miércoles, 24 de diciembre de 2014

Para empezar el ARGENPRESS Cultural con alegría…

“Chicharrón con pelos”, de Los Miseria Cumbia Band



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Paz y amor. Texto muy oportuno para estos tiempos…



Para esta época de paz y amor (¿paz y amor?...), inundada de voraz consumismo y aumento dramático de accidentes de tráfico, riñas y peleas varias motivadas por el exceso en el consumo de bebidas espirituosas; para esta época en que se formulan renovadas promesas que luego jamás se cumplen (paz y amor -¿?-, bajar los kilos de más desde el 1° de enero, proponerse metas que ya en febrero se olvidaron, etc., etc.); para esta época en que por obligación se comparte con las familias comidas pantagruélicas, reparadas luego a base de sales digestivas; para esta época en que -cuando lo hay- se malgasta el aguinaldo en regalos baratos y de mala calidad que se obsequian por obligación…, para esta época (bueno, en realidad podría ser para cualquier época) en que se habla de paz y amor, un muy oportuno texto (prosa poética, digámosle).

__________

Canto a la paz

Marcelo Colussi
Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL

¡Paz!
¿Paz?...
Palabra tan manoseada.
En tu nombre se cometen todos los días los peores atropellos.
¿Estás en algún lado?
No lo sé.
No lo sé, y poco importa, pues parece que a nadie le preocupa
realmente mucho tu situación.
La paz está en los cementerios… De eso no caben dudas.
¡pero allí hay solo cadáveres!
¿Podrá estar la paz entre los vivos?
Lo que palpamos a diario,
lo que nos duele cada día,
cada hora,
cada minuto,
es tu ausencia. O si se quiere: tu lejanía.
¿Dónde estás, Paz?
¿Quién te hirió de muerte?
¿Tal vez estés muerta? (Entre nosotros: ¿viviste alguna vez?)

Lo que conozco,
lo que conocemos y nos golpea,
nos humilla como Humanidad, nos escupe en la cara,
lo que nos sacude dondequiera,
no tiene nada ver con la paz.
¿O todo eso es la paz? (humillaciones, afrentas, soportar con estoicismo, cerrar la boca).

Te emparentan con el Amor.
En tu nombre, y con amorosas palabras
nos desfiguramos,
somos una grotesca caricatura
de aquello que levantamos como lo más sublime.
¿Somos mentirosos entonces?
¿Por qué necesitamos invocarte a cada rato para hacer siempre lo contrario?
¿Por qué en nombre de la paz matamos, denigramos, torturamos,
podemos sentimos superiores?

Se habla de progreso, pero eso es siempre el sacrificio de muchos
para el bienestar de pocos.
Con una cruz cristiana y la Biblia bajo el brazo
Se masacró todo un continente…
Se aniquila, se tortura, se denigra…
¿Paz?

Se habla de bien común,
pero son pocos, muy pocos los invitados al festín
de los poderosos.
Con los símbolos de la paz y del amor
nos confinan a los mendrugos,
a las sobras, a la resignación.
Si se protesta, nos condenan.
Si no se protesta, nos matan.

Quienes somos víctimas -y la gran mayoría lo somos-
difícilmente podemos alzar la voz.
¿Acaso la paz es aguantar?
¿Es soportar con estoicismo? ¿Es apretar los dientes y sobrellevar las penas?

Nos enseñaron que ser pacíficos es tolerar, tener paciencia, sonreír siempre.
¿Realmente eso es la paz?
¿Quién dijo que a las mujeres les gusta ser sumisas,
que a los niños les gusta callarse ante los mayores
o que a los negros les gusta imitar a los ganadores blancos?
¿Quién formuló aquello que los trabajadores trabajan felices para su amo?

Con la mayor de las violencias nos obligaron
a creer en los dioses (¿amorosos y pacíficos?).
Quien se resiste a creer, puede ser condenado a la pira, al suplicio, al escarnio.
¿Paz?
Con la más grande ausencia de paz (¡sí, sí: de paz!)
nos obligan a uniformarnos,
a seguir la caravana,
a no abandonar el redil.

¿Y si reaccionamos?
¿Somos violentos si no usamos corbata,
si no estamos a la moda
o no saludamos cortésmente a nuestros explotadores?
¿Somos violentas (o locas) las mujeres si no queremos tener sexo un día?
¿Somos violentos si nos rebelamos contra el mundo?

Con la furia visceral más grande que exista
¿no podemos decir que no?
¿Quién dijo que la paz es quedarse sentado, mudo,
aterrorizado ante el que manda,
regocijándonos con las mezquindades y mediocridades
que ya aceptamos como normales?
¿Somos pacíficos si nos vamos tranquilos a dormir sin
indignarnos por lo que debe indignarse?
¿Dejamos de ser pacíficos si echamos a la hoguera del odio ancestral,
amasado en milenios de sometimiento,
todas nuestras opresiones?
¿Dejamos de fomentar la paz si nos levantamos contra esas opresiones?
Si “la violencia es la partera de la Historia”, ¿somos violentos
si abrimos los ojos algún día?
Paz, paz… ¿La de los cementerios entonces?
Si es cierto que la paz es la ausencia de guerra, ¿podemos quedarnos tranquilos
pensando que vivimos pacíficamente porque no suenan balas ni cañones?
La mujer golpeada,
el esclavo explotado,
el “inferior” despreciado,
el loco encerrado en su manicomio,
el engañado en cualquiera de las infinitas formas del engaño,
el despreciado por no ser del grupo dominante,
el que sufre hambre,
la que sufre violencia sexual,
el incomprendido que disiente siendo señalado,
el que sigue al rebaño porque no puede permitirse ser diferente,
el despreciado por ser diferente
¿viven en paz?

Quizá la paz es una aspiración.
Quizá no más -¡ni nada menos!- que eso.
Se busca, pero nunca se llega a tenerla…
porque los vivos no habitamos cementerios.

Quizá haya que apretar los dientes y destruir muchas cosas
para acercarnos a ella.
Con las tripas del último burgués
ahorcaremos al último burócrata.
Con las tripas del último papa
ahorcaremos al último rey.
Con las cenizas humeantes de lo viejo aborrecido
modelaremos la utopía.

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Internet en Perú y América Latina

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Corría el año 1992, un periodista peruano, residente en París, convocó a un grupo de sus colegas en la Universidad de ESAN - institución académica de posgrado en Negocios - para formar el primer grupo de promotores de Internet en Perú.



En efecto, concurrieron diez miembros de la Asociación de Periodistas de Prensa Extranjera-APEP, entre ellos los corresponsales de Notimex, UPI, Time, The Economist, BBC, DPA, Neue Zurcher Zeitung, AFP, EFE y Cambio16.

En esa cita, el convocante José Soriano anunció el proyecto de introducir Internet en Perú, a través de la Asociación de Radio Aficionados, cuyo presidente, Jorge Heraud, al fundar la primera Red Científica, recordó con pasión el supremo valor social de la institución, incluyendo su romántica historia familiar, construida mediante la comunicación sideral y nocturna con su novia residente en Trujillo.

El siguiente paso del proceso fue la cooperación del Banco Interamericano de Desarrollo - BID, liderado por su entonces presidente, el ex canciller uruguayo Enrigue Iglesias.

No pasaron seis meses, y en el distrito limeño de San Juan de Miraflores, aparecieron cabinas públicas de Internet, cerca de un hospital público, donde los estudiantes de medicina encontraban una novedosa fuente de acceso a bibliográficas y posibilidades de intercambio con universidades de los Estados Unidos y Europa.

Desde entonces, la comunicación virtual ha avanzado notablemente mediante la tecnología de Internet, con la contribución de operadores y de empresarios emprendedores.

Balance

En el mundo aún no tienen acceso a Internet 4.300 millones de personas. Una primera conclusión es que las tecnologías de la comunicación y la información (TICs) todavía son inalcanzables para un alto porcentaje de personas, si se considera que la población mundial ha pasado de los 6000 millones en el año 2000, a 7000 millones en el 2014.

En América Latina, la mitad de la población no tiene acceso a la web, y en dos de cada tres hogares no hay internet. No basta con la conectividad. Es importante saber qué hacer con ella para construir y generar más servicios, contenidos y valor sobre internet. El fin es crear más oportunidades de progreso a los pueblos alejados, carentes aún de carreteras.

En la reciente 17ª Convención Científica de Ingeniería y Arquitectura realizada en La Habana, el presidente de la Asociación Iberoamericana de Empresas de Telecomunicaciones, el chileno Pablo Bello, explicó que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba viola los derechos humanos e impide a los cubanos acceder a internet y comunicarse adecuadamente con el mundo.



La brecha digital afecta tanto a Cuba como a América Latina. Pues al finalizar este año de 2014 el crecimiento de la red de redes será del 6,6% en el mundo (3,3% en las economías ricas y 8,7% en los países en desarrollo).

En las economías más desarrolladas, el 78% de hogares cuenta con este servicio, frente al 31% en las naciones de ingresos medios y bajos, y apenas el 5% en los 48 países menos desarrollados.

El mayor índice sobre desarrollo de las Tecnologías de Información - TICs, incluye a los siguientes 10 primeros países: Dinamarca, seguida por Corea del Sur, Suecia, Islandia, Reino Unido, Noruega, Holanda, Finlandia, Hong Kong y Luxemburgo.

El proceso de globalización pone en evidencia que el acceso a las TICs está en manos de compañías muy grandes que proveen los servicios, con evidente fraccionamiento entre grupos sociales diferenciados por los niveles de educación e ingresos económicos.

En el Perú

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) precisa que en el año 2013, el 25.5% de los hogares del país tenían conexión a Internet. El acceso de los hogares a Internet aumentó en todos los ámbitos geográficos. En Lima Metropolitana 12,9%, mientras que en el Resto Urbano 8,6%, con coberturas de 44,1% y 25,9%, respectivamente.

La población de 6 años a más que accede a Internet lo hace en mayor proporción desde cabinas públicas (47,6%), seguido de la población que accede a este servicio en los hogares (42,1%) y en el trabajo (15,7%), entre otros. Solo el 34,3% de los hogares del país tiene computadora.

En cuanto al servicio telefónico, 33,5% de los hogares del país tienen teléfono fijo. En el Área Rural la cobertura fue de 2,9% de los hogares.

A manera de síntesis. Si bien el servicio de Internet se viene ampliando en América Latina, el acceso a la tecnología es embrionario y depende de la academia y de empresas estadounidenses. La primera red de computadoras fue creada en 1969, por la Defensa de Estados Unidos para comunicar a diferentes organismos del país. La primera computadora portátil con forma de laptop aparece en 1979. El año 2000 aparece Wilkipedia, la enciclopedia libre en Red…Definitivamente, Internet está cambiando radicalmente la configuración de la sociedad. La comunicación va creando nuevos comportamientos, una nueva cultura, que obliga seguirla de cerca y con espíritu crítico.

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Ilusos tragabolas

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



¿Qué fue de la primavera de los claveles? ¿Qué fue de las flores de plástico robadas en cementerios, cunetas y loberas celebrantes de nuestra falsa democracia? ¿Qué ha sido de las primaveras árabes? ¿Qué será, será, de las primaveras de puños indignados que gritan por la dignidad, la paz atea y republicana, el trabajo y la libertad?

Ben Zeyad Tarik, célebre capitán lugarteniente de Muza se descojona en su tumba poniendo su cabeza en entablado movible para dormir, diciendo:

-Mejor, no despertar; pues para lo que hay que ver. La Libertad no vale una moneda de plata de valor de un real de vellón, conjunto de la lana de una oveja después de esquilada.

-Qué ilusos tragabolas somos, dice mi amigo Gerineldo. Somos ilusos engañados, seducidos y preocupados por una idea de sinceridad concebida por nuestra mente bajo el influjo de la imaginación de los sentidos y el sueño de un mundo mejor.

-Somos esperanzas acariciadas sin fundamento racional, le contesto. Que la vida es ironía viva y picante, y nada más. Vemos cómo el crimen encumbrado, corrupto y represor acecha cual sayo de lana usado por los cafres de las serranías nuestras. Las manifestaciones, todas, de cualquier color, se parapetan en un escudo de papel grande a modo de pavés. El pueblo vive una vida que no vale un cuartillo de real de plata. Bebe a fiado, y las comunidades que conforman el Estado usan de taragullo partido por medio a lo largo, con encaje a los extremos en que por medio de muescas que cruzan la línea de unión, verá señalando lo que se saca o compra fiado, debiendo corresponder las muescas de una y otra mitad al hacer el ajuste.

-Aquí, replica Gerineldo, como en todas partes, no se salva más que el tajador, el que taja, señala o raya en la taja la vida política que se resume en un tarjeteo para felicitarse, visitarse, cumplimentarse, robarse, dar primero la cita y luego la negativa, la escusa, la comida de empresa, el baile de golfos y golfas, la despedida, el desafío, la visita, la felicitación, el pésame a todo, el luto riguroso, el medio luto y el alivio de vuelta a empezar y mover el Asno la rueda del molino.

-Que el tarope, irupé o victoria regia o militar se muestra con flores de plástico en jarrones de la Granja en Segovia, es una Verdad, contesto yo. Y sigo: el Tarpán, caballo de las razas salvajes de Asia pone sus pezuñas en las partes árabes al unísono que los criminales asesinos de las guerras colocan sus tanques.

-El futuro es una tarja, responde Gerineldo; una moneda de vellón, Además, cuentan que dijo Tarquino el Soberbio, rey de Roma:

“La libertad no es libre. Los que cayeron violados, asesinados, ultrajados, apresados con motivo de una insurrección o protesta, no son más que pedos de lobo en la real corona.

A lo que respondió Lucio Tarquino Prisco “el Viejo”:

-Ilusos son. Que todo es espejismo, ilusión.

La indignación está metida en agua, lo sabemos; agua enferma que embeoda y adeuda, pues que después de los años dos mil corre el agua por do solía ir: palos, dios, rey y tentetieso, que quien agua coge con harnero, criba y cree de ligero. Además, recordad la peña de Tarpeya, roca que había dentro del recinto de la antigua Roma, desde la cual se despeñaba a los criminales y enemigos del régimen, donde había una inscripción que cuentan fue escrita por Atenodoro y el rector Hermógenes, a instancia de Lucio Domingo Claudio “Nerón”, insensato y cruel, quien les ordenó escribirla tartamudeando, que decía:

“La Libertad de cerrajas, de poca o ninguna sustancia
es igual a la Libertad de cerrojos, de ley mordaza;
que habéis de saber que la aguas
del Mar Muerto son amargas
y que tenéis que beber”.

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Da Vinci y la Gioconda

Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Entre los genios polivalentes de la historia universal quizás no hay otro más grande, más luminoso, más portentoso que Leonardo Da Vinci. Tal vez un ejemplar más completo de talento enciclopédico y una más radiosa flor de humanidad no ha aparecido jamás bajo la mirada cariñosa del sol, estupefacto de ver tanta grandeza concentrada en un solo ser.

Río enorme de visiones sabias y profundas, corriendo por entre una selva de oscurantismos cavernarios contemporáneos. Genio múltiple, deslumbrante y sonoro, como los rayos de una tempestad, cada una de las facetas de ese astro sería bastante para hacer un sol; cada uno de los afluentes de ese río sería lo bastante caudaloso para formar un mar.

Sin embargo, sin subestimar su asombroso ingenio en sus numerosas obras artísticas y científicas, muy prematuras para su época, puede decirse que su genio, como pionero de grandes invenciones, es hoy anacrónico y no pertenece a la historia sino a la antropología.

Porque… ¿qué ha trascendido hasta hoy de la múltiple gama de sus obras? Creador de un bello estilo de ingeniería, ¿qué queda hoy de su medieval estilo florentino? Precursor de la aviación, ¿qué otra cosa que piezas de museo son hoy sus rústicos diseños primitivos ante las modernas aeronaves espaciales? Primer inventor de metrallas y cañones, ¿qué son hoy ante los modernos misiles teledirigidos? Escultor de estatuas del arte renacentista, ¿cuál nos dejó que nos sirva de modelo a nuestro arte abstracto y nuestro cubismo contemporáneo? Constructor de fortalezas, ¿cuáles han subsistido? ¿Dónde están? !Ni el polvo de una ruina atestigua su existencia!

¿Dónde, pues, está hoy la raíz, la fuerza y el esplendor de su genio?

¡En la pintura!

Es el autor de La última cena y de La Mona Lisa el que entró en la inmortalidad, por todas las cualidades que hacen excelso su arte: la delicadeza, unida a la fuerza; la sugestión y el ensueño, unidos a aquel soplo palpable de realismo, encadenado por las manos suaves de la más deliciosa idealidad.

Se me recordará tal vez como reproche la fama de sus otros cuadros, pero ningún erudito en la historia del arte se atrevería a apostar su cabeza sobre su fe en la autenticidad de esas obras. La anunciación figura entre los que se le atribuyen, pero fue obra de Verrocchio, que fue su maestro, y La virgen de las rocas fue pintado bajo su dirección, pero fue obra de Ambrogio de Predio, que fue su discípulo; La belle ferroniere, es de dudoso autor, tanto que ni Giorgio Vasari, que fue su biógrafo, quiso certificarla como de Da Vinci.

Pero, ¿es que acaso tiene necesidad de disputar cuadro alguno a las riquezas de alguna pictórica ni a las contingencias precarias del tiempo aquel artista único que inmortalizó el alma de la mujer en las facciones de La Gioconda y que captó todo el enigma femenino en aquellos labios de silencio pérfido?

¡Qué cuadro! ¡Qué obra! ¡Qué Maestro! ¡Qué armonía de paisaje síquico en ese fondo pictórico! ¡Aquellas montañas caóticas y volcánicas como el cerebro de una mujer en celo!!Y aquel horizonte de aguas y de nubes, movible, como el alma femenina!

¡Y la figura central de La Mona Lisa emergiendo del cuadro, llena de tinieblas interiores, tinieblas engañosas de placidez, como toda profundidad; sin ser bella, es ideal y sensual, soñadora y turbadora, el más enigmático rostro humano que haya surgido del cerebro de un hombre a la caricia de un pincel! Y aquellas manos largas y diáfanas, de un blanco azuloso de lirios, sin venas aparentes, cual si no sangre sino un licor de inmortalidad circulara por ellas, cruzadas, no sobre el pecho, como los santos extáticos, sino sobre el vientre, como si acariciara en él su propia lujuria, aprisionándola.

¿Es La mona Lisa sólo el retrato de una mujer? !No! !Es mucho más que eso! !Es el alma enigmática de la mujer, plasmada en un lienzo!

¡Qué rayo de pureza, y a la vez qué tiniebla de voluptuosidad; qué misticismo de ensueño… y qué hálito de calmado deseo bestial en el terciopelo felino de sus ojos abismales, y sin embargo serenos, serenos lagos de oro que el sol del misterio baña de irradiaciones indescifrables! El seno combado, y el cuello de una gracilidad azucénica, formando entre los dos una armonía de ánfora. Y los labios sinuosos, como la flor pálida de esa sonrisa silenciosa, elocuente y seductora, y a la vez irónica y pérfida, que es como el salterio del enigma, del misterio.

¡Haber aprisionado el alma de la mujer bajo su garra de león, y habérnosla revelado: he ahí la gloria de Da Vinci…, y ésa es su inmortalidad!

Cuando se ha producido una obra así, se tiene el derecho de pedir el olvido de todas las otras. Las obras disminuyen la obra. ¿Qué le importan a Da Vinci sus otros cuadros?

Al creador que ha creado un sol universal, ¿qué le puede importar haber creado efímeras estrellas?

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Laura Antillano, titiritera que enseña a leer a la orilla del cielo

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



No se me ocurre mejor definición para ella que la de titiitera o maga que es capaz de sacar palabras como conejos del fondo de una luna que lleva al hombro. Ella es una militante amorosa que anda enseñando a leer y a querer leer sobre todo, como una manera tal vez de exorcizar prejuicios y otras sombras que habitan a los seres humanos, porque finalmente la lectura es uno de los más hondos haceres de los hombres y las mujeres que siempre tiene algo de conmoción y asombro.

Laura Antillano (Caracas, 1950) es una de las escritoras venezolanas contemporáneas que más libros publicados tiene, y entre ellos hay de cuentos, novelas, ensayos y de narrativa infantil. Como si fuera poco es poeta, crítica, guionista de cine y televisión, y docente universitaria.

Integrante del grupo literario La Mandrágora como reseña el Centro Nacional del Libro (Cenal) en su página web, Laura Antillano es profesora jubilada de la Universidad de Carabobo (UC,) donde también se desempeñó como Directora de Cultura entre los años 1998 y 2000.

Es una fervorosa promotora del libro y la lectura, y cuenta de ello lo dan la creación de la Fundación La Letra Voladora, la página de La Escuela Viva en el diario Notitarde, el programa radial La Palmera Luminosa de la Universidad de Carabobo y la realización del Encuentro internacional de literatura infantil y juvenil que organiza a través de la UC, entre otros.

Egresó de la Universidad del Zulia de la Escuela de Letras, como licenciada en Letras Hispánicas y además realizó estudios de especialización en Chile y Estados Unidos. Colaboró en distintas publicaciones periódicas como el Papel Literario de El Nacional, Zona Franca, Imagen y otras revistas literarias.

Según ella misma narra, su amor por los libros viene de antes, de una biblioteca que sus padres, dedicados a la docencia, le supieron ofrecer y en la que habían cientos de títulos por donde echarse a volar para ver el mundo desde todos los ángulos posibles y por qué no, los imposibles también.



Para escribir esta reseña me acordé del título de uno de sus libros, Leer a la orilla del cielo, una antología de cuentos venezolanos para niños, con una portada en tonos sepia ilustrada hermosamente por Richard León Leonice, publicado por la Editorial El Perro y La Rana. Es que probablemente a nadie más que a un hada se le hubiera ocurrido esa imagen que nos sitúa entre lo humano y lo divino del acto de la lectura. Pero todavía más, es precisamente eso de la imagen lo que hila la obra de Laura Antillano, ella sabe escribir para que podamos leer mirando no sólo las palabras, sino que su lenguaje es de vuelos y de tacto, que se inicia desde adentro, desde lo próximo y prójimo, pero que sabe ir encontrando la voz toda, la voz junta de las calles, la memoria, la tierra, las plazas y el viento. Ella sabe de nuestro canto común y su obra va desde su orilla hasta la nuestra en un largo abrazo que nos encuentra.

Entre sus novelas están La muerte del monstruo come-piedra (1971), Perfume de gardenia (1982), Solitaria Solidaria (1990) y Ciudad Abandonada (2012). Es autora de los libros de cuentos Un largo carro se llama tren (1975), Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (1983), Cuentos de película (1985) y La luna no es de pan-de-horno y otros relatos (2005). En su largo andar por la creación de literatura infantil ha publicado ¿Cenan los tigres la noche de Navidad? (1991), Diana en tierra wayúu (1992, con reediciones) y La araña (2010). El verbo de la madre (2005), Álbum de fotos (2007) y Libro de amigo (2007), son algunos de sus poemarios. Y en el género ensayo Laura Antillano ha escrito los libros Literatura infantil e ideología. Análisis crítico de nuestra realidad (1987); Apuntes de literatura para jóvenes y niños (1997), Elogio a la comunidad (2004) y Crónicas desde una mirada conmovida (2011).

Las piernas del bluejeans (fragmento)

"La abuela quiere que le lleven una taza de leche caliente a la cama, mamá la prepara colocando la pequeña paila sobre la hornilla, vertiendo la leche con riguroso cuidado, y parece que acariciara la cuchara cuando la usa para dar vueltas al líquido.

Yo la miro desde aquí, sentada en el pretil, puedo divisar la cocina y a ella dentro en sus movimientos lentos, hasta que llena la taza, la coloca sobre el plato y se va al cuarto de la abuela, se acerca a la cama, se sienta, y con el plato sobre sus piernas acaricia los cabellos de la abuela que en estos momentos es una niña y no abuela ni mamá. Entonces, yo regreso mis ojos para posarlos sobre este cielo abierto, inmenso, en donde las piernas de mi blue-jeans siguen flotando con el viento de atardecer, y en medio de las nubes apretaditas creo encontrar los ojos de Roberto, reviviendo esta complicidad nueva, este salto secreto, que nos hace mirar el mundo desde la baranda de un balcón.

¿Por qué mamá habla como si fuera a morirme…?"

(De Cuentos de Película (1997), editado por la Fundación Cinemateca Nacional, Caracas).

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La voluntad de Pedro

Miguel Ábalos (Desde Canelones, Uruguay. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Tuve un amigo que sentía pasión por los teléfonos celulares. Siendo un hombre de negocios y además muy mujeriego -a pesar de estar "felizmente" casado- el pequeño aparatito le era imprescindible y no se separaba de él en ningún momento. Una vez llegó a decirme con mucha seriedad, que le había pedido a su señora que el día que le tocara morirse... le diera sepultura con su celular.

Una mañana -sorpresivamente- me dieron la noticia de que Pedro Lacoste había muerto y esa misma tarde lo iban a enterrar en el cementerio del Buceo. Después de lo sorprendente de la noticia me dispuse asistir, ya que me unía una amistad de muchos años también con su familia.

Antes de cerrar definitivamente la tapa del féretro, cuando su esposa le daba el último beso en un momento muy emotivo y de silencio total, interrumpió la ceremonia el sonido estridente de un celular. Hubo un intercambio de miradas reprobatorias, buscando al inconsciente que había dejado encendido su teléfono en un momento como ése. Pero nos dimos cuenta que el sonido... provenía del ataúd.

La viuda -con más inconsciencia que valor- se inclinó sobre el cadáver, tomó el teléfono y lo atendió. "Hola…", dijo con voz triste. Nadie pudo saber qué le habían dicho del otro lado, pero su rostro se contrajo y respondió casi gritando: "Pedro murió ayer y vos sos una rata inmunda que casi destruís nuestro matrimonio". Cortó de inmediato y volvió dejar el celular bajo la mortaja.

Terminada la ceremonia se comentaba cómo la viuda, a pesar de que la voluntad que Pedro le confirió era una de las excentricidades mayores que se hayan conocido, se la había concedido.

Esa misma noche -desvelado por todo lo vivido en el día- me levanté en silencio, fui al teléfono y marqué en número del celular de Pedro. Tenía la morbosa curiosidad de saber que podía suceder.

Fue atendido al segundo timbrazo, pero corté la comunicación antes de escuchar… Yo no iba a decir nada, ¿para qué?, si era obvio que la voz que Pedro esperaba oír no era la mía…

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Libros libres: “El encuentro”, de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez

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¿Qué pasó cuando se encontraron Fidel Castro y Hugo Chávez?

Interesante texto que nos da algunas pistas al respecto.

Descargar desde aquí el libro completo (formato pdf, 2,3 MB)

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Crítica literaria. Poesía argentina del pensamiento: “21 gramos” de Osvaldo Picardo

Héctor J. Freire (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Osvaldo Picardo es hoy, el poeta marplatense más significativo e importante.



21 gramos, su último libro publicado, es un cruce entre poesía, pintura, cine y pensamiento. Sin dejar de lado la observación de lo cotidiano, y el registro de elementos familiares y sociales. En particular sobre la ciudad de Mar del Plata.

Incluso, el título del libro hace referencia al film del mismo nombre, del director Alejandro Iñarritu con guión de Guillermo Arriaga, y las actuaciones memorables de Sean Penn, Naomy Watts y Benicio del Toro.

(Rivers solo, moribundo):
“-¿Cuántas vidas vivimos? ¿Cuántas veces morimos?
Dicen que en la muerte todos perdemos 21 gramos.
El peso de cinco monedas. El peso de un chocolatín.
El peso de un picaflor…..”

Con esta cita del film, comienza el libro de Picardo. En los poemas que lo componen, no hay nada superfluo, y nada que no sea elegante. Ni nada que lo sea si sólo es eso. En este sentido, la poesía de Picardo representa más un desafío que un modelo. Su sello observador lo hace un poeta de la mirada y los sentidos. Las sensaciones se convierten en textos poéticos por la operación de una fuerza: “la imaginación de lo pensante”.

Para que la sensación acceda a la objetividad de las cosas que nos rodean, hay que transformarla a ella misma en cosa. El lenguaje es para Picardo el agente de cambio: las sensaciones se convierten en objetos con densidad estética, y resonancia reflexiva.

A su vez, en la mayoría de los poemas, se funden dos elementos aparentemente contradictorios: la vivacidad de las sensaciones, a través de la vista, el olfato, el gusto, y la objetividad intrínseca de las cosas. A propósito, el poeta William Carlos Williams (también citado por Picardo en uno de sus textos) decía que la imaginación poética es una fuerza creadora que hace objetos.

Osvaldo Picardo, en 21 gramos, construye una mirada a partir de lo que ve, o sea hace “algo” con lo visto, ya sea un cuadro (La Anunciación, de Lorenzo Lotto) unos films (Taxi Driver, La mirada de Ulises), o unas frutas y verduras de una verdulería de barrio. El resultado es una poesía, que podríamos llamar anfibia: ligada a la tradición argentina que responde a la línea de la poesía del pensamiento. Esta poesía nos une y nos separa simultáneamente de los objetos descriptos. La poesía de Picardo, como por ejemplo, la poesía de Giannunzzi, por un lado tiende a la reflexión, al pensamiento preciso. Y al mismo tiempo no rechaza el aspecto emotivo, y nunca cae en “sentimentalismos poéticos”. Podríamos incluso afirmar, que se trata de un realismo no imitativo, ni mimético. Hay mirada pero no necesariamente fotográfica. Un trabajo poético del alma a partir del ojo. La fidelidad de la palabra justa con lo mirado. Sin estridencia, sin exuberancia, sin fuegos de artificios vacíos. Sin dramatismo barato. Poesía de ritmo sin sobresaltos, de voz no impostada y entonación mesurada.

En síntesis, en 21gramos, se funden tres principios, que no son fácil de encontrar en el corpus de la poesía argentina actual: claridad, precisión y elegancia.

Comentó el gran poeta Joaquín Giannuzzi, a propósito de libros anteriores de Picardo, aplicable también a éste: El mundo como realidad y ficción: ésta es la visión que depara, como discurso disparador, la poética de Osvaldo Picardo. Su lectura nos entrega el ejercicio y el resultado de una mirada de vasto espectro sobre las cosas que nos rodean y nos habitan, las visibles y las escondidas, las evidentes y las secretas.

***

Entre dos fondos, en la superficie del mar, todo pesa menos

Hay algo único en nadar
cuando se acerca una tormenta.
Sorprende y tranquiliza ver boca arriba
la velocidad con que el aire frota
las partículas de los cúmulos grises y blancos.
Se puede tocar con cada brazada
la intemperie, mar adentro.

Nadás de espaldas. Y tus ojos flotan
como tu cuerpo, sin resistirse,
en otras aguas, en un archipiélago de nubes
entre la visible consistencia
y la más transparente inconsistencia.
La corriente te lleva a donde quiere,
rendido a su deseo y su fuerza.

Pensás que también así debería flotar
tu pequeña historia, sobre el doble fondo,
entre toneladas de relámpagos
y el sordo respirar de los peces.

Entonces me decía:
nada ha sido hecho todavía. Y era fácil sentir
que lo inevitable podría no suceder,
que lo que vale la pena vivir
no debería desaparecer.

Plano nocturno: el taxi atraviesa el vapor de las alcantarillas bajo luces amarillas

Hay un momento
cuando Travis Bickle dice:
“En cada calle, en cada ciudad,
hay un don nadie que sueña con ser alguien.
Es un hombre solo, abandonado por todos
y trata de probar que existe”.

Es cuando el taximetrista
recorre el laberinto de las calles
y se sumerge en una corriente sibilina.
A oscuras, frente a la pantalla,
me sale pura mitología griega: un minotauro
esperando la llegada de los barcos,
con la culpa de haber nacido.

El insomnio es esta película
con las ventanas abiertas y un televisor
en el ángulo oscuro; alguien asomado
que se droga y la mujer aquella de la esquina.

Deberían decir: “No soy nada, nadie es nada,
todo es inevitable y merecido”.
Pero las víctimas no hablan.
Esperan algún día copiar al asesino.

Bajo una parra el verano recorre la órbita de las abejas

Las uvas ya logran ser también
el centro de gravedad de las abejas.
Son de una variedad dulce
con una delgada piel
de color verde
casi agua.

Un siglo o más hará que las trajeron
de las laderas del Piamonte.
Sólo semillas.

Y en mi boca, su sabor sigue
siendo el de la primera uva.

El racimo pesa con la densidad
de otras leyes de la física.
Va abriéndose paso
desde el futuro.
Se ilumina.

Es esa parte profunda, infantil,
que todavía espera,
colgada del vacío,
no caer.

* Poemas pertenecientes al libro 21 GRAMOS de OSVALDO PICARDO. Ediciones en Danza, Bs. As. 2014. 90 Páginas.

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Música. Desde el altiplano andino: El pinkullo



También llamado pincollo, pinvollo, pinquillo, pincuillo o pingollos y en quichua aymará pinkiyllu, pinkillo, es un instrumento que consiste en una caña con 5 ó 6 agujeros y la embocadura provista con una lengüeta (aeroducto o canal de insuflación); con taco de madera, similar a la quena, taco que se encuentra inserto en la boquilla. Era originariamente pentatónico (de cinco notas). Nacido en la zona andina, se diseminó por toda América del Sud antes de la colonización siendo, por lo tanto, un instrumento autóctono.

Adopta diferentes tamaños y diámetros. Emite un sonido más agudo, debido al taco. Se emplea especialmente en carnaval y antiguamente era utilizado en los combates para producir un ruido infernal y atemorizar al enemigo.

Es inherente a las culturas quichua y aymara.

Es, como la quena, un aerófono y la única diferencia con aquélla, es que la embocadura posee un orificio, siendo semejante a la flauta dulce.

Fuente: http://www.elfolkloreargentino.com/instrumentos/pinkullo.htm

Escuchemos algunos ejemplos de este instrumento:











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El nombre del diablo

Elizabeth Óliver (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



-¿Cómo te llamás, gurí? -dijo doña Inés-.

-Damián -contestó el chico-.

-¡Aaaaaj! -doña Inés se persignó- ¡el nombre del diablo!

-¿Quién es el diablo? -preguntó Damián un poco asustado ante el gesto de la mujer-.

-¡Callate, mocoso!, y andá pa’l fondo -le ordenó- ¡no me andés alrededor!

Damián obedeció. En el fondo había dos niños de la edad de él, un varón y una nena. Estaban sentados en el piso de tierra, desgranando arvejas en un tacho enlozado.

-Hola... -les dijo- ¿me tengo que quedar acá?

-Si la vieja te mandó, sí. -la nena le sonrió- ¿Cómo te llamás?

-Yo... Damián, pero no te asustes...

-¿Quién se asusta?, ¿sos bobo?... vení, hay que desgranar esto pa la comida. Me llamo Dalia, y éste es Luis.

Se sentó con ellos y se puso a trabajar. Luis lo miraba de vez en cuando esbozando una sonrisa tímida, pero no había dicho ni una palabra. Terminaron justo cuando la mujer salió a buscar el tacho.

-Ahora junten esas vainas y se las llevan a don Simón, pa los chanchos... ¡rápido, eh!, no se queden por ahí que hay cosas p’hacer adentro. ¡Dalia! -gritó- mejor vos quedate, que vaya el Luis con el nuevo...

Después de cruzar el alambrado del fondo, Luis miró hacia atrás y luego habló.

-Si hacés lo que ella dice, no se enoja, ¿sabés? -le explicó- Nos da de comer todos los días y si tenemos frío nos da más ropa... grita mucho pero no nos pega... es mejor que donde estábamos.

-¿Vos también sos del asilo? -preguntó Damián-.

-Sí, la vieja sacó a mi hermana primero y hace poco me trajo a mí.

-¿Vos sabés quién es el diablo?

-No...

-Se llama igual que yo, debe ser alguien que a ella no le gusta... ¡puso una cara cuando le dije mi nombre...!

-A lo mejor la Dalia sabe, ella es más grande.

Dalia tampoco sabía, en sus cortos siete años había aprendido algunas cosas, pero todas eran de ayudar a los grandes en el trabajo de la casa, así que al poco tiempo se olvidaron del asunto.

Damián era el único que seguía con aquello en la cabeza -por la forma en que doña Inés lo trataba- y ya se había formado una imagen de su tocayo: debía ser un hombre muy grande, feo, de voz gruesa y fuerte, y con muy mal carácter.

Pasaban los meses y Damián seguía "pagando las cuentas" del famoso diablo, justificando la discriminación a que lo sometía doña Inés con su imaginación de niño, adivinando las cosas horribles que aquél hombre le habría hecho a la mujer. La escuchaba quejarse cuando venía Jacinto, el que trabajaba en el asilo.

-Mirá que sos idiota, vos -le imprecaba- una cosa es traerme gurises pa'l trabajo ¡y otra es meterme al diablo en las casas!

-Es un gurí, vieja -decía Jacinto-, no es mandinga... por los tres ya tiene asegurada una buena mensualidá, ¡no sé de qué se queja!

-Ese mocoso es de mal agüero, ¡d’eso me quejo! -se persignaba nerviosa- Algo va a pasar...

Un día, doña Inés mandó a los niños a la huerta. Dalia y Luis tenían que arrancar yuyos y carpir, pero a Damián lo había mandado a limpiar de cardos y ortiga el borde del alambrado. No le había dado herramientas, tenía que hacerlo con las manos.

Esa noche, cuando todos dormían, Damián lloraba en silencio, desprendiendo las espinas de sus manitos hinchadas por la hierba urticante. Escuchó unos pasos afuera, y el sordo rechinar de la puerta. Tuvo miedo, pero su curiosidad inconsciente pudo más. Se apretó la nariz para ahogar sus sollozos y se deslizó fuera del cuarto en la oscuridad.

Frente a la pieza de doña Inés vio al hombre. Era muy grande y feo. Con voz gruesa y fuerte decía palabras horribles. Lo vio entrar a la pieza pero no lo siguió, los gritos de doña Inés y el ruido a golpes lo asustaron. Volvió corriendo al cuarto. Los hermanitos se habían despertado y se abrazaron los tres, temblando de miedo. Se quedaron sin moverse. Afuera, los pasos se oían rápidos, alejándose.

Cuando hubo silencio, los niños se acercaron al dormitorio de doña Inés, al momento en que entraba don Simón, a medio vestir, con una linterna encendida.

-¡Salgan de ahí, gurises! -gritó el vecino-, ¡no entren!

Damián ya estaba adentro. Vio la pieza en desorden, los cajones de la cómoda en el suelo, el cuerpo inerte de doña Inés inclinado hacia un costado de la cama revuelta, y un charco de sangre brillando en el piso.

-¡Fue el diablo!, ¡fue el diablo! -gritó Damián desesperado- Yo lo vi, ¡fue el diablo!

-Vamos, gurí -dijo don Simón abrazándolo- salí de acá...

-¡Fue el diablo! -repetía en medio de un llanto compulsivo- Yo lo vi, era ese que se llama como yo...

-Maldita vieja -pensó don Simón- no le alcanzaba con lucrar con los chiquilines del asilo, ¡también tenía que enfermarles la cabeza! Vamos -dijo- no hay ningún diablo, vengan a mi casa... estaban soñando y fue una pesadilla, ahora a dormir, ¡vamos!

-Me vas a tener que llevar al gurí pa que lo interrogue, Simón -dijo el Comisario-, él vio al asesino.

-Dejate de joder, ¿querés?, el Damián dice que vio al diablo, y no lo sacás de ahí... Y a lo mejor es cierto, che, y el mismo mandinga vino a darle una mano al tocayito. El gurí le estuvo "pagando las cuentas" sólo por llamarse como él, ¿no fue?

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Cine: Lo que vi en Cinema Paradiso

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hay casi un primer plano de un recipiente colocado sobre una columneta de un balcón que da a un mar sereno, con un leve viento que mueve una cortina blanca, de la que se va alejando la cámara para introducirnos en una habitación en la que hay una mesa con una vasija de cristal en la que hay unos cítricos.

Sobre ese fondo, aparece el título de la película Novo Cinema Paradiso, en tubos de neón, todo con un fondo musical muy delicado, armónico con la finura de la toma.

Desde allí su madre llama a Salvatore desde Sicilia; pero es un hombre comprometido, que quién sabe dónde está y además es posible, que ya ni se acuerde, porque hace más de treinta años que no va por allá. La madre confía que recuerde; ella lo conoce más que su otra hija, la hermana de Salvatore.

La cámara nos traslada a Roma al monumento de Vittorio Emanuel, para mostrarnos a Salvatore conduciendo su flamante Mercedez Benz mientras fuma un cigarrillo.

Nos introducimos entonces a un elegante apartamento al que llega Salvatore muy tarde, donde lo espera una mujer, quien le transmite el reclamo materno de que no vaya a verla a Sicilia sino que, cuando ella quiere verlo, es ella la que tiene que ir a Roma.

También le anuncia de la muerte de Alfredo y de la celebración de sus funerales al día siguiente, noticia que alcanza a angustiar al protagonista.

Saltamos entonces a una misa, cuando Salvatore era un niño y servía de monaguillo y el sueño lo fatiga, al punto que no toca las campanillas en la elevación. El padre en la sacristía le riñe por su descuido, ya que el cura, sin el sonido de la campanilla no sabe continuar la celebración de la misa.

En la casa del pequeñín, ni siquiera al mediodía, se come; por eso, el veterinario le ha dicho a su madre que siempre tiene sueño.

El cura se dirige a la sala de cine del pueblo, a llamar a Alfredo para que empiece la proyección de las películas y ver qué es lo que como censor deja pasar.

Salvatore espía detrás de una cortina cuando pasan Verso la vita(1) con Jean Gabin, dirigida por Jean Renoir, en la que una rubia anuncia a su amante que van a irse a vivir juntos, por fin, para llevar una vida cómoda, adonde nadie sabrá de dónde han llegado y a la que el hombre replica que soñar no sirve de nada, lo que hace que la mujer le recrimine que ya no la ama como antes. El beso que sigue es censurado por la campanilla del cura, lo cual genera mucha risa a Salvatore, al observar al sacerdote como obsesionado por cortar escenas, que contengan, aunque sea, el más mínimo erotismo; lo que sí pareciera interesarles es el drama de los personajes. En la cabina desde donde proyecta Alfredo hay afiches de cine y entre ellos un de una película del Gordo y el Flaco.

Sigue otra cinta en la que un dandy fuma en un salón mientras una orquesta toca una melodía, que enternece al cura, hasta que un nuevo beso lo enfurece, como pasa siempre que ve que dos bocas se unen amorosamente.
 Las campanas de la iglesia tocan a rebato mientras, desde el campanario tenemos una panorámica del pueblo, con el humo que sale de las chimeneas.

El pregón vende ropa, mientras las mujeres recogen agua en la fuente del centro de la plaza, a donde tanto ellas la usan como las vacas que van a abrevar su sed a ella. El viento sopla, los muleros pasan.

Alfredo no quiere que el pequeño lo visite pues teme que pueda producirse un incendio y que el niño se carbonice.

De ello son testigos el Humphrey Bogart y la Ingrid Bergman de Casablanca, tanto como Laurel y Hardy.



Alfredo es rudo con el chiquillo, hasta le amenaza con cortarle la lengua, como lo hace, por orden del cura, con los trozos eróticos de las películas, cuyos recortes le pide el niño, para coleccionarlos; así Alfredo no se los regale pues él debe guardarlos para reempalmar las película cuando tenga que devolverlas. Salvatore le muestra que no ha empalmado cientos de trozos, que guarda el hombre guarda allí en la cabina. El viejo termina por prometerle que se los dará algún día pero que él será el guardián de los dichosos fragmentos.

Al ver los recortes en casa, que logra sonsacarle a Alfredo, el niño reproduce los diálogos de la escena.

Allí vive con su madre y su hermana. Allí ve las fotos de su primera comunión y de la pareja de sus padres. No entiende por qué su papá no ha vuelto, si la guerra ya ha terminado. La madre le promete que volverá. El niño no recuerda como era pero quiere saber dónde está Rusia. La madre le dice que se necesitan años para ir y años para volver, mientras ejerce sus labores de costurera.

Volvemos a una escena exterior, en la que vemos un gran edificio de piedra, posiblemente la escuela, para entrar a una clase con una maestra cruel y autoritaria, que hace que las tablas de multiplicar entren con sangre, regla y golpes de la cabeza contra el tablero, que dejan verdugones en la frente de los alumnos; es una mujer bastante regañona, que les amenaza con el desempleo futuro si no aprenden.

Pero Salvatore no deja de ir al Cinema Paradiso, con su título en piedra, para espiar la fascinante labor de Alfredo.

Ve los cortos de una película con John Wayne y Claire Trevor, una magnífica película que promete hacer vivir momentos inolvidables, que debe ser La diligencia de 1939, el western fundamental de John Ford, filme con una estructura perfecta que adapta el relato de Guy de Maupassant Bola de sebo, con sus secuencias antológicas.

El león, que sirve de canal de proyección, gracias a la fantasía de Salvatore adquiere movilidad y ruge como el león de la Metro Goldwyn Mayer.

Se presenta el episodio del mar de La terra trema de Luchino Visconti, interpretada por pescadores sicilianos, aunque los analfabetos no pueden leer los textos del filme, se dan cuenta que en ese drama social neorrealista, el trabajo no compensa; los niños fuman al abrigo de la oscuridad; en la pantalla, uno de los pescadores propone la unión entre ellos, y hasta se dan los primeros escarceos de un encuentro erótico entre los protagonistas, que excitan la imaginación del público, el cual se ve frustrado por el corte de los besos exigido por la censura del párroco. La gente protesta. Entonces aparece Buster Keaton en El boxeador (1926).

Afuera es de noche, allí está un explotador, quien, con un cinismo absoluto propone un ignominioso trabajo a los aldeanos; la madre espera al niño, al que ha buscado todo el día; el niño no ha comprado la leche; el niño miente cuando su mamá le pregunta por ella, lo que le merece un bofetón; la señora no es tonta y sabe que el dinero Totó (Salvatore) lo ha empleado en ir al cine.

Alfredo lo defiende, dice que lo ha dejado entrar gratis y hace que aparezcan las cincuenta liras, en una complicidad absoluta con el niño.

Entonces aparece el loco del pueblo, quien se siente el dueño de la plaza.

Se da una secuencia particular, la del entierro de un niño, con su ataúd blanco.

Alfredo pasa en bicicleta. Salvatore finge un calambre para que el viejo lo lleve en ella. En el camino, el pequeño le pregunta si conocía a su padre; el mayor le comenta que era alto, delgado, simpático, con un poco de bigote, que siempre reía y se parecía a Clark Gable.



El niño le propone que se hagan amigos.

Al volver a casa, Totó se encuentra que se han quemado sus películas y la fotografía del padre, por lo que la madre le da un castigo físico, porque al poner las películas cerca del brasero, la hermanita hubiera podido haber muerto.

La madre regaña también a Alfredo por jugar con el niño y darle trozos de película; le pide que le jure que no lo dejara entrar al cine nunca más.

Alfredo le da su palabra.

La madre amenaza al chico con el padre; pero, el niño sabe que no volverá porque ha muerto.

Sin embargo, el niño vuelve al cine con sus amiguitos.

El chiquillo insiste a Alfredo que lo deje entrar en la cabina.

Alfredo empezó en ese trabajo cuando tenía diez años, cuando aún no existían máquinas tan modernas, cuando las películas eran mudas y el proyector se hacía girar a mano, con una manivela; pero, si no le enseña su arte a Totó es porque no quiere, porque piensa que el chico no debe trabajar en eso, ya que se trata de un trabajo esclavizante y solitario, donde hay que ver cien veces la misma película, porque no hay más que hacer, mientras se habla con Greta Garbo o Tyrone Power como si uno fuera un tonto; no hay días de fiesta; sólo se deja de trabajar el viernes santo.

El niño le pregunta si la cosa es así por qué no cambia de trabajo; allí, en la cabina, en invierno se siente frío y uno se asa de calor en el verano, se respira humo y gas y todo para ganar una miseria.

Buster Keaton, la bruja y Blancanieves, junto a otros actores de otros fotogramas son testigos mudos de ese diálogo.
Pero hay un lado positivo en ser operador, Alfredo se alegra de que los demás se rían, al hacerles olvidar las desgracias.

Uno de los aldeanos ha ganado la lotería y la comunidad se llena de alegría. La vida transcurre en la aldea, la abuela hila en la rueca, el loco jode todo el día, los peluqueros cortan el pelo a mulas y muchachos piojosos, a los que medio rapan, para rociarlos con un insecticida.

La gente disfruta en cantidades en el cine.

Se ven los fotogramas de Lo que el viento se llevó (1939).

El uno toquetea a su mujer, la otra amamanta a su bebé y a otro chico de brazos le dan vino Chianti.

Ven Il pompieri di Viaggú, la película de Mario Mattoli de 1949, protagonizada por Totó, el gran actor italiano, una comedia musical; pero cuando el cura saca del teatro a una comunidad enardecida con el invento de los Lumiére, Alfredo utiliza la magia de sus conocimientos ópticos, para proyectar la película en una pared de una de las casas de la plaza, con la mala suerte de que se inicia un incendio en la cámara, que se extiende por la cabina, a pesar de todos los esfuerzos de Alfredo para evitarlo.



En el intento de apagar el fuego, sus ropas se prenden. Alfredo mismo se convierte en una tea ardiente.

Totó va a buscarlo para ayudarlo mientras Humphrey Bogart e Ingrid Bergman también arden, al igual Buster Keaton y todos los actores que habitan en los fotogramas colgados de las paredes de la cabina.

El niño rescata a un Alfredo inconsciente.

Salvatore adulto recuerda, ve las quemaduras de segundo grado y tercer grado de su amigo; la imagen de la virgen que arde.

El teatro queda totalmente quemado.

El cura lamenta que el pueblo se quede sin diversiones, sin nada.

Algún rico napolitano podrá ayudarlos a reconstruir el cine, que ahora llevará el nombre de Nuovo Cinema Paradiso, con un ostentoso aviso de neón, que se inaugura con toda la pompa, con alcalde incluido, una verdadera belleza de sala de cine, donde se ofrece una copa de champaña inaugural.

Totó será entonces el operador y se llevará el dinero, que se gane con su nuevo oficio, gracias a los conocimientos adquiridos a través de Alfredo.

Silvana Mangano canta el baion en Anna (1951) de Alberto Lattuada y hasta el escrupuloso cura lleva el ritmo de la erótica danza.

Las viejas se escandalizan con la sensualidad de la cinta; mientras, los hombres disfrutan de los apasionados besos, cosa que resulta increíble para la población.

Alfredo ciego llega al cine para preguntar al niño si hay un lugar para él en el nuevo paraíso.

El niño lo recibe lleno de afecto.

Alfredo se preocupa por saber cómo va Totó en la escuela. Le va bien; pero el niño piensa, que ahora que tiene un trabajo puede que no vuelva más.

Alfredo le desaconseja que haga eso, para que tarde o temprano no se encuentre con las manos vacías.

Quiere decirle que ese no es su verdadero trabajo. Ahora el Cinema Paradiso lo necesita y el niño también; pero, eso no durará; Alfredo le augura a Totó que, algún día tendrá otras cosas que hacer, otras cosas más importantes. Alfredo lo sabe porque ahora que ha perdido la vista, lo ve mejor, ve todo lo que no veía antes. Y al ponerle las manos sobre la cara, nos encontramos no ya con el rostro del niño sino con los de un apuesto joven.

Alfredo está muy agradecido de que le haya salvado la vida; es algo que jamás olvidará.

Ahora hay muchachos que van a masturbarse al cine, ante las imágenes de desnudos femeninos. Se ven películas de gángsters. Las cintas no son inflamables. Alfredo anota que el progreso siempre llega tarde.



Salvatore con su cámara amateur va al matadero a filmar el sacrificio del ganado y ve en la calle del pueblo a una chica, Elena; Alfredo le desalienta, al anotarle que será difícil por ser una jovencita de ojos azules.

Los aldeanos bailan en la sede del Partido Comunista.

En el Nuovo Cinema Paradiso se anuncia la película italiana Catene de Raffaello Matarazzo. La gente llora en el melodrama y hasta alguno sabe los diálogos antes de que los actores hablen.

Los rollos se llevan de un pueblo al otro.

La gente se desespera y protesta ante las dificultades para presentarla entera y a tiempo. Alguno se ofrece a contarla; pero casi se vuelve víctima del linchamiento por el público impaciente.

Vienen escenas de la Semana Santa.

Es Viernes Santo, Cristo va en una caja, en la procesión del Santo Sepulcro; Totó está con Alfredo en la iglesia cuando ve a Elena que va a confesarse. Como el cura se levanta, Salvatore pide a Alfredo, que entretenga al cura todo lo que pueda mientras el muchacho se hace en el lugar del sacerdote y aprovecha para tener un diálogo con ella y declararle su amor; pero ella no está enamorada de él.

Él la esperará y lo hace noche tras noche bajo la ventana como en un cuento, que le ha contado Alfredo, aún bajo los torrenciales aguaceros. Es 1954. Hasta la noche de año nuevo. Y cuando todo parece perdido, ella va a buscarlo a la cabina de la sala de cine para al fin darse un encuentro amoroso, que lo distrae tanto de su oficio, que una vez terminado el rollo, aún la pareja anda besándose en la trastienda, mientras el público reclama el mal servicio.

Los encuentros se repiten a campo traviesa con unos ricos y originales picnics; se festejan cumpleaños; se dan paseos en automóvil, así sea un pobre coche destartalado. Eso parece ser la felicidad hasta que los pilla el padre de la muchacha.

Se hacen programaciones de cine en la playa; pero los enamorados no podrán pasar el verano juntos porque ella debe pasarlo con su familia y, a finales de octubre, la familia de la chica se trasladará a Palermo, para asistir a la Universidad.

Se presenta el Ulises con Kirk Douglas, el primer filme en color. Es la escena de lucha contra Polifemo y comienza el temporal. Elena llega. Salvatore adulto lo recuerda.

Él hará el servicio militar en Roma, cosa que aburre al muchacho, lo que hace que pierda la pista de la chica.

Salvatore vuelve a su pueblo, donde va a visitar a Alfredo, quien yace enfermo en cama pero el viejo se anima a pasear con el joven a la orilla del mar.

Alfredo le da el último consejo:

- Cada uno tiene una estrella que debe seguir. Márchate. Esta tierra está maldita; mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo; te parece que nunca cambia nada; luego te vas, un año… dos… y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo conductor. No encuentras a quien querías encontrar… tus cosas ya no están… hasta ausentarte mucho tiempo… muchos años… para encontrar a tu vuelta a tu gente… la tierra donde naciste… pero ahora no es posible… creo que estás más ciego que yo.

El muchacho pregunta:

- ¿Quién dijo eso? ¿Gary Cooper? ¿James Stewart? ¿Henry Fonda?

Alfredo responde:

- ¡Eso no lo dijo nadie!... Esto lo digo yo. La vida no es como lo has visto en el cine. La vida es más difícil. ¡Márchate! Regresa a Roma. Eres joven. El mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más; sólo quiero oír hablar de tí.

En la noche, vemos a Salvatore sentado en unas escalinatas pensativo y dolorido para volver a verlo adulto en la misma actitud.

Vemos entonces la estación de Giancaldo, el pueblo, donde se despide de la madre, la hermana y Alfredo, quien le pide que no regrese, que no piense en ellos, que no telefonee, que se olvide de todos y le advierte que si vuelve no quiere que lo vea, le prohíbe entrar en su casa.

El muchacho le agradece todo lo que ha hecho por él.

Alfredo le pide que haga lo que ame.

El tren parte; el cura llega tarde para despedirse y es substituido por el avión de la compañía Aermediterránea.

El rostro envejecido de Totó se ve entre los reflejos del paisaje siciliano, hay autovías que lo conducen a la aldea.

La madre teje y el hijo llega; la casa está refaccionada y ella ha puesto todas sus cosas en la habitación que él tenía antes. En el escritorio están el proyector de cine y rollos de películas. En la pared, entre otras fotos, está la de la pareja de los padres, la de la primera comunión y de cuando era miliciano de la República italiana. También la de Totó con Alfredo, al frente del viejo Cinema Paradiso para pasar al carro mortuorio con el ataúd, que porta el cadáver del anciano maestro, mientras atrás se ve el cortejo funerario.

Giancaldo es otra cosa; está lleno de coches cuadrados junto a las aceras.

La mujer de Alfredo le dice que seguro que se alegrará de que Salvatore haya ido a sus funerales, ya que siempre el viejo hablaba de él hasta el último momento, ya que lo quería muchísimo y dejó dos cosas para él, que ella quiere entregarle antes de marcharse.

A pesar de todo el progreso y la contaminación publicitaria, el Paradiso es ahora una verdadera ruina. La sala de cine se cerró seis años antes porque ya no iba nadie a allí, por la crisis, por la televisión, los videos. El solar lo ha adquirido el ayuntamiento para hacer un aparcamiento. Al sábado siguiente lo derribarán. Lo que uno de los vecinos considera que es una verdadera lástima.

Después de la ceremonia religiosa y del entierro, la mujer de Alfredo le entrega las cosas, unos rollos de cine.

Salvatore va al teatro para entrar en él. Se ve que estaban presentando en sus últimos días cine pornográfico. Todo allí es una ruina. El león ya no está en su lugar. Está tirado en el suelo y lleno de telarañas.

Salvatore mira unas películas de Elena; se lo ve con la lágrima en el ojo.

La madre quisiera verlo acompañado, enamorado pero sabe que la vida de su hijo está en Roma, pues en Giancaldo sólo hay fantasmas.

Asistimos al bombardeo de Cinema Paradiso, con todo el dolor que para algunos viejos vecinos representa su derrumbamiento. El loco repite:

- La Piazza è mia. La Piazza è mia.

En los estudios de Roma, Salvatore acude a una sala de proyección donde le presentan el rollo legado por Alfredo.



Allí, en la pantalla, tras una cuenta regresiva ve aparecer los besos censurados por el cura de Giancaldo; se lo ve profundamente conmovido; no reconozco las cintas; sólo una de Charlot y el beso recortado de Terra trema, una con Clark Gable, otra con Greta Garbo, para finalizar con una de Rodolfo Valentino e Ingrid Bergman, entre otros, y con el fin del rollo de Alfredo, llegar al fine de Cinema Paradiso, la historia de dos almas gemelas, que se encontraron a través del cine, una historia inolvidable, basada en una extraordinaria amistad, historia de amor de un pequeño pueblo y su cine.

Nota
1) En español se tradujo como Los bajos fondos y es una adaptación de la famosa novela del escritor ruso Máximo Gorki, que como película ha sido muy valorada, como representativa de la filmografía de Jean Renoir, así no se considere de sus mejores obras, ya que no tiene el equilibrio de La gran ilusión, ni la sinceridad de El crimen del señor Lange, ni la poesía de Un día de campo, ni todas las cualidades de La regla del juego, como bien lo señalaría André Bazin. Renoir rehizo con gusto el argumento de Gorki y allí presentaría a Jean Gabin, a quien luego invitaría a participar en La gran ilusión, dado su estilo de actor susurrante. La película da cuenta del mundo de los seres marginados, en ella, un actor loco se suicida, una tuberculosa espera la muerte, un anciano muere de a poco, alguno da sus prédicas místicas, mientras el personaje representado por Gabin seduce a la mujer de un explotador, aunque a quien realmente ama es a su hermana. La película es fuerte, intensa, vigorosa, todo un despliegue de caracteres humanos, que se desarrolla en Francia de principios del siglo XX, aunque al cambiar el escenario y el momento histórico de la Rusia ochocentista a la Francia de principios del veinte, no se hace una traición al espíritu gorkiano, ya que el sentido trágico de la novela rusa permanece incólume, con toda una serie de personajes salvajes, desclasados, revolucionarios, que dan cuenta de la condición humana.

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Dos poemas



Macario Coarite Quispe (Desde Bolivia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

TE VAS

Te marchas como el viento
Gritando,
Llorando
y callando.

No pudimos resistir
El gran aprecio
Que nos placimos
Recíprocamente

Ahora me quedo
Solo como huérfano
Pidiendo
unas monedas miserables

Es cierto que sufriré tu partida.
Me dijeron que
Todo pasa como el recuerdo
Para mí,
No pasaras,
No pasaras,
No te irás…

_______

MORIR Y VIVIR

Estoy muriendo el ser que vivo
Porque morir es vivir
Porque morir es volver a vivir
Porque morir es retornar
a la existencia
Porque morir es tornar a sufrir
Quiero renunciar y no retornar
Me duele lo que vivo.

Estoy viviendo el ser que muero
Porque vivir es morir
Porque morir es dejarse ir
Porque vivir es efímero
Porque morir es caer en el eterno abismo
Porque vivir es quedar a merced
de la natura
Porque morir es volver a su seno
Porque vivir es para los recios
Porque morir es para los frágiles
Soy enfermizo y por eso
Sucumbo el ser que muero.

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Plástica: Edvard Munch

(Loten, Noruega, 1873 - Ekely, cerca de Oslo, id., 1944) Pintor y grabador noruego. La estilización de la figura, la prolongación de las líneas y, en ocasiones, el intenso dramatismo y la intensidad cromática, hicieron del estilo pictórico del noruego Edvard Munch uno de los modelos estéticos del expresionismo de las primeras décadas del siglo XX.



Sufrió muy joven la pérdida de sus seres queridos, y el espectro de la muerte, que llenó su niñez, lo acompañaría durante toda su vida, convirtiéndose en uno de los temas recurrentes en sus obras. En 1885 llevó a cabo el primero de sus numerosos viajes a París, donde conoció los movimientos pictóricos más avanzados y se sintió especialmente atraído por el arte de Paul Gauguin y Henri de Toulouse-Lautrec. No tardó en crear un estilo sumamente personal, basado en acentuar la fuerza expresiva de la línea, reducir las formas a su expresión más esquemática y hacer un uso simbólico, no naturalista, del color, y de ahí su clasificación como pintor simbolista.

De 1892 a 1908 vivió en Alemania, sobre todo en Berlín, aunque hizo frecuentes viajes a Noruega y París. En Berlín presentó en 1892 una exposición que tuvo que ser retirada por el escándalo que suscitó y que dio pie a la creación de la Secesión Berlinesa. En Noruega contó pronto entre sus amistades con importantes personalidades políticas y literarias y tuvo particular afinidad con el realismo social de la creación de Henrik Ibsen, para quien realizó los escenarios y el vestuario de la obra Peer Gynt en 1896.

En 1908, Munch, después de una tormentosa relación sentimental y víctima del alcohol, sufrió una grave enfermedad nerviosa, por lo que tuvo que ser recluido en el psiquiátrico del doctor Jacobsen, en Copenhague, del que salió completamente restablecido. En 1908 volvió definitivamente a Noruega, donde recibió algunos encargos oficiales (pinturas del paraninfo de la Universidad de Oslo) y pasó sus últimos años en soledad. Munch legó a la ciudad de Oslo todas las obras que conservó hasta su muerte, acaecida en 1944.

La obra de Edvard Munch se caracteriza por un sentido trágico de la vida y de la muerte, propio de toda la literatura escandinava de Ibsen a Strindberg. A pesar de que sus primeras pinturas recibieron la influencia de los impresionistas, pues conoció bien la obra de Gauguin y Van Gogh, en seguida se inclinó por la idea de plasmar los sentimientos, por exteriorizar las sensaciones de angustia y soledad del ser humano. Su etapa de madurez está impregnadas de ese "sentimiento trágico" que tanto caracterizó a los románticos, pero extraído del contexto propio del Romanticismo y llevado a sus últimas consecuencias, otorgándole un valor "absoluto", como algo de lo que el hombre no se puede liberar.

En la pintura de Munch aparece el rostro del mundo alimentado por esas fuerzas desconocidas que forman parte también de la condición humana. Su ambicioso proyecto titulado El friso de la vida (1893-1918), al que pertenecen sin duda sus cuadros más representativos, refleja los sentimientos y las obsesiones humanas. Veintidós de esas pinturas fueron expuestas, en 1902, en la muestra del grupo berlinés Sezession. La mayoría de ellas refleja la desilusión del fin de siglo y la imagen del hombre como víctima.

Su obra anterior a 1908 está muy vinculada a este ciclo que, de algún modo, concibió como si se tratara de un poema de amor, de vida y de muerte. Así El beso (1892) o La cámara de muerte (1894), ambas en la Nasjonalgalleriet de Oslo, donde alude al drama acontecido durante su infancia: la muerte de su madre y su hermana. Los personajes reflejan su sufrimiento, pero formalmente están unidos por una línea serpenteante que recorre toda la superficie del cuadro. No hay sombras, sólo colores planos y pronunciados contornos que marcan el ritmo visual, un medio idóneo para expresar la angustia del espíritu.

Sin embargo, su obra más emblemática es El grito (1893, Nasjonalgalleriet, Oslo), una de las pinturas que más intensamente han reflejado el horror y la angustia del ser humano. La figura que se halla en primer término expresa un terror inconmensurable. La angustia por la soledad, la desesperación por no encontrar un sentido a la vida y su relación con los abismos quedan intensamente reflejados en la obra del pintor noruego.

Ver su obra aquí:
http://www.mystudios.com/artgallery/E/Edvard-Munch/Edvard-Munch-oil-paintings-1.html

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/munch.htm

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La luna (1)

Jorge Luis Borges



Cuenta la historia que en aquel pasado
Tiempo en que sucedieron tantas cosas
Reales, imaginarias y dudosas,
Un hombre concibió el desmesurado

Proyecto de cifrar el universo
En un libro y con ímpetu infinito
Erigió el alto y arduo manuscrito
Y limó y declamó el último verso.

Gracias iba a rendir a la fortuna
Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
Disco en el aire y comprendió, aturdido,
Que se había olvidado de la luna.

La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.

Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.

No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera.

Según se sabe, esta mudable vida
Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
Y hubo así alguna tarde en que con ella
Te miramos, oh luna compartida.

Más que las lunas de las noches puedo
Recordar las del verso: la hechizada
Dragon moon que da horror a la halada
Y la luna sangrienta de Quevedo.

De otra luna de sangre y de escarlata
Habló Juan en su libro de feroces
Prodigios y de júbilos atroces;
Otras más claras lunas hay de plata.

Pitágoras con sangre (narra una
Tradición) escribía en un espejo
Y los hombres leían el reflejo
En aquel otro espejo que es la luna.

De hierro hay una selva donde mora
El alto lobo cuya extraña suerte
Es derribar la luna y darle muerte
Cuando enrojezca el mar la última aurora.

(Esto el Norte profético lo sabe
Y tan bien que ese día los abiertos
Mares del mundo infestará la nave
Que se hace con las uñas de los muertos.)

Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
Quiso que yo también fuera poeta,
Me impuse, como todos, la secreta
Obligación de definir la luna.

Con una suerte de estudiosa pena
Agotaba modestas variaciones,
Bajo el vivo temor de que Lugones
Ya hubiera usado el ámbar o la arena,

De lejano marfil, de humo, de fría
Nieve fueron las lunas que alumbraron
Versos que ciertamente no lograron
El arduo honor de la tipografía.

Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,

Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.

De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.

Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día

Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.

Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.

Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.

Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre.

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Y para terminar… Un poco de blues clásico

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“Learnin' The Blues”, con Ella Fitzgerald y Louis Armstrong



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