viernes, 9 de mayo de 2014

Una macondiana prohibición

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde Isabel viendo llover en Macondo hasta Cien años de soledad, su gran novela fundacional, el finado García Márquez inventó un mundo y agotó, con maestría, un tema. Esta condición lo convirtió en un clásico de la literatura universal. Alcanzar, por ejemplo, que en la lengua existan palabras como macondiano o garciamarquiano, es lograr la estatura de Dante, Rabelais, Cervantes, Kafka, Shakespeare y Faulkner, por citar solo a algunos genios, que aportaron denominaciones y vocablos propios a sus respectivos idiomas.



García Márquez, referente cultural de varias generaciones en Colombia, también sufrió persecuciones en su país. Y prohibiciones de lectura de su obra. Voy a recordar una historia sucedida en Montelíbano, Córdoba, en 1984, cuando en un colegio de aquella población botaron a una maestra porque a sus alumnos les enseñaba a entender e interpretar el mundo mediante Cien años de Soledad y otras obras del escritor de Aracataca. En el colegio de la empresa Cerro Matoso, una profesora de 27 años fue acusada de corruptora de la juventud, guerrillera, comunista, amoral y otra serie de cargos que hubiera hecho palidecer al más siniestro de los inquisidores.

María Teresa Toro ingresó en el colegio Fundación Montelíbano, dirigido por el norteamericano Brian Dickson, como profesora de español y literatura. A mediados de 1984, algunos padres de familia opinaron que sus hijos tenían “un alto grado de corrupción”, debido a las obras que les hacía leer la mencionada maestra. Inicialmente, abordaron Cien años de soledad y el guion cinematográfico El secuestro. Después, leyeron cuentos como La siesta del martes.

La profesora (según me lo contó meses después, para una nota de prensa) les exponía acerca del realismo mágico, el Caribe, las metáforas, el nacimiento del Boom latinoamericano y otros asuntos conectados con la novelística de García Márquez. Y en este punto fue cuando aparecieron los comentarios de que los pelados de Montelíbano no podían leer a ese autor, porque en su obra “aparecían muchas groserías”. El señor Dickson le advirtió que lo mejor era que no enseñara nada de tal escritor, porque “usted está corrompiendo los espíritus infantiles”.

Le dijeron que nada de nada con un escritor que era un farsante. Para qué iban a saber sobre Remedios la Bella, Aureliano Buendía, Melquíades y Fernanda del Carpio, que además la masacre de las bananeras había sido un hecho ficticio, pero la profesora se empecinó en demostrarles, al director y a algunos padres de familia, la importancia de leer a un escritor como García Márquez y cómo, en efecto, en 1928, en Ciénaga, Magdalena, se había presentado en la vida real una masacre de trabajadores del banano de la United Fruit Company.

Una señora chilena, que habitaba en Montelíbano, le dijo a la maestra que en su país habían quemado las obras de García Márquez y por eso no se podía enseñar en Colombia. Otros la tildaron de guerrillera, al tiempo que la empresa decía que quien promoviera la lectura de tal escritor era un comunista, un subversivo, etc. “Me citaron a una reunión y me dijeron que no podía seguir dictando nada de García Márquez, porque había que respetar la integridad de los niños, que apenas estaban en una etapa propia para leer Blanca Nieves y Caperucita Roja, y no escritores comunistas”, me refirió la profesora en julio de 1985.

Los alumnos de María Teresa dibujaban mapas de Macondo y algunos de ellos ubicaron el pueblo imaginario del novelista en Montelíbano. A la profesora la despidieron por el artículo octavo (sin causa justa), y después del problema, para no quedar como una sucursal de la vieja inquisición y ante el escándalo, el colegio mandó a comprar las obras del Nobel colombiano. En febrero de 1985, un colectivo de artistas y profesores, encabezado por el escritor Manuel Mejía Vallejo, envió una carta al presidente Belisario Betancur, en la que protestaba por la destitución de la maestra y repudiaba el hecho “que hiere profundamente nuestra identidad cultural y pone al descubierto las oscuras intenciones de estos depredadores de nuestros valores”.

La profesora, nacida en Concordia, Antioquia, protagonista de una macondiana historia, cayó después en el olvido público, aunque se supone que sus inquisidores no pudieron condenarla a cien años de soledad y a no tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

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El teatro del ruido

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un día del mes de abril se celebró el día internacional contra el ruido. De este asunto me enteré en un programa de opinión de la televisión española. El moderador dio los datos de un estudio que ubica a España como el segundo país con más ruido, seguido de Japón. Los contertulios, como buen ejemplo del ruido que se arma en las mesas redondas televisivas, intentaron dar sus consideraciones sobre el tema. Lo poco que pude entender es que la mayoría reconocía (con orgullo disfrazado de picardía) que en España se habla exageradamente alto hasta cuando no se habla. Con voz muy baja, casi al nivel del susurro, una opinadora dijo que “eso de hablar alto es un problema de educación”.



Peter Handke en su novela “La noche del Morava” (Alianza, 2013) nos cuenta el relato de un exautor que huye del ruido. El hombre ha terminado siendo tan sensible al ruido que en su propia existencia haya las réplicas del caos del mundo exterior. El exautor, como lo define Handke por haberse retirado de la escritura, cuenta que asistió a un “simposio sobre ruido y ruidos, más o menos molestos...que iba a tener lugar en un centro de congresos, en la estepa española, al pie del cerro circular sobre el que, en la época prerromana, había estado Numancia”. Todos los participantes eran víctimas del ruido. “...muchas de las cosas de hoy eran algo así como minas de ruido que podían hacer explosión de un momento a otro. Lo que antes provocaba en el oído el resbalar de la tiza sobre la pizarra de la escuela o de una uña sobre el cristal de la ventana hoy hacía tiempo que podría provocarlo cualquier cosa”. En otro momento del simposio acontecido en la que considero una de las más grandes novelas de Handke, el narrador confiesa su agonía: “En el ruido habitual casi he perdido el alma. Lo más pernicioso del ruido es que, aun en contra de mi mejor presentimiento, no puedo evitar reducir los ruidosos a su ruido... Sólo un sonido, y mi alma volverá a estar sana. Secreto: muéstrame el lugar donde te escondes”.

En la sociedad actual el ruido se interpreta según las pautas de una mediocre obra de teatro. ¿O acaso tiene sentido que un político grite y sus seguidores aplaudan? ¿Qué interpreta la masa desaforada que aplaude un grito? ¿Tiene lógica el carnaval del ruido en el que viven sumergidas nuestras sociedades? La estrategia de algunos pareciera ser hablar alto para que nadie escuche. Y en el carnaval del ruido, ¿dónde queda la idea? El tema es algo más profundo que un programa de opinión y más real que una novela. En el curso del tiempo el ruido opera, junto al miedo, como un arma mortífera que debilita voluntades. El ruido congela el oído y el entendimiento. El ruido es una implosión que impide la comunicación del ser con su propia existencia (y con los otros). Pero, ¿qué hay más allá del ruido? Tal vez la calma de alguien o el dominio de unos sobre otros. Habría que realizar un estudio sobre la evolución del ruido. O el decálogo del ruido. El ruido automático, el ruido planificado; el ruido del yo incómodo, el ruido del nosotros que acorrala y aplasta; el ruido conjugado. Mundo ruido. El ruido de un gobierno que incumple y el de una oposición que promete; el ruido de la reiteración; el ruido del show de las noticias; el ruido del poder que oculta el hambre; el ruido disfrazado de silencio (o de música). El ruido convertido en modelo de conductas. Del ruido de las voces cruzadas al ruido del cinismo disfrazado de buenos modales; del ruido de la guillotina al ruido de una firma que ordena un desalojo; del ruido de las metralletas al ruido de la bomba atómica (que retumba en la memoria). El ruido de la pregunta que esconde la respuesta. Del ruido como cortina de humo al ruido como huida por la puerta trasera. Hay pasos sigilosos que siembran minas de ruido. Del ruido de un grito innecesario al tiempo del ruido introspectivo (¿dónde queda el tempo del paseo, de las observaciones y de los encuentros?).

A través de los siglos el ruido cuenta la historia de la incomunicación de los seres humanos. Bastaría detenerse en un banco de cualquier plaza para observar el escenario que nos rodea. Los aparatos se han convertido en nuestra celda particular. La dependencia hacia las cosas nos hace olvidar lo que representan. Hemos trasladado el ruido del afuera a nuestra existencia. A una velocidad imperceptible nuestra memoria se satura. De los vendedores de puerta en puerta hemos pasado a máquinas que nos llaman por el teléfono móvil para recordarnos las viejas deudas y las nuevas compras. En la tecnificación del todo los clientes están divididos en millones de micro prisiones sin barrotes. En cada parcela caen millones de ofertas. Mercado real para las cúpulas y virtual para los vendedores sin demanda. La voz real del otro (que quizá vive al lado) cada vez suena más lejana. A la isla de cada individuo llegan simulacros de los mensajes del mundo; voces metálicas que dicen cosas en un mismo segundo. La dinámica de uso de las redes sociales es la de un estadio vacío en el que, como espacio fantasma, permanece el ruido del público. El eco de un mundo cercano convertido en utopía. Todo ocurre en silencio, como si fuera la réplica de un caos inmaterial. Lo intangible no sólo es un espacio del arte, también es la zona que en secreto coloniza el poder. El problema no es internet (ni otro invento), el asunto tiene que ver con la instauración de una cultura absolutista sobre la complejidad humana. La distancia ha sido una necesidad del ser que proyecta y camina (mirada, punto y recorrido). ¿Qué ocurre cuando desde la inercia estamos expuestos a distintas vías de ruido? ¿En qué se convierten la interpretación y el movimiento? Desconozco qué clase de metamorfosis generará en el ser humano esta nueva forma de ruido. Es posible que, en lugar del bicho de Kafka, surja un desgraciado implorando silencio en el alma y en la calle. Quizá algún día, como enfermos de un ruido introspectivo, tengamos la necesidad de dejar a un lado los aparatos para encontrar una voz cercana que nos recuerde la vida.

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Bombas malas y bombas buenas

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era un grupo de amigos que una vez por semana se encontraban en un café del centro. Hablaban de las varias minas que tenían o querían tener. De política. De cosas que pasaban en el mundo.



Era la época de la 2da. Guerra Mundial. Cuando los alemanes bombardeaban Londres, lo que para ellos y la mayoría era un sorprendente escándalo. Porque, como decían, hasta ahora las guerras se hacían entre soldados y en campos de batalla. Nunca se hacía guerra contra civiles. Nunca se mataban mujeres, viejos y nenitos en las ciudades. Hasta que una vez los yanquis tiraron bombas atómicas en dos ciudades: Hiroshima y Nagasaki.

Con lo que mataron muchas más mujeres, viejos y nenitos que los alemanes cuando bombardeaban Londres.

Lo que en el grupo fue causa de un conflicto. Unos decían que fue un crimen de guerra mucho peor que lo que había sido el regular bombardeo a Londres. Otros, al contrario, que fue necesario para terminar la guerra. A los que les respondían que, precisamente eso es lo que podían haber pensado los alemanes cuando bombardeaban Londres. Mataban nenitos, mujeres y viejitos para que los ingleses se rindan y la guerra termine. Era una crueldad necesaria. Como después fue tirar las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

Así fue que los yanquis aprendieron algunas cosas de los nazis.

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El adolescente y el mundo contemporáneo de la economía de mercado

Jesús María Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A la antropóloga peruana Helena Goicochea, quien me estimula con su permanente envío de material y a Oralice Silva, psicóloga brasileña, quien me invita a hablar sobre adolescencia en Vilagarcía de Arousa.

Cada cierto tiempo, desde los pioneros del estudio del adolescente, tenemos que preguntarnos por el adolescente y la cultura, en la medida que ésta no es estática, sino que está en un permanente movimiento dialéctico.

Diego Salazar Rojas (1), en el 2007, nos hablaba que aún estamos lejos de comprender la cultura y la conducta de los adolescentes; de ahí que los esfuerzos preventivos sostenidos fracasen como lo muestra este gráfico español, en relación con la drogadicción:


http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Cultura%20y%20Adolescencia%20Diego%20Salazar%20Rojas.pdf

Bien sabemos que muchos adolescentes, si no son ascéticos, como lo describía Anna Freud en El yo y los mecanismos de defensa (2), otros muchos tienen una mentalidad hedonista, regida por el principio del placer o más allá del principio del placer, signado por la compulsión a la repetición y lo que Jacques Lacan denominaría el Goce (3), en busca de una primera vivencia de satisfacción, que es el Goce del adicto, lo cual es estimulado por la economía de mercado del neoliberalismo imperante, por más que de otro lado, se haga la Guerra contra las Drogas; así se estimulan las necesidades, más que el deseo propiamente dicho; pues, a cambio de objetos vitales, lo que ofrece son gadgets, productores de vanas y evanescentes ilusiones.

Es como si se tuviese derecho pleno al usufructo de bienes delétereos, con una oferta dañina para la vida humana, en un universo, como nos lo señala Diego Salazar Rojas, en el que el mundo empresarial internacional explota el consumismo de las poblaciones.

De nuevo, debemos preguntarnos ¿quiénes son nuestros adolescentes? ¿Quienes pasan por esa época de la vida, tan cambiante, como las condiciones culturales del momento?
Es como si el espejo que constituyera al yo, según Lacan (4), se rompiese, como objeto que refleja un cuerpo integrado, que permite la identificación, cuando el infans, puede decirse ese niño virtual, soy yo, c’est moi, dada la crisis que genera ese pasaje de la niñez a la adultez.

El nuevo espejo es como esos espejos mágicos, que deforman la imagen, haciéndonos más pequeños, más grandes, más gordos, más flacos, o hasta llegar a fragmentarla, lo cual irremediablemente genera angustia, en un momento de la vida en el que se da toda una transformación biopsicocial, que incluye al cuerpo, el psiquismo y la relación con cultura, en un momento de desasimiento de los padres, como nos lo enseñara Luis Kancyper, máxime en un mundo distinto al agrario, en el que el niño pasaba a hacer parte del mundo laboral a la autonomía, de tal modo que, en la dependencia, la responsabilidad se va postergando.

Por ello, tienen razón, J. Madrid y A. Antona, cuando al hablar de programa del adolescente, esta época de la vida hace parte de un sistema social determinado, para empezar por el sistema familiar, con sus configuraciones vinculares, el cual, muchas veces, se ve perturbado por los cambios conductuales del adolescente, que exigen atención y respuesta por parte de los padres. (5)

Un grupo familiar que pueda contener la explosión adolescente, exige una real comprensión de la situación por los procesos que están pasando los muchachos, sean varones o hembras, en un marco de comunicación, que permita el intercambio de saberes y la transmisión de una experiencia, en un grupo, que se preocupa por la vida escolar de sus hijos, que comparte sus aficiones, en una atmósfera tan cooperadora y armoniosa como sea posible, que pone límites sin caer en el Escila del autoritarismo, ni en el Caribdis del dejar hacer, que sabe del difícil arte de educar, como lo señalara Freud en el prólogo del libro de Auguste Aichhorn sobre la juventud descarriada.

De ahí la importancia de que los padres puedan comprender los cambios que se dan en ese proceso que Arminda Aberastury y Mauricio Knobel llamaban el síndrome normal de la adolescencia, pero también intentar comprender la cultura en la que se mueven los jovencitos, con todas sus ofertas, tanto al servicio de la pulsión de vida, como al servicio de la pulsión de muerte.

Hay que entender que los chicos están en un momento, en el que para constituir su identidad, necesitan autoafirmarse, para tener instrumentos con los cuales adentrarse en el mundo adulto, que ahora no es más que una economía de mercado, en un universo de competitividad e individualismo.

Bien sabemos que la adolescencia se inaugura con la pubertad, con todos sus cambios biológicos y corporales, cuando los deseos se intensifican en el mundo psíquico, en un contexto social, como nos lo señalaran Silber y colaboradores en 1992, en su Manual de Medicina de la Adolescencia, publicado por la OPS, la Organización Panamericana de la Salud. (6)

También hay que tener en cuenta la identificación gregaria y adhesiva de los adolescentes con sus grupos, con sus pandillas, uniformizantes, como una suerte de espacio transicional entre el mundo familiar y la realidad externa al grupo endogámico, al clan familiar, en su apertura hacia la exogamia, del mundo externo a la familia, cosa que bien sabe el sistema económico imperante, para manipularlos a través de los gadgets, de la moda, con el fin de convertirlos en sujetos consumidores de los productos de un mundo, del que ya, en tiempos pasados, Karl Marx nos expresaba: Voy al mundo y lo encuentro lleno de mercancías (7), hasta incluso el mismo ser humano convertido en una de ellas, de tal modo que tenía razón el poeta colombiano León de Greiff, cuando introducía su Relato de Sergio Stepansky:

Vendo mi vida,
cambio mi vida,
de todos modos,
la llevo perdida,
Sin remedio. (8)

Y según nos dice Diego Salazar Rojas: Nadie es más obediente al mercado que los adolescentes, máxime cuando a ese ser corporal que somos, se nos ofrecen placeres inconmesurables.

¿No nos decía acaso Bizet, en su ópera Carmen:

El amor es un pájaro rebelde, que nadie puede domesticar…?

Y Freud, mismo nos decía que las pulsiones son ineducables, ingobernables e incluso no psicoanalizables, ante lo cual, hemos de inventar un saber qué hacer con ellas. (9)

La vida pulsional se fortifica en la adolescencia, de ahí que la sexualidad se haga insoslayable, obligatoria, salvo que se sea un asceta, un santo o un enfermo.

Ella nos lleva a la búsqueda de una pareja, más allá del grupo familiar y así se busca la satisfacción del deseo sexual, con todos los riesgos que conlleve.

Pero la pareja tiene un acuerdo singular, una especie de contrato que establece obligaciones y deberes mutuos, ya que el amor no es incondicional, de ahí que demande la fidelidad, la preocupación por el otro, la compañía y ciertos rituales, en el ámbito privado, todo ello, mediatizado por el amor.

Y las modalidades del amor se aprenden mediante la observación de las conductas de los otros, que sirven como paradigmas para la identificación, aunque no siempre lo que se observa sea congruente en el mundo adulto, ni consecuente con la ética que se predica como ideal para el sujeto.

La prematuridad del ser humano, descrita por Freud; pero que tenía antecedentes nietzscheanos en la proposición del filósofo alemán, de que somos animales inacabados, sin determinar, lo hace que no nos encontremos en casa en el estado de naturaleza sino que requiramos de un estado de cultura, con sus instituciones, para protegernos de los riesgos de una vida natural, pura y dura. (10)

Provenimos del mono, según las teoría evolucionistas, pero somos distintos de él, como seres racionales y culturales, no somos animales salvajes, aunque muchas veces nos comportemos como tales o peor aún.

En el escrito freudiano, Tótem y tabú, vemos como, en un mundo mítico, tras la muerte del padre primitivo y gozón, para quien todo estaba permitido, incluso el incesto y el aniquilamiento de los otros, se instituyeron tabúes, que prohibían el incesto y la muerte del semejante, con lo cual se instalaría la cultura en la horda primitiva, la cual intenta domeñar la pulsión, en la medida que las instituciones la controlan.

El filósofo Max Scheler habló de que lo que nos distingue del puro animal es la capacidad de decir no a las pulsiones, lo cual no nos exime de problemas. (11)

Nuestra animalidad está inscrita en la actividad automática de nuestro cuerpo, irracional, maquinal e irreflexivo; pero, en el caso humano, marcado por lo familiar, lo social, la pertenencia a las tribus, determinado por la edad, el sexo, las religiones y el sistema productivo, de ahí la necesidad de instrumentar al joven para la adquisición de habilidades suficientes para incorporarse a la sociedad, con su capacidad productiva, lo que exige toda una cuota de sacrificio del principio del placer, en pro de un mejor juicio de realidad, en busca de satisfacciones más seguras, como nos lo enseñara Freud, en Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico (12) y lo renovara Roberto Brito, en 1996, en su artículo Hacia una sociología de la juventud: algunos elementos para la desconstrucción de un nuevo paradigma de la juventud, al observar y reflexionar sobre los jóvenes en su cotidianidad y la manera en que dentro de ella cosntruyen sus identidades, a partir de diversos mecanismos, de modo principal, el de la diferenciación, en una práctica que les ayuda a constituir su manera de ser, su estilo de vida, mediante una subjetividad diferenciada, que da contenido a su existencia juvenil, en el trabajo directo con los jóvenes, así la sociología no tenga una teoría en relación con la juventud, en una etapa de la vida en que los jóvens se encuentran en un proceso de aprendizaje, de inserción económica y cultural, que tiene duraciones distintas en el campo y en la ciudad. (13) (14)

Pero esta formación juvenil está continuamente amenazada, a la manera como lo estuviera Pinocho, ante la oferta de placeres inmediatos, como los que ofrecía Stromboli al muñeco de madera, a quien invita a un mundo del placer absoluto, en el que terminan los niños por convertirse en burros, si no fuera porque Geppeto, su creador llega a salvarlo, al ejercer una función paterna, amparadora, protectora, amorosa pero normativa.

Entonces se da toda una oferta a los adolescentes de sitios riesgosos, que apartan del mundo familiar y escolar formativos, v.gr. con lugares que ofrecen la llamada comida chatarra, que lleva al sobrepeso y a la obesidad, el mundo del narcotráfico con su oferta de drogas, que esclavizan.

Lo que sí es propio del adolescente es la creación de sus grupos de pares, de sus pandillas, que pueden servirle para definir espacios simbólicos, como su hábitat, lo cual puede tener su lado positivo, el de la amistad, pero también puede tener sus riesgos, ya que hay una legalidad del grupo, al que se someten los integrantes, muchas veces con un alto grado de etnocentrismo tribal, como bien lo vemos en la película West Side Story, con sus luchas entre pandillas, incluso hasta la muerte.

También puede ser que las pandillas adolescentes elijan símbolos que le den identidad, a través extensiones corporales, como las vestimentas, los cortes de pelo, los aretes, los piercings, los tatuajes, que son como parte de su cuerpo mismo, como si hicieran parte de su ser más singular, de modo, que el ataque frontal a estos objetos, sea vivido por el adolescente como un verdadero ataque a su identidad, en jóvenes sujetos, ávidos de intensas vivencias en lo sexual, con el uso del tabaco, del alcohol y los psicoactivos, que tratan de experimentar al margen del conocimiento de sus padres.

Norbert Elias (15) nos habla acerca de la manera como la civilización impone toda una red de restricciones, en pro de la regulación de la vida corporal, con el fin de atenuar los excesos del placer, la violencia y la desigualdad, ante lo cual se ofrece todo un ideal para el yo de los sujetos, como un sistema ético de valores, que canalicen las pulsiones y las conviertan en motores de acciones, válidas en sociedad y reconocidas por los otros, mediante la sublimación, como lo define la psicoanalista francesa Françoise Dolto (16), ideal utópico, que pareciera sabotear la economía de mercado, basada en la satisfacción pulsional pura y dura, en la medida que vivimos en un mercado tatcheriano, dada toda una transformación de las estructuras sociales y políticas, a partir de la generación del neoliberalismo, que ha procurado una informalización de las costumbres, un debilitamiento de la cortesía, de la respetabilidad, donde los modelos son personajes al estilo de Estefanía de Mónaco, con su vida escandalosa o pícaros escondidos tras la máscara de una legalidad, que la hace ilegítima, en un universo light, líquido, en el que todo vale, incluso el aplastamiento del otro, con tal de ganar en la competencia mercantil, lo que opera como toda una plaga emocional, que estimula la animalidad del adolescente, sin ningún ideal de mesura, mientras somos manipulados como marionetas, sin ningún autocontrol, donde se permite un estado de barbarie, donde se estimula el uso de psicoactivos, de alcohol, la violencia y el sexo irresponsable, sin ninguna ética del cuidado de sí mismo, en una especie de orgía perpetua, como si se ignorara que la primera invitada a esa fiesta es la muerte. Ante todo ello, tendríamos que emplear la resistencia, que nos enseñara ese gran maestro argentino, Ernesto Sábato (17).

Así, el adolescente no aprende a mirarse a sí mismo, a conocerse, a comparar, a conocer otros mundos y otras posibilidades que la oferta de la economía de mercado, sin poder disciplinar ni domesticar su cuerpo salvaje, sin poder reflexionar, impelidos a la acción, como descarga inmediata de toda tensión interior, lo cual genera un nuevo y distinto malestar en la cultura, en oposición con el que existía en la sociedad victoriana, cuya moral sexual, llevaba a otro tipo de nerviosidad.

Aunque bien sabemos que el ser humano poco ha evolucionado en relación con su barbarie, la cual permanece incólume, con sus actos crueles, inhumanos, sádicos, bien sabemos los horrores que ha vivido el siglo XX, que continúan en el siglo XXI.

Para el psicoanalista Erik Erikson, (18) la búsqueda de identidad era la tarea central del adolescente, lo que le permite reconocerse como un ser en sí mismo, que le permita decir c’est moi, ese soy yo, lo que implica el desarrolla de un juicio sobre sí mismo, distinguir la manera como los otros lo perciben a él, lo cual se da de una manera inconsciente; por eso, el adolescente ensaya distintas maneras de ser y aparecer, pero siempre en la interacción con los otros, la familia, los pares y la sociedad en general, incluidos los modelos paradigmáticos que le ofrecen los medios de comunicación de masas. Así la identidad se construye en un contexto social, que requiere el reconocimiento de parte de los demás, como una experiencia corporal y afectiva, vinculada con la autoestima.

Otro hecho fundamental que el adolescente ha de llevar a cabo es el desasimiento de los padres de la infancia, para salir al mundo exterior y hacer el pasaje de la endogamia de la vida familiar, a la exogamia del mundo social más amplio, para lo que requiere romper el cascarón y, en términos mahlerianos (19), lograr la individuación, en términos más contemporáneos convertirse en un sujeto singular, para asegurarse la sobrevivencia en un entorno más ancho y duro, que la comodidad del hogar, si este es agradable, proceso que no está exento de conflictos, que como bien lo señala Luis Kancyper (20), puede ser una guerrilla trófica de liberación, que permite el crecimiento, al estar al servicio de la pulsión de vida o una guerrilla atrofiante, de desgaste, que conduce a la enfermedad y la muerte, al estar regida por la pulsión tanática. Para ello, el adolescente necesita pasar por la pandilla, como espacio transicional, en el sentido winnicottiano (21), que le sirva de continente y de sostén, en ese rito de inicación, en un proceso de oscilaciones, en un ir y venir entre la casa y el grupo de pares.

Y ahí se irán gestando proyectos de vida, que se consolidan en el universo sociocultural, geográfico y económico, que rodea al joven, mediante logros académicos, oportunidades de estudio y de vida laboral, para que los chicos no caigan en la desesperanza del no futuro, que nos muestra el cineasta colombiano Víctor Gaviria, en su filme Rodrigo D. No futuro.

Pero, lo que vemos es que el Estado reducido de tamaño del modelo neoliberal, lo que hace es recortar la educación y ofrecer un trabajo inestable, con contratos finitos a muy corto plazo, que incrementan la desesperación y la desmotivación, en el contexto del individualismo tatcheriano, que propone una guerra de los individuos, de unos y otros contra todos.

La crisis de la adolescencia debería consolidar la identidad, de tal forma que no se llegue a ese síndrome de difusión de la identidad, que Otto Kernberg considera que es uno de los fenómenos fundamentales del trastorno limítrofe o borderline (22), que padecen millones de personas en el mundo contemporánea, como si fuese la personalidad neurótica de nuestro tiempo, para emplear la feliz expresión de Karen Horney. (23)

La identidad lograda, conllevaría una posición subjetiva activa, capaz de tomar responsablemente decisiones, orientadas por elecciones y metas singulares, de acuerdo con la ética del deseo más propio. (24)

Pero quedan identidades hipotecadas a los otros, identidades alienadas y dependientes, o muchas veces algunas quedan en mora, postergadas, sin lograr definirse en la vida.

En contextos pluriraciales, se da una identidad étnica, como elemento de cultural, que no puede dejarse de lado, particularmente, donde la segregación racial existe.

Bien sabemos que toda identidad tiene que ver con el vínculo con el otro, con las identificaciones con los objetos más primarios y otros más secundarios.

Pero la identidad étnica, no sólo tiene una raigambre cultural sino una genética, biológica, que está inscrita en los rasgos corporales, esa de la que renegaría el excéntrico Michael Jackson, quien renegara de su negritud, para convertirse en una suerte de alocado extraterrestre, al blanquear su cuerpo y sumergirse en el mundo de las drogas.

En los países latinoamericanos, donde el mestizaje es la Ley, deberíamos hacer caso al filósofo envigadeño, que allá en nuestra Colombia, nos animaba en su obra Los negroides (25), a que no padeciésemos del complejo de hiju’e putas ante el blanco, puesto que como diría Octavio Paz en su Laberinto de la soledad (26) mucho nos pesa el considerarnos hijos de la Gran Chingada. No deberíamos caer en la negatividad humillante o vergonzosa, que denunciaran Guanipa y Guanipa, en el año 2006, de tal forma que podamos portar con orgullo nuestro cuerpo, aún en medio de otras razas, sino ir en busca del más pleno desarrollo de nuestra personalidad, sin complejo alguno de inferioridad, para no caer en xenofobias, por identificación con el agresor; pues, el adolescente con dificultades para aceptar su etnia, debido al rechazo del otro, no vive ni con los suyos ni los extranjeros del país de acogida.

Aquí en España, conocí a una familia sudamericana, en la que el chico fue acosado brutalmente, por los nativos ibéricos, hasta llegar a avergonzarse de salir con su madre, por los rasgos raciales de ella.

Para el desarrollo de una identidad étnica es fundamental el papel que juega la familia; si ésta no porta el orgullo de su etnia, sin arrogancias, más movidos por la pulsión de vida que la de muerte, su prole tampoco la desarrollará, con lo que se mantendrá un permanente conflicto, que es necesario resolver para una integración al nuevo mundo social del inmigrante, el cual si no se resuelve puede ocasionar grandes problemas en la vida del sujeto.

Se ha estudiado el papel que juegan la cultura, la lengua, el origen y la región geográfica en la identidad étnica y en comunidades estadounidenses se registró el idioma como el elemento más importante.

Y los problemas pueden surgir por la eficacia simbólica de los prejuicios étnicos, como pasa en sociedades multiétnicas, con diferencias de color de la piel, sobre todo cuando estas generan diferencias de clase social, de ahí el problema de los chicanos, de los amerindios y de los afro-americano, que exponen a los adolescentes a un mayor riesgo de tener dificultades serias y es de tener en cuenta que estos prejuicios suelen ser de doble vía.

En los Estados Unidos de América los blancos llaman Niggers a los negros y éstos llaman Paddies a los blancos, por su piel como el arroz y a los negros que hablan el inglés con el acento de los caucásicos los llaman Oreos, como metáfora por las galletas achocolatadas que llevan por dentro una crema blanca.

Por ello, en la identidad étnica influye la identidad y la clase social, a la cual se pertenece desde el nacimiento, así no sea una elección personal, sino algo establecido por el sistema económico.

La identidad social es un sistema unitario de representaciones de sí mismo, que se va elaborando a lo largo de la vida y permite al sujeto reconocerse a sí mismo, tanto como a los demás hacerlo, puesto que la identidad es la experiencia, que define al sujeto en lo que es para sí mismo y para los otros.

Asimismo importan la identidad de género y la identidad sexual, de acuerdo con la diferencia anatómica de los sexos. (27)

A la adolescencia se llega ya con una identidad de género, que corresponde a los usos sobre el sujeto de los artículos él o la, y a los pronombres él y ella; pero en la adolescencia se ejercen tanto una presión fisiológica como social, que exigen la definición de un rol sexual, en la vida.
Se dan guiones machistas y patriarcales, guiones sado-masoquistas en la que la mujer, que sufre, se convierte en una especie de ideal.

De la misma manera, ahí se incluyen los asuntos relacionados con la orientación sexual, lo cual puede afectar a los adolescentes de una forma grave, ya a través de trastornos obsesivos en los que se duda de la orientación que se tiene, o en los chicos homosexuales. quienes pueden ser acosados en las escuelas y en los espacios públicos, lo cual puede convertirse en causa de serios cuadros psicopatológicos del sujeto.

Hay sociedades pluralistas, que permiten la diversidad de grupos y categorías sociales, en la medida que se comprende la complejidad de la vida misma.

Pero, en la sociedad, generada por la economía de mercado, mucho más simplista en su mirada, se dan problemas de identidad por las marcas de ropa, que dan prestigio social, con el desprecio de los chicos que apenas pueden comprar en baratillos, quienes se convierten en reyes de burla.

Y ese malestar en la cultura puede generar el fenómeno de las tribus urbanas, a las que se afilian muchos adolescentes, como adscripción a verdaderas subculturas, las cuales tienen todo un código lingüístico particular, que puede expresarse en la indumentaria, en los gustos musicales, que hacen que un determinado sujeto pertenezca a una determinada tribu, con el desarrollo de todo un orden simbólico y una visión del mundo, en el marco social diario, a través de ciertos signos de identidad, en una especie de contracultura carente de líderes ideológicos, que los ubica en el espacio de la marginalidad elegida, sin que medien vínculos amorosos entre los integrantes de la tribu, quienes pueden funcionar más como una masa indiferenciada o serial, que como un verdadero grupo, que odian a otras tribus urbanas, aún hasta llegar a una violencia fundamentalista, entre ellas podemos encontrar a los Rockers. Punks, Heavies, Skinheads, entre otros.



La pertenencia a estas tribus puede generar conflictos intergeneracionales con los padres, hasta el punto de que los padres llegan a avergonzarse de sus propios hijos, quienes a su vez sienten insatisfacción permanente con el mundo que los rodea.

Así, los chicos góticos, que vienen de una escisión de tribus Punks, aman un rock, que remite a la muerte, casi operístico, con elementos de música gregoriana, como esta pieza:

http://www.youtube.com/watch?v=pKlM_-7Sc0U&hd=1

Estos jóvenes visten de negro, con ropas de cuero, corsets femeninos en las hembras, lencería y encajes, medias pasadas de moda, tacones muy altos o botas militares, quienes se maquillan de blanco y negro, acompañado con un profundo carmesí, con uñas de gárgolas, cadenas, cruces egipcias, o símbolos judíos, como si fueran jóvenes satánicos, que consideran que viven como zombies, en un mundo que es, en sí mismo, un infierno; por ello, quieren liberarse de las leyes morales de la sociedad establecida, cargados de desesperanza y sentimientos de culpa, muchos de ellos, son verdaderas personalidades borderline, que no encajan con el modelo social tradicional, con una posición anarquista total, mientras viven en lugares públicos, en pubs góticos, decorados como cuevas de murciélagos, con nombres como el Averno, la Luna, la Oscuridad, ya que aman el mundo medioeval más oscurantista, la poesía que habla sobre la muerte, la desesperación, las lágrimas, el sufrimiento, la sangre, el crimen, el sexo, lo macabro, lo siniestro y la fatalidad; degustan la novela negra, el vampirismo, como ideal, y sus autores predilectos son Lord Byron y Edgar Allan Poe, tanto como el cine de terror, pues quisieran destruir el orden natural, lo bello, mientras invocan al demonio, muchas veces hasta llegar a la criminalidad.

Ésta también aparece en las bandas o pandillas, como es el caso de los maras en Centroamérica, que ejercen la delincuencia juvenil, como imitación de las pandillas callejeras de grandes ciudades estadounidenses como Nueva York, Chicago y Los Ángeles, para conformar hordas hasta de entre veinticinco mil y trescientos mil miembros activos en Guatemala, El Salvador y Honduras, conformados por jóvenes sin mayor futuro, como los sicarios colombianos, que nos muestra Víctor Gaviria en Rodrigo D. No futuro o de quienes nos hablan Alonso Salazar en el ensayo periodístico No nacimos p’a semilla (28), Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios (29), Jorge Franco en Rosario Tijeras (30), en novelas que han tenido versiones cinematográficas, sobre chicos que crecen en contextos sociales plagados de conflictos, con bajas expectativas de un destino digno, asediados por problemas como el desempleo, la violencia urbana, la violencia social y los desplazamientos por conflictos bélicos, como lo he trabajado en mi ponencia De sicarios y de hombres: La violencia juvenil en Colombia. Ensayo cinematográfico de psicopatología social, como si los unos y los otros, en distintos países, dieran cuenta de una antropología de la pobreza, como factor etiológico de la delincuencia, en toda una constelación compleja de factores de orden estructural, económicos y sociales, en una sociedad agujereada por grandes vacíos, como lo señalara el padre Francisco de Roux, S. J., en Colombia:

1- Un vacío ético.
2- Un vacío de comunidad civil.
3- Un vacío de Estado.
4- Un vacío económico. (31)

Lo que trae consigo la exclusión social, el fracaso escolar, el desempleo, el madre-solterismo, con un índice elevado de violencia intrafamiliar, en una cultura transgresora creada por el mismo mundo adulto, de tal forma que se comenta que la madre del sicario medellinense, aconseja a sus hijos:

- M’ijito consiga plata honradamente y si no… consiga. - en un doble mensaje, inductor de la psicopatía y la sociopatía, al establecer lo que la psicoanalista estadounidense Adelaida Johnson (32) llamaba un superyó lacunar, con huecos como el queso Gruyére, que carece de la consistencia y contundencia de la Ley.

En España, tenemos a los Okupas, los Makiners y los Pelats catalanes, con nuevas relaciones entre lo público y lo privado, ya sea por medio de la tecnología, las cabezas rapadas, el mundo gótico, en un mundo postmoderno, basado en las emociones y sentimientos intensos, más allá de cualquier contrato social, quienes se expresan más por medio las actuaciones grupales, más con el cuerpo que con el verbo, porque, como ya lo señalara Peter Blos (33), la mayoría de los adolescentes buscan una ruptura con toda normativa, en busca una ética hedonista, que pretende evitar el dolor, que puede tener un cauce vital como sucede en el caso de las guerrillas de liberación, como algo necesario, que hace ineludible el conflicto entre padres e hijos, pero da salidas valiosas, siempre y cuando el enfrentamiento no se delegue en la escuela o la comunidad, como asunto indispensable para alcanzar la autonomía, la libertad y la responsabilidad, que ella implica, para hacer el pasaje a una adultez más plena, siempre cuando tengan a
su lado adultos asimismo responsables, honestos e idealmente sabios, para interpelar al joven y oponer resistencia a ese empuje corporal adolescente, mediante la confrontación honesta y clara, la escucha, la mirada y el sentimiento, porque más que reprimir la rebeldía juvenil, de esos cuerpos desbocados, denegadores de la norma, de lo que se trata es de ofrecer resistencia a las conductas de riesgo, mediante una clara negativa de parte del mundo adulto, para que puedan introducir cierto control e inducir a una ética del cuidado de sí mismo, para lo cual los padres, los profesores, los policías y el mundo adulto, en general, debemos prepararnos, porque no se trata de generar sujetos acríticos, obedientes, conformistas y subordinados, con gran dificultad para rebelarse, ni dar lugar a un individualismo competitivo, ni de inducirlos al consumismo sino de ayudar al adolescente a crearse un criterio y una filosofía de la vida propia, a tener el coraje de ser, como nos lo enseñara Paul Tillich (34).



Notas:
1) Salazar Rojas, D. Cultura y adolescencia: Los adolescentes y la cultura: la conducta y la “buena educación”. http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Cultura%20y%20Adolescencia%20Diego%20Salazar%20Rojas.pdf
2) Anna Freud y los mecanismos de defensa. http://www.slideshare.net/CyberTechCybertech/anna-freud-y-los-mecanismos-de-defensa
3) Braunstein, N. El Goce. 3ª. Ed., Siglo XXI editores, México, 1988, 245 pp.
4) Lacan, J. El estadio del espejo como formador de la función del yo [“je”] tal como nos lo revela la experiencia psicoanalítica en Escritos I. 3ª. edición, Siglo XXI editores, México, 1976, p. 18.
5) Madrid, J. y Antona, A. Programa del Adolescente. Ayuntamiento de Madrid. Área de Salud y Consumo, Madrid, 2000, s.p.
6) Silber, T., Munist, M., Maddaleno, M. y Suárez, E. Manual de Medicina de la adolescencia. Organización Panamericana de la Salud. Serie Paltex para ejecutores de Salud 20: 587-600, 1992, Washington, D.C. Organización Mundial de la Salud.
7) Marx, K. El Capital. http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx- eng/capital1/1.htm
8) De Greiff, L El relato de Sergio Stepansky. http://www.poesi.as/lgr36020.htm
9) Dal Maso, Silvina. Superyó: respuesta neurótica a la pulsión de muerte y desafío al quehacer analítico. Investigaciones en Psicología, 14(3): s.p., 2009.
10) Diccionario de Psicología. Desamparo (Estado de).
11) http://psicopsi.com/Diccionario_de_Psicologia_letra_D_Desamparo.asp
12) Scheler, M. El puesto del hombre en el cosmos. http://www.aacounselors.org.ar/adjuntos/Biblioteca%20AAC/Scheler,%20Max%20%20El%20puesto%20del%20hombre%20en%20el%20cosmos.pdf
13) Freud, S. Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico en Obras Completas (t XII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1980, pp. 217-231.
14) Brito, R. Hacia una sociología de la juventud. Algunos elementos para la deconstrucción de un nuevo paragadigma de la juventud. Última Década 009 Centro de Investigación y Difusión Poblacional de Achupallas, Viña del Mar, Chile, pp 1-7.
15) Náteras, A. y cols. Jóvenes, culturas e identidades urbanas. Universidad Autónoma de México/Grupo editorial Miguel Ángel Porrúa, Mexíco, 2002, 439 pp.
16) Elías, N. El proceso de civilización. Fondo de cultura económica de España, Madrid, 2011, 674 pp.
17) Dolto, F. El caso Dominique. 2ª. edición, Fondo de cultura económica, México, 1976, p.238.
18) Sábato, E. La resistencia. 4ª. edición, Seix Barral, Barcelona, 125 pp.
19) Erikson, E. H. Sociedad y adolescencia. 19ª.edición, Siglo XXI editores, México, 2004, 158 pp.
20) Mahler, M. y cols. El nacimiento psicológico del infante humano: simbiosis e individuación, Marymar, Buenos Aires, 1984, 324 pp.
21) Kancyper, L. Adolescencia y a posteriori. Revista de Psicoanálisis, 42(3): 535-546, 1985.
22) Winnicott, D. Realidad y juego. Gedisa, Barcelona, 1994 pág. 32.
23) Kernberg, O. Trastornos graves de la personalidad. Manual Moderno, México, 1987, pp. 9-12.
24) Horney, K. La personalidad neurótica de nuestro tiempo. 4ª. ed. Paidós Ibérica, 1981, 240 pp.
25) Gómez, Jorge. El psicoanálisis en el fin del milenio.
26) http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/0/jgalcala.htm
27) González, F. Los negroides. Editorial Bedout, Medellín, 1973, s.n.pp.
28) Paz, O. El laberinto de la soledad. Fondo de cultura económica de España, Madrid, 1996, 400 pp.
29) Freud, S. Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos en Obras Completas (t XIX). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1979, pp. 259-276.
30) Salazar, A. No nacimos p’a semilla. Corporación Región-Cinep, Bogotá, 1990, pp.
31) Vallejo, F. La Virgen de los Sicarios. Alfaguara, Madrid, 2002, 121 pp.
32) Franco, J. Rosario Tijeras. Mondadori, Barcelona, 2000, 160 pp.
33) de Roux, F. Los precios de la paz. Documento ocasional 39 de Cinep, Abril 29, 1988, 27 pp.
34) Johnson, A. Experience, Affect and Behavior: Psychoanalytic Explorations. University of Chicago Press, Chicago, 1969, 511 pp.
35) Blos, P. La transición adolescente. 2ª. ed., Amorrortu editores, Buenos Aires, 2003, 432 pp.
36) Tillich, P. The Courage to be. 2a. edición, Yale University, New Haven, 2000, 197 pp.

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Ella, esa, aquella

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La mujer sigue allí, en la misma esquina donde algún día incierto naufragaran sus años que con seguridad fueron más vegetados que vividos. Nadie la reconoce por su nombre o apellido, para todos ella es simplemente ella, esa, aquella, cuando no, la rotosa, la mugrienta, la vieja loca, según la percepción de quienes la observen, sobre todo para los afortunados de la vida, esos que suelen sonreír de costadito en tanto van buscando deficiencias ajenas.



Es comparable a un despojo, sobreviviente herrumbrado de un tiempo tal vez vivido a tropezones, imposibilitada para salir de su botella añeja donde los años taponaron su existencia. Transcurren sus horas entre la monotonía que envuelve lo repetitivo, circundada por el chasquido agudo de frenadas bruscas y bocinazos propios de alienados habitantes de una jungla de cemento, que pasan a su lado abstrayendo la imagen que refleja tanto patetismo. Ella tararea el Bolero de Ravel mientras sus huesos se desparraman sobre un escalón de mármol con el que comparte decrepitud.

Algún alma piadosa, conmovida por lo armonioso de su voz, deja caer algunas monedas junto a los pies donde cohabitan callos y durezas como gemas engarzadas en los herrajes de sus dedos huesudos.

Palomas que anidan en gárgolas de cemento bajan a picotear las miguitas que se escapan de su boca desdentada. La mujer, por momentos dormita un sueño estéril, recurrente, como esperando alguna respuesta que nunca llegó.

Lejos del lugar, muy lejos, en una dimensión inexplorada donde la sinrazón convive armoniosamente con la mística, dan la bienvenida a nuevos santos recién ascendidos que treparon por peldaños de oro con incrustaciones de diamantes extraídos de las entrañas de una tierra marginada que no parecería existir si no fuera por los mapas.

Siguiendo la teoría científica que afirma que el peso de las almas es muy inferior al de los cuerpos vivos y prosiguiendo con la lógica no metafísica que indica que en la bóveda celeste no hace falta riqueza, uno se pregunta por qué esa escalera apunta hacia arriba y no al contrario como para evitar la existencia de esa gente en situación de súplica constante.

Los nuevos bienaventurados, profesionales expertos en ejercicios de abstracción del mundo real donde han estado, habiendo sido ni más ni menos que eslabones de una cadena larguísima de responsabilidades no asumidas, por ahí, con suerte, en algún tiempo dirijan sus miradas hacia abajo. Ojalá pudieran hacerlo antes de que termine el proceso de putrefacción de las almas insensibles que aglutinaron en su paso por la vida.

Pienso en ella, esa, aquella, la rotosa, la mugrienta, la vieja loca mientras espero mi turno en la cola del banco. Siento como si estuviera padeciendo un brote alucinatorio. Comienzo a juntar palotes, círculos y semicírculos, tildes, puntos y comas, los acomodo, los pongo aquí, los saco, vuelvo a ponerlos allá, los rompo, los dibujo nuevamente, los tacho y los rehago hasta que al fin logro unirlos como piezas de un rompecabezas del absurdo. Si logro formar la masa como pretendo, irá a parar al horno donde se cuecen las palabras junto a las horas de los días desperdiciados.

Mientras tanto la mujer, como una cosa que dura en el núcleo de la selva cementada, seguirá esperando como siempre, nada.

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La muerte maldita

Paula Orellana (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Caminante yo iba, cuando vi que una flamante figura venía.
-Soy la muerte, me decía. Y enamorado de ti vengo hace días.
-¡Oh muerte maldita! ¿Acaso mi turno de partir ha llegado este día?
-No te preocupes adorada mía, tu día no te toca hoy, ni de noche ni de día.
-¿Y a qué se debe tu visita entonces muerte maldita? Le pregunté ya sin agonía
-La tristeza de no ser cercano a ti, el alma en dos me tenía.



Los días pasaron y la muerte a mi recurría para calmar sus llantos de que nadie lo quería.
-¡Quiéreme tu, princesa amada mía! Dame la dicha de hacer el amor una vez con quien mi corazón amerita.
-¿Cómo podré yo hacer el amor contigo muerte maldita? Ya me has quitado a varios de los míos y ni despedirme me has dado la dicha.
-¿¡Qué culpa tengo yo!? Aclamando me decía. ¡Que el peor trabajo del mundo me haya sido encomendado sin compasión! Y ahora tengo que soportarlo sin vos.
-¿Acaso me estás dando a escoger vivir mi vida sin tu compañía?
-¡Jamás! Gritó la muerte maldita. ¡Aprenderás a vivir conmigo cada día!

Y así hizo la adorada de la muerte maldita. Convivió con la muerte como ésta se lo pedía.
Una noche de carnaval, su adorada conoce a un gran galán.
Ambos se enamoraron en demasía y la muerte de envidia moría. Convencido de que un favor hacía a aquella doncella con belleza infinita, ideó un plan que de adrenalina morir podía.
Su amor llevaba tres semanas, cuando la muerte decide arrebatarle el amor de los brazos de su querida. Una muerte dolorosa le ha brindado con una fiebre que lo hizo llorar a cántaros.

-¿¡Cómo me haces esto muerte maldita!? ¿Condenada a vivir bajo tu presencia estoy cada día!?
-Un favor te he hecho doncella amada mía. Ahora vivirás con un perfecto recuerdo de tu ideal, que bien pudo destrozarte tu alma en el año de vida que le quedaba.
-¿Has adelantado su final, oh odiosa muerte maldita?
-Si lo he hecho ¿qué no fue un mejor final?
Y así hizo la muerte con todos los amores de su princesa querida, hasta que ésta misma su corazón se arrancó para tratar de quitarse la vida.
-Si tú mueres ya no te veré más princesa mía. Morirte no podrás jamás.

Los años pasaron en la dulce Ana querida. Su vejez se apresuró por su falta de amor.
Sin hijos y sin descendencia a la muerte maldita le pidió que actuara con prudencia.
-Dame descanso muerte maldita. Mi vida acorté por tu maldita egolatría.
-Dame un descanso eterno y por piedad, déjame ir en paz.
La muerte pensó que su dulce Ana querida jamás le haría el amor.
Y con el mejor de los besos de ella se despidió.
-Ve en paz y sueña en el descanso eterno. Dulce amada mía, ¡espero verte en el cielo!
Al finalizar su beso se dio cuenta que la muerte no goza de descanso eterno y arrepentido del concedido deseo de su dulce amante eterno un grito pegó y Ana, sonrió en el cielo.

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La ciudad y los aprendices

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La globalización del mercado convierte a las urbes en un desigual crecimiento cuyas consecuencias ya se perciben. Proyecciones de la migración interna dan cuenta que en el 2025 las ciudades latinoamericanas con los más altos PBI serán Sao Paulo (USS782 billones), México (745), Buenos Aires (651), Lima (213), Brasilia (210), Santiago (207) y Salvador (210).



Si nos detenemos en el Perú podemos inducir los graves desequilibrios internos: el Censo Nacional de 2007 y sus proyecciones indican que nueve departamentos lideran la mayor migración interna del Perú: Lima y Callao, Madre de Dios, Moquegua, Arequipa, La Libertad, Tacna, San Martín, Tumbes y Ucayali. La región que expulsó más población en términos relativos fue Amazonas (perdió el 8% del total de sus habitantes), siguen Huancavelica y Cajamarca, no obstante el boom minero.

Las capitales de las primeras nueve regiones peruanas no solo tienen la población más numerosa (Lima y Callao, caminan hacia los 17 millones), sino también la concentración económica más aguda, con inversiones del exterior y del narcotráfico, que se traduce en mega centros comerciales, salas de cine, preocupación por los centros históricos, renovación del parque automotor, lujosos cementerios, turismo y hotelería, más clínicas y universidades, y renovación de clubes sociales en manos de empresarios emergentes...

Por cierto, en estas referencias no se destacan las políticas sociales del Estado con programas y proyectos concretos porque no son suficientes para superar las profundas brechas de desigualdad, se mantiene intacta la vieja configuración, en algunos casos cuasivirreinal, de un modelo urbano con demasiadas ventajas para la inversión transnacional.

Las ciudades de Moquegua y Trujillo: La primera, goza de los beneficios de una intensa actividad agropecuaria, donde aún supervive la mediana propiedad de la tierra, la minería tecnificada del cobre con su refinadora en Ilo; y la intensa relación comercial con la frontera chilena y la población aymara del altiplano.

En Trujillo, al igual que en Ica, Lambayeque, Piura ha retornado vigorosamente el latifundio, con algunos ingredientes más nocivos de los que existieron antes de la reforma agraria de 1969. Frente al Pacífico, los desiertos de Chao, Virú, Moche hasta Paiján, con las irrigaciones construidas por el Estado, ahora en manos de empresas internacionales, sus mejores cosechas solo llegan a la mesa de europeos y norteamericanos de altos ingresos, en tanto en Perú las trabajadoras agrícolas no pasan de los cincuenta dólares semanales, suma pequeña y simbólica para el creciente costo de vida y las necesidades de salud, educación y los sueños irrealizables que alimentan los conglomerados de la comunicación.



Las deformaciones del modelo están a flor de piel en las urbanizaciones, En el antiguo casco urbano, habita una modesta clase media y sus vecinos, están brutalmente excluidas de ese espejismo del desarrollo. La convivencia es imposible por la masiva desocupación sobre todo masculina, ausentismo escolar, consumo de alcohol, riñas callejeras...

Lecturas necesarias

La Literatura nos da grandes lecciones urbanas. Carlos Eduardo Zavaleta, en Los Aprendices y García Márquez en Cien años de soledad, nos revelan que nuestra realidad social es más con zonas secretas, oscuridades y ambigüedades y que cierto realismo epidérmico había preferido pasar por alto.

Las ciudades son espacios donde está presente la muerte, la violencia, el amor atormentado, el temor, la ansiedad. La juventud de hoy vive desinteresada de los asuntos públicos, de la militancia ideológica. Hoy más que nunca es vital estar cerca de la historia contemporánea, probando sus aptitudes, su coraje, su valentía, su capacidad para amar, la entereza, la integridad y la honestidad de su posición.

La vida provinciana en un medio rural no es idílica. Fue un concepto acuñado alentado por cierta literatura y durante tanto tiempo. El mundo rural es más es teñido por la violencia, la explotación y la injusticia que desencadenan diversos sucesos políticos. La migración siempre ha existido, pero nunca como el proceso actual porque las personas dejan sus lugares de origen en busca de oportunidades que no existen.

El estudio “La migración interna en el Perú” de la Universidad del Pacífico, coincide con el inicio del auge del crecimiento económico, explicado por las expectativas de una mejora en el empleo y en las condiciones de vida en la región de destino.

Manuel Domínguez, desde la dirección de Cambio16, uno de los semanarios más prestigiados en Europa, no cesa luchar contra los saldos del franquismo y toda variante del fascismo. Nos dice que el gran triunfo del neoliberalismo no consiste en haber convertido la sociedad en un inmenso mercado global en el que todo se puede comprar y vender.

El objetivo no puede ser alcanzar el éxito en cualquier empresa, obtener beneficio y rentabilidad a cualquier precio, por encima de principios éticos y pisoteando la dignidad del individuo, reducido a una cuenta de resultados, un empeño titánico que se materializa con el asalto al poder, la desactivación de derechos fundamentales y conquistas sociales, el expolio de lo público como si se tratase del chalaneo de un tratante de ganado, el sometimiento de las instituciones y la desvirtuación del modelo democrático, huérfano de controles que vigilen y certifiquen su calidad.

En una concepción dialéctica de las relaciones sociales, se asume la rebeldía ante la violencia cuando ésta es ajena, viene de fuera y se ejerce para reprimir. La palabra cebada con la ideología, sabe que el mejor aliado del silencio cómplice es la autocensura, pues bien, el neoliberalismo ha comprendido que la mejor violencia que se puede ejercer sobre la condición humana es la que el propio hombre se inflige: la lucha encarnizada por un puesto de trabajo, la competencia desleal, la necesidad de sobrevivir, la aceptación de condiciones infrahumanas, la codicia sin límites, la ambición desmesurada… Hemos acabado siendo esclavos de nosotros mismos, remarca Domínguez, mientras el sistema se fagocita con nuestro sometimiento conformista.

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Delitos que cometen bancos y banqueros

Rodolfo Bassarsky (Desde Arenys de Mar, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Existe un conocido dicho en inglés que hace referencia al poder de los poderosos: “Too big to fail”, es decir “Demasiado grande para quebrar” (*).



En un artículo publicado en español en “Rebelión” (**) Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas, experto en deudas del tercer mundo y prolífico autor de libros y artículos periodísticos de izquierda, utiliza un nuevo adagio derivado de aquél y que está de moda en medios anglosajones desde hace un par de años:

“TOO BIG TO JAIL”, es decir “DEMASIADO GRANDE PARA IR A LA CÁRCEL”

Toussaint le confiere a esta idea el carácter de doctrina.

En la primera parte del trabajo el autor hace una lista “no exhaustiva” de los delitos que cometen los bancos como instituciones, lo que convierte a muchos banqueros en delincuentes:

Estafa organizada contra clientes, (pequeños) accionistas y accionariado público

Blanqueo de capitales procedentes del crimen organizado

Fraude fiscal a gran escala

Manipulación organizada de los mercados de cambio

Uso de documentación falsificada

Delitos por uso de información privilegiada

Destrucción de pruebas

Enriquecimiento abusivo

Manipulación organizada del mercado de los CDS (***)

Manipulación en el mercado de las commodities (****)

Complicidad en crímenes de guerra

El procurador general de EE.UU. dijo que si se acusa a las entidades bancarias que han cometido estos delitos, el hecho podría tener “consecuencias negativas para la economía nacional e incluso para la economía internacional”.

Resulta evidente que esta manera de pensar es lo que tiene consecuencias altamente nocivas para la sociedad y que lo que el procurador llama “economía nacional y economía internacional” es ni más ni menos que la economía del inmensamente poderoso sector financiero cuyas connivencias con políticos y gobiernos constituye una coraza de protección que permite el desarrollo de uno de los peores flagelos que azota al mundo globalizado contemporáneo.

Piénsese que uno solo de los delitos de la lista es motivo suficiente par condenar a penas severas a sus responsables. Los jerarcas dirigentes de los bancos y los cómplices que los amparan, cometen de manera sistemática y durante períodos muy prolongados varios de estos delitos en forma sucesiva o simultánea. Esta circunstancia permite deducir que si se aplicara la ley, miles de ellos deberían permanecer en la cárcel buena parte de sus vidas.

La democracia, el estado de derecho, la justicia social, la libertad y los derechos de las personas están limitados y distorsionados por esta situación.

Por otra parte, nadie puede negar la función social del crédito, indispensable en cualquier sistema económico para estimular el crecimiento y promover el progreso. Sin duda este es el motivo por el que subsisten la mayoría de las grandes entidades financieras a pesar de sus gravísimas y delictivas falencias actuales.

Cuando la ciudadanía reaccione eficientemente, se producirá la mayor revolución de nuestro tiempo. Esperemos que no sea demasiado tardía ni demasiado cruenta.

*) Puede traducirse también “para caer” o “para fallar”
**) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183915 (lectura recomendada)
***) credit default swap, permuta de incumplimiento crediticio
 ... es un producto financiero que consiste en una operación financiera de cobertura de riesgos, incluido dentro de la categoría de productos derivados de crédito, que se materializa mediante un contrato de swap (permuta) sobre un determinado instrumento de crédito (normalmente un bono o un préstamo) en el que el comprador de la permuta realiza una serie de pagos periódicos (denominados spread) al vendedor y, a cambio, recibe de éste una cantidad de dinero en caso de que el título que sirve de activo subyacente al contrato sea impagado a su vencimiento o la entidad emisora incurra en suspensión de pagos. Aunque un CDS es similar a una póliza de seguro, se diferencia significativamente de ella en que no se requiere que el comprador del CDS sea el propietario del título (y por tanto haya incurrido en el riesgo real de compra de deuda). Es decir, un seguro se establece sobre algo que es propiedad del asegurado, pero un CDS se hace sobre un bien que no es propiedad del que contrata el CDS. A este tipo de CDS se le denomina "desnudo" (naked), y en realidad es equivalente a una apuesta. El Parlamento Europeo prohibió las CDS "desnudas" de deuda de estado a partir del 1 de diciembre de 2011. (WIKIPEDIA)
(****)Entenderemos por commodities, simplemente materias primas brutas que han sufrido procesos de transformación muy pequeños o insignificantes. En los mercados financieros internacionales, estos se clasifican en los siguientes grupos básicos: Metales (oro, plata, cobre), Energía (petróleo, gas natural), Alimentos e insumos (azúcar, algodón, cocoa, café), Granos (maíz, trigo, garbanzos, porotos) y Ganado (cerdo, vacuno). (Guillermo Yáñez Castro)

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Jolito

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Jolito tiene mucosidad y, ahora, se siente como un Cid o Necao en su trono de Egipto, o en la sillería de coro de la catedral de Lugo, sobre una cabeza o eminencia aislada de poca altura cual Babunuco o rodete que se pone en la cabeza, aquí en el culo, para llevar cargas sobre ella, o descargar.

Está haciendo de vientre sobre una piedra o laja, piedra llana y lisa, casi superficial que hace improductiva la tierra. ¿Veis? Unas moscas pesadas y no muy voladoras venían a la caca buscando esa constelación austral cercana al polo Antártico. Se limpia el culo, como el que se va a cortar yaguas, con una muceta o esclavina de seda que usan los prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesiásticos, robada al prior del Monasterio de san Pedro de Cardeña en Burgos.

Después de limpiado y viéndola cual jojota, especie de abarca o alpargata usada por los indígenas de la America Meridional, ve que le hace visos o aguas, como se los hace la tonta de Moyete, cual cierto escarabajo alado de Méjico, que afecta el ánimo, y que por eso se inclina sobre la tierra a hacer una cosa; y dice. “A la moza con el rabo, y al mozo con el escarabajo”.

Habló el buey y dijo mu”, dice su mozo sirviente de paja, burlón y chusco, bobalicón, tontainas, motojobobo, alquequenje cebado, moznado como el león que en heráldica es representado sin lengua, dientes y garras, después del rompimiento de un prolongado silencio a causa de un cuesco que se ha tirado, como cuando resurge el río Guadiana entre Villaharta y Daimiel, que hace sonar en los molinos de aceite la piedra redonda en que la viga aprieta los capachos, usando el morterete para probar la fuerza de la pólvora que se usa en las festividades del culo para salvas, cual Mórton, gran personaje y ministro inglés, arzobispo de Cantorbery en Inglaterra, morueco, carnero padre que se sentía aficionado a los novillos embolados para ser corridos.

Se mira la entrepierna y ve a su frailillo motilón, pelón, demandado de limosna para un objeto erótico que se le venía a la cabeza, sembrando o salpicando de motas la superficie, rompiendo la monotonía de la uniformidad del color en un horizonte donde se le aparecía Zaida, una de las mujeres del emperador Alfonso, rey de Castilla y León, conquistador de Toledo en cueros y enviando a Fernando el Magno las reliquias de su san Isidoro “el frailecillo”.

Por el agujero, desde abajo los grillos lo habían visto todo: A una como gallina en pelo, sin arreo alguno, tomando un pelo de dos bolas según la dirección o inclinación natural del ojo saliéndole bien las cosas, dejando ver en la apariencia el estado de biennandanza o prosperidad de que se goza. Jolito tenía el pelo de la dehesa, mientras su joya colgante, más tonta que pipí, colgaba de lo superior de la fábrica cual heredero de pingo, pícaro o galopín de cocina, que llevaba tatuado en el capullo a Almanzor, rey de Fez de la dinastía de los Benimerines, el cual conquistó Marruecos y pasó varias veces a España en ayuda del rey de Granada y del rey Alfonso el Sabio, rey de Castilla.


Foto de Tatiana Coronoba

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jueves, 8 de mayo de 2014

Música: La espectacular voz de Ivan Rebroff

Argenpress Cultural

Ivan Rebroff (31 de Julio de 1931 – 27 de Febrero de 2008). Fue un cantante alemán, de ascendencia rusa, de extraordinario rango vocal, que oscilaba entre el registro de contratenor (técnica imitativa de la voz femenina de soprano), hasta impresionantes registros de bajo profundo, su registro masculino natural.



Rebroff nació en Berlín como Hans-Rolf Rippert, de padres rusos y judíos. Consiguió la fama por cantar temas folklóricos rusos, pero también como cantante de ópera e intérprete de canciones folclóricas de muchos otros países. Ofreció cerca de seis mil conciertos en su carrera, incluyendo una temporada de dos años, los siete días de la semana, en la Ópera Francesa, cantando, entre otras, El violinista en el tejado. Rebroff cantó en 12 espectáculos durante 14 días cuando ya había pasado en bastante de los setenta años, y además dio una gira por Australia.

Ivan Rebroff se describió a sí mismo como internacional, “la conexión entre Oriente y Occidente”. Consiguió la ciudadanía griega y vivió en la isla de Skopelos y en las Esporadas.

Murió en Fráncfort del Meno después de una larga enfermedad. Cuatro días después de su muerte, su hermano Horst Rippert, nueve años mayor que Rebroff, reclamó parte de la vasta fortuna de Ivan.

El nombre Rebroff deriva de la palabra en ruso ребро (rebro), que se traduce al alemán como Rippe (recuérdese al apellido de pila del cantante, Rippert) y al español como costilla. Ivan es la forma en ruso para Hans en alemán o Juan en español.

Escuchar su espectacular voz desde este video:


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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En la oscuridad rezongas con retemblor en las raíces
con que en-calas tus propios deseos;
sellas los míos y los nuestros
con res puestas afiladas y breves.

Cada día envejeces un siglo
y agitas tus múltiples flagelos
desordenados,
como nos pasa a todos.

Vino a puerta de encono;
trata de pasar a resolana
por cornisas en vaivén,
por tu agua y la común ,
arriba
-para empezar-,
en lo más bajo del fondo,
que baña tu humedad con mohosos ropajes.

Aunque con los demás llegares a vencer a los oscuros,
busca siempre tu refugio y fortaleza
en el tú mismo de todos.

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Arqueología: La pirámide de Bosnia

Por fina cortesía de un lector, ha llegado hasta nosotros esta serie de cuatro videos sobre lo que se perfila como el descubrimiento arqueológico más importante de la historia: la colosal "Pirámide de Bosnia", incomparablemente más gigantesca que las altas pirámides de Egipto.



En realidad en Bosnia se ha descubierto un grupo de varias pirámides, las cuales guardan una impecable relación geométrica entre sí; además están conectadas por una red de túneles subterráneos.

El disertante es un experto mundial sobre el tema y desglosa todos los principales aspectos relacionados con este transcendental hallazgo: matemáticos, estructurales, geométricos, moleculares, geográficos, físicos, energéticos, históricos, medicinales, políticos, etc.

A continuación los links a los cuatro videos; en el primero y en parte del segundo video se refiere al tema de las pirámides en general como preparación al tema central que es el grupo de Pirámides de Bosnia; aún así, en esos dos videos ofrece información mega-interesante sobre muchas otras pirámides a lo largo y ancho del planeta, así como también las intrigantes construcciones que se han encontrado en el fondo de océanos, etc.

Abajo de los links a los cuatro videos encontrarán el website especializado sobre las Pirámides de Bosnia:

1. http://www.youtube.com/watch?v=_qhG6aTrHwM
2. http://www.youtube.com/watch?v=3oQd48H8ZHM
3. http://www.youtube.com/watch?v=_sqdfD5iNKw
4. http://www.youtube.com/watch?v=zDgGd3tuRiA

Website sobre las Pirámides de Bosnia: www.piramidesdebosnia.com

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El día que secuestraron a Tinelli

CASTELFORTE (APL)

“Hace siete días que permanece secuestrado el conocido conductor televisivo Marcelo Star. A partir de que se hicieron públicas las exigencias para su liberación se perdió todo contacto con los secuestradores. Existe un temor generalizado por su vida”. Así comienza este cuento que publicamos hoy, a propósito del regreso de Showmatch, programas que dan para la polémica, si los hay. También, por qué no, para que haya una sonrisa en nuestras páginas. Vos dirás.


____________

No era nuestra intención matarlo, pero la dinámica de los hechos precipitaba un final, casi, sin opciones. Hoy la sociedad está conmovida y en pleno debate. ¿Por qué secuestrarlo a él?, muy sencillo, porque era un símbolo, el arquetipo de lo que este individualismo globalizado entiende por un ganador, un winner que durante muchos años se dedicó a idiotizar a la gente, a desplegar la obsecuencia con el poder, a inculcar que el éxito se sustenta en tres pilares; fama, poder y dinero. Veíamos a todos esos chicos y chicas por miles haciendo cola para participar en sus programas, exponiéndose al ridículo más patético frente a las cámaras y todo por ese instante de fama, ese salir del anonimato a cualquier costo y en forma rápida, sin plan, sin objetivos y sin esfuerzo.

En un principio, nosotros, nos refugiamos en la cultura, en nuestros valores; nos reuníamos a charlar, a escuchar música, a realizar actividades solidarias; pero todo apuntaba a aislarnos, a tildarnos de raros, de antiguos, de perdedores, de bohemios inútiles y otros tantos calificativos con los que la masa expresa su rechazo al que no sigue la corriente. Mientras tanto, la televisión escupía su imagen, su hablar a los gritos, su estúpida y plástica sonrisa, sus bromas berretas aclamadas por una manada de imbéciles; era como si nos dijera ¡acá estoy! y ustedes no son nadie.

Entre tanto, seguíamos siendo golpeados; cerraron todas las radios que emitían música clásica y tantas otras de buen gusto; los ciclos de divulgación, los pocos que había y todos en el canal oficial, fueron lanzados a horarios imposibles y en su lugar pusieron deportes. No es que a nosotros no nos gustara, por caso el fútbol, pero no para silenciar el dolor y las injusticias. Y, además, en los canales privados, día a día aparecieron programas a cual más ganso. Ninguno de nosotros tenía TV por cable, por lo que estábamos condenados a recibir el ataque alienante del sistema.

La idea surgió de casualidad: deberíamos secuestrarlo, dijo uno de nosotros casi en joda, y los demás la continuamos, imaginándonos la repercusión en la gente, el barullo que se iba a armar, las declaraciones de los “famosos”, el análisis de esos periodistas que tanto despreciábamos y la opinión de los otros comunicadores.

Poco a poco, lo que empezó como un delirio fue tomando forma; acordamos que la acción, pues así la denominamos, debía ser ejemplar, un mensaje claro a los poderosos, ¡No están seguros señores! y a los chicos embrutecidos ¡así acaban los ganadores! ; y pusimos manos a la obra.

Varios meses duraron los preparativos. La casa de la abuela, recientemente fallecida, de uno de nosotros era el lugar ideal para el cautiverio pues tenía un enorme sótano y estaba situada en un descampado. Comenzamos a visitarla sistemáticamente relacionándonos con los vecinos, algunos nos conocían de chicos, y diciéndoles que la íbamos a poner en condiciones para venderla; el ardid dio resultado y pronto la poca gente de los alrededores se acostumbró a nuestra presencia y sobre todo a nuestra llegada a altas horas de la noche. Probamos minuciosamente las comunicaciones triangulándolas de manera tal que fuera imposible rastrearnos, conseguimos algo de armamento, ensayamos paso a paso el itinerario, las postas, el cambio de vehículos y demás pormenores. Una atmósfera de exaltación reinaba en el grupo, verdaderamente estábamos alegres, después de años de humillaciones sentíamos que por fin íbamos a golpear al corazón mismo del sistema, a su símbolo, al emblema del “éxito”, y en la obra por hacer se esfumaron nuestras frustraciones.

La operación salió tal como fue planificada, el hombre no opuso resistencia y ahora estaba maniatado en el sótano a nuestra entera merced, pálido, aterrado y tembloroso. Sin embargo lo tratamos bien, era preciso que hasta en los mínimos detalles demostráramos nuestra superioridad moral.

Rápidamente nos pusimos en contacto con el canal; las negociaciones para su liberación se harían al aire y en horario central. No pedimos mucho, solo un rescate simbólico: ¡cinco días de programación cultural en todos los canales de aire y sin publicidad!, Incluían la vida de Borges, Cortazar, Arlt, Walsh, Fontanarrosa, Bayer y Gelman, dimos un plazo más que razonable para implementar el rescate.

No lo hicieron. No estaba en nuestros planes que rechazaran algo tan simple; el mismo sistema que lo entronizó ahora le soltaba la mano, ¡no perderían cinco días de publicidad por su vida!, tal vez creerían que no cumpliríamos la amenaza, ¿qué hacer entonces?, algunos de los nuestros se derrumbaron y dijeron que habíamos ido demasiado lejos, otros, que no podíamos permitir que el sistema triunfara una vez más; discutimos mucho y no hubo consenso, entonces votamos.

La moción de ajusticiarlo se impuso por la mínima diferencia y el azar eligió al verdugo; me toco en suerte realizar la tarea; a mí, que preparé mi mente y mis manos a lo largo de toda la vida para la creación ahora debía acabar con una vida. Una desesperante angustia me invadió, ¡no quería hacerlo!, luego sobrevino la furia y pensé que tipos como él me estaban llevando al asesinato y así, furioso y desesperado tomé el arma y bajé al sótano. Por suerte mis amigos facilitaban la tarea, el hombre estaba atado de espaldas sentado en una silla con los ojos vendados.

No quise hacerlo así, le quité la venda, lo miré fijo y le dije:

-¡Preparáte, hijo de puta!

Miró el arma y temblando a merced de un huracán invisible imploró por su vida, invocó a sus hijas, prometió darnos dinero, lloró cada vez más fuerte. Lo hice callar y apunté. Su ¡noooo! le desfiguró el rostro. ¡Por mis hijas!, ¡Por mis hijas!, ¡Por mis hijas!, repetía.
-Y los hijos de los que vos boludizás, ¿no merecen comer, ir a la escuela, ver un programa digno y crecer sin que los mate un gatillo fácil o un cobani tras las rejas? ¿Sus padres no merecen un laburo y dos platos de comida al día? ¿Tenés alguna puta idea de que sos un pilar del boludismo que edulcora la matanza de cada día?

-¡Siii! ¡Siii! ¡Siii!, pero voy a cambiar, dame una oportunidad, ya vas ver, tengo ideas que puedo implementar para tu gente. ¡Dame una oportunidad! ¡Por favor, por mis hijas!, ¡por mis hijas! ¡Te lo prometo! ¡Te lo prometo! ¡Te lo juro por lo más sagrado!

No sé en qué momento la duda me ganó la mente y el alma. Lo solté, y hasta lo ayudé a alcanzar una claraboya que daba al jardín.

Al subir, recibí el silencio atroz de mis compañeros y la puteada de Jorge: -¡Cagón de mierda, traidor hijo de puta!, y otras cosas que escuché hasta que las sirenas taparon todo otro sonido.

Dentro de mí, aún tengo alguna esperanza de que él podrá ser otro hombre, que Marcelo Star alguna vez emprenderá una programación cultural en serio como lo había prometido a cambio de su vida.

Por eso, minutos antes de las 12:00, cada noche siempre sintonizo ese canal esperando que diga y haga algo distinto. Mis compañeros de pabellón lo miran por las minas, el caño y el baile que, con tetas turgentes y culos recios, habrán de zarandear los ojos de millones de televidentes hacía todos los puntos cardinales.

Por mi parte, en esos momentos previos al comienzo me concentro y espero. Tomo aire profundamente, me aferro con las dos manos al banco de metal, miro la ventana enrejada y ahí cierro los ojos para escuchar si esa noche va a cambiar. Hasta ahora no sucedió. Pasan los días y con ese regocijo bobo, tan suyo, me grita otra vez: -¡¡¡Buenas noches, América!!!

Castelforte es una asociación “ilícita” literaria que reúne al escritor Daniel Forte y al periodista Oscar Castelnovo.

APL: Agencia para La Libertad.

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Gabriel García Márquez: uno de los nuestros

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Gabriel García Márquez, el colombiano infinito que nos dejó Macondo como un refugio para sabernos más felices, vive en las palabras con que supo nombrar el mundo y hacerlo siempre un poco mejor.

Aunque a lo mejor pasó inadvertida una lluvia de diminutas flores amarillas, como mariposas, cayó lenta sobre toda América Latina el pasado jueves santo, para agradecer la existencia de Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927 - México, D. F., 17 de abril de 2014). Él, contento por la luz que irradiaba el batir de las alas y seguro de haber nacido para quedarse, se despidió con gesto cómplice. Nosotros, sus lectores, sabemos bien que quien se marcha es un hombre que nos hizo un poco más felices, porque el Gabo nos abrió hojas como puertas y de ellas salimos siendo un tilín mejores, como diría Silvio.



Sobre él todo está ya dicho. El gran inventor del mundo posible, el mago que fue capaz de crear Macondo para recordarnos la magia que habita en los gestos cotidianos y en la ternura del amor, se queda como el mejor pronóstico de los tiempos que aún están por venir. Ese Gabo infinito que hizo que los ojos del mundo nos vieran en la dimensión exacta de nuestra historia y de nuestro tiempo, está para siempre en esta geografía que descubrimos al calor del hielo y sobre todo, en el olor a guayabas que tiene el Caribe que lo acoge como a uno de sus hijos más amorosos.

Los recuerdos de su infancia y su familia –la figura del abuelo como ejemplo del patriarca familiar, la vibrante belleza del lenguaje campesino y la convivencia con lo mágico en lo cotidiano y en la voz de su abuela que contaba cuentos de fantasmas y aparecidos– son la base desde la cual se erige el reino posible de la magia sobre la tierra. Probablemente hasta entonces nadie que no fuera latinoamericano podría haber entendido los misterios de esta tierra de pájaros multicolores, de ríos que parecieran que no tienen orillas, de selvas infinitas que multiplican la luz en los aguaceros que recuerdan al diluvio universal. Eso fue lo que Gabriel García Márquez le contó a quien quisiera escuchar con ojos nuevos. William Ospina, escritor también colombiano y como Gabo galardonado con el Rómulo Gallegos, escribió recordándolo que “él mismo ha dicho que lo que encontró aquel día, por la ruta de Cuernavaca (cuando desentrañó lo necesario para iniciar la escritura de Cien años de soledad) fue el tono de la voz de su abuela, la capacidad de decir las cosas más inverosímiles con la cara de palo de quien las cree de verdad. Sus obras parecen derivar de la tradición oral. Como los poemas, quieren ser dichos en voz alta, porque tienen mucho de la virtud sonora del lenguaje”.

¿Que a dónde se fue Gabriel García Márquez? ¿Dónde pudiera irse ese mago de la palabra que amó lo más hondo y fecundo de estas tierras? Pues a ningún lugar, ningún olvido es posible para este hombre que nos contó todo lo que de fantástico tiene este territorio de sueños por cumplir. Y si de palabras se trata, pues el Gabo sí tiene quien le escriba y sobre todo tiene quien lo lea. Escritores entrañables, músicos fantásticos y lectores de todas las edades y países, han dedicado por todos los medios que existen su homenaje a este latinoamericano universal que no por ello dejó de ser siempre uno de los más nuestros.

Silvio Rodríguez, el trovador infinito, escribió una carta de despedida en la que asegura que a García Márquez “voy a conservarlo así, sonriente, gozando de la vida, a lo mejor en la voluta de una idea que la insondable alquimia de su talento dejará en una ínfima reseña”, y subraya que “seguro así” se sentirá “alguito menos huérfano”.

Por su parte, el uruguayo Eduardo Galeano en una entrevista telefónica al ser consultado sobre la muerte de uno de sus entrañables amigos afirmó que “lo que más duele está en las bellas palabras que la muerte nos ganó de mano y nos robó. Yo creo que ellas, las palabras robadas, se escapan a la menor distracción, huyen de las páginas de los libros de Gabo y se nos sientan al lado en algún café de Cartagena o Buenos Aires o Montevideo. O aquí, en Río de Janeiro”. Al final, el homenaje imprescindible es tenerlo cerca y para ello, están sus obras, La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los funerales de Mamá Grande (1962), Cien años de soledad (1967), Relato de un náufrago (1970), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994), Noticia de un secuestro (1996) y Vivir para contarla (2002), entre otros libros de cuentos, novelas y crónicas.

El Premio Nobel de Literatura de 1982, que diez años antes había sido galardonado en Venezuela con el Premio Rómulo Gallegos por Cien años de soledad, además de ser el creador del realismo mágico y uno de los principales exponentes del llamado boom latinoamericano, dejó un legado indiscutible para el ejercicio del periodismo que creía el mejor de los oficios. Y es que aunque estudió Derecho, abandonó pronto la carrera para dedicarse al periodismo y a la literatura. Sus crónicas y reportajes atestiguan el compromiso del hombre y del escritor con su tiempo y con sus gentes. Su palabra fue certera y abogó por el desempeño ético y la profundidad intelectual de las nuevas generaciones de periodistas. Allí queda como parte de su obra, no sólo la recopilación de numerosos escritos sino también su apoyo en los primeros años a Prensa Latina, agencia de noticias de Cuba en la que también participaba Rodolfo Walsh bajo la conducción de Ricardo Masetti, al igual que su participación en la fundación del periódico mexicano La Jornada y la creación de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en 1994, con sede en Cartagena de Indias, todas apuestas para la formación de quienes tienen a la palabra como instrumento para narrar el mundo. También fue un apasionado de la cinematografía. Y es que en él, palabra e imagen se conjugaron para contar lo que hacía falta leer.


En fin, el que se fue es uno de los nuestros. Uno que supo encender la escritura para nombrar lo mejor de nosotros, uno que supo hacer nacer la magia que nos habita y que nos convoca a mirarnos y desperezarnos para encontrarnos siempre un poco más nuevos con las ganas de fundar el futuro. Al Gabo lo despiden cientos de acordeones que cumbia en voz hacen subir y bajar a miles de mariposas amarillas para darle el mejor abrazo que el cielo y la tierra toda le ofrendan en el alborotado bullicio de este trópico inmenso que lleva su tacto como un adiós, pero sobre todo como una bienvenida.

“Por no querer que las cosas sigan así...”

“Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.

Gabriel García Márquez

(Fragmento del discurso de aceptación del Premio Nobel)

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¿Huevo de cristal o ramito de romero?: El Aleph antes del Aleph *

Fernando Sorrentino (Desde Buenos Aires, Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

En “El Zahir” y “El Aleph” creo notar algún influjo del cuento “The Crystal Egg” (1899) de Wells.

BORGES, “Epílogo”, El Aleph (1949).



1. En el otoño sudamericano del año 2011…

En el otoño sudamericano del año 2011 comencé la muy agradable tarea de compilar un conjunto de cuentos argentinos de, digamos, “anteayer”. El relato más antiguo es -como no podía ser de otra manera- “El matadero”, de Esteban Echeverría (1805-1851), que se supone compuesto entre 1838 y 1840, y publicado por vez primera en 1871 en la Revista del Río de la Plata (Buenos Aires, I, 4); el más moderno, “El resorte secreto”, de Roberto Arlt (1900-1942), que apareció en el número de la revista El Hogar (Buenos Aires) correspondiente al 3 de septiembre de 1937. Año más o menos, podemos decir que, entre el trabajo de Echeverría y el de Arlt, corrió un siglo.

Esta labor compartió más las características del anticuario que las del crítico, pues, si bien algunos autores (por ejemplo, Horacio Quiroga o Leopoldo Lugones) eran fácilmente hallables en ediciones del circuito comercial, otros (por ejemplo, Carlos Monsalve o Santiago Estrada) resultaban prácticamente inconseguibles.

Entre los narradores en esta última situación figuraba también Eduarda Mansilla de García, cuya existencia me era más conocida que sus obras. El hecho es que, con la absoluta convicción de estar cumpliendo un acto de justicia exhumatoria, incluí en el volumen su cuento “El ramito de romero”. Mentiría si afirmase que el relato me produjo la única sensación que busco en la literatura: el placer. Más bien me pareció desordenado, evanescente, ramificado, abstracto, impreciso…

Pero, llevado de la escrupulosidad exigible a un editor de textos ajenos, lo cuidé, según mi costumbre, con obsesivo afán. En un momento dado, un extenso pasaje provocó en mí un sobresalto que iba más allá de las meras cuestiones semánticas y/u ortotipográficas.

Escribió Eduarda:

Cambió la escena. Comencé a ver desarrollarse, poco a poco, algo como una inmensa tela transparente, que no acababa nunca, cubierta, según me pareció al principio, de jeroglíficos extraños, de colores vistosos los unos y sombríos los otros. A medida que la tela se extendía, cubriendo una superficie que mi vista, en su estado natural, no hubiera podido jamás abarcar, iba comprendiendo el significado misterioso de aquellos dibujos informes, torcidos, en caprichoso laberinto. Así como aprendemos la geografía del globo terrestre en mapas que nos enseñan a medir y darnos cuenta de la forma exacta del espacio de tierra y agua que contiene el mundo conocido, comprendí que tenía delante de mis ojos una carta pragmatográfica de los hechos en el tiempo y que, gracias al estado de permeabilidad en que me hallaba, me revelaba la existencia de los acontecimientos en el tiempo, que existen sin que nadie lo sospeche, tales cuales en el espacio, los continentes y los mares antes de ser conocidos por aquellos que ignoran la geografía.

Desde la marcha de los imperios más poderosos hasta la del más oscuro individuo, todo estaba allí indicado sin pasado ni presente, diferencias puramente humanas.

“¡Diablo”, no pude no decirme, “¿dónde he leído, y muchas veces, algo muy parecido?”. Y, para que no me quedaran dudas, los siguientes párrafos de la autora decían lo siguiente:

Como en los atlas de Lesage, veíase allí de un modo sincrónico el camino de la humanidad en espirales ascendentes, obedeciendo a leyes tan inmutables, como lo son las de atracción y gravitación en el mundo físico, retrocediendo en apariencia durante siglos, pero avanzando siempre. Vi la ley del progreso humano, reducida a ecuación algebraica. Vi el surco que dejaron tras de sí los pueblos esclavos, desde el origen del mundo conocido, marchando cual rebaño de ovejas al matadero sin murmurar ni esperar. Vi el despotismo, triunfante un día, convertirse luego, bajo otra forma, en otro despotismo. Vi las santas aspiraciones de los creyentes naufragar en mares de sangre y lágrimas. Vi aparecer la era de la fraternidad y la igualdad; pero vi también esa fraternidad, esa igualdad, combatidas, sofocadas por aquellos mismos a quienes incumbía la misión de redimir. Vi a los enviados de paz y humildad pactar con los soberbios poderosos, para oprimir al desvalido y quitarle hasta la esperanza, invocando una doctrina santa. Vi la incredulidad y el ateísmo triunfantes olvidarlo todo, para no acariciar otra idea, otra esperanza, que el amor al dinero. Vi la destrucción de la familia, tal cual hoy la conocemos. Vi surgir nuevas leyes, nuevos derechos, y, como el tiempo no existía para mí, vi la llegada triunfante de la humanidad a una zona luminosa y armónica, y la visión cambió.

Una llama atornasolada, seguida de muchas otras que, como fuegos fatuos, subían y se agitaban en una atmósfera cargada de electricidad, me hizo fijar la vista en un punto lejano y vago, que parecía alejarse a medida que las llamas se multiplicaban. Poco a poco creció aquel punto, tornándose luminoso y esférico, hasta convertirse en un globo colosal y transparente, del cual filtraba una luz semejante a la del sol que alumbra nuestro planeta. Las llamas se encendían y se apagaban alternativamente, y a veces crecían hasta tocar el globo luminoso, que, oscilante, se mecía airoso en el éter, pintándose, en sus paredes tersas y transparentes como las de una gigantesca farola chinesca, imágenes varias de sobrehumana belleza.

Entonces cumplí con lo que me ordenaban los evidentes indicios. Redacté la siguiente “Apostilla”, cuyo texto es el siguiente:

VI LA LEY DEL PROGRESO HUMANO. La extensa enumeración que aquí empieza tiene curiosa similitud con la que, muchos años más tarde, Borges comenzaría de este modo: “Vi el populoso mar” (“El Aleph”).

Y, en efecto, veamos completo el texto de Borges:

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

2. En febrero del año 2013…

En febrero del año 2013 me disponía a escribir este mismo artículo con la intención de señalar la coincidencia existente entre la enumeración de “El ramito de romero” y la de “El Aleph”.

En busca de mayor información sobre la autora del primero, recurrí a la rápida búsqueda que suele facilitar Internet. La conjunción de tino y azar me condujo a visitar un libro cuya edición moderna yo ignoraba:

MANSILLA DE GARCÍA, Eduarda, Pablo o la vida en las pampas, Buenos Aires, Colihue / Biblioteca Nacional, 2007, 306 págs.

El “Estudio preliminar” pertenece a María Gabriela Mizraje. La lectura de ese trabajo me obliga a confesar que mi “hallazgo” del año 2012 ya lo había obtenido, unos cuantos años antes, María Gabriela Mizraje. Por la índole de mi tarea de antólogo (Eduarda Mansilla era una autora más entre treinta y tres), sólo advertí y consigné la similitud con el texto de Borges expuesta en la “Apostilla”.
Pero María Gabriela señaló, con perspicacia, otros puntos de contacto entre ambos textos. Y, como el mérito es de ella, y no mío, paso a reproducir los pasajes pertinentes.
Ella dice que “El Aleph” parece dialogar, dentro de la tradición argentina, con “El ramito de romero” de Eduarda Mansilla.

Y, a continuación, aporta las semejanzas:

Una historia de amor entre primos en Buenos Aires, la otra en París, la influencia de Hamlet y Leviathan en “El Aleph”, la de Dante en el relato de Eduarda, pero los italianos en “El Aleph” y los normandos en “El ramito”; la plaza Constitución en lugar del café Procope, mientras lo que se marca es que la calle sigue su flujo a pesar de la vicisitud del narrador. Abril y vísperas de Semana Santa (más exacta¬mente un 30 de abril y un Domingo de Ramos), con los que las fechas quieren puntualizarse. Un Carlos, en “El ramito de romero”, a quien se dirige Raimundo, enamorado de su prima; otro Carlos, en “El Aleph”, primo de Beatriz -Dante mediante- a cuyo encuentro se dirige el narrador, ambos enamorados de esa mujer. En “El ramito” el cuadro se completa con la madre de ella, en “El Aleph, con el padre. En los dos relatos lo primero que va a destacarse de la mujer, además de su belleza y su fragilidad, son sus manos.

Una prima que ya no vive y una prima viva, un cuento con final feliz y otro en el que se constata la desdicha. La ciudad, afuera con su vida; adentro, una casa y una Escuela de Medicina. Dentro de la casa, un sótano, dentro de la escuela, una sala de profesores, ambos espacios compartidos con otro hombre, ambos a oscuras. La oscuridad opera como soporte necesario de la visión extraña. Y ambos, vinculados a una mujer muerta, primero idealizada, mas tarde percibida como impura.

En un caso, penetrar al lugar de la revelación se precede por consumo de tabaco; en el otro, por consumo de alcohol (el cognac de “El Aleph”); hay preparación y hay riesgo, exasperación de los sentidos y fronteras lindantes con el sueño o la pérdida de conocimiento.

Hasta aquí María Gabriela Mizraje. Considero certera e incontrovertible su entera exposición.

Su conclusión también puede ser la mía:

Toda la idea del relato dedicado a Estela Canto [“El Aleph”] ya está allí condensada. La maestría de Borges, quien sin duda alguna leyó este relato de Eduarda (aunque acaso lo olvidó), la despliega.

En el “Epílogo” de El Aleph Borges declara: “En ‘El Zahir’ y ‘El Aleph’ creo notar algún influjo del cuento ‘The Crystal Egg’ (1899) de Wells”. Pero nada dice de “El ramito de romero”.
Ahora bien, en muchísimas ocasiones leí y releí “El Aleph”, acompañado siempre de la sensación de perplejidad que me producen las que me atrevo a llamar obras maestras de la literatura. Una sola vez (y por motivos, digamos, “profesionales”, y con cierta indulgencia culpable) leí “El ramito de romero”, sin sospechar que la ficción que el prodigioso Borges redactó hacia 1945 algo tenía de espejo de cierta imaginación de una autora muy menor del siglo XIX.

• Este artículo fue publicado en la Revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. LEAN®ANLE, Nueva York, vol. 2, n.º 4, julio-diciembre 2013, págs. 362-367.

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