miércoles, 4 de junio de 2014

“La Internacional”, dirigida por Arturo Toscanini

ARGENPRESS CULTURAL

En 1944, en honor a la victoria de los aliados en Italia, el gran Arturo Toscanini -un refugiado del fascismo en su país de origen- decidió llevar a cabo una actuación de Verdi "Himno de las Naciones". "Himno" es una composición que Verdi originalmente construyo alrededor de los himnos nacionales de Gran Bretaña, Francia e Italia. Con el fin de honrar a los cuatro de los principales aliados, Toscanini decidió añadir "The Star Spangled Banner" para los Estados Unidos y "La Internacional" para la Unión Soviética. La música fue interpretada por la Orquesta Sinfónica de la NBC, con el Coro de Westminster y el gran tenor Jan Peerce como solista; llevada a cabo por Toscanini. Fue filmado como un featurette que se muestra en las salas de cine, y fue narrado por Burgess Meredith.

En la década de los 50, a la altura de la amenaza roja, en Estados Unidos censores cortaron la parte de este espectáculo que contó con la "Internacional".

Durante años se consideró la secuencia en el featurette original, perdido para siempre. Sin embargo, recientemente se ha vuelto a descubrir una copia de esta pieza que falta en el cine, y ahora esta interpretación conmovedora de la Internacional - junto con la coral y orquesta bajo la dirección de un director legendario - se puede disfrutar de nuevo.



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Entrevista: García Márquez entrevistando a Pablo Neruda. ¡Imperdible!



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Flores en carnaval

Alicia Susana Gómez (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



I

- Del otro lado de Rivadavia, vivo del otro lado - dijo Santiago, con la cabeza gacha, algo avergonzado, mientras Estelita lo miraba y él se detenía en sus zapatos guillermina con tacón y sus piernas de muselina.

El olvidado Camino Real parecía un árbol de Navidad, con bombillas de colores y los palcos desde d

- Yo, en la calle Granaderos, cerca del arroyo. Pero casi no lo conozco, aunque en una siesta nos escapamos con mi hermana y espiamos cómo unos muchachotes se bañaban en calzoncillos. Nos tapamos la cara de vergüenza y salimos corriendo... ¡Con razón mamá no nos deja pasar de Gaona!

Un pasodoble comenzó a hacer bambolear las amplias caderas de Estela. Santiago no pudo evitar alzar la mirada. El joven invitó a la muchacha a bailar hasta la mitad de la pieza porque sintió que tres fuertes dedos se hundían en su hombro derecho y una voz masculina, con tono imperativo, le ordenó:

- ¡Jovencito! ¡Aquí no se baila apretado!

Desde un palco se oyó:
- ¡Estela! ¡Vení de una vez! Son casi las diez…

La muchacha extendió la mano y se despidió con un “Mucho gusto en conocerlo”. Santiago la vio perderse entre la multitud. Reapareció, después, junto a la mujer vestida de negro y se alejaron juntas en la plenitud del baile de carnaval.

Caminó despacio hasta su casa de pensión en el Bajo Flores. No podía borrar la imagen de Estela en su mente. Se acostó, fumando un negro y, mientras dibujaba nubes de humo en la oscuridad, entresoñó aquellas medias, envueltas en serpentinas danzando el pasodoble. Deseó que sus compañeros de cuarto hablaran de ella en lugar de seguir lamentando la caída de Yrigoyen...

II

- Aquí vivió Roberto Arlt. Me lo contó mi abuelo Santiago, el que se la pasa en el café La Humedad - señaló Mariana al cruzar la esquina de Caracas y Yerbal - Me habría gustado ser una mujer de aquella época pero que “El Cordobazo” ya me hubiera cambiado la cabeza... ¡Por Dios, lo que habrían dicho de mí!

- ¡Apurate, “modelito Woodstock”, ya se escuchan Los Beatles desde los parlantes de la Plaza” - respondió Guillermo. Mi abuela Estela también vio cómo construían el complejo. Era para obreros y, mirá cómo terminó. Creo que hasta sala de proyecciones tiene.

Al llegar a Fray Cayetano, un bombardeo de globos de agua los empapó. Era su amiga, pero Guillermo no pudo dejar de mirar los pezones erectos, transparentándose bajo la delicada bambula de la blusa de Mariana. Ésta, inclinando la cabeza hacia atrás, enfrentó sus ojos y, desafiante, le dijo: “¿Qué mirás, Ché, Ernestito?”

Al llegar a la Plaza, se escuchó: “¡Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras, y hoy sembrada de bombillas...”

Mariana y Guillermo se sentaron en la gramilla. La joven deshizo el nudo de sus sandalias de yute con plataforma y apoyó los finos pies en la frescura de la hierba. Observaron el gentío que llegaba en el ferrocarril del oeste. Preferían el ruido ciudadano, en lugar del de las callecitas principales desde Ciudadela hasta Luján. De vez en cuando, se encontraban los rostros en una sonrisa.

- A pesar de las erradicaciones, vuelven... ¡Qué bueno volver a ver la piel morena jodiéndoles la mediaestirpe con sus pasos!” - pensó en voz alta Mariana.

Al amanecer, los cuerpos abandonados al rocío, imaginaron en las formas de las nubes un planisferio al revés...

III

- Me voy - anunció Cecilia al grupo - este carnaval me suena a lavado de cabeza. Me recuerda el Mundial. ¡Hay hasta caretas del gauchito!

Llegó hasta el Pasaje La Porteña y se sentó en la vereda frente al Fader. Sacó un papel de su bolsillo y buscó infructuosamente con qué dibujar. A su lado, un muchacho con aerosol rojo, escribía en un frente recién pintado: “¡Fuera, milicos asesinos!”.

Cecilia sólo le quitó la lata de las manos y, sin decir nada, reforzó: “¡Aparición con vida de mi padre, Guillermo...” No tuvo tiempo de completar el apellido, el joven agregó: “y de tía Mariana!”. Puso, como firma, “Nacho”.

Aquel carnaval los sorprendió, de madrugada, tomados de las manos en Lacarra y Falcón. No vieron los dioses del Olimpo pero, entre llantos con sales mezcladas, sellaron con un beso un sentimiento que comenzó casi sin palabras...

IV

- En un carnaval se enamoraron mis viejos, Cecilia e Ignacio - le confesó Cristian a Sol, a quien acababa de conocer. Una cumbia de Rodrigo ensordecía sus oídos mientras bailaban sobre un parlante colocado en la esquina de Artigas y Rivadavia. Un hombre de sonrisa amarillenta apuntó su espuma, certeramente, en los ojos de Sol. El muchacho la tomó de la mano y se fueron caminando por Pedernera hacia Directorio. Mientras, con un pañuelo de papel, alivió el ardor. La cercanía les provocó sensaciones profundas.

Arrastrando un pesado carro con cartones, una joven mujer y una niña, descalzas, los distrajo. Recién entonces, Cristian habló: “¡Y elecciones! ¡La que nos espera, si gana!”

No fueron las palabras, sino el sentimiento compartido al ver la escena de pies desnudos, lo que incitó a Sol a comenzar a indagar el alma del muchacho. Las ideas fluían de ambas bocas y, varias veces, coincidieron sin sinónimos. Cerca de las nueve del día siguiente se despidieron con un “¿Nos hablamos?” “En un rato”...

V

- ¡Mami, llevame! - pidió Santi - Los chicos dicen que está bueno. Me esperan en la esquina donde nos juntábamos para los cacerolazos.

Adrián y Sol se miraron, cómplices, y asintieron.

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Plástica. Desde Mongolia: Zayasaikhan Sambuu



Zayasaikhan Sambuu nació en Mongolia, en 1975. Artista mongol que pinta temas tradicionales de su país con técnicas del arte contemporáneo asiático, construyendo un “puente entre la antigüedad y el mundo actual”.

Sus telas, nos muestran escenas de la vida cotidiana, las huellas de las raíces nómadas del Asia Central y temas espirituales tibetanos.

Emplea técnicas tradicionales japonesas, en las que mezcla varios elementos que hacen únicos sus cuadros, acuarela, gouache, plantas y otras en una paleta cálida y rica, aunque ligeramente oscura.

Abundan los retratos de mujeres mongolas, reales, nobles, con vestidos y peinados muy trabajados, para las que usa como fuente de inspiración, los diseños de la moda tradicional de la aristocracia de su país. Sambuu cree que debido a las migraciones constantes, el estado de guerra casi permanente del y el estilo de vida centroasiático, el arte y cultura mongola, aunque de gran belleza y misterio, son casi desconocidos para el resto del mundo.

Otro de sus temas preferidos, son los animales salvajes, leopardos, lobos…, con los que quiere simbolizar la conexión entre la belleza y la naturaleza.

La cultura nómada de Mongolia y su rico patrimonio fueron olvidados incluso en el propio país durante la época comunista, y sólo comenzó a resurgir, cuando la opresión y censura aflojó un poco, siendo él un adolescente. Siendo animado por su entorno, tras comprobar sus aptitudes, a representar a las divinidades budistas, según la religiosidad y los valores prohibidos por el gobierno comunista, haciéndose menos represiva.

La influencia religiosa, fue tan fuerte, que a la edad de quince años, decidió hacerse monje, aunque tras dos años, de estrictas normas de la orden, decidió abandonarla para dedicarse al mundo del arte.

Estudió en el Instituto de Bellas Artes en la Universidad de Cultura y Arte de Mongolia, en la que se graduó en 2002. Expuso con gran éxito en exposiciones en solitario en “la Unión Artística de Mongolia”. En 2003, fue nombrado “Mejor Artista Joven” en la Muestra de Jóvenes Artistas.

Forma parte en la actualidad de la Comunidad Internacional de Artistas.

Ha expuesto desde 2001, en Ulan Bator, en las más importantes ciudades de Japón, en Estados Unidos, Australia, y varios países europeos. Sus cuadros, son piezas cotizadas por coleccionistas y galerías de todo el mundo.

Fuente: http://trianarts.com/zayasaikhan-sambuu-la-tradicion-y-el-arte-moderno-en-mongolia/

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Ana Soto

Norma Segades Manias (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Llevándose a la muerte las letras de su nombre verdadero, la cacica Ana Soto, jefa de los indómitos cámagos y gayones que lucharon bajo su mando contra los encomenderos españoles en defensa de libertad y territorio, ha sido condenada a morir por empalamiento. En Barquisimeto, amanecía el día 6 de agosto de 1668.

Venezuela (Barquisimeto)
No aullaré de dolor.

Pariré al viento mi grito de guazábara, /mi grito de guerrillera indómita, / salvaje, /condenada al tormento de la carne horadada por una pica abrupta / antes que por ser odio, /por ser hembra.
Y por haber alzado rebeliones contra el agravio de sus encomiendas /ávidas de cosechas, /de terrones, /de espaldas doblegadas bajo el látigo que traza cicatrices, /nervaduras, /sobre las desolladas obediencias.
Me llaman Ana Soto, / la cacica con dos mil voluntades a su mando / escindiendo grilletes, /eslabones.
Me llaman Ana Soto, /la insurgente, /sentenciada a esta muerte, /a esta deshonra de vértices y crestas sin fronteras.
A esta muerte alevosa, /a esta muerte de coágulos oscuros, /de estertores / rodando entre los muslos afiebrados.
Arrastrando las letras de mi nombre entre los ecos de sus carcajadas / que huelen a inmundicia y a blasfemia.
No aullaré de dolor.
Morderé el labio hasta dejar las huellas de los dientes / en el hueco amarillo,
en las espiras, / en la médula misma del silencio, /en las esferas rotas del olvido donde he de redimir tanta tiniebla.
Desafiando el olor de la derrota / a pura luna, /a voluntad tajante, /a zarpazos de arcilla en rebeldía.
Presintiendo la edad del latrocinio / desde este horror de cruenta empaladura, / esta infamia de vísceras abiertas.

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Introducción al poemario de Gonzalo Suárez “Poesía de lo ajeno”, en el Liceo Casino de Vilagarcía de Arousa

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



A lo largo de la carrilera, que va y vuelve de Vilagarcía de Arousa a Santiago de Compostela y viceversa, en un paisaje muy distinto al urbano del poemario de Gonzalo, Poemario de lo ajeno, leí con despacio, paladeando cada verso, sin prisa; pero, sin pausa, mientras miraba con deleite el paisaje que tanto inspirara a nuestra Rosalía de Castro; el estilo, bien distinto, más cargado de contemporaneidad, con distintas angustias; si el panorama, que veía desde el tren, ese día era luminoso, el de la lírica de Gonzalo me metía en otro, apenas con alguna evocación de ámbitos rurales, como una breve rememoración, con la nostalgia de los tiempos idos, para adentrarnos en un gris paisaje, con un andar poético, por un laberíntico dédalo, como para un Ulises, que deambula por las calles de una ciudad cualquiera, con plazas, plazuelas y algunas fontanas; tal vez, engalanada con unas pocas flores de colores muy tenues, donde de repente, resaltaba algún rojo cereza, mientras yo acompañaba al poeta por entre una multitud anónima, circulante, en medio de un ronroneo zumbador, en un entorno entre ominoso y siniestro, como marco para la soledad del narrador poético, quien parece sólo oír el eco interno de su propia voz, de sus recuerdos, deseos y reflexiones, en un viajar trashumante, tras un imaginario gozoso, de una manera artística y creativa, casi a la manera del T. S. Eliot, quien expresaba:



No cesaremos de explorar
y, al final, de nuestra exploración,
estaremos en el punto de partida
y conoceremos el lugar por vez primera

Ante un mar esquivo, de olas inciertas, que resuenan como lágrimas espontáneas, donde una melodía se paladea con cierta lentitud erótica, allí donde la barbarie habita, en medio de un horizonte alucinante, teñido de violeta, mientras las campanas repican aburridas, una y otra vez o, al menos, una vez al día, cuando una meta utópica se enmarca en un tiempo indetenible, que se agota al convertirse en día siguiente, como un Cronos, devorador implacable, pese a que pueda sentirse cierta tranquilidad, tal vez indiferencia, así la mente hierva de ideas, mientras se bebe un sorbo de whisky o bajo la mirada de una tierna compañera, entre el amor y la muerte, como experiencia íntima, mientras las calles nos invitan a seguir, a pesar del olor a orines o que terminen en las puertas del propio manicomio de la ciudad salvaje, algo baudeleriana, más allá de cualquier romanticismo, con su botánica de asfalto para un paseante ocioso, callejero, quien observa y escribe sobre senderos desconocidos, en constantes merodeos, que pretenden disipar la incertidumbre, como en un viaje sin retorno, que acrecienta la soledad, pero frena el uso definitivo de una pistola, guardada en la mesa del despacho del bardo, sin dar fin al solitario vagabundeo de poeta maldito, quien aún aprecia el valor de un soneto o dos pechos, que puedan convertirse en pasatiempo, a pesar de los tristes recuerdos, entre gélidos gestos de amor, que vacían la vida de sentido, mientras en la mente resuena un ritornello:

¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿A dónde vamos?

Preguntas reiteradas en paseos nocturnos, que conducen a pasadizos o escondites de un desván, donde el deseo carece de sostén, en un cuerpo fatigado, mientras se evoca una crónica negra y marginal, buen fermento para una poesía urbana sobre una rara decadencia, de horas muertas hasta el hartazgo, que invitan a retomar el callejeo, antes de que sobrevenga la ruina, a la que conduce el camino, que lleva a los despojos de siempre, sin que haya posibilidad de escape, cuando la muerte no anda lejos, con las marcas de la acción deteriorante del tiempo, que augura un porvenir esperpéntico, entre escombros, entre brillos y sombras, donde lo marginal reluce, mientras grafismos poéticos hablan de agónicas escenas, que dan cuenta de la finitud de la vida, al enfrentarnos al vacío, que impide el reconocimiento de las palabras, mientras andamos tras la muerte, que quizás nos espere en un recodo del camino, para entregarnos a su hedonismo, con una despedida inexorable, que nos convierta en olvido, aún antes de llegar a las puertas del cementerio, con el descreimiento de que haya otro lugar, al otro lado del camino, mientras se dejan las arboledas citadinas para acercarnos a los helechos húmedos, que ocultan nuestro anonimato, para convertirnos en piezas de museo, bajo un nuevo y distinto orden, que es lo que me queda tras haberme dejado guiar por los versos de La poesía de lo ajeno, con sus notas melancólicas, entre la calle y el interior del poeta, en su deambular pensativo y atento, marcado por el estigma de la ciudad, como artista irónico y distanciado, cuya poesía sirve de reflejo al público, al lector, que participa de vivencias parecidas, por medio de fragmentos, unidos por un hilo misterioso.

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Resistir

Amelia Arellana (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Soy capaz de resistir todo menos la tentación de vivir.
Llevo en las manos un ramillete de golondrinas muertas.
Mustios cardales y crisantemos negros.
Y me vuelve una desazón antigua.
Una duda. Una certeza.
La cerbatana ha atravesado la manzana.
Un hambre de veranos estalla en el ocaso.
Un perfil de puñaladas desangra la hojarasca.
Un temblor de niña me recorre.
También tiemblan mis malecones. Y resisten.
He aquí el secreto.
La manzana no cae.
Y me vuelve un recuerdo antiguo.
Una sentencia.
Cardal en flor y crisantemos blancos.
Y la vida .Tentación ineludible.
Un resistir continúo. Un salir al encuentro.
Ineludible tentación, la vida.

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El nenito, el muchacho y el viejito

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Estoy contento
y estoy feliz
hago caca
y hago pis
decía ese nenito
que sabía
que era chiquito.

Metiendo
y sacando
sacando
y metiendo
estoy siempre viviendo
decía aquel muchacho
que le gustaba ser macho.

Recordando
recordando
y recordando
y a veces
olvidando
el tiempo
no va pasando
decía aquel viejito
caminando.

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Ecuador vs Chevron y el poder transnacional: El llanto negro de la Amazonia

Jorge Zavaleta Alegre



"Cuando el saqueo se convierte en un modo de vida para un grupo de hombres viviendo juntos en sociedad, estos crean para si mismos un sistema legal que lo autoriza y un código moral que lo glorifica", declaró recientemente en Chile, el presidente Rafael Correa, como parte de un discurso en la CEPAL, el cual explica, con agudeza e inteligencia, un cortometraje muy apreciado por los estudiantes de diversas universidades de América Latina y el Caribe:

“Un extraño ingresa a un domicilio, con un serrucho y un y berbiquí. Destruye muebles, cuadros, plantas y los juguetes del niño que se encuentran en la sala. El agresor se retira, sin decir palabra alguna. La madre y su menor hijo no pueden explicar la insólita agresión. Acto seguido, el invasor, toca la puerta y entrega una factura exigiendo que la dueña del inmueble pague por el daño que él ha causado”.



En este micro documental se grafica la conducta de Chevron, petrolera que en más de veinte años causó un desastre medioambiental sin precedentes y el daño en la salud de miles de ecuatorianos de la Amazonía ecuatoriana y ahora trata de burlar la justicia.

Texaco operó en Ecuador desde 1964 hasta 1992, y en ese lapso fue responsable del derrame de 71 millones de litros de petróleo y 64 millones de litros de petróleo bruto en más de dos millones de hectáreas, además de contaminación de las aguas que los pobladores beben, pescan y se bañan, según determinó una Corte ecuatoriana después de nueve años de juicio.

La norteamericana Chevron, absorbió Texaco en el 2001, convirtiéndose en la segunda empresa petrolera de los EEUU y la séptima del mundo.

El artículo 46 del contrato de explotación entre Texaco y la estatal petrolera del Ecuador estipulaba que la transnacional se comprometía a utilizar tecnologías con sistema de reinyección segura de los desechos tóxicos del subsuelo, que en ese entonces había patentado y que disminuía las operaciones hidrocarburíferas y que ya las utilizaba en los EEUU. Pero en el Ecuador, jamás las utilizó.

La empresa incluso trató de convencer a los pobladores que las aguas contaminadas por el petróleo eran buenas para la salud, ricas en vitaminas y proteínas. Las piscinas de residuos sólidos, fueron dejadas en la misma superficie, cuyo efecto nocivo sigue vigente para el suelo y las aguas.

Cuando se fue la Texaco, se creó el Frente de Defensa de la Amazonia y asumió el largo camino judicial, que empezó en los EEUU en 1993. El juicio fue intervenido una década por Texaco, que insistía el traslado del caso a una corte ecuatoriana.

En el 2002, las cortes norteamericanas aprobaron el traslado del proceso y Chevron-Texaco se comprometió a respetar las decisiones de la Justicia del Ecuador. En el 2011, una Corte de Ecuador sentenció a Chevron el pago de 9,6 millones de dólares y a presentar excusas públicas dentro de las dos semanas siguientes. De no ser así, la suma sería el doble. Chevron no se excusó, por lo que en el siguiente año, 2012, la firma estadounidense fue sentenciada a pagar 19 mil millones de dólares.

El reclamo ecuatoriano ha sido escuchado en la ONU en voz del canciller economista Ricardo Patiño Aroca y de trabajadores como Medardo Shingre, que Texaco no quiso reconocer que esa compañía era de ellos, y era la que pagaba los sueldos como Texaco: www.chevroncontamina.ec

Ningún continente se escapa de Chevron-Texaco: Opera en Alaska, California, Misssisipi, Ecuador, Perú, Brasil, Polonia, Kazakhistan, Thailandia, Indonesia, Filipinas Nigeria y Angola. No puede ocultar las zonas afectadas por su actividad, según testimonios publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador - Alternativa anual report 2011.

La Chevron acusa de extorsionadores a los que defienden los derechos ambientales del planeta, mediante ataques a la reputación y a la integridad de la empresa. La firma norteamericana, como parte de su estrategia, considera que la Petrolera Estatal Petroecuador es la única dueña y operadora exclusiva de los campos petroleros durante esos años y que es esta empresa la que no ha cumplido sus obligaciones legales.

En mayo último, el directorio de Chevron convoca a su Junta de Accionistas, considerando los riesgos en su cadena de negocios al evadir responsabilidades con ardides que la comunidad internacional ya no está tan ajena al cuidado ambiental.

La Chevron ha demandado al Estado ecuatoriano ante la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya. Ecuador sostiene que ese Tribunal no era competente, porque el Tratado Bilateral de Inversiones entre Ecuador – EEUU fue firmado en 1993, entró en vigencia en 1997, es decir cinco años después del fin de las inversiones de Texaco en suelos ecuatorianos. En este último tratado no existe prohibición alguna que limite los derechos de los ciudadanos al respecto.

La Chevron, unilateralmente, ha decidido no acatar el fallo legítimo e independiente de la instancia competente. Ha conseguido que jueces suspendan las medidas cautelares sobre activos de sus subsidiarias en otros países.



El mundo apoya al Ecuador

La ONU ha escuchado del Ecuador los argumentos para exigir justicia. Espera que la diplomacia internacional acelere sus pronunciamientos por una causa que compete al mundo: defender la naturaleza, defender el buen vivir.

Ecuador viene recibiendo el respaldo de diversos países de América Latina., aunque Chevron dice que “el presidente Correa ofrece un relato distorsionado e incorrecto de la historia de esos sitios (los pozos del Lago Agrio) y de quien es responsable por cualquier impacto ambiental presente”.

Es mentira - responde Ecuador - Texaco era la única operadora de la explotación petrolera en la región amazónica hasta el año 1990. Los daños son evidentes, no faltan los testigos, ni las pruebas.

El documental “El llanto negro del petróleo”, recoge imagines y testimonios de pobladores que viven cerca de la zona infectada por Chevron, de numerosas muertes por cáncer. Denuncian devastación a la agricultura, la pesca, destrucción de sus ríos y fuentes de agua vitales para las comunidades, así como altos niveles de veneno en el aire.

Solidaridad continental

Organizaciones especializadas que han estudiado el caso Chevron en Ecuador dan cuenta de publicaciones como The Economist, Bloomberg y otras, que en el mundo aparecen como defensoras imbatibles de la libertad de prensa, pero se encargan de acusar a los líderes comunales y sus juristas defensores, como activistas deshonestos porque exigen en múltiples foros, resarcir los impactos resultantes de las operaciones petroleras realizadas en Ecuador por más de 24 años.

El presidente Correa, ha expresado en CEPAL: "Lo que opinamos de supuestos hechos de la vida nacional e internacional, depende de lo que nos digan o callen un puñado de medios de comunicación y que además son negocios con fines de lucro y por definición, si entra en conflicto el fin de lucro con el derecho a informar, prevalece el primero. y aunque es un problema planetario, en Latinoamérica dado los monopolios de medios, su propiedad familiar, sus serias deficiencias éticas y profesionales y su descarado involucramiento en política, el problema es más grave".

La solidaridad con Ecuador crece en la Región. En el Perú, su embajador José Sandoval Zambrano, explica que las relaciones ecua peruanas pasan por el mejor momento de su historia, destaca que con los gabinetes ministeriales anuales con asistencia de ambos presidentes se han construido valiosos proyectos de integración económica, comercial, social entre dos pueblos con culturas semejantes.

El representante del Comité de Solidaridad con el Ecuador, David Tejada, recuerda antiguas relaciones entre Eloy Alfaro, gran precursor de América Latina Unida y el escritor peruano Ricardo Palma; de Roberto Andrade con Manuel González Prada. Pero, mientras EEUU consiguió la unión de sus trece colonias en un solo Estado, en el sur siguen vigentes las acciones de líderes como Manuelita Sáenz que estuvo en la Batalla de Ayacucho para colaborar en la independencia de América.

La cuenca del Napo

En la Cuenca del Napo, Perú impulsa proyectos sociales a favor de la Infancia y la Adolescencia con presencia de quince instituciones públicas, incluyendo plataformas de la Marina de Guerra para la acción social en las comunidades de las zonas fronterizas de la Amazonía. Ecuador también participa de este proyecto, con un modelo de atención prioritaria a las personas con discapacidad, explica el educador Julio Rojas Julca, viceministro de poblaciones vulnerables, a centenares de estudiantes de derecho y relaciones exteriores de la Universidad Tecnológica del Perú.

El decano de esta casa de estudios Miguel Rodríguez se suma a los propósitos de la Red de Amigos de la Revolución Ciudadana y el proceso del Buen Vivir, mediante intercambio de becas de estudios, el comité de apoyo contra Chevron, el Centro Cultural Peruano ecuatoriano Eloy Alfaro por la defensa de sus recursos naturales y la vida para construir una integración sostenible. Similares adhesiones se suman en El Salvador, Chile, Colombia, Cuba, Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay.

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Un poco de humor



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Amigo

Paula Duncan (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Durante mucho tiempo camino llevando a cuestas el mundo y sus adyacencias. Hasta que el cansancio comenzó a ganarle la partida apareciendo un extraño síndrome depresivo.

Ese amanecer la encontró sentada al borde del barranco que culmina en el río; con los pies colgando y la espalda tan rígida que sólo podía sostenerla apoyando los codos en sus muslos, divagando entre volver a casa donde solo a veces se percataban de su presencia a fin de endilgarle algo que estaba malo seguir su mirada y perderse en el río.

Cuando una mano tibia y enorme se apoyó cálidamente en su espalda, sintió un gran alivio, y al ver que la mano venía acompañada de unos bellos ojos y una sonrisa franca realmente se sintió viva, él le ofreció un café fuerte y caliente, mientras seguía acariciando su espalda que había vuelto a su postura normal.

-¿Cuál es tu nombre? pregunto sin salir de su asombroso bienestar.

-El que más te guste; contestó él abrazándola.

Paso la mañana, y de a poco fue alejándola del agua; se sentaron en un recodo de la vieja escalera de caracol, que bastante descuidada y con muchos yuyos, era un verdadero monumento al descuido, ya no quedaba nada de su antiguo esplendor.

Comieron frugalmente y hasta se permitieron reír por tonterías; como adolescentes que ya no eran.

Al caer la tarde, sintieron la angustia de la despedida, ambos sabían que era un adiós.

-¿Cúal es tu nombre? insistió ella abrazándolo.

Él, disfrutando del abrazo, le contestó - cerrá los ojos y decime que te viene en mente.

Ella le contesto - calor, abrigo, amigo ¡sí te llamaré amigo!

Él sonrió y se despidieron, intercambiando sus respectivos guantes, pequeños los de ella, enormes los de él.

Volvió a su casa algo distraída, con una sonrisa colgando en sus labios y la enorme sensación de estar viva.

Algo cambió en ella, nadie podía entender qué; y así fueron pasando los meses y los años, ya era una bella señora mayor.

Una tarde sentada en el jardín de su casa viendo jugar a sus nietos, llegó un caballero y les dejo algo para ella, el jovencito corrió a darle un paquete muy bien envuelto, lo abrió y ahí estaban sus guantes de juventud, el niño pregunta -abuela ¿quién era ese señor?

Ella con los ojos húmedos contesta, - un amigo; solo un amigo

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Los pilares de Lena, el tesoro oculto de Siberia, en Rusia.

Paisaje espectacular. ¡Hay que verlo!



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El efecto “Nandirí”: El cuento africano

Yván Silén



Cada uno es mucha gente.
Fernando Pessoa

El ruido lo controlan quienes guardan silencio.
Edgar Borges

Mirar era todo…
[Nandirí] Cerró los ojos y despertó; abrió los ojos y soñaba.
Yván Silén

Sobre Silén (1944), poeta, filósofo, político, pintor, no repetiré que pertenece a la generación boricua de 1970. Ni que tiene más de 20 libros publicados (1970-2013), en República Dominicana, Puerto Rico, Nueva York, México y Argentina. Tampoco mencionaré que es el tipo de escritor que vive la literatura, y que por eso, se crea personalidades literarias (el Paria, el Antinihilista), que “existencializa” poéticamente. No, no hablaré de las fiestas silenistas, ¿los banquetes de la nada?, ni de su arco voltaico, el que empieza en el poeta maldito de El pájaro loco (1972), y se transforma en el poeta prohibido, incluso y sobre todo de la prosa, como en La poesía piensa (2010). El anti-posmoderno. El Poeta que en vez de sufrir la locura, la goza “poetamente”.

Concupiscente, “porno-lírico,” “radical,” no diré que Silén fue de los pocos que, frente al reduccionismo moderno y posmoderno, apostaron a la pluralidad esencial del Ser: “Cada uno es mucha gente” (Pessoa).

De su generación, sólo el Antinihilista plantea las cosas desde esta radicalidad dionisíaca: algunos de sus compañeros podrán ser mejores escritores que él, pero ninguno más Poeta, mayúscula que el filósofo-político-pintor viven

como “destino.”
Como tragedia;
amor fati.

La Poesía mata, sí, pero piensa; y sobre todo, ve, libidiniza, por lo que el Poeta no puede sino reír, política de los dioses que se saben mortales. No subrayaré, pues, que, metaliterariamente, una de las constantes del Poeta, desde El llanto de las ninfómanas (1980) hasta La poesía piensa (2010), ha sido romperle la columna vertebral al ensayo, para que la prosa “orgasme” (diga) en el goce del concepto que se hace imagen (poesía política). Tampoco diré nada de la afición ateo-crística del Poeta, trabajada en sus novelas, sobre todo en La novela de Jesús (2009), y en el teatro, El velocípedo de Jesús (2011); ni mencionaré el artículo periodístico, en El Diario de Nueva York, en el que hablaba de la liberación en términos teológicos, “La guerra como Dios” (1994).

En vez, me concentraré en la poética de un cuento neofantástico reciente, “Nandirí” (2012), silenista, demasiado silenista: “[Nandirí] Sabía, sospechaba, que todo aquello no era real.”

Nandirí
En el contexto de la obra de Silén, “Nandirí” es el cuento africano, excluido por razones aparentemente burocráticas de Tannie Lee y los cuentos de la nada (2012), tercer libro de cuentos (el primero fue Los narcisos negros, 1997). Una narración a la que, sin embargo, por razones literarias, estará siempre conectado el libro, como quedó claro en la presentación del mismo, en la Universidad de Puerto Rico, en octubre de 2012, en la que se hizo una lectura de “Nandirí” —unaprimavera versión de esta— en el debut de Tannie Lee.

En el cuento africano de Silén, volvemos al poblado de los antropólogos:

La aldea que yacía contra el mar estaba desierta. Mientras caminaban sentía las piedras en el talón, entre los dedos, en la planta de los pies. Los perros aullaban y los pájaros regresaban. Las mujeres estaban de luto. Sufrían por las niñas roídas, por las rosas muertas, sufrían por las ratas.”

Como lectores, sentimos de cerca el relato antropológico, porque este dramatiza el peso de la tradición milenaria:

El brujo de la aldea fumaba tranquila y lejanamente. El chamán fumaba irrealmente”.

Tradición esta que, mediante las dos mujeres que laencarnan (Nandirí y Kahina), “Corría, era necesario que corrieran,” plantea la propuesta temática que el cuento meta literaturiza: “La clitodirectomía había sido terrible.”

Por un lado, está la joven que se rebela desde la tradición: “Nandirí no profirió un solo grito. Se sentía profundamente mujer. Y se sentía oscuramente una metáfora. Se mordió los labios y la sangre manó como manaba el periodo de su vulva. Despertó.”

Por el otro, está Kahina, la vieja sabia-ciega-bruja que auspicia la rebelión desde la complicidad con la tradición: “Kahina se detuvo, se volvió y la besó [a Nandirí] en la frente”.

Una ecuación esta, entre Nandirí y Kahina, emblemáticamente silenista (tipo siamés, hermafrodita). Porque de lo que se trata en el cuento africano de Silén, es de rebelarse, desde la complicidad, ante la tradición, planteada desde la primeraoración del cuento: “Le cortaron el clítoris.”

Como metarrelato, a Nandirí le toca que Kahina le corte el clítoris, lo cual acontece de modo mayormente oblicuo: “El dolor era del tamaño del mundo. El dolor era azul.Se contuvo y trató de no desmayarse, pero ya era tarde. Se desmayó. Las comadronas, más oscuras que Nandirí, le echaban una sustancia que impediría la hemorragia”.

A su vez, a Kahina le toca cortarle el clítoris a Nandirí: “El bisturí avanzaba lento. La mano de la mujer [Kahina] no titubeó. El movimiento fue lento”.

Pero sobre todo, a Kahina le toca guiarla (con los ojos cerrados, pues los hombres se los habían cosido, “para que no mirara a los hombres”) por la senda de la rebelión micropolítica, cuya ruta la vieja ciega domina a perfección: “Conozco el camino.”

Rebelión que, en efecto, acontece de una manera marcadamente silenista; es decir, potenciando la posibilidad del vértigo literario. Por ello, después de cortarle el clítoris, Kahina, en silencio, pero decidida, como una flecha zen, la saca de la comarca y la lleva a una casa en otra aldea, donde Nandirí tendrá al alcance de la mano los utensilios médicos que necesita, “el hilo especial que le habían regalado las enfermeras menonitas,” para socavar esa misma tradición, “podía curarse,” cosiéndose el pedazo de carne cercenado (imagen que en otro cuento de Tannie Lee se replantea desde el falo grapado): “Porque lo que le había sucedido [a Nandirí], la tradición de los hombres, la mansedumbre de las mujeres, no era su destino”.

De ese modo trágico y a la vez rebelde, “[Nandirí] Tomó el clítoris, tomó las agujas, las ensartó infinitamente y abrió las piernas. Sabía que le dolería, sabía que sería fatal. Tomó la botella de ron que yacía sobre la mesa y bebió y se empapó el pubis. Colocó la aguja en la carne lastimada y ensartó la vulva. Lloró. Se mordió los labios y su gesto se hizo enigmático, repetitivo, lento. La aguja atravesaba la carne y surgía de ésta totalmente ensangrentada”; de ese modo trágico y rebelde, tanto Nandirí como Kahina reivindican una tradición que, en clave neofantástica, y desde una economía verbal prodigiosa, han decidido subvertir, sin querer queriendo, desde la privacidad de una casa a la que los niños de la aldea —los futuros hombres— tenían acceso, a distancia, por una ventana: “Buscó el marco de la ventana en donde estaba la luna y sólo vio aquel tropel de niños que la contemplaban [a Nandirí]. Los ojos negros de los niños la miraban hipnotizados”.

Marcada por la rebelión, la complicidad de Kahina y Nandirí resulta atroz. Atrocidad que, sin embargo, frente a la mirada impúber y distante de los niños, busca alterar el orden infame del tiempo tribal. De esa manera, como si nada hubiera pasado, Nandirí se cose el clítoris con la complicidad de Kahina: “El clítoris titubeaba y se balanceaba”.

Gracias a la visión de la vieja ciega, la joven mutilada se apresta a recuperar el centro micro político de la mujer: “Caminó hacia el interior de la casa y sintió que la idea de curarse la obsesionaba… Buscó las agujas de coser, prendió la estufita de gas y calentó las puntas”.

El silencio que habla, sobre todo al final el cuento, “El clítoris cayó al suelo. La enfermera lo tomó y lo depositó en la escudilla. La aldea estaba desierta.

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Esculturas humanas: Las inquietantes y hermosas esculturas humanas de Choi Xoo Ang

Choi Xoo Ang es un artista de medios mixtos originario de Corea del Sur, que crea esculturas figurativas de arcilla y resina con las cuales examina los derechos humanos, el estado patológico de la sociedad, del sexo y la política entre otros temas.

La modificación de sus proporciones para crear obras perturbadoras que desentierran emociones oscuras es algo sorprendente en esta obra que distorsiona la realidad. Las esculturas tienen expresiones conmovedoras; la ira y la frustración están escritas en sus caras. Choi trata al cuerpo como un medio maleable del cual aísla y descontextualiza sus partes, por ejemplo, las cabezas y las manos se multiplican y se utilizan para crear formas más grandes.



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Granja “Otro Orwell”

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El niño corre con la barra de pan duro bajo el brazo para ir a echársela a los cerdos y a las gallinas, como le ha sido ordenado por su madre:

-Hijo, lleva este barra de pan al corral y cochinera y échasela a los cerdos y gallinas.

Él lo agradeció, y salió corriendo hacia la granja. Al entrar, vio y sintió un alboroto en el que discutían las gallinas y un gallo cebado en las gallinas, los puercos, y hasta los tres perros, que junto con los dos Asnos y un garañón destinado a padrear, y tres caballos, una es yegua, cinco ovejas blancas, que por eso, por ser blancas, votarían en blanco, cinco borregos y un barbudo o cabrón, macho cabrío, a cual más, querían levantar su voz por encima de los otros. El gallo, alborotado, aleaba y cloqueaba, como entendiendo lo que se venía encima.

Había elecciones entre ellos, y mal agüero. Los perros, cual maleantes que utilizan el garabato del ladrido cual lobos dibujados en una pizarra de papel, querían imponerse demostrando su fuerza rompiendo con los dientes el cajón del dinero o Yunca, guarnecido y adornado con galones. Las gallinas, a una supuesta máquina de fabricar moneda o “guitarra”, la hacían sonar “a lo visto” repitiendo con sus pollos las palabras clo clo, y pi pi. El gallo, decidido y acometedor, con un canto o sonido a modo de grito chillón y destemplado como el que suele escaparse a algunos cantantes al atacar las notas altas de la escala, se subió al tejado del pajar donde se mostraban las papeletas del voto, y, cual volatero, entrando por el tejado, comenzó a revolver y romper las papeletas en que se votaba a los puercos para regir los destinos de la granja, pues como cantaba “no podía consentir ser zacoime, criado de confianza de la política cerda al uso, ni esperar como volquete el escrutinio de una granja de “mecheros”; y ki ki ri ki.

Los Asnos y el onagro levantaron la voz rebuznando por el dinero de las víctimas en los juicios y las sombras de justicia que dan sobre, ponen cebo a los sapos, abortos, enanos; y protestaban contra esta granja en veda, con veas, huertos, vayuncas, tabernas, untos, sobornos, sobres, destinatarios de la fe cual tubistas, ladrones que utilizan el soplete oxhídrico por el as de oros o culo, y se apropian de las conejeras y pesebres.

Los cerdos gruñían con alegría, mordisqueando un bordón, bastón o palo más alto que la estatura de un hombre, con la punta de hierro y unos botones como adorno de la cabeza, con el cual regirían los destinos de la granja. Este palo o bordón era con el que él guiaba al onagro, llevándole a pastar “el pasto del entendimiento espiritual”, pues como le decía su padre, “a este onagro se le empina la verga oyendo las campanas sonar”. Verga que él admiraba, y con la que soñaba para cuando fuera mayor, más hombre. Decían:

-Hoy es la trola. A votar se ha dicho.

Ellos sabían que los tres de menor o asnos pondrían sus nombres de puercos en la papeleta de lotería o tocomocho, tocados por excitados al robo o estafadores tentando la codicia. Los perros guardianes, le quitaron la guitarra a las gallinas, y empezaron a ladrar cual tasabelaores, verdugos, advirtiendo que darían tarugo y mordida a quien no consintiera consumar el timo. El perro más malo, el más hijoputa y vigolero, ayudante de verdugo, hacía verruguetas con la uña, turrá, en las papeletas con el fin de borrar los nombres de los otros animales, dejando sólo el del cabrón o barbudo, pues los borregos, las gallinas y el gallo, los perros y los caballos le votarán, quedando los asnos y los cerdos como prelados en sectas cristianas y protestantes. O en drama bucólico entre pastoras y pastores.

Un ruiseñor ganzúa se rujemaraba, se aprovechaba de la rují o flor del rulé, culo en rulos del cerdo mayor cual cartuchos de perdigones. Unos y otros se zamarreaban, maltratándose de palabra y obra y oración, no dejando arbitrio alguno para defenderse.

De pronto, majestuoso el cabrón, elegante como en charda de rodeo, feria de ganado, pidió silencio corneando a la yegua recitándole “donde hay yegua potros nacen”, diciendo:

-Hoy me siento como Ruspé, el adivino de Vilagomez, baratero de casa de juego. Sé que saldré elegido, y cual político que va al río y miente, yo ocultaré las cosas, me apropiaré de algo sin dar parte, sin astillar. Os gobernaré rilando, ventoseando junto a la acequia o norias al pie del retamo o capote de la granja, cobijo de maleantes. Echaré fresco a cada uno. Os azotaré, maltrataré, al mismo tiempo que adularé, lisonjearé a los vengainjurias que con ganchos de fulleros nos venden la castaña del orden y el bien estar trocando el sobre conteniendo por dineros recortes de periódicos.

El ladrido de los perros retumbaron hasta en los cercanos valles. A nadie, entre los animales, se le vino un mal o buen pensamiento. “Este es nuestro regidor”, celebraron los perros.

El niño les dio caritativo el buen pan duro, y de seguro aprendió muy bien la lección, no evitando que sus risas se parecieran al Rebuzno de su Onagro, o a los exabruptos y salidas arrebatadas y violentas en la conversación de su padre con su madre. Bien le hubiera gustado darle un varapalo a los perros, pero salió de la granja riendo, pues la soga que ataba a un perro casi le hace caer en el suelo.

Como era su reír, que una lluvia de dardos de papel le arrojaron cuatro mozalbetes amigos suyos del colegio, que le fueron a buscarle.



Autora imagen: Olivia Desay

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Menos mal que ni Diego Maradona ni Eduardo Galeano rigen los equipos de balonmano de Argentina y Uruguay

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Yo soy neófito en cosas de goles pero entiendo que Maradona es un taco metiendo gol con la mano [de Dios] y que Eduardo Galeano no se queda atrás con respecto a esa disciplina deportiva.

Viene al caso que nosotros -Venezuela- acabamos de ganarle a Argentina y a Uruguay, la medalla de oro en Balonmano de los recientes III juegos Suramericano de Playa.

Al parecer la prensa privada no se enteró de la noticia, puesto que no dijo ni pío al respecto. A Argentina le ganó nuestro equipo femenino mientras que a Uruguay le ganamos con el equipo masculino.

Menos mal que ni Maradona ni Galeano rigen esos equipos de tan rancia solera goleadora, porque de lo contrario, nosotros nos habríamos visto en aprietos; pero, triunfamos a la buena, afortunadamente.

Es probable que Cristina Kirchner y Pepe Mujica hagan paces -dejen eso de las papeleras- y se sienten juntos a estudiar el caso de sus respectivos y muy notables fracasos deportivos ante la pujante Venezuela, y al unísono, nominen a Maradona y a Galeano, directores técnicos de sendos equipos.

Se sabe que nadie en este Planeta sabe meter mejores goles con las manos que Maradona; y, a la vez, Galeano es un taco con la pluma, y taco es taco párese donde se pare.

La teoría carece de objetivo si no está relacionada con la práctica; es que la conjunción de la práctica y la teoría, armónicamente, conforma el más alto postulado de la acción humana.

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Plástica: Dibujos a lápiz de Dirk Dzimirsky

Hermosas obras hecha a lápiz de grafito. ¡Hay que verlas!



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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Mucho está entre tú y yo
y es lo menos que cambia también entre todos.
O mejor, en tú-yo-yo-tú,
se combina con nuestra sustancia propia y común.

Porque aquí, cuando estoy dizque lejos,
me adentro en lo ya descubierto,
me oriento a horizontes variables.

Y es tu suave voz tandébilytanfuerte
que con su luz no te an-ego.
Quisiera, pues, que habláramos de losotrosnosotros,
de lo harto que te esculcas
y nos necesitamos entre ellos.

Son actos en sí muy simples y anaxiológicos
y albergan las raíces para que vivamos con el fin de alcanzarnos.
Somos bastante y poco, como cualquier estante,
¡y cuánta nueva emoción con-tenida que fluye!

Es verdad
(locución general de menor resistencia),
bello es bregar
cuando el fruto máximo es igualmente mínimo.

Son cosas que se puede tardar en comprender,
pero bien necesarias.
Entonces tú y yo, simbióticos y muchos,
tenemos un motivo más para actuar;
quizás único y uno.

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Hablar de amor

Pablo Costa (Desde Bariloche, Río Negro, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Acaso la sangre que recorre
veloz y trepidante por tus venas
requiere direcciones o desoye
la fuerza vital que la disgrega?

Acaso el rayo es un diagrama,
o la pasión tiene olor codificado;
o una polilla en torno de la llama
sigue un vuelo de curso prefijado?

Darle palabras al amor es eso,
encadenar su alma, ponerle rejas,
confundir el corazón y el seso,

pretender que un verso lo explique todo.
Como si hablar de amor fuera preciso,
y amar, amar, amar, no fuera el modo.

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Bella

Pablo Neruda



Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.

Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella,

Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.

Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.

Hay países, hay ríos,
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.

Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.

Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.

Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.

Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
era mía, mi bella,
siempre.

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Música Maya

Argenpress Cultural

Grupo Sotz’il, de Guatemala, recreando música tradicional maya.



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