miércoles, 14 de enero de 2015

Anita Ekberg (1931-2015): La fuente es su lugar

Juan Manuel Bellini (OTROS CÍRCULOS)

Murió la actriz sueca que protagonizó junto a Marcello Mastroianni “La dolce vita” en 1960. Su célebre baño en la Fontana di Trevi se convirtió en un mito. ¿De quién fue la idea? ¿Importa? Más interesante es aprovechar para recordar el film.

En los ’90 con la paridad peso-dólar la televisión argentina se permitía lujos hoy muy lejanos. El televidente podía desde ganarse un 0 kilómetro hasta llegar a un premio de un millón de dólares. Los domingos “Ritmo de la noche” conducido por Tinelli y “Hacelo por mí” por Pergolini se disputaban quién llevaba a la estrella internacional del momento a que tocaran en su estudio. Y Susana Giménez recibía en su living tanto a Nelson (“El hombre rata”) como a Anita Ekberg.


Foto: “Para mí La dolce vita, más que con la Vía Veneto, se identifica con Anita Ekberg” (Federico Fellini)

El formato del programa venía de Italia y tenía como referente a Raffaella Carrá. Con el tiempo incorporó como cortina musical el tema principal de la película “Ocho y medio”, compuesto por Nino Rota. Los ’90 fueron años fellinescos en la Argentina. De haber estado entre nosotros el gran Federico en aquella época, hubiese tenido material para cien películas.

En noviembre de 1994 visitó “Hola, Susana” Anita Ekberg. Queda un registro minucioso del mismo en la revista Humor escrito por Hugo Paredero. Con bastante fastidio hacia Fellini, Anita repitió que la famosa escena de la fuente (imagen icónica del cine todo) se le ocurrió a ella: “Resulta que a mí siempre me gustó andar descalza, y un día me lastimé el pie y me metí en la Fontana di Trevi a refrescármelo, me metí allí como lo podía haber hecho en cualquier otro lado, y Fellini: ‘Eso, eso, vas a bañarte en la Fontana’. Pero la idea de esa escena fue mía, como lo fue también la del gato blanco en la cabeza”.

En Fellini no había rencor cuando se refería a ella. En el libro Yo, Fellini que se compone de conversaciones con Costanzo Costantini, el director dice frases como “Para mí La dolce vita, más que con la Vía Veneto, se identifica con Anita Ekberg” (…) “Era de una belleza monstruosa. La vi por primera vez en 1959, en el Hotel de la Ville, un hotel del centro de Roma donde se alojaba. Nunca había visto nada parecido. Me impresionó mucho. Ese mismo día, a la noche, me encontré con Marcello Mastroianni, que después me dijo que la Ekberg le recordaba a un soldado de la Wehrmacht, pero en realidad no quería admitir él tampoco que nunca antes había visto una belleza tan imponente, tan inverosímil”.

Efectivamente la belleza de Anita Ekberg era exuberante, una belleza diferente a la de otra de las protagonistas de “La dolce vita” (1960), Anoux Aimeé, con ese personaje tan complejo del que se habla poco cuando se analiza el film, porque desde ya la potencia cinematográfica de la película es tan grande que sería una injusticia reparar solamente en la escena de la fuente. No sucede lo mismo con Anita, quizás su malestar con Fellini manifestado con el paso del tiempo, haya tenido que ver con haber quedado encasillada en esa escena. De hecho en 1987 Fellini filma “Entrevista”, donde él es personaje y se rencuentran Marcello y Anita.

Hoy todo el hielo en la ciudad

Anita Ekberg había nacido en 1931 en Suecia y portaba un apodo-cruz: Anita Iceberg. Ella decía que era porque fonéticamente se parecía su apellido al de un témpano de hielo. Quien la rescató de la gelidez fue Fellini en 1960 y dos años después también en un film de episodios: “Bocaccio 70”.

En esta película los directores son ni más ni menos que Fellini, Luchino Visconti, Mario Monicelli y Vittorio De Sica. Está dividida en cuatro partes y la que le corresponde a Fellini es “Las tentaciones del doctor Antonio”. Es un divertido alegato contra la censura: el personaje del doctor Antonio (interpretado por Peppino De Filippo) se obsesiona con un cartel gigante de Anita promocionando leche. Se convertirá en la peor de sus pesadillas. La gigante rubia lo perseguirá y de fondo se escuchará una canción de chicos sobre la publicidad de la leche.

Sofia Coppola, la hija de ese gran director felliniano que es Francis Ford, en su mejor película “Perdidos en Tokio” (2003), muestra en una de las escenas que comparten Scarlett Johansson y Bill Murray en el hotel, el sumo interés con que ven una película que pasan en la TV: ni más ni menos que “La dolce vita” y la escena de la Fontana di Trevi.

En el film, Scarlett es una hermosa chica común, muy diferente a la femme fatale con algo de Anita que muestra Woody Allen –otro admirador de Fellini- dos años después en “Match Point”. Ese mismo año se estrenó la película argentina “Elsa y Fred” de Marcos Carnevale, un éxito comercial, con China Zorrilla de protagonista que recrea la famosa imagen de la fuente y que no ahorra en la aplicación de golpes bajos “para emocionar”.

Cuando muere alguna persona conocida muchas veces se genera un proceso que mezcla el morbo con la melancolía y hace que se vuelvan a leer sus libros, escuchar sus discos o ver sus películas. Ejemplos cercanos: cómo se catapultaron las ventas de los discos de Rodrigo luego del accidente, o los de Callejeros luego de Cromañón o chequear los aumentos en los precios de los libros usados al otro día de la muerte de algún escritor célebre. Quizás la muerte de Anita Ekberg lleve a la curiosidad por ver de qué iba esa película y la famosa escena de la fuente.

El que recurra a eso está avisado: acabará de hacer una gran elección. Porque verá una película muy compleja, triste, divertida y terrible. El derrotero de un periodista que termina desencantado, que pierde cualquier tipo de inocencia y se convierte en publicista. Entre tanto verá cómo un padre modelo asesina a sus hijos pequeños, a su propio padre yéndose con una prostituta a la que no podrá seguirle el ritmo, a un Cristo colgado de un helicóptero que atraviesa Roma, a dos chicos que dicen haber visto una aparición religiosa y juegan con la creencia de los adultos desesperados, a las perversiones de la aristocracia italiana –y también las de los sectores marginales-.

A partir de su estreno, El Vaticano, siempre tan comprensivo, escribió en su periódico oficial L’ Osservatore Romano diatribas feroces contra el film.

Ya no se filman películas así, una pena.

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