martes, 4 de noviembre de 2014

El camino a la lectura, como el camino a las profundidades, es un camino muy solo tanto de ida como de vuelta

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Topé en red con una reflexión que me sedujo, no sé por qué, pero me puse a escarbarla y tal si hubiese sido un cascabel me habría picado puesto que me dejé ir fascinadamente por el tema: La lectura: ¿una práctica en extinción?, del autor Marcelo Colussi.

Creo entender que el autor trata de significar la tendencia creciente a dejar de lado la lectura para recrearse en las tecnologías audiovisuales que por lo general presentan un paquete ideológico contentivo de pérfidos señuelos, valores del consumismo capitalista chupasangre.

Y, sensibilizado por el tratamiento del tema, estuve de acuerdo, puesto que en la medida en que nuestras sociedades sucumban a la globalización, valga que a obedecer a un solo patrón y para colmo, el capitalista, lo probable es que desemboquemos en el más catastrófico quiebre cultural habido hasta el presente.

Cada vez más el proceso comunicacional global tiende a afianzar el llamado método de la aguja hipodérmica, por demás nocivo porque no sólo coarta el derecho a expresarse sino inclusive, el deber de pensar con libertad, es como meter al individuo en un cepo y para colmo de males, maltratarlo al punto de una denigrante humillación.

El autor da a entender claramente que el creciente desuso de la lectura y el consecuente quiebre cultural puede ser una posibilidad a corto plazo, por lo que insta a estar moscapil (valga, mosca con las pilas puestas).

La invisible sombra del monstruo puede ser tal que cuando tú apagues el televisor, el celuloko, el video juego, la licuadora y etc. mil vainas, y vayas a pretender dormir para reanudar la rutina horas más tarde, mientras la Tierra da un sucesivo giro alrededor del Sol, un basurero hirviente siga curso en tu cabeza.

La lectura no es una actividad sin sentido, todo lo contrario, es un ejercicio inclusive físico, además de intelectual, cognitivo. La lectura es un vínculo del sujeto social con la historia; no es nada inocente que las corporaciones mercantilistas, utilitarias, del capitalismo salvaje, sean las que promuevan el desuso de la lectura, de manera sutil y venenosa, inundando el mercado, precisamente de libros de autoayuda contentivos de basura, para de tal manera desviar el interés hacia la criticidad de los clásicos del pensamiento universal y buscar el anclaje en una audiencia cautiva, manipulable, esclava y enajenada, para así, de esta manera, drenar los legítimos intereses de la sociedad hacia la lectura crítica, constructiva, hacia el estercolero, y castrar toda tentativa de liberación; tal vez la sociedad de consumo apela a aplicar aquello que dice que no hay peor cuña que la del mismo palo.

En sentido lato, la lectura es en mucho al desarrollo de la personalidad lo que las cabillas son a las paredes, una persona que no ejerza su derecho a leer y conformar sus propios criterios es en mucho como una hojita seca y liviana a la que la corriente lleva mansamente, sin resistencia.

Con la lectura, el lector desarrolla su inteligencia crítica, aprende a guiar el curso de sus pensamientos, califica para discernir apropiadamente todo lo que pueda o no estar a su alcance, pondera la realidad con suficiente aproximación, se orienta bien.

Estimo que existen categorías de lectores pero para no ir a profundidad me basta suponer una categorización al ojo por ciento -%- entre buenos y malos; confieso que yo soy un mal lector; el buen lector adquiere una apropiada velocidad de lectura y yo soy lento, tal vez la exagerada lentitud o la exacerbada prisa no sean lo más apropiado para comprender una lectura, para digerir una debida apreciación mental de la lectura; estos son otros aspectos del tema pero pienso que echan luz.

Ahora bien, siendo yo un mal lector -convicto y sinfeso (valga así)- podría yo no ser alguien autorizado para tocar el tema, mas, dice un refrán que los locos abren los caminos para que los sabios los recorran.

Por añadidura y para corolario, mi parecer es que el camino a la lectura es como el camino a las profundidades abisales de la consciencia, un camino muy solo tanto de ida como de regreso. Y más solo todavía, por la extrema complejidad de los esfuerzos mentales debe ser el camino de las creaciones literarias, particularmente, crear libros.

Y, a propósito de libros, bien dijo Borges en su “Ficciones”, que “... un libro que no encierre su contralibro es considerable incompleto…” (+ ó – sic).

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Arte urbano

ARGENPRESS CULTURAL

A partir del material publicado la semana pasada sobre músicos callejeros, y dado la buena de cantidad de mensajes que nos llegaron al respecto alabándolo, nos permitimos presentar hoy una suerte de continuación de aquel artículo.

Por lo tanto, aquí tenemos una serie de expresiones artísticas urbanas, todas de alta calidad.

¡Disfrutémoslas!











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Plástica. Desde París, Francia: el Museo D’Orsay

ARGENPRESS CULTURAL

Famosa pinacoteca parisina que atesora obras plásticas del siglo XIX, y especialmente de la tradición impresionista.



Situado en el corazón de París, a un costado del río Sena, frente al jardín de las Tuileries, el museo se ha instalado en la antigua estación ferroviaria de Orsay, un edificio construido para la Exposición universal de 1900, cuando se erigió la emblemática torre Eiffel. Así, de cierto modo el edificio es la primera “obra” de las colecciones del museo de Orsay, que presenta el arte de las últimas décadas, transcurridas entre 1848 y 1914.

Cronológicamente este museo cubre la historia del arte entre los maestros antiguos (que se encuentran en el Museo del Louvre) y el arte moderno y contemporáneo (que están en el Centro Georges Pompidou).

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Quise escribir un poema…

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



a Pablo Neruda

Quise escribir un poema en tu memoria
y volví a releer tu vasta historia.
Encontré aquellas letras engarzadas
“…puedo escribir los versos más tristes
esta noche…”
Y cayó paralizada
mi palabra.

Luego te reencontré, cuando dijiste
“Cuba, mi amor, te amarraron al potro,
te cortaron la cara…”
Pensé que no, que allí no han podido cortar nada
pero atacó el pudor y cayeron
avergonzadas,
mis humildes letras.

Seguí buscándote en cada verso
en cada frase.
Como aquella en la que dejaste impreso
un trozo de tu alma:
“…Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbradas antes a la pólvora…”
Y otra vez enmudeció mi pluma
de novata irrespetuosa, pretenciosa,
que aspira a decir algo
¡Cuando ya lo hubiste dicho todo!

Entonces, cabizbaja,
embargada de emoción y de respeto
alcé mis ojos hacia el cielo
y me adentré en el silencio más sentido.
El que hoy me obliga a comprender
que más allá de tu partida incompleta,
tras leerte y saborear verso por verso
de tu numen creador,
¡Hermano compañero!
El respeto me obliga
a guardar mis palabras
tal vez, para otro día…

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Pablo de nadie, Pablo del silencio

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Aquí nomás, en un pueblito costeño donde rompen las olas del mar postrándose ante la arena pasa sus días un ser incompleto, mitad hombre mitad niño que siempre se me ocurrió de espuma. Que se me ocurrió de arena.

Ver a Pablo deambular por las calles es estar frente a la imagen del abandono más imperdonable, es como presenciar el epílogo de una profecía ya que todo el pueblo vaticinó que el joven inacabado representa un peligro para los vecinos, sobre todo para las pocas personas que acariciamos sus pelos duros de mugre, donde el salitre compite con los piojos para ver quién dura más en esa cabecita.

Todos hablan de lo arriesgado que resulta que el chico ande deambulando por las calles donde los baches parecen bocas abiertas dispuestas a deglutirse todo y que más de una vez nos han hecho pensar si los misiles que se arrojaron en las guerras de oriente medio, no habrían impactado por sobre ese pavimento resquebrajado.

Pocos murmuran en voz baja por las dudas que los árboles escuchen y transmitan lo que realmente deberían haber transmitido los vecinos: la realidad tenebrosa de ese Pablo; la ausencia absoluta de las obligaciones del estado; de las instituciones que deberían ser contenedoras de jóvenes en su misma situación; de las iglesias a pesar de que hay tantas en la zona que hablan de pecado y amor al prójimo cuando nadie sabe quién será ese famoso prójimo y qué cosa tan extraña es el pecado que siempre asienta sus bases sobre la marginalidad. La ausencia evidente de organizaciones autoproclamadas de derechos humanos que tampoco se dignaron averiguar quién se debe hacer cargo de esa especie de alma errante, vagabunda, despreciada.

De haber un paro general y contara con la misma fuerza que tuvo la ausencia de protección para este joven y tantos en su misma situación, seguramente cualquier país vería resquebrajados los cimientos de la inoperancia histórica. De la desidia más obscena.

Pablo, el que me decía “yo te cuido, doña”, un día dejó de hacerlo atrapado ya de lleno en las garras de la droga que le ofrecen y se sabe quiénes, aunque de eso no se hable tampoco por considerarse peligroso. Aunque a esos se los llame señores en lugar de mafiosos, dado que el miedo suele reverenciar lo inmundo. Porque en ese, como en todos los pueblos costeños la bruma del mar que invade las calles en las noches crudas del invierno, tapa también realidades desde lo impúdico del olvido. Allí todos saben muy bien quién es quién. Quiénes son los que viven sin trabajar gozando de privilegios, comiendo todos los días, enmascarados tras antifaces cínicos trasladándose en autos de alta gama que ni intentan ocultar lo inescrupuloso de su accionar permanente.

Pablo se volvió agresivo, es decir, descubrió su acritud escondida entre los retazos descoloridos de la infancia, mucho antes de cumplir sus dieciocho años vacíos de amor, repletos de hambre y miseria. Si alguien me preguntara si existe superlativo de la palabra miseria, diría que no tengo dudas y lo mencionaría con su nombre, Pablo.

Al joven-niño porque su cerebro partido por la indigencia y por su genética lo dejó estancado en los siete años, se le prohibió la entrada a la escuela.

–Es muy agresivo, justifican. Golpea a sus compañeros, los lastima, tiene la fuerza de los locos, agregan, como para evidenciar que no es posible contenerlo y tal vez es cierto que no resulte fácil. Lo que nadie dijo fue que Pablo reprodujo lo que la vida le enseñó desde que abrió sus ojos al mundo hostil al que arribó, seguramente sin que lo llamaran. Empujado por la promiscuidad en alguna de esas noches donde el amor se vuelve ausente para dar paso al instinto, casi animal, embriagado por los vahos del alcohol y otras sustancias que vaya uno a saber qué extraña conjunción conforman como para descargar espermatozoides fallados que lleguen a destino.

Pablo, con su discapacidad cerebral fue un excelente alumno capaz de reproducir las lecciones de destierro y desamparo que corrompieron su alma en este mundo corrompido por los generadores de miseria que pocas veces asustan y poco se mencionan pese a tener nombres y apellidos. Pese a esconder sus falencias vestidos con cuello, corbata y guante blanco que los convierte en señores y señoras de baja estofa, aunque respetados.

Pablo debía tomar medicación de por vida como para equilibrar el funcionamiento de su cerebro resquebrajado, medicamentos que nadie le compró jamás. Pablo representó para sus “tutores” un importante estipendio mensual obtenido gracias a los favores de algún puntero que le otorgó un subsidio por discapacidad que jamás cumplió su destino final: el equilibrio de esa mente dispersa.

Tampoco hubo quién controlara dónde iba a parar esa colaboración aunque todo el pueblo supiera para qué se utilizaba. Todos menos los que debían hacer un seguimiento de la situación de la criatura.

Al no poder ingresar a la escuela, Pablo comenzó a ir todos los mediodías a la hora que sus compañeros salen de las aulas, con el fin de agredirlos físicamente. Imagino su corta comprensión cavilando sobre “por qué ellos pueden y yo no”. Pablo se habrá sentido un perro rabioso; Pablo fue discriminado por ser tonto, minusválido, en un mundo donde ser moreno y pobre cumple la inexorable ley no promulgada, aunque casi institucionalizada que lo condena al desprecio.

Nadie fue capaz de hablar con un juez de minoridad o si lo hicieron, cosa que no me consta ante la evidencia más angustiante, habrán hablado en arameo, como para que nadie lo entendiera. Tampoco hubo sacerdote que lo hiciera, ni docentes, ni funcionarios porque muy cerca suyo, con vínculos no reconocidos pero existentes, hay algún guardián de la ley y ya sabemos, es peligroso tirarse contra las jinetas que pisan duro y matan con demasiada celeridad. A los pobres.

Pablo de espuma, Pablo de arena como lo llamé algún día, me enteré que semanas atrás fue ingresado en el hospital con su cuerpito esmirriado literalmente molido a palos.

Seguramente se habrá hecho el “vivo” con alguien y éste se habrá defendido. Pablo es muy fácil de estropear a golpes, la única defensa que conoce es la de agredir primero para ganarle a la vida que lo descartó situándolo en el lugar donde se ubica a los residuos.

A Pablo lo mandaban a robar porque su impedimento lo colocó en situación de inimputabilidad y el botín que los jefes compartirían con él, serían apenas unas monedas que le alcanzarían para un paquete de galletas vencidas, tanto como para engañar al hambre que retuerce las tripas y gime pero es bastante ingenuo y se conforma con cualquier cosa.

Pablo está en la cama de un hospital como una cosa depositada al azar, donde tal vez coma algo más que galletas. Tendrá por primera vez una sábana que tape los moretones que quedaron como medallas, premio al que acceden con facilidad los “delincuentes” siempre y cuando pertenezcan a la categoría de pobres de toda pobreza, de todos los días, de cada momento.

No sé cómo saldrá Pablo del hospital donde se encuentra si acaso sale. No sé qué será de él, una vez recuperado, si es posible que eso suceda. Lo único que sé es que en caso de soldarse sus huesitos descalcificados, volverá a pasar sus noches bajo algún alero en una de las tantas casas deshabitadas en invierno. Hasta que algún día, tal como le juraron que habrían de hacer en caso de que “no se dejara de joder” aparezca con la cabeza agujereada tirado entre los médanos de esa playa que vio correr su hoja de vida envuelta entre la desvergüenza de un silencio cómplice de la barbaridad más espuria.

El chico es peligroso, dicen. El chico anda falopeado* todo el día, agregan. ¿Dónde consigue las substancias? Lo saben todos, menos los que deberían saberlo aunque también lo sepan.

Si tanta desidia no adquiere para la subjetividad popular un minuto de atención, estamos a un paso de una muerte anunciada, silenciada, oculta, porque la miseria social, económica y sobre todo la humana es la peor enemiga de la vida.

Y Pablo de nadie, Pablo del silencio, también merece vivir aunque parezca mentira…

• Drogado

Ilustración: “Pablo de espuma” realizado por alumnos del taller de la artista plástica Beatriz Palmieri

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Entre nosotros

Ariel Aloi (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hay como una línea de tiempo
entre tu espejo y mi medida;
una -tan finita- de pareceres y miradas
una línea, simple, de minutos y flores,
de alegorías y misterios.
Hay como algo, vos sabés,
de tiempo impertinente y loco,
de horas desentonadas y latitudes.
Sí, y de coordenadas en línea de tiempo.
como una pausa intermitente, prodigiosa.
Hay eso, ¿cómo se dice?
eso, tan sencillo, que los locos divagan
como una línea finita, de lejanía,
predicha en las coordenadas precisas
e imprecisas;
eso, tan sólo eso.
Hay como una línea, de días, y noches,
y rastros de noches advertidas,
por estar, sí, sólo estar.
Y días, y algún atardecer,
entre tus ojos y mi soledad.
Hay -quizás- una línea desnuda, tan
bellamente desnuda,
en mis rastros de tiempo, de sed
y de hoguera,
una línea, imperceptible, entre nosotros.

Ilustración de Jorge Gessaga

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Diferentes explosiones

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Antonio a veces escuchaba bombas, explosiones. Parecía una guerra en que cada explosión era gente muerta. Pero entonces, ahí, no era una guerra. No era la muerte de nadie. Solamente cohetes para festejar algo. Bombas de vida. O por el fin de año, o por una fecha patria, o por un cumpleaños.

Pero bombas que también siempre le recordaban cuando era chico y vivía en Londres con sus padres, y había un permanente bombardeo de los alemanes, lo que era un escándalo en esa época, porque era un bombardeo a civiles de ciudades ya que hasta entonces las guerras se libraban entre ejércitos.

Bombardeos en que también se arrojaban muchas bombas que hacían un ruido parecido a los múltiples cohetes que Antonio escuchaba en los festejos de vida. Parecidos pero con un significado opuesto, contrario. Pero en cambio se sentía mal las pocas veces que escuchaba solamente una explosión. Porque eso le recordaba la única explosión atómica que hubo en Hiroshima y la única explosión atómica que hubo en Nagasaki. Única explosión que, supo después, en Hiroshima causó 40.000 civiles muertos y en Nagasaki 140.000.

Lo que le recordaba también lo que en esa época descubrió de los norteamericanos: que ellos aprendieron de los alemanes nazis cuando bombardeaban Londres matando civiles.

Aprendieron de ellos y los perfeccionaron, matando así mucha más gente que ellos: civiles, mujeres, nenitos y viejitos.

Solamente con dos bombas atómicas hicieron más que los alemanes nazis en Londres.

Por eso Antonio prefería escuchar más de una explosión.

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Crítica literaria: “Los dientes del dragón”, de Hubert Lanssiers

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Contaban los griegos que Cadmos, fundador de Tebas, mató un dragón y enterró sus dientes en el campo. De inmediato la tierra se cuarteó y, en lugar de espigas, asomaron cascos de bronce, puntas de lanza y, finalmente, hombres armados: todo un ejército fantasmal programado para matar”. Me preguntó si no estamos, nosotros, sembrando “los dientes del dragón” sin darnos cuenta de que terminaremos siendo triturados por ellos”
Hubert Lanssiers (Bruselas, 1929–Lima, 2006)

Este filósofo que fue ordenado sacerdote en Tokio a los treinta años, vivió cerca de las guerras de Camboya y Vietnam. En Perú, a principios de los noventa fue Presidente de la Comisión Gubernamental de Diálogo con los Organismos de Derechos Humanos, grupo que logró la liberación de 1200 personas que sufrían condenas injustas. Desde la Obra Recoletana de Solidaridad brindó ayuda a los internos y sus familiares, además de apoyarlas en la comercialización de su trabajo.



Su nombre evoca un sentimiento de amor a los desposeídos. Su ausencia es notoria y dolorosa, escribió más de un peruano de bien. Fue considerado un lamed – waf, que según una leyenda del Talmud, es “un místico con corazón abierto que logra escrutar muchos de los desastres que el ser humano se empeña en producir a sus congéneres”.

Los dientes del dragón es un libro, divido en cuatro partes y sesentaicinco crónicas, a través de las cuales ofrece reflexiones humanas, su preocupación internacional, la justicia en el Perú y una breve radiografía personal en el país donde estuvo más cerca de los condenados de la tierra.

Su vida y obra reluce en una sexta versión, corregida y aumentada, auspiciada por Ediciones Cope - Petroperú, empresa que no cesa de recibir presiones para su privatización - oleadas que hay veces son razonables por su densa carga burocrática - al extremo que se le niega el derecho de haber restablecido el Premio Nacional de Cultura, suspendido hace más de un cuarto de siglo.

Esta publicación, seguro que tampoco se exime de crítica, si se lee, por ejemplo, la mención que el autor hace de Chejov: “El hombre, al nacer, debe elegir entre tres caminos, no hay otros. Si toma la izquierda, los lobos le comerían, si va por la derecha, será el quien comerá a los lobos, y si escoge la vía del centro, se comería a sí mismo”.

Al analizar la violencia política en el Perú, precisa:”… esta frase no es enfermedad como lo presentan los psicólogos: es lucidez…La democracia parece débil a la violencia, porque sus reglas son activamente reconocidas solo por una memoria…Más allá de la violencia política reina la violencia de consumo corriente, la violencia banal, la que no genera disertaciones doctorales porque es inorgánica, temida y tiene toda la poesía luminosa de las aguas servidas…”

Advierte que el peligro más grave que afecta la vida misma no procede del egoísmo consciente del individuo, sino del egoísmo colectivo, legitimado por instituciones y códigos, y que constituye la atmósfera social en la cual vivimos.

Por cierto el diagnóstico sigue vigente y más complicado aún: “Vivimos en ambiente de violencia solapada y continua, exasperante y nueva, que indica… “una especie de estado comatoso”.



Conforme pasan los días esa realidad es más compleja y extensa como se vive ahora: Hospitales en huelgas, servicios postales paralizados. Desabastecimiento de medicamentos. La prensa frívola hace soñar a más de una dama el sillón de un imperio. Se consolida el narco-poder. La corrupción se extiende: hasta los viejos oligarcas se rasgan las vestiduras por la corrupción descentralizada – regional, local y global.

Lo más sorprendente del Perú para el sacerdote Lanssiers fue el culto universal que se rinde a la viveza y la criollada. “El ser engañado y engañar eran elevadas a la categoría de bellas artes y la definición del civismo no figuraba ni siquiera en el discurso de los vocablos esotéricos…Desde fuera es un país surrealista. El pueblo sigue llorando sobre la suerte de las heroínas de la telenovela, huelga de posibilidades la letanía de abusos se podría alargar usque ad nauseam los nidos de escorpiones”.

Por qué se queda en el Perú, le preguntaron más de una vez: “Este país tiene la exasperante virtud de sacar a la superficie lo mejor que uno tiene…también lo peor”.

Con una sensibilidad que engrandece al humano, el sacerdote Lanssiers estuvo muy cerca del infierno de la violencia y pudo reconocer sus crueles raíces. Cuando un poeta fue liberado de la cárcel le pidió la presentación pública. Y el dijo: “Quienes amamos este país con una pasión rabiosa, sentimos la urgencia de luchar para apagar la tristeza de los poetas que murieron de la patria como Valcárcel cuando escribía: “La palabra Perú llena de sangre” o Juan Gonzalo Rose en sus versos formidables “Para comerse un hombre en el Perú hay que sacarle antes las espinas”.

Concluye su explicación con un himno de esperanza, recordando otra vez a Valcárcel y su frase “Perú patíbulo de justos”, pero no se aleja de ese sentimiento noble que prima en estos hombres y mujeres, que a pesar de los insultos, siguen luchando por los derechos de los desposeídos.

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Dos poesías

Macario Coarite Quispe (Desde Bolivia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Te extraño

Un extraño te extraña
En un año extraño,
Un día extra
Y hora inesperada.

Extraña espera
Se desvanece
En un instante
Y resiste
Con el respiro
En la fría madrugada.

En la espera extra
El extraño
Le espera
A la extraña.

_________

Atardecer

Me asomo al atardecer para versar estos versos
El horizonte crepuscular ensombrece
el recuerdo de tu semblante
Cae la tarde y con ella
la remembranza de tu nombre

Me asomo al atardecer…
El único ojo del mundo
se lleva el más bello recuerdo tuyo
Que la luz del hermoso día
me lo dio…

Me asomo al atardecer para versar estos versos
Mi único recuerdo tuyo comienza a agonizar
con la lumbre del padre sol
La tarde comienza a cantar
con su gélido abrazo

Me asomo al atardecer…
Tu bello rostro se pierde
con el crepúsculo
Mi sueño del día se diluye
Una señal me dejas,
el triste atardecer
El atardecer está agonizando
En él perece y no fallece
el recuerdo tuyo

Me asomo al atardecer para versar estos versos
Caigo con el moribundo celaje
Me quedo con el único recuerdo tuyo,
Tu nombre…
Siempre presente…
El último pestañeo
me abre a la eterna noche
Mi eterna muerte…
La soledad…

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El ojo izquierdo de la cabeza derecha

Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Incoherente este título, ¿verdad?

Y usted, amigo lector, amiga lectora, que está leyendo éste texto para tratar de encontrar la lógica del título, seguramente se está preguntando si se trata talvez de un feto fenómeno, o de un extraterrestre, o simplemente de la jerga demencial de un “escribidor” borracho.

No. Nada de eso.

Se trata simplemente de un nuevo estilo periodístico puesto en boga por los apóstoles de “las nuevas realidades” del neoliberalismo, los “periodistas democráticos”, los “moderados” de la información socio-política que en la prensa hablada y escrita adoptan, en nombre de la “neutralidad periodística”, una retórica ambigua, abstracta y cantinflesca, -pero siempre indulgente-, cuando se trata de denunciar los atropellos oficiales, patronales o imperialistas contra la clase trabajadora o desempleada, a la que ellos llaman eufemísticamente clase “menos favorecida”.

Después del café sin cafeína, de la cerveza sin alcohol y de los alimentos sin colesterol, nos llega ahora el último invento de la ciencia neoliberal: el periodismo sin sentido ni contenido, esterilizado, sin conciencia social pero con lenguaje genéticamente modificado, el periodismo “junk food”, pero dietético, puesto que después de leerlo nos deja intacto el apetito de información al dejarnos una sensación de vacío, de decepción por su contenido irreal, talvez bien presentado pero desnaturalizado, mas estético que ético. Es algo así como los senos de silicona, que entretienen pero no logran satisfacer a los amantes de la autenticidad femenina.

Últimamente, a causa de la crisis financiera mundial, -que no es otra que el fracaso del sistema neoliberal-, los medios de información, -auténticas armas de desinformación masiva,- han adoptado abstractos neologismos eufemistas: a los despidos colectivos le llaman “Ajustes de rentabilidad”; a los desempleados les llaman “Recursos humanos disponibles”; a la oposición se le llama “Terroristas”; a la tortura la llaman “técnicas de interrogación persuasiva”; y para vincularnos como cómplices del imperio americano denominan a todo el hemisferio occidental como “nosotros, los occidentales”.

Por otra parte, hay que admitir que -al igual que a los defensores de los derechos humanos y las ONGs solidarias-, el hecho de tomar posición por el periodismo honesto y combativo equivale a tomar posición ante el paredón de los sicarios a sueldo de los reaccionarios ultraderechistas, opuestos a la divulgación de la verdad y la realidad. Pero la prudencia excesiva de los medios alternativos ante los inquisidores de la extrema derecha no debe llegar al extremo de atropellar la semántica ni disfrazar de bufón la sintaxis, ni de revisar y corregir la realidad social en defensa servil de las clases opresoras, o peor aún, de constituirse en los portavoces cotorriles de los jerarcas del neoliberalismo depredador.

Es obvio que a los panfletos exclusivamente publicitarios o a los de farándula no les puede pedir que tomen una posición socio-política a favor de las clases subyugadas. Pero el periodismo solidario, supuestamente popular, sí es condenable que tome como una farándula las penas y miserias de la clase trabajadora, las angustias de los desempleados, ignorando o condenando tácita o implícitamente las reivindicaciones populares, las conquistas sindicales o las luchas sociales, verbigracia el actual proceso revolucionario en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, tras el sofisma plutocrático de que “son un lastre que obstaculiza el progreso de la democracia”, es decir de la plutocracia.

Para esos lacayos, profesionales del periodismo eunuco, como CNN, Globo, Prisa, TELEVISA y “Reporteros sin fronteras”, su abyección y su servilismo proimperialista no es una vergüenza: es una profesión. ¡Y la ejercen con orgullo!

Pretextando el absurdo de que la información sobre la delincuencia y la corrupción oficial solo sirven para incrementarlas aún más, esos proxenetas de este sistema social prostituido pretenden justificar su silencio ¡e imponerlo! desconociendo la realidad social y las causas reales de la injusticia y la miseria. Pero nada hay más falso y contradictorio que ese pretexto: ésa es la política del avestruz, es pretender ocultar con la mano la luz del sol. No es de extrañar entonces que ellos se hagan voluntariamente ciegos y sordos ante las causas socio-políticas de las calamidades de los oprimidos, y en cambio le den amable y comprensiva acogida en sus panfletos a todos los tránsfugas, desertores y “disidentes” de la lucha popular. Pero los problemas no se resuelven ignorándolos. Por el contrario, se agravan. Porque darle la espalda a la realidad, a la vez que se le da fastuosa vitrina a lo superfluo y lo trivial, es darle carta blanca a la corrupción y a la impunidad.

El primer deber del periodismo alternativo es denunciar, acusar, condenar a los violadores de los derechos humanos y laborales, así como a los violadores del derecho de autodeterminación de los pueblos.

Por último, y para comprender un poco la incoherencia del título: es evidente que los cipayos, sicarios y mercenarios asalariados del periodismo corporativo nunca tienen -ni quieren tener- una visión social ni humanista de los problemas socio-políticos, es decir una visión de izquierda… y menos aún los cabecillas de la ultra-derecha.

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Madres hay muchas

Aldo Luis Novelli (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



A las que son madres, a las que fueron y las que serán.
A las madres que quieren serlo.
A las madres que no quisieron y lo son.
A las madres que no parieron.
A las madres animales de todas las especies.
A la gran madre natural: la madre naturaleza.
A la patria madre: la matria.
A la madre que nos cobija: la pachamama.
A las madres que se hicieron putas, para poder ser madres.
A las putas, madres de mil hijos soñados.
A la gran puta madre que nos hace blasfemar.
A la madre de Dios.
A las infinitas madres de Dios.
A las madres obreras, oficinistas, cocineras, lavanderas y guerrilleras.
A las madres de la plaza.
A las madres que se desangraron en la lucha.
A las madres de los 30.000 desaparecidos.
A las madres de los muertos en combate.
A las madres de los sobrevivientes.
A la madre que nos parió.
A la madre de mis hijos.
A mi madre.
A todas ellas
mi admiración
por la inefable maravilla de ser madre.

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Carta a un amigo adversario

Rodolfo Bassarsky (Desde Galicia, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Pienso que tipos como vos son socialmente valiosos. Apasionados, firmes en sus aseveraciones, convencidos y contundentes. Defensores de causas justas y solidarias. Fieles promotores de soluciones y utopías que ayuden a desfavorecidos y desamparados. Luchadores natos que morirán luchando. Heroicos próceres anónimos. Tipos que adoptan una ideología con coherencia, ideología que adaptan a sus características temperamentales. Personas que independientemente de su acervo intelectual y de su inteligencia, utilizan al máximo las herramientas de que disponen.

Próceres anónimos que tiñen a todo y a todos de negro o blanco y prescinden de los infinitos matices grises. Maniqueos involuntarios de derecha o de izquierda, de abajo y de arriba.

Pienso, también, que si todos fuéramos así, la sociedad sería un caos. Estaríamos en permanente conflicto violento y los individuos y las sociedades poco podrían progresar en los aspectos que nos caracterizan y condicionan como hombres: fundamentalmente el conocimiento y el espíritu gregario. Se limitarían gravemente las actitudes comunitarias y solidarias, se resquebrajaría profundamente el respeto mutuo y en el deseo de poblar el planeta solamente con los buenos y borrar de la faz de la tierra a los malos, se convertiría el mundo en un campo feroz de batalla ideológica. Individuos buenos o malos según propios patrones éticos subjetivos y preestablecidos.

Otras personas nos ubicamos en posiciones menos apasionadas y menos heroicas, más tibias. Menos rotundas y más dubitativas. Adherimos a las ideas de amplio pluralismo en todos los órdenes de la vida social. Respetamos y escuchamos más. Nos tomamos más tiempo para las respuestas y procuramos precederlas de reflexiones que moderen y maticen los conceptos. Flexibilizamos lo que consideramos diferente pero aceptable. Nos ponemos en la piel del otro con cierta facilidad. Nos atrae más el orden y la paz pero nunca el inmovilismo ni el conformismo obsecuente o indolente. Podemos defender con firmeza y convicción nuestros pensamientos pero atentos a las ideas de opositores y distintos.

Tiene tanto valor para nosotros el camino como la meta y como los resultados suelen ser utópicos, se hace necesario poner en valor el recorrido y las tendencias. Nos interesa la alternancia y la diversidad.

Somos también - estoy convencido - gente socialmente valiosa.

Pienso que si la humanidad se convence de que ambas maneras de pensar y encarar la vida son valiosas para todos, seguiremos en la buena senda.

Parecería que esto está sucediendo a juzgar según una mirada de larga perspectiva de la historia de los hombres, cosa que en mi opinión, nos permite no ser catastrofistas como tantos. O por lo menos ser bastante optimistas de cara a unas cuantas centurias más.

Ambos grupos reconocemos el valor de pocos principios irrenunciables. Principios y valores relacionados con nuestra civilización y nuestro tiempo como por ejemplo la ley y el estado de derecho, la democracia, la libertad, la igualdad de oportunidades, pero que - valga la expresión - "gestionamos" de manera total o parcialmente distinta.

En resumidas cuentas vos y yo, aunque somos representantes imperfectos de estos dos especímenes que acabo de reseñar, conservamos nuestra fundamental condición humana. Obviamente no somos de puro pedigree.

Me alegra profundamente que estemos dispuestos a convivir aun admitiendo que nuestra convivencia podría ser incómoda. Somos amigos adversarios. Muchos de los "tuyos" y muchos de los "míos" son más autoritarios y se resisten a admitir una convivencia entre adversarios lo más pacífica posible.

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Los colores metafísicos del barrio

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En La Boca, en Buenos Aires, las casas tienen los colores de Benito Quinquela Martín, un pintor de marinas y de barcos carboneros. En mi ciudad, hay barrios cuyo color está ligado a sus avisos de tienda, a los anuncios de cerveza y gaseosas, al delantal de la mujer negra que saca los perros a un paseo matinal. Hay barrios, en esta ciudad ineludible, que tienen el color del tango. Ah, ¿y cuál es ese? Son más bien colores metafísicos, diversos, que tienen que ver con las soledades y los desamores; alguno dirá que entonces podrían ser los colores de una calesita, con imágenes de infancia en un parque de diversiones; otro podrá afirmar que su barrio tiene el color de las tizas de billar, ah, sí, claro, billar y reunión, y otro más interiorizado dirá que en su barrio una garúa permanente llueve por dentro. En la intimidad…

Otros barrios -los he visto y vivido- tienen los colores de las peladas en abril, o sea, pieles frescas, piernas ansiosas y un sueño en todo el cuerpo, un sueño de amor, un descubrimiento del lenguaje del corazón. Son barrios contentos, con sonrisas recientes. Hay barrios que con su nombre ya son parte de un color, de una implícita paleta: por ejemplo, La Floresta, Prado, Miraflores, Las Brisas y uno muy particular, con calles solas y árboles que “pintan sombras”, denominado precisamente Los Colores. Son barrios para imaginar. O, si se prefiere, para pintarlos como cada uno quiera.

Así, me parece, que Buenos Aires, el de aquí, el de Medellín, que tuvo hace décadas su calle principal sembrada de guayacanes, hoy tiene el color del hollín, también el de los viejos campesinos del oriente de Antioquia y sobre todo el de las fritangas callejeras. Y Boston, con moribundos caserones de tejas, el desaparecido color de las barras de esquina. Solo se conserva en la morriña de los que por allí habitaron. Ah, ¿y Manrique?, antes tuvo el color de los bandoneones, ahora el de las prenderías y los bazares de ocasión.

Hay barrios color de luna. Es si no caminar nocturnamente por sus calles y se podrá comprobar. Hay otros, color cartón, color tabla, color zinc, con una oculta belleza que la capta quien los ve por primera vez y tiene ojos de curiosidad. Hay barrios color ángel y otros, color piedra. Hay uno, único, con los colores del trabajo y se llama Barrio Triste, con una iglesia gótica, con mármoles de Carrara y vitrales belgas, en la que Dios, en cada oficio, se viste de overol.

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Desde Vietnam, Tres poesías

Nguyen Bao Chan



MEMORIA
La memoria juega al yo-espío
Con aquellas cosas que uno recuerda
Halla una muñeca de madera
Y sueña un bosque
Recoge un caracol
Y escucha las olas del océano
Ve los rayos del sol naciente
Y experimenta la tibieza de los besos
Roza una piel desnuda
Y se quema con las brasas del amor
Sorbe el rocío de la noche
Y sufre nuevamente una antigua sed
Toca el río
Y las ondas se alejan
Se oculta
Y descubre el cielo
Gira sobre sí misma
Y cae en el abismo...

AMOR SILENCIOSO
Nunca me has visto
Soy la suave luz del amanecer.
Tú siempre despiertas más tarde
Que mi amor puro.
Tú nunca me has escuchado.
Soy el murmullo de la noche
En los brotes del árbol.
Tú nunca te estableces.
Siempre te hallas en nuevos lugares.
Tú nunca me has reconocido.
Los rostros de tantas mujeres
Permanecen en tu memoria
Ninguna de ellas tiene mi rostro.
Muchos pequeños pétalos
Han caído de tu mente.
Uno de ellos soy yo
Desde entonces la flor libera su fragancia.

SILENCIO
Hay algo que no puedo decirte
Soy tan silenciosa como un gusano de seda
Hilando una brillante hebra.
Despliego mi amor a los rayos del sol.
Tejo mi amor en el interior de la luz.
Tú eres la impaciente lluvia
Que humedece la seda que hilo.
Traducciones de Esteban Moore

Nguyen Bao Chan nació el 23 de noviembre de 1969 en Haiphong, Vietnam. Se graduó del programa de Escritura y Edición de la Universidad de cine y teatro de Hanoi en 1991, y actualmente trabaja como editora y guionista para Vietnam Televisión. Nguyen Bao Chan ha publicado dos libros. El primero, El río quemado, 1994, recibió un premio de la Unión vietnamita de arte y literatura. El segundo, Atravesando el invierno, fue publicado en 1999. Es una de las cien poetas vietnamitas incluidas en el resiente antología bilingüe La musa desafiante: Poemas vietnamitas desde la antigüedad hasta el presente, publicado en 2007.

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El misterio de la belleza

José Luis González (Desde Santiago de los Caballeros de La Antigua Guatemala, Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Confieso que sólo hasta que leí -y medité con detenimiento- la máxima que se le atribuye a Víctor Hugo, cuyo tenor dice: «La muerte y la belleza son dos cosas profundas que tienen tanto de azul como de negro y parecen dos hermanas, terribles y fecundas, con un mismo enigma y similar misterio» (1), advertí de que no sabía realmente qué era -y qué es- la belleza, aún cuando creía saberlo, porque pensaba -como muchos- que se trataba de un simple adjetivo de uso corriente, como la moneda bien maculada del trato diario, para calificar estéticamente algo. Entonces, me surgieron las siguientes interrogantes: ¿Es posible atrapar la belleza en un concepto? ¿Cumple la belleza una función relevante y fecunda en la vida? ¿Se pueden definir los contornos y parámetros -si es que los tiene- de este sublime y anhelado valor? ¿Dónde exactamente se puede hallar? ¿Es posible pensar que el misterio de la belleza es una de las razones por las cuales la vida (la vida plena, por supuesto) se hace posible y digna de ser vivida? Caí en la cuenta al final, dándome prácticamente por vencido, de que la belleza es, como la muerte, un enigma avasallador.

Desde luego, reconozco mis limitaciones y sé que tales interrogantes son de difícil contestación, por lo que no tengo la intención de dar en este texto respuestas o pretender ofrecer una guía concluyente de pensamientos necesariamente válidos, sino más bien exponer un itinerario personal de búsqueda y tanteo dentro del marco de referencia que proporcionan aquéllas preguntas; apenas un sondeo sobre el sentido de la belleza como misterio y cuya búsqueda constituye, para mí, una de las tareas más altas y apreciadas a las que pudiera aspirar el ser humano. En otras palabras, dar unas pinceladas que reflejen el efecto maravilloso de la luz, como los pintores impresionistas, a sabiendas de que dibujar con precisión los contornos de la belleza, que es una luz tan intensa, es acaso una empresa utópica.

Para comenzar, obsérvese que la belleza no sólo es -como podría creer la mayoría- una percepción (experiencia sensorial) que procura una sensación de placer o un sentimiento de satisfacción; o bien una disciplina filosófica o artística, de la cual sólo entiende un pequeño sector erudito, que, con una serie de galimatías, se ocupa del estudio de lo bello como parte de la teoría de los valores estéticos. También, a mi juicio, podría ser la noción de algo profundo y esotérico (en el sentido de incomprensible y de difícil acceso), y, por consiguiente, indecible e inefable. Indecible porque como concepto no hay nada que decir, no tiene un significado cerrado; y es inefable, porque es inexpresable, es decir, no alcanzan las palabras para referir algo que parece infinito e inagotable.

Además, la belleza es subjetiva, relativa y contextual, lo que le agrega un grado de mayor complejidad y de extensión, pues no hay una verdad universalmente válida que pueda construir un único paradigma, aunque evidentemente se haya tratado de universalizar como consecuencia de un ciego etnocentrismo y, a la vez, se haya banalizado y vulgarizado con el materialismo y el consumismo a que nos conduce el capitalismo más extremo y absurdo. De cualquier forma, depende del criterio particular, de factores externos como el medio y el círculo cultural, y también de las circunstancias de tiempo y espacio, pues como dijo el escritor japonés Junichirò Tanizaki: “En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra.” (2)

Para ampliar las ideas anteriores, a continuación expongo, a título de ejemplos, cuatro propuestas estéticas que, a mi criterio, tienen como denominador común el sentido misterioso de lo bello, porque, como se verá, son de contenidos indecibles e inefables, aunque estoy consciente de que, siendo tan subjetiva la belleza, mis afirmaciones son perfectamente cuestionables. Veamos.

1. La naturaleza como entorno. Sin duda todos hemos visto más de una vez algún memorable e impresionante paisaje de la maravillosa y exuberante naturaleza, que no sólo se reduce a una imagen como si fuera un simple cuadro, sino a un espectáculo de armonías perfectas que producen en el acto un placer indescriptible.

Una mente sensible, por ejemplo, al contemplar el alba intuye la noción de algo genuinamente bello, que desde luego la literatura puede describir con el uso adecuado de metáforas; tal como lo hizo el escritor mexicano Ángel del Campo:

«El alba, un alba de espléndido colorido, comenzaba a dilatarse derrochando sus toques en el horizonte. Allá flotaban los indecisos contornos de la bruma, destacados apenas en los matices delicados de las manchas de claridad en un fondo gris azulado que evocaba el recuerdo de las irisaciones del nácar. En la banda rosa del amanecer, la nube se teñía como un fantasma ensangrentado, como una túnica de novicia iluminada por un reflejo de incendio, errabundo Proteo que al capricho va del aire, ya pálido encaje, ya vivísimo copo que se disolvía por fin en un lago de blonda claridad. Una orla de lila invadía las fronteras dudosas de la noche, en cuyo fondo sombrío, llama de plata, la estrella del Boyero parpadeaba para perderse.» (3)

A pesar de que es preciosa la descripción de ese amanecer y es soberbio el uso de las alegorías, la experiencia sensorial placentera que provoca y que calificamos simplemente de bello, sigue siendo inefable para el espectador, de la misma forma en que son indecibles las fuerzas -al parecer ocultas- que subyacen en esa aurora de belleza enigmática, pues si alguna vez logramos un lenguaje que tenga el poder de expresar todo, entonces tal vez podamos prescindir de las metáforas.

La belleza misteriosa de la naturaleza cobra aún más resplandor, cuando se la contrasta con la presencia imperfecta, y por momentos miserable, del ser humano, que siendo parte de aquélla a veces resulta hasta irónico pensar que el cielo sea el mismo para todo el mundo. Así lo retrata muy bien Dostoievski:

«Era una noche maravillosa, una de esas noches, amable lector, que quizá sólo existen en nuestros años mozos. El cielo estaba tan estrellado, tan luminoso, que mirándolo no podía uno menos de preguntarse: ¿pero es posible que bajo un cielo como éste pueda vivir tanta gente irritable y caprichosa?» (5)

2. El cuerpo humano y su significado. La belleza resulta aún más compleja de abordar, cuando se trata de hallarla y entenderla en el cuerpo humano; pues, mientras un pintor se enfrenta con las reglas técnicas de la proporción y la simetría para representar la belleza corporal, para el escritor guatemalteco, Enrique Gómez Carrillo (quien decía que tenía un amor genuino por la belleza), consideraba que era «una profanación, un pecado y hasta un crimen ostentar con cinismo un rostro mal formado»; en consecuencia, para él, las mujeres tenían el deber sagrado de gustar, o, al menos, de no disgustar. «Una carita ‘chiffonnée’ -decía- sin rasgos correctos, con tal que sea simpática y que esté animada por un reflejo de dulzura, basta para seducirme.» (6)

Y en tanto que la teoría estética en Occidente debe responder «a exigencias tanto teóricas (¿qué es la belleza?, ¿en qué condiciones es cognoscible?) como prácticas (¿qué cánones, qué gustos y costumbres sociales permiten llamar «bello» a un cuerpo?, ¿cómo cambia la imagen de la belleza con el tiempo, y cómo cambia en relación con el hombre y la mujer?)» (7); para Emma Chirix analizar el cuerpo desde el punto de vista histórico y político «permite traer a la memoria la invasión del nuevo mundo, y lo que interesa conocer es cómo este hecho impuso un modelo sexual y un modelo de belleza. Sobre este último concepto Miguel Güémez Pineda -a su vez- señala: “…Se han impuesto modelos de belleza occidental y sus prototipos masculinos y femenino y están regidos por los rasgos físicos europeos como la piel blanca, el cabello rubio claro”, a esta influencia occidental el autor la define como “la colonización del cuerpo” y para las mujeres indígenas implicó silencio, atropello, mano de obra barata, atadas a la servidumbre y al esclavismo, a la monogamia y a la construcción de la ideología del mestizaje (…) Las mujeres fueron siempre instrumentalizadas para satisfacer el apetito sexual del hombre blanco y así asegurar la mezcla de sangres para mejorar la raza. Política de blanqueamiento alimentada y promovida por los estados incipientes.» (8)

En todo caso, tal vez la belleza no radica en el cuerpo precisamente, sino en su significado, es decir, en las emociones y valores que expresa y que representa para cada quien. Contemplar un cuerpo desnudo, a decir a la crítica de arte, Gabriela Galindo, «produce una compleja mezcla de deseo contenido, restricciones morales, prejuicios y emociones encontradas, que nos confrontan con la fuerza de la expresión y la vulnerabilidad de la desnudez expuesta. La sutil asimetría de los cuerpos imperfectos (porque todos los cuerpos son imperfectos) es el gran atractivo y posiblemente donde reside su gran belleza». (9)

La belleza corporal, entonces, puede ser esto o puede ser aquello, puede ser sensualidad y puede ser reflexión, puede ser técnica y puede ser práctica, puede ser sutil y puede ser voluptuosa, puede ser virtud y puede ser pecado, o bien puede ser todo a la vez. Pero la experiencia propiamente cuando se contempla un cuerpo, que para uno tiene belleza, es el resultado de una intuición misteriosa imposible de conceptualizar.

3. La música: “Más allá de las palabras”. El escritor mexicano Carlos Fuentes señala que la música es la exponente más abstracta de todas las artes -comparable en esto a las matemáticas-, «pues no posee, propiamente, concreción material. Entra por el oído; transforma el corazón y la mente; y afecta nuestra materialidad mediante una espiritualidad sin mácula.» (10) ¡Y ya!

En ese procedimiento en apariencia tan simple, descrito genialmente por Fuentes, radica, justamente, la belleza de la música, pues sabemos y reconocemos que esta expresión artística tiene sin duda un valor estético tan poderoso que desencadena en el humano un estado emotivo determinado, más allá de las palabras que pudieran conceptualizarla, pues sólo sugiere y evoca, pero no significa algo definido y eso nos tiene que bastar. De nuevo nos encontramos con la noción de algo elevado, completamente inefable e indecible.

A sabiendas de que la música es variada y los géneros diversos, igual como son los criterios y gustos, a título únicamente de ejemplo traigo a colación las colecciones de piezas para piano conocidas todas únicamente como “Canciones sin palabras” (Songs Without Words), del compositor Felix Mendelssohn, quien, con ocasión de la sugerencia que le hiciera Marc-André Souchay de dar título a cada pieza para orientar al oyente, respondió en una carta fechada el 15 de octubre de 1842 así:

«Hay tanto para hablar sobre la música, y sin embargo realmente tan poco para decir. Por mi parte creo que las palabras no alcanzan para ser un objetivo en sí mismas, y si me diera cuenta que alcanzaran, ciertamente no podría tener más nada que ver con la música. La gente habitualmente se queja de que la música es ambigua, que tienen dudas sobre lo que deben pensar cuando escuchan algo, mientras que todos ellos comprenden el significado de las palabras. Para mí es exactamente a la inversa; no solamente en la consideración de frases enteras, sino también de términos aislados. Éstos me parecen tan ambiguos, tan indefinidos, tan difíciles de comprender en comparación con la música genuina, la cual llena el alma de miles de cosas mejores que las palabras. Lo que la música que amo me expresa no es un pensamiento demasiado indefinido para ser puesto en palabras, sino, al contrario, demasiado definido. Considero que los esfuerzos orientados en expresar tales pensamientos -en palabras- son loables, pero aun así me parece algo totalmente insatisfactorio; y eso incluye a tu trabajo. Esto, sin embargo, no es tu culpa, sino culpa de la Poesía como tal, que no es capaz de hacerlo mejor. Si me preguntas cuál es mi idea (se refiere a darle un título a cada Canción sin palabras como sugiere Souchay) te digo: cada canción se sostiene en sí misma. Y si tuviese en mente algún término definido en cuanto a alguna de ellas no lo divulgaré, ya que las palabras de una persona asumen un significado totalmente diverso para otra. Porque la música puede despertar las mismas ideas y los mismos sentimientos pero esos sentimientos no podrán, sin embargo, expresarse con las mismas palabras. Resignación, Melancolía, Alabanza a Dios, Canción de caza. Una persona no se forma la misma idea que otra sobre esto. Resignación para una es melancolía para otra. Y una tercera persona puede tener una idea completamente distinta de las otras dos. Algún hombre que sea naturalmente un buen deportista puede asociar la Canción de caza con la Alabanza a Dios, mientras que nosotros escuchamos el sonido del “cuerno de caza” sin más. Y si discutiéramos el tema con él, seguramente no avanzaríamos mucho más. Las palabras tienen muchos significados, y la música puede hacernos ver que todos ellos son correctos. ¿Sirve todo esto para responder a tu pregunta? Es todo lo que puedo darte a pesar de que son, después de todo, ¡sólo ambiguas palabras!». (11)

Sin más palabras que sobren, vale la pena, como una probadita, escuchar: Mendelssohn - Songs without words Op. 19 No. 1 E Major. https://www.youtube.com/watch?v=hYISvazyFA8

4. La sabiduría o belleza interior. Todo lo que pudiera concebirse como bello en el exterior depende de nuestra disposición anímica. Como decía Roberto Assagioli, los «rayos del sol descienden adoptando colores y matices diversos, a tenor de la permeabilidad y transparencia de nuestra conciencia personal» (12). Es decir que, la disposición de nuestra conciencia personal, determina el sentido de lo Bello y procura hallar en lo que percibimos todo aquello que ilumina, fecunda y vivifica la vida humana.

Es válido preguntarse: ¿Y quién tiene la disposición anímica adecuada para captar la plenitud de la belleza? ¿Será la presencia divina o religiosa en el humano? Según Albert Einstein, «el misterio es lo más precioso que nos es permitido sentir. Es la sensación principal, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien la ignora, quien no puede sorprenderse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han apagado. Esta experiencia de lo misterioso (aunque mezclada con miedo) ha generado también la religión. Pero la auténtica religiosidad es saber de esa Existencia impenetrable para nosotros, saber que hay manifestaciones de la Razón más hondas y de la Belleza más resplandeciente sólo accesibles en su forma más sencilla para el intelecto. En ese sentido, y sólo en éste, pertenezco a los seres humanos profundamente religiosos. Un Dios que recompense y castigue a seres creados por él mismo que, en otras palabras, posea una voluntad similar a la nuestra, me resulta imposible de imaginar. Tampoco deseo ni puedo pensar que el individuo sobreviva a su muerte corporal, que las almas débiles alimenten esos pensamientos por temor, o por un ridículo egoísmo. A mí me es suficiente con el misterio de la eternidad de la Vida…» (13)

¿O acaso sea la filosofía? Para Nietzsche, «el hombre dotado de un espíritu filosófico tiene el presentimiento de que detrás de la realidad en que existimos y vivimos hay otra completamente distinta, y que, por consiguiente, la primera no es más que una apariencia… La más alta verdad, la perfección de estos estados opuestos a la realidad imperfectamente inteligible de todos los días, la conciencia profunda de la reparadora y saludable naturaleza del sueño y del ensueño, son, simbólicamente, la analogía, a la vez, de la aptitud de la adivinación y de las artes, en general, por las cuales la vida se hace posible y digna de ser vivida.» (14)

O posiblemente la poesía y las artes en general, como lo sugería Fernando Pessoa con una alegoría magistral: «Y entonces, ¿qué es el hombre, por sí mismo, sino un insecto fútil que zumba mientras se estrella contra el cristal de una ventana? Y es que está ciego, no puede ver, ni puede darse cuenta de que hay algo entre él y la luz. Por eso se esfuerza, trabajosamente, en acercarse. Puede apartarse de la luz, pero no es capaz de llegar a estar más cerca. ¿Cómo le ayudará la ciencia? Puede llegar a conocer la consistencia y las irregularidades propias del cristal, comprobar que en una parte es más grueso, y en otra más fino, en una más basto y en otra más delicado: con todo esto, amable filósofo, ¿Cuanto se ha acercado a la luz? ¿Cuánto han aumentado sus posibilidades de ver? Puedo llegar a creer que el hombre de genio, el poeta, llega a romper, de algún modo, el cristal, hacia la luz, y siente la alegría y la tibieza que produce estar más allá que los demás hombres, pero, ¿no está, también él, ciego? ¿Acaso se ha acercado algo al conocimiento de la verdad eterna?

Algunos se alejan de la cristalera en el sentido opuesto, hacia atrás, y gritan, al darse cuenta de que no chocan con el cristal, que no está tras ellos, "hemos pasado".

Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas. Me fascinaba observar la belleza de las cosas y dibujar lo imperceptible, lo minúsculo, que define el alma poética del universo. La poesía de la tierra nunca esta muerta. Está en todo, en la tierra y el mar, en el lago y en la ribera del río. Y es que la poesía es admiración, perplejidad, como la de un ser que hubiera caído del cielo y se diera cuenta durante su propia caida.

El artista debe ser hermoso y elegante, porque quien admira la belleza no debe carecer de ella...» (15)

O posiblemente la experiencia de la belleza sea una noción muy mundana que nos acerca a lo que experimentan los tomadores de mescalina, es decir, a la parte celestial de la esquizofrenia. Como lo viviera en su momento Aldous Huxley que bajo los efectos del peyote dijo: «El artista está congénitamente equipado para ver todo el tiempo lo que los demás vemos únicamente bajo la influencia de la mescalina. La percepción del artista no está limitada a lo que es biológica o socialmente útil. Se filtra hasta su conciencia, a través de la válvula reducidora del cerebro y del ego, algo del conocimiento perteneciente a la Inteligencia Libre.» (16)

Reflexión final

La belleza, repito, es indecible e inefable, y eso la convierte en un misterio; pero es, a su vez, una aspiración legítima por la cual la vida merece ser vivida, porque una vez que se experimenta ya no puede dejar de anhelarse; es como decía Íñigo Pirfano, refiriéndose a la música: «…cuando alguien ha probado el ‘foie’, ya no suele acercarse nunca más a las hamburguesas industriales; o al menos, puede elegir. Y posiblemente las hamburguesas industriales tienen ‘su momento’; pero si lo que uno necesita es apaciguar las expectativas y los anhelos de su espíritu, entonces ha de buscar necesariamente en las fuentes que pueden apagar esa sed.» (17)

En suma, no hay cosa más valiosa que el sentimiento apropiado para la belleza, es decir, la delicadeza justa para ser sensible a las emociones más sutiles, tal como lo proponía Plotino al definir la belleza suprasensible: «En realidad no hay belleza más auténtica que la sabiduría que encontramos y apreciamos en ciertas personas. Prescindiendo de su rostro, que puede ser poco agraciado, y haciendo caso omiso de la apariencia, buscamos su belleza interior.» (18)

Notas:
1) Eco, Umberto. Historia de la Belleza. Debolsillo, 2010, en la contraportada.
2) Tanizaki, Junichirò. El elogio de la sombra (ensayo). Libro dot. com. http: //www.librodot.com. Pág. 2.
3) Del Campo, Ángel. El Fusilado. El cuento hispanoamericano, siglo XIX. Grupo Editorial Norma, Edición de 1992. Pág. 209.
4) Dostoievski, Fedor M. Noches Blancas. Grupo Editorial Tomo, S.A. de C.V. Edición de 2009. Selección. Pág. 485.
5) Gómez Carrillo, Enrique. El Despertar del Alma. Treinta años de mi vida. Editorial Cultura, 2009. Pág. 57.
6) Eco, Humberto. op. cit. Pág. 205.
7) Chirix, Emma. Ru rayb’äl ri qach’akul (Los deseos de nuestro cuerpo). Ediciones Pensativo, 2010. Pág. 175.
8) http://www.jornada.unam.mx/2014/10/13/opinion/a15a1esp
9) Fuentes, Carlos. Prólogo de Cinco mil años de palabras. Carlos Prieto. Fondo de Cultura Económica, 2010. Pág. 15.
10) http://www.sinfoniavirtual.com/revista/011/mendelssohn_mas_alla_palabras.php
11) Assagioli, Roberto. Psicosíntesis, Ser transpersonal (Lo svilupo transpersonale). Gaia Ediciones, 1996. Pág. 281.
12) Einstein, Alberto. El mundo como yo lo veo. Ediciones Brontes S. L., 2011. Pág. 13.
13) Nietzsche, Friedrich W. El Origen de la Tragedia. Editorial Porrúa, 2001. Pág. 18.
14) Pessoa, Fernando. Diarios. Gadir Editorial, S. I., 2009. Págs. 11-13.
15) Huxley, Aldous. Las puertas de la percepción. Debols!llo, 2013. Págs. 38 y 39.
16) Pirfano, Íñigo. Inteligencia Musical. Plataforma Editorial, 2013. Págs. 28 y 29.
17) Eco, Umberto. op. cit. Pág. 184

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Nuevo reino de La Tunia

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



No me gusta el Camino de Santiago, donde tanto anda el cojo como el sano, para hacer creer lo que no es cierto. Me da asco y repugnancia, escupo, un camino para buscar la cagada del lagarto, que se aparea en Roma, donde ni mula coja ni bolsa floja, o ir capando chicharras, como quien siembra en el camino, que cansa los bueyes y pierde trigo; no me gusta el Camino del Cid, camino de vasallo depredador, asesino y violador, mercenario, que se dejó dar por culo por el rey Alfonso, que le puso en forma de garabato, y le metió el pie en el estribo hasta la garganta, engañando el sueño, el tiempo, el hambre; no me gustan las Costas o Caminos de los Dinosaurios, para cerrar los ojos a la verdad por agradar más el error, el engaño, como pasa con los falsos museos de la evolución humana y las falsas y embusteras edades del hombre, hechas para zombies y extraterrestres por afán de hacer dinero, y engañar halagando, empleando malicia y fraude en los tratos y contratos con engaño artificioso con apariencia de utilidad.

Cual es la campana, tal es la badajada. Restablezcamos la verdad. Saquemos del engaño a la Historia que aún no se ha retraído de lo pactado por creer haberse o haber sido engañada. La Historia es maestra en hacer trampas y fullerías A mi me gusta la tierra hollada por donde se va de un punto a otro, aquellos por donde pasaban caballerías y hombres, que se echaron al camino, se hicieron bandidos. Me gustan los parajes por donde anduvieron, transitaron y moraron los bandoleros ladrones de caminos, y malhechores catalogados por la interpretación siniestra de aquellas Hermandades del crimen, nacidas para Dios y el Rey, siendo la primera, se asegura, aquella de San Martín de la Montiña, en Toledo, y esas Cofradías del horror y el asesinato, entre las que destacó la de Ciudad Real, que hizo célebre el dicho “el que malas mañas ha, tarde o nunca las perderá”, “sacando por la mañana a los reos en un carro, acompañados del verdugo, de agonizantes y de algunos cuadrilleros, conduciéndoles hasta el inmediato Peralvillo, donde se les colgaba de los árboles o en postes y los ballesteros les daban muerte hasta descuartizarlos”. Zahora 12. Si sus miembros no eran descuartizados, se les colocaba en distintos puntos al paso de los caminantes.

Me gusta transitar y disfrutar de los parajes del “tiro en la nuca” a donde llevaron a los Republicanos por entre loberas, cunetas, paredones de apriscos y masías o cortijos, donde al crimen de cruzada hicieron santo y consagraron a Dios y al Caudillato facho, que emuló y superó al Santo Oficio, dedicado al robo, la violación y el bandidaje consagrado. Desde el papa Celestino Quinto que expidió una Bula por la que se concedía a la Hermandad formada por Toledo, Talavera y Ciudad Real el dictado de santa, pasando por la Santa Hermandad “la Vieja”, y otras, hasta el nuevo papa y los venideros, el crimen institucionalizado se instaló en España, haciendo del bandidaje una de las principales actividades de la vida política y social reinante, creadas por folletinistas partidos de novelones que hacen furor y saña con sus constantes saqueos de dinero, desahucios y robo de derechos ciudadanos amparados por la legalidad vigente, siendo gracioso que las Cofradías y Hermandades constituidas como fuerza opositora de los “delincuentes, malhechores y exaltados bandoleros.”, bajo la advocación de algún santo o virgen, se hallan constituido hoy en partidos o castas bajo la advocación de los mismos santos y vírgenes, viendo a ser imitadores de la misma delincuencia de entonces, con la diferencia que hoy ellos roban y desahucian y empobrecen a la ciudadanía y roban a los pobres para dárselo a los ricos o a la Banca. Así, La lucha contra el crimen sigue, pero hoy es el pueblo contra el poder dedicado al bandidaje.

Me gusta leer, y recordar, al pie del castillo de Fuentes de Valdepero, en Palencia, el Fuenteovejuna de Lope, y El comendador de Ocaña, de Calderón, viendo venir y pasar a muleros, porquerizos, tratantes, quinquilleros, maleantes y gente de mal vivir, indocumentados hoy, como Frondoso, Pedro Crespo y Peribáñez, que llegan hablando de que la Justicia es un drama trágico de esta España de Toros, Fútbol y Pandereta . Nos cuentan que lo que hacen hoy los políticos y los poderosos por imperativo legal o mandato del rey, es un atropello a la Ley que es día a día atropellada, abusada, desvirtuada, envilecida, haciendo de los atajos que tomaban los antiguos bandoleros por sus serranías caminos reales. La exquisita y azarosa carrera del bandidaje se ha convertido hoy en una Memocracia de larga y beneplácita carrera política con Másteres y con Laudes. Robar y desahuciar es vitola en la heráldica de España. Del bandolerismo romántico y aventurero al bandolerismo honroso y celebrado a la Carta Magna hay un solo paso, como el de Ruspa o Ruspina en África hasta Granada, en el tiempo en que los vándalos dominaban.

Veo unas aves encaramadas a lo más alto de los árboles o del peruétano y jícaras de un poste, de los que cuelgan los cuerpos muertos a traición, y descuartizados por las saetas, de bandoleros y malhechores alevosamente apresados, y quiero escuchar el buen trabuco de Carlos Moor de “Los Bandidos”, de Schiller, por los montes de Andalucía, .intentando reformar la sociedad y liberarla del sometimiento y robo a la que le abate la Justicia, cual bandolero largo en la dádiva y rebelde en la injusticia. Quiero ver a Diego Corrientes y a “El Tempranillo”, quitarles a los ricos para darles a los pobres. A Luis Candelas, con su petaca y librito de papel romper con su trabuco las trabas vejatorias de la ley. A Omar Ben Hafsun, el caudillo del Chorro, de Málaga, salteador de caminos, asomado a la “Historia de los musulmanes”, de Reniero Dozy. Quiero ver al bandido Pedro Machuca, forajido refugiado en La Sauceda, de Ronda, con los suyos, del que hace mención Cervantes en “El coloquio de los perros”. Quiero echar fresco, adularles, lisonjearles, a “Los Golfines”, ladrones de ganado en tierras de La Jara, entre el Tajo, los montes de Toledo y las Villuercas. A “Los Molfies”, moros que no quisieron rendirse y se refugiaron en la sierra, “de feroz espíritu combativo” Zahora 12, que saqueaban las aldeas, asesinaban a los cuadrilleros criminales de la Santa Hermandad, y a los soldados de los Tercios Reales, para regocijo de los pueblos. A “los Algarines”, por tierras de Córdoba.

Quiero celebrar a los hampones cantados por la leyenda como “La Garduña”, en Toledo, gente bailadora, peletera, valentona. Tesoro artístico español. A los Hermanos de la Camándula”, redomados pícaros que se hacían pasar por romeros y peregrinos, quienes con oraciones y romances y beatíficas maneras y modales explotaban el sentimiento religioso de la época. A los Beatos de Cabrilla, que aposentados en la sierra de este nombre como una comunidad de anacoretas, pusieron en práctica el original sistema de robo de compartirlo todo con ellos, muy actual hoy en día. Me siento como en una reunión de gentes agradables y de buen gusto. Pienso en el atavismo feudal evolucionado en Memocracia. El analfabetismo ilustrado se sirve en bandeja real. La podredumbre de esta sociedad es evidente, como diría el Hamlet de Shakespeare. Siguiendo a Blas Infante diríamos que el bandolerismo de estado es una forma de poder aflamencada. Él nos dice en “La verdad del complot de Tablada” que el bandolerismo fue una de tantas manifestaciones del flamenquismo local, y nacional, y ésta, a la vez, como producto de la opresión política sufrida por el país desde la Reconquista, que acabó con todo el próspero desenvolvimiento de las cualidades de una raza tan ilustre como brillante”.

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Bibliotecas en los monasterios

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Algunos monasterios alrededor del mundo atesoran las más nutridas e interesantes bibliotecas.

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6 cuentos cortos (selección)

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1. Chuang Tzu (China, siglo IV a.C.)

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

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2. Kan Pao (Japón, 265-316)

Historia de Ts'in Kiu-Po

Ts'in Kiu-Po, natural de Lang-Ya, tenía sesenta años. Una noche, al volver de la taberna, pasaba delante del templo de P'on-chan, cuando vio a sus dos nietos salir a su encuentro. Lo ayudaron a andar durante un centenar de pasos, luego lo asieron del cuello y lo derribaron.

-¡Viejo esclavo -gritaron al unísono-, el otro día nos vapuleaste, hoy te vamos a matar!

El anciano recordó que, en efecto, días atrás había maltratado a sus nietos. Se fingió muerto y sus nietos lo abandonaron en la calle. Cuando llegó a su casa quiso castigar a los muchachos, pero éstos, con la frente inclinada hasta el suelo, le imploraron:

-Somos tus nietos, ¿cómo íbamos a cometer semejante barbaridad? Han debido ser los demonios. Te suplicamos que hagas una prueba.

El abuelo se dejó convencer por sus súplicas.

Unos días después, fingiendo estar borracho, fue a los alrededores del templo y de nuevo vio venir a sus nietos, que lo ayudaron a andar. Él los agarró fuertemente, los inmovilizó y se llevó a su casa a aquellos dos demonios en figura humana. Les aherrojó el pecho y la espalda y los encadenó al patio, pero desaparecieron durante la noche y él lamentó vivamente no haberlos matado.

Pasó un mes. El viejo volvió a fingir estar borracho y salió a la aventura, después de haber escondido su puñal en el pecho, sin que su familia lo supiera. Era ya muy avanzada la noche y aún no había vuelto a su casa. Sus nietos temieron que los demonios lo estuviesen atormentando y salieron a buscarlo.

Él los vio venir y apuñaló a uno y a otro.

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3. Ah'med el Qalyubi

Temor de la cólera

En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:

-Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.

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4. José Emilio Pacheco (México, 1939-2014)

Cuento de espantos

Violó la cripta a medianoche. Halló su propio cadáver en el sarcófago.

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5. A. Koestler (Gran Bretaña, 1983-1985)

El verdugo

Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar a sus víctimas, pero toda su vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.

Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:

-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!

Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:

-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor.

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6. Marcelo Colussi (Aún vive en algún remoto lugar del planeta)

Jubilación

Era su última misión. "Más de cuarenta años dedicado a esto…", exclamó con una mezcla de alegría y resignación. Se calzó sus botas, sus guantes, su capucha. Nunca, en toda su carrera profesional, había tenido una mácula. Todo el mundo lo admiraba, aunque ahora, seguramente por lo avanzado de la edad, más de algún crítico anónimo ya había sugerido que era el momento para retirarse, que era mejor hacerlo ahora, aún en la gloria, y no esperar un deterioro que podría arruinar décadas de brillo. Él también pensaba así, aunque su deseo más recóndito hubiera sido seguir con su trabajo. Pero, inteligente como era, se dio cuenta que ya iba perdiendo eficiencia. El momento para decir adiós había llegado. En la misión anterior una de las bombas nucleares que debió detener en el aire con las dos manos le había producido alguna quemadura. "Mal presagio", se dijo, y fue ahí donde tomó la decisión. Lo que lo angustiaba era que, en todos sus años de super héroe, nunca había hecho aportes jubilatorios, y ahora no sabía de qué iba a vivir. No tenía claro si para pedir limosnas en la puerta de alguna iglesia convendría usar el traje con el que se hizo famoso, o eso sería un problema. Volando ahora entre las nubes, en su último vuelo, lo decidiría.

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Y para terminar…Un poco de bel canto

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De la ópera Las bodas de Fígaro, el tema “Non più andrai farfallone amoroso”, de W. Mozart. Canta el bajo-barítono italiano Ruggiero Raimondi.



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