer las situaciones para activar condiciones de pensamiento. No tiene nada que ver con personajes, con personalidades, ni ideología, ni saberes…” (2)

Ex abrupto

Simplemente deseo comentarles que los dos párrafos iniciales son un botón de muestra de un tipo de discurso muy frecuente, desde el ejercicio de poder académico, destinado a docentes. Narrativa tal cargada de esteticidad seductora onanista infecunda, suma generalización y ambigüedad, desmaterializada y descontextualizada, no inocente políticamente. Y si Uds. no los entienden, es que, precisamente, sí los entienden. ¿Por qué? Es que nada fecundo dicen para el aula, para la escuela situada. Cayendo en su trampa, nos sentiremos como el atrapado por una droga frente a la que no encuentra salida.

Ante escrito

¿Quiénes son los destinatarios del presente texto? No la academia, pues no sigue sus cánones. Sí los sindicatos, en la medida que tomen en serio la pedagogía como bandera de lucha. Sí, el común de los maestros y profesores que manchan sus manos con tizas, patean sus pies aulas y escuelas, viven sus corazones angustiados con una mente sintiendo desconcierto. Obvio, puede ser leído por habitantes de la academia, puede ser leído por gremialistas, lamentablemente no tantos como uno desearía, preocupados por la pedagogía, eje de las condiciones laborales del docente y materia de lucha contra la injusticia educativa. Puede ser leído por cualquiera que se haga carne con las comunidades de víctimas docentes.

La academia se preocupa por el claustro (3) y los ‘papers’ a fin de certificar y acreditar, vive encerrada en sí misma respecto el común de los mortales. Se corre el riesgo, aunque no siempre acontezca así, que haya sindicatos preocupados, ante todo, por la justicia (4) salarial y normativa, más allá de aquellos que sí hacen -en serio- del aula motivo de lucha por una justicia pedagógica. Maestros y profesores se preocupan por enseñar. Nos recuerda Marta Marucco (5) (2013: 45), haciendo referencia a las viejas escuelas normales: “Los maestros mostraban a los alumnos de magisterio cómo se debía enseñar, indicaban los temas, corregían los planes, observaban el desarrollo de las clases y las calificaban. Se garantizaba, de este modo, la coherencia entre la práctica observada y la práctica demandada; entre los modos de enseñar que se exigían y los que se veían en acción.” ¿Podrían, acaso hoy, los alumnos de magisterio solicitar algo similar? Si la respuesta es negativa, he aquí una bandera de lucha.

Considerandos

Las políticas educativas no se hacen cargo del mal-estar en la docencia, como tampoco del mal-estar de los alumnos. Solamente señalan efectos que no desean se visibilicen con la finalidad de deslindar responsabilidades. Cada escuela, cada docente se pretende responsable único. En tal sentido se fragmenta el sistema educativo en tantas unidades cuantas escuelas existen en el país, en el marco de cada Proyecto Educativo Institucional. Mientras el Estado centraliza las normativas, descentraliza los resultados que, en contexto de injusticia social, se tornan dramáticos.

Existe una tendencia discursiva a extrapolar sin explicación alguna un concepto proveniente del psicoanálisis. Para Sigmund Freud el malestar en la cultura se resume en sentimiento de culpa. ¿Por qué? Pues a fin de la convivencia social deben reprimirse exigencias pulsionales sexuales y agresivas. La cultura genera insatisfacción y sufrimiento individual.

Cuando se habla de “malestar en la docencia” no debe hacerse referencia a la explicación freudiana, no corresponde homologarse con la misma. Para Freud la cultura es un modo de sublimación, es decir, si diéramos cauce a todas nuestras pulsiones individuales no podríamos convivir con otros. Ejemplifiquemos simplemente con el ambular por la vía pública, ver a una joven bonita e impulsos sexuales que se desbordan. Entonces, en tanto el individuo es sujeto de la cultura, opera en él una represión de los impulsos que buscan la satisfacción inmediata, y una parte de éstos se canalizan por la vía del trabajo sublimatorio en producciones culturales, permitiendo, de este modo, la vida en sociedad.

Mal-estar en la docencia significa alienación en el más prístino significado que Marx le otorga en sus “Manuscritos Económico Filosóficos de 1844”. La pérdida de sí mismo al sentirse infeliz o desdichado en la actividad productiva, en el caso al que nos abocamos, en la tarea de enseñar. Es que dicha tarea se vive como abortada desde el vamos, y de ahí la culpa. Es una culpa radicalmente diferente a la que plantea el psicoanálisis. Y, quizá, sea mejor hablar de “mal-estar” en la docencia, simplemente, porque se “está-mal”.

Si comprendemos al ser humano a partir del “deseo”, como apetito (6), a fin de existir necesita del reconocimiento del otro. Un simple hecho de la vida cotidiana: me preguntan “¿cómo te llamás?” Respondo: “me llamo Juan”. En realidad, yo no me llamo a mí mismo, me llaman, y en tanto ello, me doy cuenta que existo. Me asignaron un nombre para que otros pronunciándolo invoquen mi existencia (7), establezcan las condiciones de posibilidad de mi vida. Si nadie pronunciara mi nombre, no hablaría, no me relacionaría con otros, no sería humano. ¿Me reconocen los otros en mi dignidad de maestro?, en particular, personalidades del poder político, económico y cultural que difunden socialmente, o no, ese reconocimiento ante todo con sus prácticas.

La palabra docente proviene del latín docere, es decir, enseñar. Enseñar, del latín in signare o sea señalar hacia o camino a seguir, implica mostrar signos materiales en tanto conllevan significaciones que en la misma materialidad del signo no se encuentran. Cuando digo “silencio”, hay un sonido que se produce con la vibración de las cuerdas vocales mediante el aire expulsado por los pulmones y que sale por la laringe. Lo puedo decir de múltiples maneras: “callate la boca”, “reflexionemos”, “nada tengo que afirmar”, etc., amén de las connotaciones afectivas y de comunicación pertinentes que apelan a significaciones concomitantes.

El maestro, ¿se siente feliz en su tarea de enseñar? ¿Siente potenciado el deseo de enseñar en el reconocimiento que sus alumnos le ofrecen porque quieren aprender? ¿Siente que hay vida educativa, vida con otros, vida a partir de otros? ¿Se siente productivo al ser vida que crea vida educativa y comunitariamente?

¿Será el maestro un no maestro, pues lo es por certificación y acreditación, por asignación formal de un rol, aunque en su práctica cotidiana se siente impotente, desdichado, infeliz? ¿Siente que puede enseñar? ¿Siente que sus alumnos lo “escuchan” para “ser”? ¿Siente que puede “escuchar” a sus alumnos? ¿O se siente impotente, que las circunstancias lo desbordan?

Usted, maestro, que ahora se encuentra leyendo estas líneas, ¿cómo se siente? ¿Habrá perdido, Ud., la alegría de convivir educativamente? ¿O, simplemente, trabaja para algo más allá de su actividad productiva, de su actividad de docente, sin disfrutar de la enseñanza, es decir, para un salario, así poder mantenerse a sí mismo y a su familia?

El “mal-estar o estar-mal” en la docencia tiene que ver con la idea anterior. ¿Y por qué esto último acontece?

Ciertamente, hay cuestiones que tienen que ver con lo individual o con la historia de una escuela, pero cuando son generalizadas, y no solamente en nuestro país, la interpretación excede, va más allá de los casos puntuales.

Reiterando, ¿por qué esto último acontece? Porque hay violencia. No es violencia escolar, sino violencia en la escuela. ¿Por qué hay violencia en la escuela?

La cosa tiene múltiples aristas.

Ámbito político/económico

Los seres humanos requerimos satisfacer nuestras necesidades materiales de existencia. Sin embargo, actualmente, existe un sistema económico que no se instituye en función de esas necesidades. Veamos, al respecto, una pincelada.

Los Estados Unidos de América en 2013 tenían un PIB (8) alrededor de 16 billones (9) de dólares. Mayor es la deuda que la producción (10). Pero, más grave aún. El mundo está empapelado de dólares en efectivo, aunque la mayor cantidad de dólares existentes son los que no existen. Aquí no hay dilema o incongruencia. La mayor cantidad de dólares son como “deuda”, dinero no existente realmente, dinero a futuro, dinero virtual.

Imagínese Ud. que solamente un 1% del mismo fuera a parar al aparato productivo, aún bajo el modo capitalista, desaparecería la pobreza en el mundo (11). Obvio, eso no es redituable al poder económico.

¿Cuánto es la deuda externa de la República Argentina? Hay muy diferentes cifras al respecto, y de las más dispares: I) al año 2011 por un total de U$. 114.704.349.000 (12), II) a junio de 2013 por un total de U$. 182.741.000.000 (13), III) hay cifras insólitas a las que aquí no hacemos referencia.

Y ahora hablo a Doña Rosa: Ud. pide un préstamo, se endeuda, compra maquinarias para instalar un taller, da trabajo a otros, tiene ganancias con lo que vende, paga poco a poco su deuda, paga el salario a sus empleados, también le sobra a Ud. dinero, cuando termina de pagar su deuda, se va enriqueciendo paulatinamente. La pregunta: ¿dónde están los miles y miles de millones de dólares que Ud. y yo debemos, que nuestros bebés deben al nacer? Piense Ud., ¿no es acaso corrupción o híper corrupción, pues ya no alcanza apelativo alguno?

Es por eso que el capitalismo actual es de base financiero/especulativa, amén de globalizado y neoliberal, depredador y colonial.

Y, desde ese lugar, el sistema económico vigente y las políticas neoliberales se pretenden constituir en principio incuestionable, negado como tal, ante lo cual aparece la invención de narrativas/teorías “pos” que se dicen “light” o livianas pues lo cualquiera vale, cada uno tiene su verdad, así ninguna sería válida para todos, no habrían más principios universales, negando el principio universal de la producción y reproducción de la vida en comunidad (14). Si todo vale, todo es posible en el ejercicio del poder, aún el genocidio de comunidades vivientes.

¿Qué tiene que ver la explicación reciente con el “mal-estar” en la docencia? Consideremos que ese “mal-estar” se enraíza en la vida, y eso es lo grave, que en educación se traduce en una especie de pedagogía de la deriva.

Vayamos poco a poco.

Ámbito político/social/cultural

Algunos ítems.

La falta de empleo, la informalidad laboral, la precarización laboral (trabajo en negro o por contrato a corto plazo), la inestabilidad laboral, a lo que se agregan salarios insuficientes y aún miserables, hacen a un clima que no favorece la organización e identidad familiar. Además, las condiciones laborales que no tienen en cuenta a la familia: por ejemplo trabajo en días feriados en actividades no esenciales para el espacio público.

En general, las políticas neoliberales hacen mella en tanto debilitan o destruyen la organización e identidad familiar. Neoliberal significa poner precio a todo lo posible para que sea mercancía, es decir, sea comprado o vendido y, a tal efecto, hay que tener dinero, si no lo tengo, no puedo consumir, si no puedo consumir estoy fuera del mercado, no soy considerado como ser humano. Ejemplos: cuando el Estado se asocia a los intereses del capital y no del pueblo, cuando el espacio público (salud, educación, seguridad, etc.) tiene precio de mercado, cuando hasta la intimidad personal tiene valor de mercado (formato de El Gran Hermano en la televisión, los escándalos que se venden para una mayor audiencia, los niños que compiten con el baile del perreo (15) del reggaetón). Cada uno, individualmente, se siente sólo, vale según lo que puede comprar en el mercado. Puedo comprar salud o no, puedo comprar educación o no, puedo comprar seguridad o no. También, puede venderse la intimidad para ganar dinero o para que una empresa productora de formatos televisivos lo gane. Con el mismo objetivo puede venderse la sexualidad infantil mediante el baile del perreo del reggaetón.

Así mismo, para favorecer el individualismo hay políticas culturales destinadas a destruir el principio de autoridad. Una cosa es autoritarismo o arbitrariedad, otra es autoridad. En tal sentido, se acompaña al individualismo o fragmentación social la destrucción del criterio de autoridad. Ejs.: ridiculizar la figura presidencial, ridiculizar la figura del padre en formatos televisivos con cámaras ocultas.

El individualismo significa la pérdida de sí mismo, alienación, pues el “otro” o es un estorbo para intereses privados lucrativos o “sirve” a dichos intereses. Estas condiciones generan violencia, que se potencia mediante imágenes televisivas o de video juegos como por ej. los de contra choque (counter strike), tan usuales en los jóvenes. Y la alienación genera violencia para con el otro. Dicha violencia, también, se interpreta a partir de lo que se denomina sociológicamente “efecto demostración” (me muestran lo que otros pueden consumir, yo no puedo, ¿por qué yo no y otros sí?, hay frustración que, en contexto de desorganización familiar, puede conducir a la agresión). (16)

Consecuencias para la escuela

El niño padece la violencia económica, social, cultural y política. Cuando entra en la escuela, la violencia con él. Al maestro se le exige enseñar en tales condiciones, y más todavía si el medio familiar no pudo contenerlo. A su vez, blande sobre él la amenaza de la Responsabilidad Civil.

La camada política no intenta ofrecer respuestas ante tal inquietud, tampoco la academia que solamente se preocupa por sí misma. La camada política se ocupa de redactar normas y controlar su cumplimiento, hay un proceso de desresponsabilización por parte del Estado. La academia hace alianza con el poder de turno, critica únicamente cuando éste hace manifiesta su crisis (17). Por otro lado, sería auspicioso que la camada sindical se preocupe por la misma actividad de enseñar, por lo que pasa en el aula, sin reducir la lucha al salario desde el que es más “fácil” convocar a los docentes, perfil que auspiciosamente emerge en variadas agrupaciones.

El docente padece mal-estar pues se siente huérfano (18). Abandonado en el aula por el Estado y la academia, no abandonado por los gremios en tanto hagan suya como bandera de lucha la justicia pedagógica. Debe enseñar, pero también cumplimentar con la documentación requerida, controlar el aseo del aula, preocuparse por la disciplina, hacer de psicólogo y trabajador social, atender a los padres, organizar actos escolares, atender, cuidar, actualizarse, tener en cuenta la imprevisibilidad de la conducta de alumnos y padres, etc., etc. …y también enseñar. Pues bien, se lo pretende una especie de todólogo. Es señalado con el dedo normativo más como sujeto de responsabilidad civil, pero no como sujeto de derecho a enseñar “en serio”. Y, como todólogo, es culpable de todo lo que se visibiliza de modo problemático.

Los discursos pedagógicos posmodernos

Entre tanto, desde centros de poder se producen conocimientos, se inventan teorías pedagógicas que proclaman…

• la ausencia del Estado en el aula, pues ni lo mencionan, cuando, en realidad, es muy presente a través de las normas y el control;
• la ausencia del sujeto comunitario en la propia escuela, pronunciando su propia palabra, precisamente, pues se “declara” perimida la institución o desfondada, que ya nada tendría que hacer, cuando, de hecho, atraviesa la vida de niños que claman por la afirmación identitaria que les ha sido arrebatada en su vida cotidiana, por lo que también padecen de orfandad social, económica y cultural, por ende, además, y prioritariamente, política;
• la pretensión de maestros errantes y alumnos en banda (19), significando solamente el desconcierto, apelando a la intuición creadora del maestro individuo, de la escuela individuo, como si no estuvieran atravesados por variables políticas, económicas, sociales y culturales que condicionan el hecho educativo, al modo de un neto liberalismo del siglo XVIII;
• o bien la “pedagogía del aburrido” (20), aburrido: del latín abhorrere, aborrecer, sin embargo no podemos meramente comprender dicho término desde su etimología. Hay políticas culturales que oponen lo divertido a lo aburrido, y lo divertido es el entretenimiento fácil. Pensemos…
• cuando sobrevino la democracia allá por los años ochenta se nos enseñó que debíamos “tallerizar” todo, y el taller se lo interpretaba como juego,
• luego, en los medios de comunicación se nos enseñaba que lo interesante era lo fácil y divertido (ejemplo, hacer gimnasia marcando músculos sin el esfuerzo del gimnasio),
• se nos enseña que las películas son de lectura fácil y entretenidas, que los libros/manuales para la escuela son “lindos” con figuritas de colores donde al alumno se le solicita copiar y pegar y el maestro hasta tiene a mano los diseños de evaluación y las respuestas, etc.,
• se cambia la palabra “deberes” por “hacer la tarea”, pues “deber” suena a represivo (quisiera ver a una madre cuando su bebé gateando se acerca a un tomacorriente a poner los deditos si no lo va a reprimir para que tenga vida), o sea, lo divertido sería como no esfuerzo,
• y si apuntamos al problema raíz (21), hallamos la corrupción económico/política que mata la esperanza, por ende, el esfuerzo carece de sentido.
• la descontextualización histórica a fin de evitar el compromiso político como sujetos colectivos, comunidades de víctimas organizándose como modo de lucha teórica y práctica pedagógica;
• el remanido canto sin sostén de “alumnos posmodernos en escuelas modernas” (22), expresión incongruente, cuyo significado se da por obvio en una afirmación seductora, una modernidad que se llamó a sí misma modernidad para endiosar en particular la razón tecnológica del occidente capitalista o bien para contraponer civilización a mediocridad o barbarie (el prefijo “pos” nada señala (23), nos ancla en un sempiterno presente o instante sin perspectivas de un futuro otro al capitalismo globalizado de base financiera y sus políticas neoliberales, depredadoras y coloniales, persistiendo de tal modo el poder de lo absoluto), y que ahora se encuentra en crisis, ha estallado, aunque con la cultura establecida a partir de las actuales tecnologías de la información y la comunicación, dentro de un hedonismo individualista y narcisista (24) propio de sociedades capitalistas opulentas;
• implícitamente la ausencia de la injusticia social, pues habría que partir de una igualdad esencial, donde no cabría la lucha organizada/comunitaria, de manera tal que la cultura del Norte llamada posmoderna desplace a la misma justicia.
• Si consideramos la unidad constitutiva de teoría y práctica, de la misma forma que la síntesis H2O es totalmente diferente a la sumatoria o agregado de sus elementos, las teorías se originan en las prácticas y revierten sobre las mismas.

En nuestro presente histórico han aparecido aquellos discursos denominados “pos” que propugnan la desubjetivación y deshistorización, pretendiendo la subjetivación en el puro instante o presente, categorías descontextualizadas de la historia misma que se niega, pues el pasado feneció y el futuro no aparece. Estado, familia y escuela (25) serían instituciones del pasado. El futuro ni se enuncia. Hay, pues, carencia de proyecto político y, más precisamente, carencia de una crítica a la economía política, crítica desde la cual pergeñar la utopía, un mundo mejor mediatizado por la lucha de comunidades de víctimas que no se victimicen a sí mismas.

La desubjetivación bajo el pre texto de la fuga de lo instituido

La marca es la imposibilidad, estar a merced de lo que acontezca, y la impotencia enunciativa de los maestros, entre tanto, lo que importaría es habitar la situación, construir la subjetividad en situación. La posición ética significaría producir singularidad, nuevos modos de habitar una situación y producir sujetos mediante la educación igualadora. La escuela pensada en cada situación intenta movilizar una posición de invención, una posición de creación singular entendida como la producción de formas nuevas de habilitar el tiempo vivido. Es el tiempo que insiste en hacer de la experiencia educativa un acontecimiento. (26)

Vos, maestro, ¿entendiste el párrafo anterior?, ¿podés traducirlo a una situación pedagógica? Para mí es imposible: ¿se reducirá todo a formas nuevas, porque lo bueno es lo nuevo, y a acontecimientos sin futuro? ¿Qué significa habitar la situación?

El niño es, de algún modo, síntesis de las múltiples determinaciones históricas. O sea, la historia se sintetiza en el niño. En nuestro caso, la corrupción del sistema capitalista (27) y su crisis provoca la situación. Estas ideas son ausentes en el párrafo anterior. Pareciera haber un niño que está, y está porque sí, expulsado.

A partir del drama de las relaciones económico/políticas, acaece la desorganización familiar, real o imaginaria (28), amén del debilitamiento de la identidad en contexto de precariedad existencial. Se genera, así, el “mal-estar en los alumnos”. Ese “mal-estar” es consecuencia de una institucionalidad que enferma socialmente, pues considera a los alumnos “en-situación”, cuyo desesperado anhelo es la propia identidad. Situación, aquí, se comprende en el sentido de una multiplicidad de relaciones contradictorias que se manifiestan a través del niño, situación que requiere de un horizonte significativo superador, y no meramente anclarse en el instante. Esas relaciones contradictorias son ocultadas cuando se “dice” de alumnos violentos o violencia escolar. Valga un ejemplo de otro ámbito, con sus limitaciones como tal: sería como si un padre golpeador fuese culpable de un mal parto, pero se asignara la responsabilidad a la mujer y, ante todo, al niño mal nacido. Entonces, nos encontramos en la escuela con un niño no expulsado de la misma (en el mejor de los casos, debido a las políticas de inclusión o “meter” niños dentro del edificio escolar), sí expulsado del aprendizaje que las normas pretenden. Diría alguien en lenguaje cotidiano: “te dan un nombre pero al mismo tiempo te lo quitan”, en otras palabras “te dan la escuela pero al mismo tiempo te la quitan”. Dar un nombre es como parir una nueva vida, implica reconocimiento de la identidad personal y social. Sin embargo, la institución escuela sería para los discursos “pos” especie de parir y abortar al mismo tiempo. ¿Y el culpable? “Vos, vos… a vos te señalo con el dedo, maestro que no enseñás.” Discurso perverso o perversión del discurso.

La deshistorización bajo el pre texto de la incertidumbre en la vida cotidiana y la apoteosis del instante

Nos hallamos con un maestro que debiera ser “errante” (29). Errante significa: andar de una parte a otra sin tener domicilio ni asiento fijo. Sus sinónimos: desordenado, nómade, vagabundo, ambulante. No hay historia, sólo, un sin rumbo. Especie de desmemorización, sin compromiso político ideológico alguno, donde las identidades se disuelven en las diferencias (30). Por ende, el maestro no debiera ser modelo, no en el sentido de arquetipo a ser imitado, sino modo de persona a ser respetado. Respeto, del latín respectus -re spectrum-, “volver a mirar”. Es que “volver a mirar” es valioso en tanto haya pensamiento crítico (31) liberador y pensamiento creativo liberador.

Ahora bien, ¿de qué manera enseñar si no me considero valioso y, por ende, tampoco vuelven a mirarme de esa manera mis alumnos?

La vida cultural se encuentra llena de modelos, la pedagogía “pos” rehúye del maestro modelo. Ya no hay Estado garante, no hay caminos que puedan preverse, hay intemperie. Se aborta la imagen de futuro, cuando el niño en búsqueda de su identidad tan vapuleada, si se encuentra en “búsqueda”, clama hasta el cielo “futuro”. Ello no significa negar lo incierto, lo imprevisible, como dispositivo de creatividad y, más aún, relacionando la cuestión a lo que Paulo Freire en su texto “Pedagogía de la Autonomía” denomina “curiosidad epistemológica”. Hay algo más a señalar, y preocupante: cuando en los discursos “pos” se habla de esta manera, aparece una especie de “poder constituyente sin Estado” (32), temporal y políticamente anárquico, y se habla al maestro, pero nunca al Estado que constituye la coraza normativa y controladora del maestro. Subyace, aquí, la expresión: “Vos, maestro, sos el único culpable.” Y, si pretendemos “pensar sin Estado”, al modo de Ignacio Lewkowicz, habría que decirle: “el Estado nos sigue pensando, y nos piensa mucho”.

Denuncia y anuncio

La denuncia.

El docente padece mal-estar, sufre desamparo, vaciamiento de su rol. Se siente desdichado cuando pretende enseñar. Ya esto fue dicho. Sin embargo, no es suficiente. La orfandad que sufre, a la que el maestro es expuesto, implica denunciar las condiciones de trabajo que lo instituyen como “huérfano pedagógico” en la escuela, en el aula. Muy pocas instituciones se hacen cargo de la orfandad pedagógica. Tampoco la mera denuncia es suficiente, sería conducente a la depresión y no a la alegría pedagógica, a la destrucción y no al amor pedagógico. La denuncia requiere de lucha comunitaria a partir de la justicia social, criterio ético/político prioritario. Aquí aparece el desafío. La pregunta inquietante radica en si es posible una pedagogía que rompa con la trampa del desconcierto y de la mera resistencia. He aquí el motivo de un anuncio en el plexo de la lucha por las ideas teórico pedagógicas prácticas desde el “estar” del aula, desde el “suelo” del aula, desde el “humus” o terreno fértil que es la vida en su plena potencialidad de dar vida.

El anuncio.

Por lo visto, la salvación pedagógica o liberación no vendrá ni de la camada política, ni de la academia, ni de la gremial. Pueden encontrarse subsumidas, o no, dentro de las redes de poder del bloque hegemónico, aun visibilizándose en calidad de contrapoder. Lo que sí deseo reafirmar es que no existen vanguardias “salvadoras”, tampoco textos o libros “salvadores”. La liberación proviene de los propios maestros. Quiere decir lo siguiente: quienes nos manchamos con la tiza dentro del aula somos los únicos que podemos organizarnos comunitariamente y luchar por la justicia pedagógica. Solamente así se logrará la soberanía pedagógica, es decir, ya no el Estado que ejercería un poder autónomo sobre el pueblo, sino el pueblo o comunidades de víctimas que dobleguen al Estado en función de la liberación de toda forma de opresión.

Dicho “anuncio” es sumamente difícil, pues pareciera que el instante nos atrapase sin salida, desconcierto e incertidumbre sin creatividad alguna. Por ello se hace imprescindible una inyección de vida pedagógica sin jeringa descartable a fin del contagio. Contagiar vida. Vida que crea vida.

Conclusión que es un inicio

El siempre del inicio.

¿Será mucho pedirte qué hacer? ¿No puedo ofrecerte una respuesta? No soy vanguardia, me siento maestro como vos. Lo único que tengo claro es la imposibilidad de luchar solo, digamos, apelo a la necesidad de la organización y lucha en torno a la teoría/práctica pedagógica. El mero lamento es inconducente, la mera crítica es inconducente. ¿Qué hacer? Desde aquí vos y yo, como sujeto comunitario, tenemos la palabra.

Notas:
1) Larrosa, Jorge. “Prólogo.” Al libro de Duschatzky, Silvia y Aguirre, Elina (2013). “Des-armando escuelas.” Buenos Aires. Editorial Paidós. Pg. 4.
2) De un taller para docentes dado por Silvia Duschatzky. EDUCERE, ONG. Capturado 15-01-2014. http://www.youtube.com/watch?v=h_doA43tKnM Padrinos de EDUCERE: Dow AgroSciences, Sacfil S.A., JP Morgan, 19 de Marzo S.A., Monsanto Imagine, El Cala S.A., Zubiaurre S.A., Agrícola Ganadera El Choique S.A, Asociación Rural Madariaga, Agro Puerto Seco S.A., Baya Casal Semillas, etc. Otros talleristas de EDUCERE: Emilio Tenti Fanfani, Graciela Frigerio. Uno de los colaboradores es Axel Rivas, director del área educación en CIPPEC –ONG neoliberal por antonomasia-, con una publicación en EDUCERE 2011. (http://www.educere.org.ar/padrinos.php) Capturado 15-01-2014.
3) Del latín “claudere”, cerrar.
4) En griego σúνδικos (συν, con) y (δική, justicia), o sea ‘hacer justicia’.
5) Marucco, Marta (2013). La formación docente: un ámbito de desencuentros. En 2do. Congreso Nacional de Educación. Buenos Aires: coeditores ATEN, AGD.UBA, SUTEBA Bahía Blanca-Marcos Paz-Escobar-La Plata Legítimo-La Matanza-Tigre, ADEMyS.
6) Apetito (del lat. appetîtus): m. Impulso vehemente que nos lleva a satisfacer deseos o necesidades. http://www.e-torredebabel.com/Enciclopedia-Hispano-Americana/V2/apetito-filosofia-D-E-H-A.htm Deseo (traducido también como apetito), aquí no en sentido psicoanalítico, sino en el que Hegel le otorga en el parágrafo de la Dialéctica del Amo y del Esclavo en su libro Fenomenología del Espíritu, de tanto peso en Carlos Marx y en Paulo Freire.
7) Del latín clamare ("invocar, implorar, rogar").
8) PIB. Producto Interno Bruto. Todos los bienes y servicios que un país produce durante un período de tiempo (puede ser de un año) expresado en dinero.
9) 1 billón de dólares se escribe en números: U$. 1.000.000.000.000. http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2011/02/weodata/weorept.aspx?sy=2009&ey=2016&scsm=1&ssd=1&sort=country&ds=.&br=1&c=111&s=NGDPD%2CNGDPDPC%2CPPPGDP%2CPPPPC%2CLP&grp=0&a=&pr1.x=49&pr1.y=17 (consulta: 13/03/2014); https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/fields/2079.html (consulta: 13/03/2014)
10) Un 18% más que su PIB. http://barometrosocial.es/archivos/847 (consulta: 13/03/2014)
11) Igualmente, para el capitalismo sería un imposible. ¿Por qué? Si hay sobreproducción, habría que bajar los precios para que los productos lleguen a todos, y eso no genera las ganancias pretendidas.
12) http://datos.bancomundial.org/indicador/DT.DOD.DECT.CD (consulta: 28-11-2013)
13) http://fortunaweb.com.ar/2012-11-03-108199-la-deuda-externa-argentina-subio-3-778-millones-de-dolares-en-el-primer-semestre/ (consulta: 28-11-2013) Preferimos este indicador que coincide, aproximadamente, con distintas fuentes.
14) En el sentido explicitado por Enrique Dussel.
15) Perreo alude al acto sexual del perro. En el reggaetón, una forma muy "sensual y excitante" de bailar con los cuerpos muy pegados, en una actitud bastante provocativa. El cuerpo ya no es propio, también de los demás. Por ejemplo, en el formato televisivo “Bailando Kids”.
16) Valga aclarar aquí la no identificación de violencia con pobreza. También los pobres canalizan sus pulsiones de manera socialmente constructiva, ciertamente, hay quienes no. Pero, y ante lo recién explicado, los sectores con mayor poder son quienes ejercen mayor violencia social.
17) En la década del menemismo muy pocas voces del ámbito universitario fueron críticas a sus políticas educativas. En la actualidad, desde otro lugar, acontece algo similar.
18) Huérfano viene del latín, orphanus, originado del griego, orphanos, persona que ha perdido a sus padres o a alguno de los dos. Ambos orígenes (latín y griego) comparten la misma raíz indoeuropea, orbh, alejar o separar. http://etimologias.dechile.net/?hue.rfano (consulta: 29/11/2013)
19) Al respecto, véase el libro “Chicos en banda” de Silvia Duschatzky y Cristina Corea, como el libro “Maestros errantes” de Silvia Duschatzky. Se cita: Corea, Cristina y Duschatzky, Silvia (2002). Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones. Buenos Aires: Paidós. Se cita: Duschatzky, Silvia (2007). Maestros errantes. Experiencias sociales a la intemperie. Buenos Aires: Paidós.
20) “Pedagogía del aburrido” tiene como autores a Cristina Corea e Ignacio Lewkowicz.
21) Más allá del canto del rizoma, que en este problema no resulta explicativo. La categoría “rizoma” proviene de las ciencias naturales, radicalmente opuesta a las raíces arbóreas, y arrastra todo su marco teórico, con las limitaciones pertinentes, cuando se traslada a la interpretación de lo humano. El término es introducido por Gilles Deleuze y Félix Guattari en el libro “Capitalismo y esquizofrenia”. La organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica con una base o raíz dando origen a múltiples ramas, sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro. La noción está adoptada de la estructura de algunas plantas, cuyos brotes pueden ramificarse en cualquier punto, así como engrosarse transformándose en un bulbo o tubérculo; el rizoma de la botánica, que puede funcionar como raíz, tallo o rama sin importar su posición en la figura de la planta, sirve para ejemplificar un sistema cognoscitivo en el que no hay puntos centrales —es decir, proposiciones o afirmaciones más fundamentales que otras— que se ramifiquen según categorías o procesos lógicos estrictos.
22) Nuestros alumnos acceden a estilos tecnológicos que la escuela no absorbe, hay que reconocerlo, pero el problema básico en este nuestro Sur no radica en dichos estilos.
23) En economía se habla de moderna o no moderna, no de posmodernidad.
24) Lipovetsy, Gilles (200). La era del vacío. Barcelona. Editorial Anagrama. Pgs. 152, 158 et alter.
25) Salvadas las distancias, valga el siguiente ejemplo: occidente buscó la caída de la Unión Soviética, la dirección política del Partido Comunista fue reemplazada por una mafia político/legal. Si tiramos por la borda tanto al Estado, la familia y la escuela, ¿cómo los reemplazamos? Ciertamente, no referimos a éstos como una constante histórica a través del tiempo, sin modificación alguna.
26) Así se expresa el libro “Chicos en banda”. Capítulo 4: Las instituciones en la pendiente.
27) Que tiene ejecutores principales, con nombre y apellido, tanto fuera del país como dentro del nuestro.
28) El imaginario también es praxis.
29) Apelamos, aquí, al libro anteriormente señalado, “Maestros Errantes”.
30) No negamos la importancia de la diferencia, negamos la disolución de las identidades al disolverse la memoria.
31) No todo pensamiento crítico es liberador.
32) Hacemos críticamente referencia al posicionamiento de Tony Negri y Michael Hardt (Imperio), Paolo Virno (Gramática de la multitud), Ignacio Lewkovicz (Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez).

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